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La enfermedad de querer ser como @SaschaFitness

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02/03/2015
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TEXTO: ANNA CAROLINA MAIER
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COMPOSICIÓN FOTOGRÁFICA: MERCEDES ROJAS PÁEZ-PUMAR

Las sacerdotisas del buen comer y vida saludable han reclutado un grueso ejército desde sus redes sociales. Sus estrictas recomendaciones sumen a muchos de sus seguidores en la obsesión del cuerpo perfecto —obvio: sin grasa ni los horrendos cauchitos. Pero el “Good looking” también puede ser un problema de salud pública cuando se vuelve patología

“Casi siempre me veo gorda”, expresó Luisa, de 13 años de edad, piernas delgadas y con una clavícula muy pronunciada. Asegura que quiere ser modelo o actriz. Estudia primer año de bachillerato en un colegio de monjas y va cinco días a la semana al Ballet. Los fines de semana suda la gota gorda en un gimnasio. Comenzó a comer “sano” hace unos meses cuando, según cuenta, siguió en las redes sociales cuentas de mujeres que sugieren estilos “Fitness”. “Sigo a muchas páginas y personas en las redes sociales. Entre ellas: @SaschaFitness y @Michelle_Lewin. Me gustan por las recetas no por quiénes son”, expresa y agrega: “lo que no me gusta es que se toman fotos con todo lo que comen. Eso me estresa un poco. Me pregunto si de verdad nunca se salen de sus dietas”.

El límite entre lo sano y lo enfermizo parece estar solapándose. Lo que al comienzo puede tener la intención de mejorar la salud y rutina de las personas, cuando se convierte en el centro de pensamiento, puede derivar en consecuencias contrarias como enfermedades y trastornos alimenticios.

Desde que se obsesionó con las cuentas “Fitness”, Luisa empezó a adelgazar. Ahora tiene 4 kilos por debajo de su peso. Ha dejado de tener la regla y asegura que le tiene “miedo a la pasta”. Siente que debería comer solo lo que se muestra en las imágenes que montan estos “gurús” de la salud y niega que sea un esfuerzo quitarse las galletas, tortas, arroces, papas y arepas, entre otros muchos carbohidratos. “Si me das a elegir entre una fruta o alguna chuchería prefiero la fruta”, dice, aunque su madre cuenta que antes comía de todo y jamás fue gorda.

Andrea Castellanos, licenciada en nutrición y dietética, suscribe que ha sido testigo de un incremento de jovencitas menores de 18 años que acuden a su consultorio por debajo de su peso. “Tengo pacientes enfermas. Tienen una obsesión con el peso”, diagnostica. Considera que se ha impuesto una moda que ha hecho que niñas a muy temprana edad empiecen a hacer dietas no adecuadas para su desarrollo. Ahora estudiar no es su prioridad sino lucir como Sascha Barboza. “Invierten mucho tiempo pensando en lo que deben o no comer y aunque en su mayoría estas niñas salen bien en la escuela, debido a que suelen ser perfeccionistas en todo, sufren un estrés que no es propio de la edad debido a estas nuevas exigencias físicas y de belleza”, expresa la nutricionista.

Castellanos reprueba que las personas que promueven la “vida sana” no especifican la edad pertinente para seguir los consejos, dietas y ejercicios que publican en sus cuentas: muchas de ellas tienen millones de seguidores —@SaschaFitness suma 1,2 millones en Instagram. “Lo que puede poner en riesgo a muchos”, puntualiza la experta. “Lo recomendable y más responsable sería que establecieran rangos de edades en sus post y aclaren los efectos secundarios en caso de embarazos u enfermedades”, vuelve con inflexión pedagógica.

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Pero Luisa no está sola en su quimera de belleza y esbeltez. Jura que sus amiguitas del ballet se cuidan mucho más que sus compañeras de la escuela —que elevan una pléyade de duras restricciones de buche y gusto. “Van a gimnasios y sigues las cuentas de Sascha y Michelle”.

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“Es preocupante que estos blogs han puesto en boga el “Cheat meal” —comida trampa. Es una comida a la semana en la que las personas se pueden salir del régimen alimenticio. “El nombre que le dan ya de por sí enferma, pues se les está enviando un metamensaje a las jovencitas diciéndoles que al comer están haciendo trampa y las llena de culpa”, acota.

Luisa ahora va a una nutricionista que le está enseñando a comer, antes solo almorzaba pollo a plancha con ensalada y merendaba una manzana. “Ahora le meto algo de carbohidratos a mis platos como arroz o batata. Pero aún no como pasta”, las aversiones no se superan con tenedores y cuchillos. ¿Pero los fines de semana te tomas la libertad de salirte del régimen alimenticio? “No. Porque creo que si como algo distinto voy a engordar”, respondió.

Los padres de Luisa están preocupados. Dan fe que ella pasa largas horas revisando en el teléfono las cuentas que la obcecan. “Muchas veces después de comer hace flexiones o cualquier otro tipo de ejercicio”, desliza en saltadilla la mamá. “De hecho, las comidas en familia se han vuelto un trauma. La niña prefiere no asistir para evitar los almuerzos que la saquen de su régimen”, comenta quien ha llevado a su hija a una psicóloga para tratar lo que pudiese convertirse en una anorexia o bulimia.

El psicólogo Ernesto Rodríguez señala que la adolescencia es un período donde la mujer se siente vulnerable ante cómo percibe su físico por lo que busca estereotipos a seguir. Considera, al igual que Castellanos, que las personas que tienen blogs con consejos de nutrición y entrenamientos deberían aclarar que las dietas y ejercicios tienen que ser individualizados.

“Lo peligroso está cuando llevar una ‘vida sana’ se convierte en una obsesión. Interfiere en el desarrollo normal y, por lo tanto, entra lo patológico. Cuando le dedico al ejercicio y al comer sano un espacio y tiempo exagerados, deja de ser saludable”, añadió Rodríguez.

Sentirse mal, si un día dejas de hacer ejercicio, pasar mucho tiempo organizando las comidas, entrenar muchas horas al día, verse mucho en el espejo, compararse con las fotografías de esas cuentas “fitness” y sentir culpa al comer son algunos de los síntomas que los psicólogos señalan de quienes se han obsesionado con estar “fit”.

Enrique Alí González, sociólogo y profesor titular de la Universidad Central de Venezuela y de la Universidad Católica Andrés Bello, glosó que en todas las sociedades hay una concepción dominante de cómo debe ser la figura, y eso va cambiando de acuerdo a los tiempos. Sin embargo el fenómeno actual se destaca por su diferencia. “Lo que está sucediendo es que se ha creado una religión del cuerpo”, elucida. “En el siglo XVII, con el barroco en esplendor, la voluptuosidad y curvas eran muy bien vistas. Actualmente, mientras más delgado, más cerca de la imagen ideal se está”, hace historiografía. No es secreto para nadie que Venezuela es un país productor de misses y que ese certamen es uno de los programas más vistos por la población. Su invasión y conquista en las mentalidades criollas ha procurado un cambio estético.

“Es evidentemente un proceso de enajenación. La persona deja de analizar el conjunto de las circunstancias. Olvida la visión de totalidad y se concentra en una sola área: el físico. El cuerpo”, concluyó González.