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La guerra de patentes y patrimonios culturales

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20/11/2015
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FOTOGRAFÍA: AP IMAGES

En el mundo del capitalismo, marcas y empresas se han hecho con la propiedad de gestos, colores, y un sinfín de intereses. Todo es patentable, con pocas excepciones como las herencias culturales nacionales. En París una firma de modas desafía los límites de la protección patrimonial mexicana, como antes otros lo han intentado en ese país. En Venezuela, el guayuco está a salvo

Al capitalismo lo llaman salvaje, y no es gratuito. Uno de sus pilares, la propiedad, ha sido motivo de discusión amplia y profunda. ¿Individualismo? ¿Colectivización? Más allá de las posturas ideológicas y conceptuales, las leyes globales han puesto coto a las ganas de hacerse con la propiedad sobre intangibles de uso común.

Por ejemplo, no se puede patentar ningún ser vivo o parte de alguno, así como tampoco los métodos matemáticos, las teorías científicas, las reglas y métodos de actividades intelectuales, los métodos de diagnóstico, terapéuticos o quirúrgicos, los descubrimientos de sustancias naturales y las normas o reglas de un juego. Tampoco los programas informáticos y las obras artísticas o literarias (que se protegen por derecho de autor).

Casi todo es patentable. Hasta los colores. Una marca puede registrar un tono de color pero no un color primario o una tonalidad natural (una marca de leche, por ejemplo, no puede apropiarse del color blanco). Uno de los ejemplos más famosos es el caso del azul Klein, una tonalidad que debe su nombre al artista Yves Klein, que lo utilizó profusamente y lo registró bajo la denominación de International Klein Blue. Otro es el de la joyería Tiffany, que patentó en 1998 el color azul que la identifica. Se trata del tono Pantone 1837, fecha de la fundación de la joyería. Así, buscan evitar falsificaciones.

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La telefónica T-Mobile registró a su nombre el color magenta (tono RAL 4010 en el sistema europeo). No solo se generó un escándalo en la comunidad interesada que hasta creó el sitio www.freemagenta.nl, sino que ha habido conflictos legales con otras empresas del ramo por el uso de ese tono combinado. El asunto incluso fue resuelto por una corte en febrero de 2014 cuando un juez en Texas, Estados Unidos, decidió que la dueña del magenta es T-Mobile, según reportó el Washington Post.

Otros colores registrados son el “Cadbury blue”, el “Louboutin red” (las suelas rojas de los zapatos de esa marca), el “Target red”, el “Post-it yellow”, el “Pullman brown” que identifica los camiones y el logo de la empresa de envíos UPS, y el español “verde Corte Inglés”. Además, el Pantone 219C, un tono de rosado, es propiedad de Barbie (Mattel).

En Estados Unidos, varias empresas de tecnología han patentado incluso gestos, como el de deslizar el dedo de izquierda a derecha para desbloquear un iPhone (Apple), los comandos al aire en un Kinect (Microsoft), cómo mover iconos de un teléfono (Samsung), escribir con un solo dedo sin levantarlo de la pantalla (Xerox) y hasta agitar un móvil para reactivarlo (Ventures), entre otros.

Lo único que está fuera del alcance del hambre del dinero son las tradiciones y manifestaciones culturales nacionales, que no pueden ser apropiadas por ninguna marca. Con sus bemoles, claro. Por ejemplo, en México hay una polémica encendida porque en junio pasado la diseñadora francesa Isabel Marant fue acusada de plagiar los elementos y patrones gráficos que componen y representan la identidad de la comunidad mixe a través de la blusa de Tlahuitoltepec, prenda que aquella expuso en su colección “Etoile” primavera-verano 2015. En Francia, de hecho, la empresa Antiquité Vatic introdujo una demanda ante un tribunal galo para reclamar derecho de autor por tal diseño.

Este 19 de noviembre, el secretario de Asuntos Indígenas de Oaxaca, Adelfo Regino Montes, advirtió que el gobierno de la región impugnará el proceso legal porque en Francia se deben respetar los derechos colectivos de los pueblos originarios. “Estamos frente a una evidente transgresión al pueblo mixe, al que pretenden despojar de su patrimonio cultural y propiedad intelectual, derechos reconocidos en la Organización de las Naciones Unidas (ONU)”, añadió el funcionario estatal.

El artículo 31 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas establece que “los pueblos indígenas tienen derecho a mantener, controlar, proteger y desarrollar su patrimonio cultural, sus conocimientos tradicionales, sus expresiones culturales, tradicionales y las manifestaciones de sus ciencias, tecnologías y culturas, comprendidos los recursos humanos y genéticos, las semillas, las medicinas, el conocimiento de las propiedades de la fauna y la flora, las tradiciones orales, las literaturas, los diseños, los deportes y juegos tradicionales, y las artes visuales e interpretativas. También tienen derecho a mantener, controlar, proteger y desarrollar su propiedad intelectual de dicho patrimonio cultural, sus conocimientos tradicionales y sus expresiones culturales tradicionales”.

No es la primera vez que el folklore mexicano se debate por intereses comerciales. En febrero de 2015, se difundió la falsa noticia de que el Corque Du Soleil había patentado los derechos de uso de los Voladores de Papantla”, un espectáculo tradicional donde unos intérpretes cuelgan de un poste elevado. La información corrió rápidamente, generando indignación en la opinión pública mexicana, y el Secretario de Turismo y Cultura del Estado de Veracruz, Harry Grappa Guzmán, debió salir a aclarar que tal cosa era mentira, “una jalada”, “puro rollo”, según dijo el funcionario al aclarar que “el ritual sagrado de los Voladores de Papantla está protegido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad”.

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En 2013 la empresa Walt Disney introdujo una solicitud ante la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos para registrar el nombre y concepto del “Día de Muertos”. La empresa, a través del estudio Pixar, preparaba una cinta de animación sobre esa celebración mexicana. “El registro de marca tenía la intención de proteger cualquier título potencial de la película o alguna actividad relacionada”, detalló a CNNMéxico una portavoz de Disney, en un comunicado el 8 de mayo de 2013, donde añadió que “desde entonces se ha determinado que el título de la película cambiará, y por lo tanto estamos retirando nuestra solicitud de registro de marca”.

En 2003 el empresario gallego venezolano Carlos Dorado se convirtió en propietario de la imagen, firma y nombre de Frida Kahlo. La marca “nació de ver la película con Salma Hayek (…) Me fui a Querétaro a buscar a sus descendientes y me encontré con su sobrina Isolda Kahlo, una viejita ya en ese momento y única descendiente y heredera de ese legado”. Así nació la Frida Kahlo Corporation, controlada en 51% por Dorado, que produce la tequila con el rostro de la cejijunta pintora en tres presentaciones, además de un portafolio de productos que incluye una línea de productos de belleza, un modelo de zapatos Converse, la cerveza Bohemia, un avión de Aeroméxico, una colección de ropa de Zara, los cuadernos Scribe y pronto un hotel spa en la Riviera Maya.

En Venezuela, no es posible patentar el joropo ni el sombrero pelo e’ guama. El abogado Jesús Orlando Sánchez explica que la prohibición se extiende sobre todo aquello que sea catalogado como tradicional, “aquello que pertenezca al patrimonio cultural del país”. Recuerda que existe una Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural en la que, en su artículo 3, “se declara de utilidad pública e interés social la preservación, defensa y salvaguarda de todas las obras, conjuntos y lugares creados por el hombre o de origen natural, que se encuentren en el territorio de la República, y que por su contenido cultural constituyan elementos fundamentales de nuestra identidad nacional”. Además, está vigente la Ley de Patrimonio Cultural de los Pueblos y Comunidades Indígenas. “Se pudiera patentar un guayuco con unas determinadas características. Pero lo que estás registrando son esos detalles, no la vestimenta como tal. Queda patentado el tono de color, alguna forma en particular, pero no la vestimenta como un todo porque es un objeto con valor histórico”, explica Sánchez.