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Las muertes silenciadas de la Maternidad Santa Ana

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16/04/2018
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TEXTO: ISAYEN HERRERA (@ISAYENHG) | FOTOGRAFÍAS: DANIEL HERNÁNDEZ

Entre diciembre de 2017 y febrero de este año fallecieron 112 bebés en la Maternidad Santa Ana, en Caracas. Casi 20% de los partos que se registran en promedio en un trimestre. La bacteria Klebsiella pneumoniae, se susurra entre pasillos, sería la causante de la mortandad. Pero ningún médico deja la evidencia por escrito y ningún padre tiene acceso a los resultados de los exámenes ni a las historias médicas. Desde marzo no se atienden partos de alto riesgo para bajar la tasa de mortalidad

Los abuelos de Jeremías Godoy conocieron a su nieto dentro de un ataúd. Estaba rígido por pasar todo un fin de semana en una nevera de la morgue de la Maternidad Santa Ana, en Caracas, porque no había un patólogo ese fin de semana que entregara el cuerpo. Sus abuelos y madre decidieron enterrarlo sin velarlo. Tampoco se atrevieron a vestirlo para evitar desmembrarlo. Lo arroparon con su ropa nueva y colocaron los juguetes sin uso a su alrededor dentro de la urna que fue sepultada en el Cementerio General del Sur.

Durante los 13 días que Jeremías logró vivir solo su mamá, Geisy Godoy, de 18 años de edad, logró verlo. Nació el 22 de enero de 2018 con 8 meses de gestación y el 3 de febrero ya no respiraba, estaba morado. Jeremías nació pesando 1,95 kilogramos, cuando el peso normal de un neonato debería ser al menos 2.750 gramos, para  reducir el riesgo de mortalidad.

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Luego de 10 días, el niño presentó una infección. “Comenzó a ponerse rígido. No podía ni mover su cuello. Las enfermeras me decían que le hiciera masajes pero estaba rígido y lloraba cada vez que lo intentaba mover, a él le dolía. Nunca lo pude cargar. Ni vivo y menos muerto porque me lo entregaron en mal estado, parecía que se iba a partir”, cuenta Godoy.

Desde que comenzó el año, en promedio, mueren dos bebés al día en la Maternidad Santa Ana. El centro de salud atiende 14 mil partos al año, y entre 200 y 300 al mes. En diciembre pasado murieron 42 niños, mientras que entre enero y febrero la mortandad subió a 70 recién nacidos, incluyendo prematuros y los que completaron los 9 meses de gestación. El causante, que solo se nombra entre susurros de pasillos, sería la bacteria Klebsiella pneumoniae.

Se trata de una de las llamadas súperbacterias, resistente a antibióticos. De contagio por medio hospitalario, es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una bacteria intestinal común que se extendió a todas las regiones del mundo. El patógeno pertenece a la familia de los carbapenem-resistant Enterobacteriaceae (CRE), unos organismos resistentes a todos los antibióticos del mercado, incluidos la última línea de defensa, la colistina. La OMS detalla que puede producir infecciones nosocomiales, como las neumonías, las septicemias o las infecciones de los recién nacidos y los pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos. El factor determinante para su cultivo son las condiciones sanitarias y la calidad del agua.

Maternidadcita5El exministro de Sanidad José Félix Oletta explica que la sepsis en neonatos es la quinta causa de muerte en bebés a escala global, pero en Venezuela en el año 2016 se conoció que esta era la segunda causa de fallecimientos, la cual es ocasionada por infecciones con hongos y bacterias. “Las bacterias adquiridas son por contaminación institucional y eso indica que hay una ruptura de las normas básicas de prevención de enfermedades en los centros de salud y los equipos están contaminados”, detalla.

En la Maternidad Santa Ana, los médicos no pueden dejar por escrito la realidad ni les entregan a los padres los resultados de los cultivos que les han hecho, exámenes ni copias de historias médicas. Julio Castro, médico infectólogo e integrante de la red Médicos por la Salud, asegura que el temor de los galenos a documentar la situación es consecuencia de que ya ha habido persecución “judicial o extrajudicial” en casos similares. “Hay médicos que tienen causas abiertas por socializar información que debería ser pública. En cualquier hospital del mundo el número de niños fallecidos es una variable hospitalaria que no debería ser secreto de Estado”, afirma.

El otro problema, apunta, es con respecto a las actas de defunción. “Ese es un documento médico del cual deberían hacerse cuatro copias, para la municipalidad, el INE, el hospital y para el familiar que inicia los trámites funerarios. Allí el médico pone lo que le parece es la causa de muerte, pero eso es una caja negra donde puedes tener presión para que no escribas desnutricion, por ejemplo”.

También puede pasar, opina Castro, que no se tenga certificación clínica de que una bacteria específica sea la culpable “o tampoco tienes la certeza de que esa bacteria sea la misma cepa que mató a un niño dos días antes”. Harían falta pesquisas más especializadas. “Todos los hospitales del país están obligados a tener un Comité de Control de Infecciones, que es una figura establecida en la Ley de Hospitales obligada a realizar estudios moleculares más profundos, llevar un registro e investigar qué pasa cuando se registra un pico de un evento que parece raro”, desliza.

Pero la información se cuela. Algunos padres y amigos de familiares dejan colar algún tweet hablando de los pequeños fallecidos o denunciando que se les dificulta retirar a sus bebés de la morgue.

Madres y médicos coinciden que cada bebé no llega a vivir su primer mes. Colapsan sus pequeños pulmones, botan sangre por la nariz y boca y su acta de defunción solo dice que murió por neumonía o sepsis neonatal. A las madres solo les repiten que su embarazo no fue bien controlado y que alguna infección urinaria no tratada contaminó a sus hijos durante el parto.

“La directiva del hospital ya sabe que el causante de tantas muertes es la bacteria Klebsiella pneumoniae, que es el agente principal en hospitales que pueden causar infecciones y neumonías. Pese a que los médicos exigen el cierre de la Maternidad, hacer cultivos y limpiar el recinto, la medida solo fue restringir el ingreso de madres con partos prematuros. Pero hasta los sanos se complican y van muriendo cada día”, confiesa un médico del lugar que prefiere reservar su identidad por temor a represalias.

El 2 de enero de 2018, Ana iba a tener a su segundo hijo luego de tener dos pérdidas anteriores por padecer de tensión alta al momento del parto. Seis días más tarde, la mujer de 28 años cargó a su bebé por primera vez. Su pequeño cuerpo ya estaba frío y su nariz aún derramaba sangre.

Maternidadcita4Aún dolida por lo ocurrido, cuenta que cuando tenía 8 meses de embarazo su hipertensión gestacional volvió aparecer y tuvo que ir de emergencia a la Maternidad Santa Ana. Los médicos fueron enfáticos en que debía esterilizarse para evitar morir en el intento de tener otro hijo.

Ese día hizo cola en la sala de parto. El personal médico les decía a las mujeres que si se quedaban en la Maternidad era bajo su propio riesgo, pero ella dice no haber recibido advertencia alguna. A las 9:21 PM finalmente nació Carlos Fabián Mejías, luego de practicarle una cesárea a su madre. Recuerda que escuchó cuando una enfermera dijo que su hijo midió 51 centímetros y pesó 3.365 gramos. “Su hijo es grande”, escuchó. Tomó el comentario como una expresión para decirle que nació sano, pero aún así no se lo mostraron.

Ana fue llevada a la sala de parto y durante dos días no vio a su hijo. Al tercero, una enfermera le notificó que su bebé estaba intubado. El 4 de enero, Ana logró ver la cara del pequeño por primera vez. Pese a la escena traumática, le dieron esperanzas al afirmarle que era el recién nacido más fuerte de todos los hospitalizados. Al día siguiente, se indicó realizar un hemocultivo que costaba 1.400.000 bolívares.

Maternidadcita3“El bebé amaneció con quebranto el 6 de enero. Me dijeron que llevara un termómetro. Se le veía su cabeza morada, los ojos hundidos. Yo le cantaba y le decía que tenía que salir de ahí. El 7 de enero volví para llevarle la leche materna y veo que sacan a un bebé muerto envuelto en papel y me entero que es el hijo de mi compañera de cuarto. Me dio mucho miedo”, cuenta.

El 8 de enero le tocaba visitar al vástago. Hubo que hacer cola, pues otro bebé había muerto y había que esperar que sacaran el cuerpo. Luego de una hora, todas entraron. La incubadora de Carlos Fabián estaba abierta y él sangraba por la nariz. Una neonatóloga se le acercó y por primera vez le explicaron que su hijo estaba grave pero que con una transfusión de plaquetas dejaría de botar sangre. Le pidieron otro hemocultivo que ya los padres no podían costear.

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Ese día en la noche una hemoterapista la buscó a las 9:15 PM a su habitación. Ana acudió asustada a terapia intensiva y vio Carlos Fabián. “Estaba intubado y por el poco espacio que le quedaba botaba sangre por la boca y nariz. El niño solo tenía una vía, pero no le hicieron ninguna transfusión. En mi estado de desesperación metí las manos y me dijeron que se estaba muriendo. Me dijeron que le harían otra transfusión de plaquetas para ver si reaccionaba. El niño me miraba y suspiraba. Yo gritaba que no se fuera, que se aferrara a la vida. Yo no sé explicar cómo me sentía. Todo el personal salió y me dejaron sola en el cuarto. Estaba desesperaba porque se me estaba muriendo en las manos”, denuncia su madre dos meses después.

Ana se devolvió a su cuarto. Rezó. Apagó la luz y se quedó con la Biblia entre sus brazos. Fijó su mirada hacia la puerta porque le dijeron que si una enfermera la buscaba nuevamente era porque su hijo había muerto. A las 10:45 PM, una de ellas llegó. “Me pusieron una silla frente a la incubadora y me dijeron que yo debía entender que esto le puede pasar a cualquiera. Que yo podía tener otro hijo, como si eso se reemplazara. Yo les dije que ya no podía tener más”, solloza. El personal desconectó el cuerpo de las máquinas, lo envolvió en papel y lo puso en el regazo de su madre. Ana tan solo atinó a decir: “Lo quería cargar vivo”.

Maternidadcita2El día que murió Carlos Fabián, nació la hija de Angela* en la misma Maternidad luego de haber completado sus nueve meses de gestación. Pocos días después, presentó tos. Su madre cuenta que en los pediátricos Elías Toro y J.M. de los Ríos no la atendieron porque aseguraban que adquirió una bacteria al nacer y debían atenderla en el mismo recinto del alumbramiento. Así que la mujer volvió a la Maternidad Santa Ana. Allí hospitalizaron a su bebé. La pequeña estuvo cuatro días sin vía central porque no había cirujano que la hiciera. Tampoco tenía oxígeno. Cuando comenzó a hincharse, la niña fue intubada. “En 18 días ningún médico me decía el diagnóstico de mi bebé. En los pasillos se hablaba de una bacteria, todos los días se moría algún bebé y no me dejaban ver su historia médica”, denuncia la madre.

El 10 de febrero su hija murió. No tuvo acceso a exámenes médicos ni tuvo el valor de practicar una autopsia. La catársis la desparramó en las redes sociales y creó el grupo en Facebook denominado “Negligencia en la Maternidad Santa Ana”, que ya cuenta con 4 mil seguidores y 31 personas han comentado en el muro sus experiencias.

Una de ellas es la usuaria Karol Trainer, quien escribió: “De alguna manera hay que informar lo que sucede allí. El día que mi princesa falleció en esa maternidad, murieron 15 niños más hasta el momento que salí de allí!! Eso no puede seguir sucediendo!”.

Diana Castillo escribió sobre su dolor y no contestó más los mensajes: “Lastimosamente también pasé por este dolor irreparable. Solo quiero justicia por tantos bebés muertos por culpa de esos médicos. Cierren esa Maternidad o saquen tantos inexpertos. Me mataron a mi bebé y si denunciaba no me iban a entregar el cuerpo de mi bebé ya fallecido. No soy adinerada y por eso no pude denunciar, porque no tengo recursos financieros para que se hiciera justicia. Solo me queda esperar y que Dios se encargue de la justicia divina”.

Además, la foto de los morochos Elías y Eliseo en la que aparecen acostados en la misma incubadora en la red social Twitter se ha replicado en varias cuentas. El 24 de febrero amigos de la familia denunciaron por esa red social que la bacteria los tenía contaminados. Algunos días después, fallecieron.

En la Maternidad Santa Ana se decidió que desde finales de marzo se restringirían los partos de alto riesgo para bajar la tasa de mortalidad. Hasta ahora, no se ha hecho público alguna postura oficial al respecto, a pesar de que el ministro de Salud, Luis López, visitó el lugar el 9 de marzo. Por ahora, se rumora que los bajos números de atención a parturientas han hecho que se decida “desde arriba” reanudar la operatividad. “Solo interesan los números”, revela un obstetra.

*Con información de Víctor Amaya.

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