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La primera muerte de Cerati fue en Caracas

04/09/2017
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FOTOGRAFÍAS: ANNETTE BARRIOLA

El 4 de septiembre de 2014 llegó el final de su largo sueño stereo. Pero fue la hora y media entre el fin de su último concierto y la crisis que tuvo Gustavo Cerati la que apagó su voz. El músico llegó a tener plena conciencia de sus dolencias y eso lo condujo a una grave alteración emocional. Su última gira, que culminó en Venezuela por los perversos hados, fue intensa y el trabajo excesivo, pero no hubo rumbas previas en Caracas. La estancia de Cerati en la ciudad todavía tiene puntos ciegos

Una navegación a través del entorno humano y emocional que circundó el trágico episodio del colapso de Gustavo Cerati en Caracas permite extraer una conclusión: el astro argentino no sólo llegó a tener plena conciencia de la gravedad de su problema, sino que vio aproximarse con claridad las puertas del vacío en el cual hoy subsiste suspendido.

El día decisivo para comprender el desenlace de este trance no fue el sábado 15 de mayo de 2010, día de la crisis, sino el domingo 16, fecha del ingreso a la clínica. Es a partir de entonces que el planteamiento inicial de su dolencia conoció, en cosa de horas, una siniestra —pero más o menos habitual en estos casos— metamorfosis. El rostro definitivo de sus consecuencias iba a ser apreciado el lunes. Su ingreso al Centro Médico Docente La Trinidad se produjo en medio de una comprensible ansiedad adobada con sorpresa, pero ninguno de los protagonistas de este episodio pudo figurarse ni remotamente que las consecuencias iban a ser tan devastadoras.

Parece cierta la hipótesis de que aquel día el músico despertó relativamente estabilizado, incluso de buen humor, con ánimos suficientes para bañarse, comerse las arepas que ha reseñado la prensa y caminar con ayuda por el entorno de la habitación.

De la tarde a la noche del lunes, sin embargo, tuvo lugar un evento inesperado y aún desconocido para el público grueso. Luego de un interregno en el cual pudo dormir, Gustavo Cerati comprobó que no podía escribir y que tenía completamente inutilizada su pierna izquierda. Las insinuaciones mecánicas que se le habían asomado a partir de la noche del sábado ya habían conocido un desenlace inapelable. Le sobrevino a continuación una terrible crisis emocional: tuvo que ser contenido en masa por los músicos de la banda y sus amigos para que no saliera de la cama.

El desajuste pudo haber constituido el pórtico del agravamiento de su situación: bordeando la hora de la cena, una rubia médico de guardia constató con alarma que sus signos vitales estaban bordeando la subsistencia. Cerati fue trasladado de emergencia al espacio que ha pasado a convertirse en una residencia fija: la sala de terapia intensiva.

I

“El mejor concierto de toda la gira Fuerza Natural”, le declaró Richard Coleman, uno de los miembros del séquito, al rotativo argentino Clarín en 2010. Una velada húmeda y relativamente fresca en la Universidad Simón Bolívar el 15 de mayo de 2010, en la cual la audiencia encontró a un Gustavo Cerati especialmente simpático y elocuente, lo suficientemente animado para ofrecerle a su público, por ejemplo, una versión de “A merced” nunca antes tocada en vivo.

Había arribado Cerati a Caracas el viernes 14 procedente de Bogotá. Un largo tour de vuelos continuos, mucho trabajo y excesos en fiestas que habían sido desaconsejados por sus médicos personales: fumador irremediable de cigarrillos en cadena, Cerati ya había sufrido cuatro años atrás de una trombosis en la vena de una de sus piernas que le dejó unas cuantas semanas sin caminar. La recuperación llegó rápido, había dejado de fumar, pero quedó el susto: un “cagazo tremendo”, como le había confesado a un periodista austral.

Algunas versiones de prensa —que incluyen reportajes hechos en el Cono Sur— han reseñado que, llegado a Caracas, Cerati había visitado algunos lugares nocturnos hasta altísimas horas de la noche, y atribuyen lo acaecido en estas juergas como el paso previo a la crisis.

Se ha hablado en particular de Moulin Rouge, en Sabana Grande —uno de los espacios que más tarde cierra en Caracas— como el escenario en el cual él y sus músicos calentaron motores como paso previo al concierto. Marcos Santos, uno de los propietarios del local, desmiente por completo lo que considera un mal entendido. “Ese día estuvimos hasta bien tarde en local y nadie supo nada de Cerati”, explica. “Ese chisme se extendió porque en una página web se hizo un montaje con su foto en unos de los sillones del local. La verdad es que todo formó parte de una broma”.

Confirma la información Víctor Méndez, dj que amenizó la velada del after party en el camerino durante el concierto de 2006, en el Sambil, y que iba a hacer lo mismo en la Universidad Simón Bolívar. “Si salió a rumbear el viernes nadie supo nada”, afirma. “Yo no sé si hizo algo privado, tan privado que ni nosotros lo supimos, o si se reunió con su gente en la suite que ocupaba en el hotel. Estoy totalmente seguro de que el viernes él no salió a ninguna parte”, añade el también locutor.

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II

Sin embargo, el aspecto de Cerati al día siguiente era el de, como mínimo, un evidente trasnocho. Independientemente de que sea cierto que no salió a la calle de juerga. Se presentó, como estaba pautado, pasada la hora del almuerzo, a la USB, en la zona del concierto. Tenía pendiente concluir el “meet and greed”: encuentro organizado por Evenpro en el que Cerati junto a los ganadores de un concurso de Twitter se tomaría fotos y repartiría autógrafos. Luego efectuaría la correspondiente prueba de sonido.

La periodista Herminia Fernández fue una de las afortunadas participantes del “meet and greet”. Ella recuerda que Cerati se presentó con el desaliño propio de un pop star: franela gris y jeans deslavados; lentes oscuros y unos zapatos de goma que ni siquiera tenían las trenzas amarradas. “Fue muy simpático desde el principio”, recuerda. “Nos invitó a cordializar a todos. ‘Rompamos el hielo’ fue lo que dijo”. El músico cumplió pacientemente con el trámite: fotos con los ganadores y obsequios; firmas autografiadas, conversiones algo torpes con fanáticos que no conocía y hasta un poema, con llanto incluido, de una de las participantes.

“Yo no sé si hizo algo privado, tan privado que ni nosotros lo supimos, o si se reunió con su gente en la suite que ocupaba en el hotel. Estoy totalmente seguro de que el viernes él no salió a ninguna parte”, añade el también locutor.

Pudo Fernández quedarse a contemplar la prueba de sonido, un auténtico privilegio que hizo imborrable aquella experiencia. Andrea Benavides, de Evenpro, rememora: “Lucía muy relajado. Tocó casi todo el repertorio de Fuerza Natural mientras bromeaba con la audiencia. Varias veces, porque no le llegaba, pidió que le acercaran una cerveza Polar. ‘¿Es que no hay una Polar en este país?’, se preguntaba”

La prueba concluyó sobre las cinco de la tarde. Volvería al hotel para arreglarse. Todo estaba listo para ofrecerle a la audiencia de Caracas aquel memorable último concierto. “En la firma de autógrafos, Cerati nos comentó que no se sentía bien”, dice Fernández. “Con eso se disculpó para terminar la conversación. Dijo que estaba resfriado”.

III

“Esta noche tenemos fiesta y será con Leandro Fresco”, prometía Cerati en medio de una ovación cuando se aproximaba el fin del recital. El tecladista de la banda, organizador de los after party memorables durante el paso de los argentinos por Caracas, tenía arreglado, con su amigo el locutor y dj venezolano David Rondón, una fiesta de despedida que tendría lugar en Atlantique. Aquel fue, en rigor, el único encuentro nocturno pensado en Caracas para el tour Fuerza Natural.

“El día del concierto y la fiesta, voy al hotel Meliá a verme con Leandro, saludar, llevarle las invitaciones y buscar los pases de backstage”, recuerda Rondón. “Estuvimos un rato hablando y quedamos en vernos en allá para irnos todos a la fiesta.”. Prosigue: “cuando llegamos a backstage, después del concierto, los chicos estaban cenando. Como tenía que irme a la fiesta le dije a Leandro que me avisara al llegar para darle el acceso a la banda. Justo después, Leandro me escribió que había pasado algo terrible y que se iba junto al resto del grupo a la clínica. Nos fuimos a la fiesta muy tristes, con el ‘secreto’ en las manos. A la hora todo el mundo escribiéndome y haciendo especulaciones. Horrible. Leandro, tan buen amigo que es, horas después, fue todo preocupado a la fiesta, queriendo cumplir con su trabajo, pero desbastado por lo de Gustavo”.

Recapitulemos: completada la despedida y el bis, Cerati y los miembros de su banda entraron felices y satisfechos al camerino. Luego de la cena tendría lugar una pequeña velada para celebrar el último concierto de la gira. La banda se tomaría una última foto. Luego, los que desearan partirían a la rumba en Atlantique.

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Parece cierta la hipótesis de que a Cerati le irritó la entrada descontrolada e inconsulta del público que, con una pulsera a manera de pase, irrumpió en el camerino para conocer al astro y para tomarse fotos. El dj Víctor Méndez dice: “Normalmente entra público escogido al camerino. Pero es gente selecta, que se sabrá dar su puesto y podrá comportarse como corresponde ante un astro como Cerati. Si un montón de gente te invade y te aborda sin que te pregunten nada, claro que te tienes que molestar”.

En unas declaraciones de Clarin en 2010, el argentino Richard Coleman lo recuerda así. “Habíamos tenido un show excelente. Después, nos fuimos a camerinos, nos cambiamos, cenamos y recibimos visitas. Todo en el transcurso de una hora y media. Como era el último show de esa etapa de la gira, nos sacamos una foto con el equipo. Gustavo estaba con cara de cansado. Después, él volvió al camerino y se quedó solo. Al rato, tuvo una isquemia. Perdió el control sobre la mano y el brazo, y fue socorrido por alguien del equipo. (…) En los pasillos, encontré un movimiento muy raro. Adrián Taverna me miró con una cara de que algo malo había pasado. Llegaron los paramédicos y le controlaron la presión… La camilla se lo llevó consciente, y crucé miradas con él. Tomó un tiempo disolver por completo la atmósfera de celebración que aún imperaba”. “Me siento mal. Me quiero ir a la mierda”, había dicho Cerati luego de la foto de familia.

El Centro Médico Docente la Trinidad era la unidad médica con prestigio más cercana. Víctor Méndez recuerda que no hubo que esperar nada entre la crisis y la salida: la ambulancia estaba ahí. Su presencia es obligante en el caso de un astro de su talla, aún si no estuviera pasando nada. También él lo vio pasar justo a su lado en una camilla.

IV

El ex Dermis Tatú y actual Bacalao Men, Sebastián Araujo, había escuchado en diagonal que Cerati estaba en una clínica en Caracas. Como muchos por entonces, pensó que se trataría de alguna indisposición pasajera: la “fuerte subida de presión” a la que hacían referencia las partes oficiales.

Aunque es amigo personal de varios de los miembros del entorno musical de Cerati, muy especialmente del baterista, Fernando Samalea, había permanecido, por esta vez, alejado de los pormenores del show. Es Héctor Castillo, su compañero en Dermis Tatú, hoy aquilatado productor musical internacional muy cercano a Cerati, quién lo llama para confirmarle la gravedad de la situación.

“Yo me activo a partir del miércoles 19. Todos los miembros de la banda se quedaron varados en Caracas. Me ocupé de orientarlos y atenderlos. Héctor me pidió que atendiera sobre todo a Anita Álvarez de Toledo, la corista, por la que Cerati sentía un especial afecto”.

Toda la banda estaba en la clínica aquel martes: a la crisis le siguió la famosa operación de emergencia que puso a su fanaticada en vilo y colocó al astro en el suspenso actual. Devastados, ninguno quiso declararle a la prensa. Goteados entre esa semana y la siguiente, comenzaron a abandonar el país.

El martes 18 llegan a Caracas la madre de Cerati y su hermana. Araujo cuidó de Anita Álvarez, a quien tuvo en su casa en Los Palos Grandes casi un mes completo —el tiempo en el cual estuvo Cerati hospitalizado acá— y el resto de los músicos. Atendió personalmente a la madre y a la hermana de Cerati, quienes, ya en la ciudad, asumieron el control de las decisiones del paciente.

Fueron horas de largas conversaciones, recuerdos, incertidumbre y drenajes de angustia. Araujo recuerda que la hermana y la madre de Cerati estaban atormentadas con el tráfico y la distancia que mediaba entre el hotel y la clínica. “Fueron muy amables, educadas y agradecidas. Anita estaba destruida, pero disfrutó mucho más la ciudad. Salimos bastante y conversamos muchísimo. Se fue con ganas de regresar.” Una aeroambulancia cruzó un mes después el cielo de Caracas a Buenos Aires y llevó a todos con su nuevo tormento. El centro Fleni es, desde entonces, una residencia. El drama de Gustavo Cerati ya le pertenecía a todo el hemisferio.