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Las mujeres y la fantasía colectiva

MerylStreep-portada
03/09/2019
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TEXTO: AGLAIA BERLUTTI

¿Cual es el peso de la imagen de la mujer Hollywood en la cultura popular? La representación femenina y la identidad comercial del género mutan, se adaptan. Símbolo de los tiempos o resultado de intenciones de quienes han asumido esa bandera, públicamente o no

Durante el apogeo del movimiento #MeToo, se le preguntó a Sharon Stone, símbolo sexual de la década de los noventa, si alguna vez la habían acosado dentro del plató de filmación. La actriz miró al periodista y soltó una sonora carcajada. “Espero eso haya respondido tu pregunta”, añadió después.

Para las mujeres, Hollywood es un lugar complicado, sobre todo para las de más de cuarenta años y, en especial, para las que dejan de ser “deseables”, en el sentido estricto del término. La misma Sharon Stone diría unos años después —y luego de recuperarse de un derrame cerebral que la obligó a un retiro temprano— que para buena parte de las actrices, la cosa se resume en una idea concreta: ser “cogible” o no. Stone, que en la actualidad se dedica a causas benéficas y decidió contar su experiencia frente a las cámaras, ha dejado claro más de una vez que no tuvo otro remedio que convertirse en un símbolo sexual cuando a los treinta y dos años su carrera consistía en un par de papeles menores y un puñado de campañas publicitarias. 

“Estoy harta de desnudarme”, declaró Sharon Stone cuando, durante la filmación de la película El especialista (Luis Llosa, 1994) se le exigió desnudarse y se negó a hacerlo. Por entonces, era considerada el símbolo erótico de la década y, también, una actriz cuyo sola presencia en cualquier película aseguraba tórridas escenas sexuales. 

Sharon Stone

Para su contraparte en el film, el actor Sylvester Stallone, el argumento de Stone carecía de sentido e insistió que la escena de sexo —quizás una de las más innecesarias y peor actuadas de la historia del cine— debía ser incluida. Para asegurarse que se llevara a cabo, Stallone presionó a Stone a través de los productores y, por último, la hizo beber una botella de vodka. Al final, la escena se filmó y, más tarde, fue considerada el punto más bajo de una película intrascendente que se convirtió en una decepción taquillera y de crítica. 

La anécdota pudiera parecer irrisoria: ¿Sharon Stone, la mujer que mostró la vagina a las audiencias del mundo, se avergonzaba de desnudarse? La película Instinto Básico (1992) de Paul Verhoeven llevó a Stone al estrellato y encumbró el cine erótico de una década obsesionada con el sexo en películas comerciales. Pero en realidad, se trata de algo mucho más retorcido y duro que la mera decisión de la actriz de grabar una escena controvertida. 

Casi en el límite de la edad en que a las mujeres en Hollywood se le consideran jóvenes, Stone tomó la consciente decisión de aceptar que debía ser sexualmente deseable para alcanzar el éxito. Su cruce y descruce de piernas en la película de Verhoeven fue una escena que no estaba destinada al montaje final del film y que el director incluyó sin informar a Stone. La actriz abofeteó a Verhoeven, según contó después, pero aún así se encontró disfrutando del éxito que siempre deseó. ¿Una trampa cruel? 

La fantasía colectiva de la juventud y la belleza

Hace unos años, la polémica recorrió las redes sociales cuando la actriz Maggie Gyllenhaal contó a la web norteamericana The Wrap que había sido rechazada para un papel donde encarnaría a la amante de un hombre de cincuenta y cinco años. ¿La razón? La nominada al Oscar cuenta que el director de casting no tuvo tapujos en explicarle “que era muy mayor para el papel”. 

Maggie Gyllenhaal

 

Gyllenhaal no sólo descubrió la cara oculta de Hollywood y su manera de discriminar al género femenino sino, además, lo que es un secreto a voces: la vida de las actrices en la meca del cine es efímera. “Primero me sentí mal, después me enfadé y finalmente me eché a reír”, confesó la intérprete al contar su experiencia. “Es evidente que algo está muy mal en todo. Hay algo en la estructura del qué se vende al público y se toma por real que necesita un cambio urgente”, agregó.

 

Por supuesto, lo ocurrido con Gyllenhaal no es la excepción ni mucho menos un caso aislado de la percepción general que tiene Hollywood sobre la mujer, la belleza y la juventud. Hará un lustro, el crítico de cine A.O Scott se refería al mismo tema en un extraordinario ensayo publicado por The New York Times, en el cual se refería a lo que llamó “las cifras patriarcales”. 

Monica Bellucci

Scott, que analiza la cultura occidental a través de los mensajes y metamensajes de la televisión y la cinematografía actual, insistía en que la edad de los personajes principales —masculinos y femeninos— en series y películas de alta factura se ha reducido drásticamente en la última década. Para el crítico, esa disminución en los estereotipos de referencia —la visión del líder cultural y social, el apoyo de historias y nudos narrativos— parece sugerir que el hombre y la mujer actual se consideran cada vez más jóvenes, a pesar de la biología. En otras palabras, la juventud se asume como necesaria, inevitable, estrechamente relacionada con el éxito y, sobre todo, como elemento indispensable de una interpretación acerca de nuestra imagen social muy específica.

Por supuesto que Scott analiza el planteamiento mirando el mundo del cine y de la televisión como un reflejo de cultura popular, lo cual puede limitar su reflexión a un ámbito muy concreto, pero aún así es una forma de comprender qué está ocurriendo mientras los rostros en las pantallas, portadas de revistas e internet se vuelven mucho más jóvenes. ¿A dónde ha ido la edad adulta? ¿Qué ocurre cuando el hombre real toca ese límite de lo que se considera representativo de la era en que vive?

Scott, insiste que la cultura no abandonó la edad adulta, sino que la está deconstruyendo. No se trata de algo nuevo, aunque sí, parece haber empeorado con el transcurrir del tiempo. Ya por 1958, Alfred Hitchcock recibió tímidas críticas por la pareja conformada por James Stewart y Kim Novak en Vértigo. El director, obsesivo y controlador, no se dio por aludido y dejó bien claro que no podía imaginarse “a una actriz que no fuera un objeto del deseo” protagonizara uno de sus films. La discusión duró poco y desapareció de inmediato en medio del éxito de la película. Sin embargo, el debate que suscitó pareció dar origen a ese persistente cuestionamiento sobre cómo analiza Hollywood el tránsito de la edad y el envejecimiento. A pesar de la indiferencia de Hitchcock con el tema, Vertigo dió origen a cierta desconfianza con respecto a la eterna juventud femenina en contraparte con la dorada madurez masculina. Aunque por supuesto, nunca fue lo suficientemente representativo para provocar un cambio real al respecto.

Anne Hathaway

 

Actualmente, la situación no es en absoluto distinta, aunque hay pequeñas señales de que quizás el poderoso mecanismo de Hollywood comienza a replantearse aspectos muy concretos sobre la identidad comercial de género que hasta ahora ha sostenido como esencial. La lucha de mujeres como Meryl Streep —la actriz con mayor cantidad de nominaciones al premio Oscar en la historia— representa un hito sobre lo que esa percepción sobre el deber ser en la meca del cine. Streep, que posee una enorme visibilidad y sobre todo un considerable poder dentro del mundo del cine, se ha propuesto modificar las reglas no escritas sobre que la edad y la exigencia de la juventud sean un requisito indispensable para la actuación profesional.

Pero además, Streep ha dado en paso en defensa de la representatividad femenina alejándose de etiquetas y luchando lo mejor que ha podido contra el hecho de alinearse con ideas feministas. De hecho, más de una vez ha dejado claro que su labor en la búsqueda del equilibrio es una idea racional y humanista, más que un planteamiento político en sí. 

La actriz muestra gestos de apoyo a líneas y argumentos muy precisos y es ese punto de vista lo que hace su lucha sustentable. En febrero, aplaudía de manera muy visible el discurso reivindicatorio de Patricia Arquette durante la entrega de los Oscar, dejando claro su posición al respecto. Unos meses después, creó la iniciativa Writers Lab, en un intento de incrementar y apuntalar el trabajo de mujeres guionistas mayores de 40 años en la industria del cine. Para completar un año de trabajo arduo y a la sombra, en junio enviaba cartas a congresistas estadounidenses para apoyar la Enmienda por la Igualdad de Derechos. Para Streep la lucha es de conceptos basado en hechos. Una argumento sencillo pero contundente sobre la igualdad que comienza a rendir algunos pequeños pero significativos frutos. 

 

Natalie Portman

Hablamos de una industria dedicada a la venta de la ilusión comercial y comercializada. Una, donde se criticó que la actriz Mónica Bellucci —de cincuenta años por entonces— fuera chica Bond en la cinta Spectre (Sam Mendes, 2015). ¿Se trata de una concesión políticamente correcta de la franquicia, tantas veces acusada de machista? ¿O del simple hecho de que Hollywood responde con algunas señales favorables a la presión insistente sobre la manera como comprende a sus actrices?

Hace unos años, la actriz Anne Hathaway confesó haber perdido papeles por actrices más jóvenes. Y Natalie Portman reclamó de manera pública la necesidad de incluir más talento “femenino” en las grandes producciones. La icónica Carrie Fisher tuvo que enfrentarse a que su Leia cinematográfica exigía ciertos sacrificios para recobrar su lugar en la pléyade de las heroínas inolvidables: para participar en la película El despertar de la fuerza (J.J. Abrams, 2015) tuvo que perder casi veinte kilos y someterse a una estricta rutina de ejercicios. “Me convertí en otra mujer”, contó por entonces la actriz. 

Carrie Fisher

¿Cual es el peso de la imagen de la mujer Hollywood en la cultura popular? Se trata de un tema controvertido que presiona no sólo a la forma como se analiza lo femenino en nuestra época, sino también sus implicaciones. Una extraña versión sobre las fantasías colectivas que se ha convertido en una incómoda versión de la realidad.