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La Constituyente que Chávez envenenó

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“Haremos una Constitución que se extienda por muchísimas décadas”, promete Luis Miquilena, presidente de la Asamblea que sesiona en 1999 para “transformar el Estado” y redactar la vigente Carta Magna en carrera contra la cuenta regresiva del nuevo milenio. 108 días tumultuarios que registran las posibilidades y fraudes de toda democracia  

Os encanta fijar leyes, pero mucho más romperlas, les amonestarían los versos de Khalil Gibran. El mismo martes 3 de agosto de 1999, cuando en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela (UCV) de Caracas se instala la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), su presidente de 80 años, Luis Miquilena, declara su carácter originario. “La ANC no sólo es originaria, sino subversiva”, agrega días después uno de los más influyentes entre sus 131 miembros, el constitucionalista Hermann Escarrá.

“Temo que la ANC se convierta en una asamblea tumultuaria. Cualquier disparate puede prosperar. Hugo Chávez es un oportunista con gran ambición de poder, pero sin saber muy bien para qué lo quiere”, advierte aquellos días, desde Madrid, un decepcionado Arturo Uslar Pietri de 93 años.

Como es costumbre en Venezuela, el marco jurídico es ambiguo. Según el referéndum del 25 de abril aprobado con 62% de abstención, la ANC sólo está facultada para “crear un nuevo ordenamiento jurídico”, pero también —y he allí la manzana de la discordia— para “transformar el Estado”.

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La presidenta de la “moribunda” Corte Suprema de Justicia (CSJ), Cecilia Sosa Gómez, lo tiene claro: “La tarea de la ANC es hacer una constitución”. Concuerda con ella uno de los apenas cuatro de 24 asambleístas elegidos por circunscripción nacional que no es chavista, Allan Brewer Carías —los otros tres son Claudio Fermín, Alberto Franceschi y Jorge Olavarría. El 24 de agosto, sin embargo, Sosa renuncia a su cargo, acorralada por una votación en contra de sus propios magistrados, aunque antes advierte de nuevo: “La ANC no fue habilitada para dictar actos de gobierno”.

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Adiós, mundo cruel

Las bases aprobadas en referéndum también establecen que la ANC dispone de seis meses para sesionar, aunque el pabilo de Chávez pone la velocidad a la que baila el trompo. “Será una Constituyente de dos meses, para aprobar la Carta Magna en noviembre, relegitimar poderes en diciembre y recibir el primero de enero de 2000 con todo ya consumado: y luego adiós mundo cruel, adiós Pacto de Punto Fijo, adiós cúpulas de AD, Copei y Proyecto Venezuela”, dice el 28 de julio en el festejo de su cumpleaños 45.

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En realidad, la redacción de la constitución se tarda un poco más (108 días) que lo que desea el que frota la lámpara. Pero casi todo lo que esboza Chávez en su discurso del jueves 5 de agosto, cuando cumple el formalismo de poner su cargo a la orden ante la ANC —Olavarría es el único de los 131 que no se pone de pie para aplaudirle—, será incluido en el proyecto final: la figura del vicepresidente, un Estado con cinco poderes, un período presidencial de seis años con posibilidad de una reelección, un Tribunal Supremo en vez de un Corte Suprema, una Asamblea Nacional en lugar de un congreso y el fin de lo que llama la “anarquía regionalista”. Sólo se descarta su pretensión de que los jueces sean elegidos por voto popular.

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Guardando las formas

La ANC declara la emergencia nacional y la “reorganización de poderes” el 12 de agosto. Una semana después se decreta la emergencia judicial y el 25 de agosto se ordena que el Congreso Nacional, desplazado de sus instalaciones naturales en el Palacio Legislativo, suspenda todas sus sesiones, lo que un día después degenera en disturbios entre simpatizantes y adversos a Chávez en las inmediaciones del Capitolio que dejan más de 40 heridos.

Para esta Asamblea Constituyente, sin embargo, es importante guardar las formas. Maniata pero jamás disuelve formalmente al Congreso Nacional, en el que un presidente de la Cámara de Diputados de apenas 27 años, Henrique Capriles Radonsky, asume la principal voz de beligerancia. “Nunca me han molestado los muertos”, ironiza uno de los asambleístas del chavismo, Earle Herrera.

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Aunque amenaza, la ANC tampoco descabeza a gobernadores como Enrique Mendoza, de Miranda. “La gente votó por el cierre del Congreso, pero hemos tomado decisiones rosas por temor a una condena internacional”, se queja su compañera Ángela Zago. El canciller José Vicente Rangel asume la defensa del proyecto constituyente en el exterior.

Además de transformar el Estado, la ANC termina ocupándose de muchos otros asuntos mundanos durante estos 108 días: desde la designación de una comisión que investigue la masacre más reciente en el penal de Sabaneta hasta la prohibición de venta de la emisora YVKE Mundial, pasando por una propuesta para reabrir juicios a Jaime Lusinchi y Carlos Andrés Pérez.

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“No puede ser un ayatolá”

Aunque el chavismo gana con 66% de los votos —abstención de 53%— en las elecciones de asambleístas del 25 de julio de 1999, controla 92% de la ANC gracias al sistema de “llaves” y “tubos” diseñado por el matemático Nelson Merentes.

La composición de la Asamblea Constituyente debe tranquilizar a los angustiados por los arrumacos de Chávez con La Habana antes de su elección presidencial. El chavismo es una corriente heterogénea. 119 de los 128 asambleístas elegidos por voto popular —más los tres representantes indígenas— son considerados chavistas, pero sólo 102 militan formalmente en los partidos del Polo Patriótico.

Entre los independientes figuran el rasposo periodista Alfredo Peña —el más votado en la circunscripción nacional—, Zago, la cantante Reina Lucero, Iris Varela, Antonia Muñoz y el sicólogo personal de Chávez, Edmundo Chirinos, que preside una de las 21 comisiones que avanza por separado en la redacción de la Carta Magna: la de Educación, Cultura, Deportes y Recreación.

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Dentro del Polo Patriótico, además del Movimiento V República (MVR) de Chávez en el que militan cuadros como Elías Jaua, Tarek Williams Saab, Henri Falcón y Nicolás Maduro, los partidos MAS y Patria Para Todos (PPT) —12 y 10 asambleístas, respectivamente— no son meros comparsas: cuentan con importantes líderes como Leopoldo Puchi y Carlos Tablante, en el caso de los naranjas, y Aristóbulo Istúriz, Pablo Medina o David de Lima, entre los azules.

Descartado el incómodo agente libre Peña para la presidencia de la ANC, el consenso dentro del Polo Patriótico se decanta entre la primera dama Marisabel de Chávez, segunda más votada; Hermann Escarrá, tercero; Miquilena, cuarto; e Istúriz, quinto. “El presidente de la Asamblea no puede ser un ayatolá, sino una persona moderada, que cuente hasta 10 y entienda que la democracia implica respetar a una minoría”, recomienda Aristóbulo antes de la elección de Miquilena, el veterano mentor de Chávez que declara el 22 de septiembre: “Haremos una Constitución exquisita que perdure por años, no como tantas constituciones puntuales y coyunturales. Queremos que se extienda por muchísimas décadas”.

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A cambio de dedicación exclusiva, los asambleístas devengan un sueldo de 700.000 bolívares que, más los bonos de hospedaje, pasaje y alimentación, se eleva a 1.500.000 bolívares en el caso de los electos por la provincia. Los cantantes folclóricos Reina Lucero y Cristóbal Jiménez se las arreglan para seguir matando “tigritos” con conciertos los fines de semana que les reportan entre 2 y 3 millones de bolívares por show.

Castración pública para violadores

Incluso sesionando a contrarreloj, es mucho lo que se puede debatir en una Asamblea Constituyente durante más de tres meses. “Hemos recibido 107 proyectos de la sociedad civil en los que mayoritariamente se pide un período presidencial de cuatro años, mantener los tres poderes y el legislativo bicameral y rechazar el voto militar”, anuncia el 24 de septiembre Hermann Escarrá, que ocupa el cargo bisagra de presidente de la Comisión Constitucional, encargada de la compilación del anteproyecto.

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El 4 de octubre llega al Palacio Legislativo un camión con un “Buzón Constituyente” que ha recorrido el país durante 30 días para recoger más de 10 mil planteamientos populares, obsequios para los asambleístas y papelitos con peticiones para costear tratamientos médicos.

Ninguna petición tan insólita como la del gobernador del Distrito Federal, Hernán Gruber Odreman, el primero de septiembre: “Pena de muerte con horca, guillotina o fusilamiento en la Plaza Bolívar para ladrones, corruptos y homicidas y castración también pública para violadores”. El propio Chávez sale a desmentirle, aunque no tranca la puerta a la cadena perpetua.

El MVR, como un gesto de autonomía, presenta un proyecto separado al del presidente Chávez. El polémico asambleísta opositor Olavarría, que indigna a sus compañeros chavistas cuando llega a tacharles de “cuerda de beodos”, propone una nación federal de 36 estados —los nuevos tienen nombres como Libertad, Alto Orinoco, Auyantepui, Llano Alto y Zaraza— y seis poderes, entre ellos el comunal.

El matrimonio homosexual, el aborto, la potestad del presidente de la República para disolver el legislativo —propuesta que llega a ser apoyada fuera de la ANC por Henrique Capriles Radonsky—, la posibilidad de un juicio político al primer mandatario —que defiende el asambleísta David de Lima—, la obligatoriedad del servicio militar para ocupar cargos públicos, la elección popular del fiscal general y el promisorio nuevo cargo del defensor del pueblo, la creación de un comedor popular en cada barrio del país —propuesta de Marisabel de Chávez que es calificada de “utopía populista” por De Lima— y el desmembramiento del estado Miranda para incorporar algunos de sus municipios al Distrito Capital son ideas que se discuten y levantan roncha en algún momento en plenaria antes de ser descartadas.

“El pueblo venezolano, como constituyente originario, puede, cuando así lo desee, convocar a otra Asamblea Constituyente para que redacte una nueva Constitución. Las bases comiciales de la Constituyente serán fijadas en un referéndum”, expresa un papel de trabajo de Manuel Quijada, el presidente de la Comisión de Emergencia Judicial de la ANC.

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“La nueva Constitución será blindada contra posibles reformas que impulse el sector político que hoy se resiste a los cambios. Propongo incluir una disposición para que el texto constitucional no pueda ser modificado por un lapso de dos períodos gubernamentales”, recela la asambleísta Iris Varela, que también plantea que los 131 miembros de la ANC se conviertan automáticamente en el próximo inmediato poder legislativo: “Es la única forma de garantizar la aplicación de los textos legales”.

El primer vicepresidente de la ANC, Isaías Rodríguez, sugiere una disposición transitoria que exima a Chávez de la relegitimación de poderes luego del referéndum constitucional y resguarde así la “estabilidad” del país.

Llega Chávez y manda a callar

Más de tres meses de sesiones que, a partir del 16 de septiembre son de lunes a lunes por petición presidencial, dejan secuelas en los cuerpos y en las lealtades. El 23 de octubre, Marisabel de Chávez es internada en el Hospital de Clínicas Caracas por cefalea migrañosa e hipertensión —tiene los valores en 140— y se le concede permiso para reunirse con su esposo, de gira en España.

“Es inaceptable que se presente un informe fuera de las canales regulares”, denuncia el asambleísta Ignacio Combellas cuando Chávez, en un programa Aló Presidente, anuncia por su cuenta la entrega de un primer anteproyecto. “Será una Constitución de corta vida, rígida e inviable. Me hubiera gustado estar en la oposición para decir todo lo que tengo que decir”, declara el 14 de octubre un desconsolado Hermann Escarrá que también tiende a distanciarse del oficialismo y se muestra opuesto a un período presidencial de seis años con reelección: “En 12 años se produce un cambio generacional y se corre el riesgo de perder legitimidad”.

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Los 131 asambleístas son iguales, pero hay un grupo todavía más igual que parece tener línea directa con Miraflores: Isaías Rodríguez, Eliécer Otayza, Istúriz, Saab, Varela y el propio Escarrá, entre otros, participan separados en jornadas de reflexión en Valencia y se reúnen en las madrugadas en el otrora bingo Star Queen de La Urbina.

No ha llegado noviembre y ya Chávez tiene un récord como el presidente venezolano que más ha viajado en su primer año de gobierno. Durante buena parte de septiembre y octubre ha estado de gira por Estados Unidos, la asamblea de Naciones Unidas, Alemania, Vaticano, España y el Lejano Oriente.

Mientras, para el 18 de octubre de 1999, durante el primer debate del proyecto constitucional, se descarta el congreso unicameral, la bandera con ocho estrellas y un posible apellido de “Bolivariana” para la República de Venezuela. Pero el 28 de octubre ocurre un episodio culminante: Chávez regresa. Tiene una reunión privada de tres horas con Miquilena. Un titular de prensa del analista Fausto Masó es sugerente: “Llegó el comandante y mandó a callar”. Para el 5 de noviembre, por votación 70-49, la plenaria aprueba un legislativo unicameral que Ignacio Combellas tacha de “puñalada a la federación”.

El viernes 19 de noviembre, con un concierto de la Orquesta Sinfónica Venezuela en los jardines del Palacio Legislativo, se entrega la propuesta final de Carta Magna de la que ahora es una República Bolivariana. Cinco asambleístas no la suscriben: Brewer Carías —al que el 15 de octubre se suspende de funciones bajo la acusación de redactar de manera inconsulta los artículos tributarios—, Olavarría, Fermín, Framceschi e Yldefonso Finol. Hugo Chávez descarta la idea de que en el referéndum del 15 de diciembre se consulte por separado a la población sobre artículos controversiales e impone una pregunta única:

¿Aprueba usted el proyecto de Constitución elaborado por la Asamblea Nacional Constituyente?

  • Sí.
  • No.

“¿La democracia? Es una ilusión”. Robespierre, en la escena final de la película Danton, de Andrzej Wajda.

Con la colaboración del Archivo del diario El Nacional.