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La dura vida en la clandestinidad

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28/08/2017
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TEXTO: ANDREÍNA ITRIAGO | PORTADA: THE ATLANTIC

La decisión no es fácil: ni para el que la toma, ni para los que le rodean. Se hace en cuestión de horas y determina las siguientes semanas, meses y hasta años. De todos. Es, apenas, el primer paso de un largo recorrido, en el que no solo está en juego la libertad, sino la vida; y en el que si se mantiene la segunda, nunca se alcanza del todo la primera. Es estar “preso del alma” o en “inseguridad plena”

Eran las 10:00 pm del lunes 17 de febrero de 2014. En tres oportunidades, durante la jornada, había habido un despliegue militar en el Centro Plaza, ubicado en la avenida Francisco de Miranda, en Caracas. Los uniformados buscaban al dirigente de Voluntad Popular Carlos Vecchio. Él permaneció escondido en la edificación hasta que a esa hora, disfrazado de estudiante, salió dentro de un carro. “Esa noche entro yo en clandestinidad”, recuerda Vecchio, más de tres años después, desde el exilio en los Estados Unidos.

“Te cuesta entender que estés en eso, en pleno siglo XXI, por razones políticas; que te esté pasando a ti, cuando eran cuentos que echaban familiares de la dictadura de (Marcos) Pérez Jiménez”, admite el coordinador de la tolda naranja. Sin embargo, no fue el primero de los opositores al chavismo que tuvo que esconderse.  Entre otros, su compañero de partido, el general retirado Antonio Rivero, ya había estado en la clandestinidad en dos oportunidades y, en simultáneo con él, ese 17 de febrero, pasó a estarlo por tercera vez. No serían, por supuesto, los últimos.

La persecución en esta nueva crisis política de 2017 ha llevado a más de uno a tomar la difícil decisión de esconderse, antes de engrosar la creciente cifra de casi 700 presos políticos que reporta la ONG Foro Penal. El caso más reciente: el del alcalde del municipio caraqueño de El Hatillo, David Smolansky, cuyo paradero aún se desconoce. Ni siquiera sus familiares saben dónde está, si continúa dentro del territorio nacional o ha buscado y logrado cruzar alguna frontera.

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Como él, otros funcionarios, dirigentes políticos y perseguidos, incluida la fiscal Luisa Ortega Díaz y el diputado Germán Ferrer, protagonistas de la última gran huida en lancha hasta Aruba para tomar avión a Bogotá, el alcalde de Mérida Carlos García y el de Ramón Muchacho que recaló en Miami escapando por e Caribe, o los magistrados nombrados por la Asamblea Nacional que se han resguardado en otros territorios. Y podrían ser más. “Seguimos en estado latente de que ocurran muchas clandestinidades”, advierte el general Rivero, también desde los Estados Unidos.

El momento más duro

Los primeros días son los más difíciles. “Tienes que tener unos sitios donde puedas estar con confianza, seguridad, pero sin ninguna conexión contigo. Tienes que tener un celo tremendo de que solo puede saber dónde estás quien te tiene. Si sale de ahí, es un error”, advierte Vecchio.

Tras resguardarse, la persona en clandestinidad debe pasar a estar completamente incomunicada, por un tiempo. “La principal vía de rastreo es la línea telefónica, fue la primera indicación”, cuenta el alcalde de Lecherías, Gustavo Marcano, quien por una semana, a finales de julio de este año, estuvo oculto una semana en Venezuela, antes de irse, de igual forma, a los Estados Unidos.

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Y en esto no puede haber excepciones. “La regla sine qua non es cero contacto familiar”, agrega Rivero, quien tras haber pasado, en total, unos dos años en clandestinidad, considera fundamental tomar medidas y acciones para evitar el seguimiento a través de dispositivos como teléfonos celulares y computadoras. En el caso de Smolansky, condenado a 15 meses de prisión y ordenada su captura, la regla se ha cumplido. Su novia, Marisela Castillo, le contó a CNN en Español que no ha hablado con su pareja desde que se conoció la sentencia. “Yo perdí comunicación con él, no sé dónde está”.

Pese a ser experto en el área de sistemas telemáticos, de radiocomunicación y de transmisión de datos, Rivero reconoce que en una ocasión cometió un error, del que no quiso ofrecer mayores detalles. Claro que, en un punto, la persona en clandestinidad vuelve a comunicarse con el mundo exterior, aunque nunca con total normalidad. En el caso de Vecchio, fue a través de “aparatos distintos, particulares”, a los que solo un grupo limitado, de extrema confianza, tuvo acceso. En el caso de Smolansky, o del alcalde de Mérida Carlos García -también destituido y ordenada su captura- mediante videos hechos públicos en redes sociales.

Todo lo demás es igual de difícil que la comunicación. “Alimentación, familia, descanso, acompañamiento, estadía, traslados… Lo que crees y el deseo de estar en la lucha de frente; de plantear tus ideas y de moralmente acompañar a quienes dan hasta su vida por esta libertad. El sentimiento y espíritu que te abriga estar en una lucha tan noble”, enumera Rivero. Todo esto al tiempo que se toman todas las previsiones posibles para no develar información “al enemigo”, y resguardar así la integridad física y la libertad.

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Entre el sueño y el miedo

La constante tensión es agotadora, pero el descanso es de las cosas más complicadas para una persona en clandestinidad. Las horas de sueño son muy pocas. “No (dormía) por las noches, no (dormía) por el día. (Solo lo hacía) en diversas ocasiones. Eso depende de la persona, su personalidad y la disposición que tenga a la lucha, como lo que pueda representar para el enemigo”, agrega Rivero, también exdirector nacional de Protección Civil. “Siempre tienes la sensación de que te están buscando, de que estás en persecución permanente, siempre viendo alternativas de salida, de escape, etc. (…) Cualquier ruido, cualquier movimiento, cualquier sirena, decías: ‘Eso es por aquí o por allá’”, recuerda Vecchio, de aquellos días difíciles.

Para Marcano, ese es, precisamente, el efecto que quiere “sembrar el régimen”: “Que cualquier persona te está buscando”. Eso, por supuesto, genera temor. “Sí sientes una adrenalina y presión de que te pueden capturar, matar. Pero eso no te frena porque estás haciendo lo que te toca hacer. Uno es capaz de arriesgar su vida por la libertad”, complementa Vecchio. Sin embargo, para el alcalde de Lechería destituido por el Tribunal Supremo de Justicia, estar encerrado, solo, sin dormir bien y con temor, no es lo más difícil. “Cuando te toca moverte es el momento de mayor tensión”, asegura. Las horas y sitios por los que se hacen las movilizaciones, cuando toca, se deciden en caliente. Se trata, como explica Vecchio, de operaciones “de alto riesgo”: “Cualquier persona te puede ver”.

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Algunos, como él, coquetean más con el peligro. En 2014, grabó programas de televisión e incluso llegó a aparecerse en una marcha de la oleada de protestas de entonces. Luego volvió a esconderse. Sin embargo, la mayoría de las movilizaciones que hacen las personas en clandestinidad son para asistir a reuniones públicas o cambiar de locación, ya sea dentro de una misma ciudad –donde se mantiene la mayoría– o a otros estados.

Cuando comenzó la persecución a Oscar López en 2013, entonces jefe de despacho de la Gobernación de Miranda al mando de Henrique Capriles, toda una red de amigos se activaron para esconderlo, moverlo y luego conducirlo hasta su salida del país. Ahora está en Miami. Lo mismo ocurrió cuando Rodrigo Diamanti, de la ONG Un Mundo Sin Mordaza fue detenido en 2014 acusado de tenencia de artefactos explosivos y obstrucción a la vía pública por la fiscal Katherine Haringhton, en un proceso irregular según denunciaba entonces su abogado Nizar El Fakih. Cuando le fue otorgada libertad condicional, escapó clandestinamente y sin pasaporte, porque las autoridades locales se lo quitaron al tener prohibición de salida del país. Logró llegar a Estados Unidos.

Son pocos los objetos que acompañan a las personas en clandestinidad, durante sus travesías. En el caso del general Rivero, fue un ejemplar de la Biblia y reliquias religiosas que le habían obsequiado. En el caso del alcalde Marcano, un escapulario de la Virgen del Valle y una gorra con la misma imagen. Lo demás, en particular la familia, lo llevan en la mente y en el corazón.

Los que dan la cara

La vida de quien pasa a la clandestinidad no es la única que cambia. Las de sus seres queridos y allegados, también.  “La dirección de mi casa, donde estaban mis hijos y esposa, la publicaron en cuentas de redes sociales oficialistas (…) Ellos estaban haciendo como un llamado para ir a guarimbear por allá, cuando yo estaba en clandestinidad, y mi familia estaba ahí. Esa era mi mayor angustia”, cuenta Marcano, quien no solo temía por su seguridad e integridad física, sino por las de sus familiares.

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En un año, la residencia del general Rivero fue asaltada tres veces por efectivos la Dirección General de Contrainteligencia Militar. Sus hermanos, asegura, fueron retenidos, golpeados y perseguidos. En el caso de Vecchio, los agredidos físicamente fueron los vigilantes de su edificio, a quienes interrogaban si lo habían visto. “Me mandaban muchas amenazas a mí y a mis padres en Caripe, estado Monagas. Colocaban vigilancia porque se decía que yo estaba allá. (…) Me mandaban mensajes de que sabían dónde mi esposa iba a dar a luz, que sabían que estaba embarazada, que tenían la orden de matar sin preguntar”, narra mientras admite que el núcleo familiar se afecta. De hecho, él temía que a su hijo en gestación le pasara algo, por lo tenso de la situación. Se llama Sebastián, porque no hubo tiempo para discutir otro nombre. Marisela Castillo, la novia de Smolansky, siente miedo. “Supongo que el Sebin pensará que siguiéndome a mí va a llegar a donde está él”, confesó a CNN en Español.

Pero así como hay quienes persiguen, hay quienes ayudan. “Siempre hay amigos y gente dispuesta a ayudar, y sobran las vías para evadir la persecución hasta lograr estar a salvo”, asegura el general Rivero. En el caso de Marcano, fueron sedes diplomáticas. “Están brindando un apoyo enorme, todos los países que están comprometidos con el restablecimiento de la democracia, a cientos de perseguidos políticos”, acota el dirigente de PJ. Lo saben bien los al menos nueve magistrados que se han resguardado en embajadas de otros países, dentro de Venezuela.

La decisión más difícil

Salir del territorio nacional nunca estaba en la mente de quien pasa a la clandestinidad. Sin embargo, la mayoría de las veces, las circunstancias lo obligan a hacerlo. En el caso de Vecchio, tras una discusión política, determinaron que era más útil a la lucha por Venezuela desde el exterior. “No teníamos a nadie en el exilio con rol político”, explica. Sin embargo, asumir ese rol, y dejar su país por razones políticas, ha sido la decisión más difícil de su vida. En 2017 la realidad ha cambiado, casi todos los que comienzan a ser buscados por los organismos de seguridad afinan las rutas para irse al extranjero. Allí se cuentan la fiscal Luisa Ortega Díaz y su esposo el diputado Germán Ferrer lo hicieron por vía marítima hasta Aruba, de madrugada; el alcalde Carlos García, de Mérida; o el diputado zuliano Lester Toledo ahora radicado en España.

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“Te puedo decir sin ningún tipo de sentido de heroísmo, de sensacionalismo, que es un proceso donde uno arriesga hasta la vida”, acota el alcalde de Lecherías, a quien le tomó un largo día y medio salir del país, con una muda de ropa en un morral. Es poco lo que pueden revelar quienes han dado este paso, porque aseguran que se trata de vías que están siendo utilizadas por miles de perseguidos políticos para entrar y salir del país. Pero todos coinciden en que es una operación riesgosa y que se planifica con mucha cautela. Lo que para Vecchio fue una salida “por los caminos verdes”, para Marcano fue “por vías no tradicionales”.

Entonces comienza un proceso más complejo: el exilio o lo que Vecchio llama estar “preso del alma”. Pero ese es otro tema.