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La Caracas que ya no existe

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02/08/2018
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PORTADA: LA VOCE | FOTOS EN EL TEXTO: DOCOMOMO, ARCHIVO FUNDAMEMORIA

451 años después de fundada, la capital venezolana tiene pocas huellas de su propia edad. La arquitectura de la ciudad ha sido sustituida, incluso aquella declarada como patrimonial, convirtiendo a la urbe en una Caracas sin memoria propia. Mientras se insiste en recorrer los tesoros arquitectónicos de la ciudad, hay hitos urbanos que solo se encuentran con un viaje al pasado

Quien camine por el centro de Caracas y pase frente al Teatro Municipal, no podrá quitarle los ojos de encima al Hotel Majestic. Su nombre es apenas una muestra de su grandeza. Es moderno, lujoso y el café de la planta baja adornado con toldos recuerda a ciudades de otros continentes. Sus cinco plantas también son toda una sensación, eso sin contar el ángel dorado que toca una trompeta en lo más alto, sobre la cúpula. Todo lo hace inolvidable y no es para menos: es el edificio más alto de la capital con 30 metros de largo, el único con ascensor y con agua caliente saliendo de los grifos.

Quienes tienen la dicha de visitarlo, están a la altura de la fama que lo rodea. Es el lugar predilecto para celebraciones, reuniones diplomáticas y encuentros entre artistas. El argentino Carlos Gardel se hospeda en el piso 2, mientras Aldemaro Romero ameniza las veladas tocando el piano y un tal Aquiles Nazoa lleva maletas como botones en el que llaman el hotel más importante de Caracas.

Caracaspatrimoniocita5En 2018 no hay ojos que se puedan deslumbrar con la belleza del edificio, sin importar cuantas veces alguien recorra la misma calle. Para hablar de la majestuosidad del hotel, hay que conjugar el verbo en pasado: el Majestic ya no existe.

Inaugurado el 30 de diciembre de 1930, en medio de una celebración con la alta sociedad de la época, fue demolido tan solo 19 años después, en 1949. La conmemoración del centenario de la muerte de Simón Bolívar fue la excusa para que el ingeniero Eloy Pérez Betancourt construyera el hotel. La obra, que fue inicialmente diseñada por el arquitecto catalán Marcelino Mari y terminada por Manuel Mujica Millán, fue sustituida por la Torre Sur del ambicioso proyecto Centro Simón Bolívar.

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Para el crítico de cine Rodolfo Izaguirre, la desaparición del Hotel Majestic marcó un antes y un después. Ahí estaba él cuando una bola gigante destruía el edificio y lanzaba el ángel dorado contra el pavimento. “Para los caraqueños de mi generación, el ángel del Majestic era el final de la infancia. Ahí termina mi infancia, así como la infancia de una ciudad, la inocencia de una ciudad, porque viene un torbellino que va a ser la revolución de octubre (el trienio adeco), Pérez Jiménez y todo ese zaperoco político”, expresó en una entrevista concedida al portal web Prodavinci.

El Hotel Majestic, condenado y aniquilado por la modernidad, ahora solo existe en el recuerdo de unos pocos. Lamentablemente, no es el único caso. Caracas cumple 451 años de fundada y con cada celebración la factura engorda. No importa qué tan icónicas, impresionantes o hermosas fueron en una época, muchas edificaciones fueron derribadas. A la capital se le ha despojado de tesoros que en algún momento la hicieron una ciudad única: se ha reducido el número de obras que siguen en pie como testigo presencial de una ciudad que ya no existe.

Caracaspatrimoniocita4La memoria arquitectónica de Caracas es un fenómeno complicado de analizar, suelta Orlando Marín, especialista en historia de la arquitectura. “En los años 30 y 40 empezamos a tumbar todo, rehicimos la ciudad. La mayoría de los edificios que se hicieron del siglo XIX para atrás, desaparecieron”. Entre ellos menciona las viviendas tradicionales de la colonia, aquellas casas que hacían de la ciudad la tan recordada Caracas de techos rojos. “La casa de Bolívar fue reconstruida y porque es la casa natal del Libertador. Todo lo demás se sustituyó. Muchos caraqueños sienten que el centro es demasiado nuevo, comparado con los centros de otras ciudades latinoamericanas”.

Para el también director del Instituto de Estudios Regionales y Urbanos (IERU) de la Universidad Simón Bolívar, “las ansias de reinventarnos nos han jugado en contra” y las ganas de modernizar Caracas han acabado con grandes obras arquitectónicas. Marín señala la demolición del Edificio Galipán, anteriormente ubicado en la avenida Francisco de Miranda, como una pérdida lamentable. Construido en 1952 por el arquitecto Gustavo Guinand van der Valls, y a pesar de ser declarado Patrimonio Histórico del Municipio Chacao, sus tres secciones de seis apartamentos por piso fueron tumbadas el 28 de diciembre de 1999.

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La destrucción del hito arquitectónico, una de las primeras viviendas multifamiliares que sirvió como muestra de modernidad, fue lo que motivó a Hannia Gómez a crear la Fundación de la Memoria Urbana, con la finalidad de defender, salvaguardar y promover la memoria arquitectónica de Caracas y de otras ciudades. “La caída del Edificio Galipán fue muy lamentable, era de gran interés cultural y una obra emblemática de los años 50. Es muy triste que haya desaparecido”, lamenta. Ni su declaración como patrimonio ni las campañas que hizo junto a la Facultad de Arquitectura y estudiantes de la Universidad Central de Venezuela (UCV) fueron suficientes para salvar la construcción. “En aquel momento hubo una reunión y le quitaron de un plumazo la declaratoria patrimonial”.

Gómez lo deja claro: las obras nombradas patrimonio no deben ser destruidas. Sin excusas. “Las declaratorias patrimoniales no se derogan nunca. Lo que se declara, debe ser declarado para siempre. Desdeclarar un edificio es ilegal, para eso no lo proclames nunca”.

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Cuando comenzó a trabajar con Fundamemoria, en el año 2000, en el Área Metropolitana de Caracas solo había 82 bienes declarados patrimonio por parte del Instituto de Patrimonio Cultural (IPC), el ente encargado de la herencia patrimonial del país, adscrito al Ministerio de Cultura. La cifra la recuerda con precisión, un número que le dio una desagradable sorpresa. “Eso es nada en una capital”, dice. Fue ella, junto a su organización, quien realizó el Preinventario Arquitectónico, Urbano y Ambiental Moderno de Caracas, entre los años 2005 y 2006, para darle a todos los municipios de la ciudad y al estado Vargas alrededor de 2.200 registros modernos entre edificios, sitios urbanos y lugares ambientales. Señala que el municipio Libertador es el que tiene más patrimonios por ser el más antiguo.

La asociación Documentos para la Conservación del Movimiento Moderno (Docomomo Venezuela) asegura que unas 2.300 edificaciones en toda al Área Metropolitana de Caracas y Vargas han sido olvidadas por el IPC, algunas desamparadas y otras cambiadas a los trancazos, sin que las alcaldías salgan en su defensa.

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Ser una joya arquitectónica no sirve de mucho, tampoco ser patrimonio de la nación. A veces, parece, ser una maldición que deja a los inmuebles doblemente abandonados a su suerte. Han sido muchos los grandes edificios que fueron borrados del mapa caraqueño, a lo largo y ancho de sus cinco municipios, para reemplazarlos por construcciones sin valor histórico o patrimonial. Fundamemoria lleva la cuenta de aquellas edificaciones demolidas en los últimos años: alrededor de 50, aunque desde 2014 no reseñan las destrucciones, a excepción de una en 2018.

El arquitecto milanés Giovanni Ponti no solo es reconocido por levantar la Villa Planchart, también por construir la Quinta Arreaza o Villa Diamantina, concebida para una familia de la urbanización Country Club, ahora pulmón vegetal. Cuenta Gómez que Ponti también se interesó por equipar el inmueble, repleto de obras, lámparas, vajillas y pisos italianos, lo que la convirtieron en un tesoro. Todo se vino abajo en 1994. “Es de las pérdidas más importantes de la memoria arquitectónica de la ciudad”. Sin contar el daño de otras casas de la zona, la mayoría de los años 30 levantadas por arquitectos internacionales. “Destruyen porque quieren hacer casas de nuevos ricos, de esas enormes para poder poner piscina”, lamenta Gómez.

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Menciona que la urbanización Campo Alegre, construida por Manuel Mujica Millán, ha sido una de las más afectadas. “Muchas de las casas eran muestra de la arquitectura neohispana o moderna de los años 30”, dice la arquitecto. Entre las demolidas están las quintas La Atalaya, Tornasol, El Rosal (declarada por el IPC como Bien de Interés Cultural en 2005), Paraguaná y La Milagrosa. Y si no es la demolición, la desidia gubernamental también hace de las suyas: la Quinta Las Guaycas, construida en 1932 y declarada Monumento Histórico Nacional en 1993 por ser la “primera edificación moderna en Venezuela”, está en abandono, olvidada por quienes prometieron protegerla.

“Donde quiera que busques, consigues demoliciones que van en contra del deber ser y de lo que la gente quiere que pase. Hay edificios que no han debido desaparecer nunca”, asegura. Ilustra con la demolición del mercado de San Pablo, cerca de la plaza del mismo nombre, una construcción que “tenía una estructura muy bella, muy parecida a los mercados de París”. Además de la “demolición innecesaria” en los años 80, el edificio en la esquina La Torre, frente a la antigua Cervecería La Donzella, nunca fue reemplazado por nada. “Sigue siendo un estacionamiento. Era un edificio neoclásico que formaba parte de las esquinas de La Catedral. Esa herida queda abierta ahí desde siempre”.

Los casos emblemáticos en el municipio Chacao son los del Edificio Atlantic y el Easo. En el primero, ubicado en la avenida Andrés Bello, fueron desmontados los mosaicos de la obra construida por el arquitecto Angelo Di Sapio en 1959. La intervención de los vecinos frenó las transformaciones de la alcaldía, pero el daño ya estaba hecho. Por su parte, al Easo le “ranchificaron” su techo, con unas construcciones hechas sin consultas, a pesar de haber sido declarado Bien Cultural de la Nación en un censo del municipio realizado en 2005. En el año 2013 también fue demolido el edificio Miami de El Rosal, preinventariado por Fundamemoria para el IPC en 2005.

Caracaspatrimoniocita2La historia se repite en cada municipio. La arquitecto denuncia que desde las alcaldías no hacen cumplir la ley, “no hacen su deber, ni siquiera tienen oficinas de patrimonio. La gente pide permiso de lo que sea y se los dan. Hay una gran irresponsabilidad e ignorancia. Hay que ir alcaldía por alcaldía para recordales. Pero vas, hablas y se olvidan de ti apenas sales”.

La Florida, San Bernandino y El Paraíso también son zonas con cementerios de de concreto: han tumbado gran cantidad de las villas del principio de siglo para construir apartamentos. “Siempre el lucro puede más que la arquitectura”, se queja Gómez. Las quintas Marfingra y Helena de El Paraíso, ambas declaradas Bien de Interés Cultural por el IPC en 2009 fueron derribadas en 2012. La presidenta de Fundamemoria afirma que en el sector del oeste de la ciudad, la destrucción no continuó por querer preservar las obras, sino “porque ya no es mucho negocio construir allá”.

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Donde todavía parece ser negocio la destrucción del patrimonio arquitectónico es en Las Mercedes. En abril de 2018, la organización CCSen365 dijo un adiós simbólico a una obra de los años 50, ubicada en la calle Londres: el edificio Good Luck. En el sector del municipio Baruta, una zona comercial, los inmuebles patrimoniales son reemplazados por edificios modernos pero con poco valor para el interés cultural. Los reclamos de los vecinos no fueron escuchados; también hicieron caso omiso de su importancia y de formar parte del preinventario como arquitectura moderna por Fundamemoria desde 2005. Al Good Luck le hizo falta algo más que suerte. El edificio Gastizar, que estaba en la avenida Orinoco y fue destrozado en 2016, es otro ejemplo de las casonas de estilo neovasco que no lograron mantenerse en pie en la zona.

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Ni siquiera las obras más recientes y reconocidas se salvan de los golpes de la indiferencia. El estado en el que se encuentran las Torres del Centro Simón Bolívar “da mucha pena”, declara Orlando Marín “Debe restaurarse, es una gran obra de la arquitectura moderna”. En El Paseo Los Ilustres, declarado Bien de Interés Cultural, los mosaicos están siendo arrancados. Estar en el municipio Libertador no es garantía de nada.

El Palacio Municipal también fue profanado. En el techo del edificio neoclásico del arquitecto Alejandro Chataing fue construida una presunta “sala de reuniones”  para el despacho de la alcaldía de Libertador, en ese momento a cargo de Jorge Rodríguez y quien hoy en día está al frente del ministerio de Comunicación.

Hannia Gómez rechaza el más reciente trabajo que desde el 5 de junio lleva a cabo el Gobierno con el plan Caracas Juntos todo es posible, con el que han sustituido parte de las aceras de las avenidas Universidad, México y Urdaneta. “Están destruyendo los pavimentos originales, las farolas de la época. Esos espacios son patrimonio”, alega. Por su parte, el Colegio de Arquitectos de Venezuela expresó su repudio a las intervenciones y pidieron la revisión de los trabajos en “edificios y demás obras en espacios públicos de valor arquitectónico y urbanístico, cuyas acciones no toman en cuenta la trascendencia patrimonial y atentan contra la memoria urbana y el paisaje de valía de la ciudad”.

Caracaspatrimoniocita1Los vecinos de la zona también desconocen los trabajos. “Yo no entiendo qué es lo que están haciendo, esas aceras estaban perfectas. De la noche a la mañana aparecieron y empezaron a destruirlas. Todo lo que tocan, lo dañan”, dice Tania Rangel, residente de un edificio ubicado en la avenida Universidad. “Las destrucciones son como una guerra, hacen sufrir a la gente. Es como meterse a un museo e ir reventando las piezas contra el suelo. Hay que proteger ese arte”, insiste Gómez. Y advierte de más demoliciones. “En Los Chorros viene una debacle, no hay manera de detenerlo. Si las (construcciones) que están protegidas están en peligro, imagina el resto”. Recalca que el paso correcto es restaurar.

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La creadora de la Fundación de la Memoria Urbana aplaude las iniciativas de recorridos por la capital, pero apunta que hay que aumentar la conciencia de los ciudadanos. “Qué bien que a la gente le guste recorrer Caracas y tomar fotos, pero puede que eso que están viendo el día de mañana ya no esté ahí. Necesitamos ciudadanos más activos. Toda la ayuda es importante”.

“Nuestro patrimonio más reciente también está en decadencia. Tenemos que empezar a reconstruir con lo que hay para que Venezuela vuelva a ser arquitectónica”, afirma el arquitecto Orlando Marín. Para él es necesario que se modifiquen las políticas que declaran como patrimonio a las obras, ya que “no van acompañadas de planes que incentiven su restauración. Hay que hacer que el patrimonio sea rentable, no solo por romanticismo. En este país, ser patrimonio no te da beneficio sino castigos. Debería ser un privilegio”. Señala la crisis como una oportunidad para valorar y repotenciar el valor del pasado. “El caraqueño tiene nueva memoria, la construida en el siglo XX, esa es la que tenemos que conservar”.

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