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Las promociones militares que Maduro sometió y compró

AVN
10/07/2017
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TEXTO: MANUEL GERARDO SÁNCHEZ | INVESTIGACIÓN: ANDREA PINZA | FOTOGRAFÍA DE PORTADA: AVN

Compañeros de aulas y de Academia, los integrantes de las promociones de 1984 a 1987 del Ejército han servido de savia para mantener viva la “revolución”. Ocupan cargos castrenses, sí, pero también desempeñan labores administrativas para las cuales tan solo basta blandir fidelidad al socialismo. Son los hombres que Hugo Chávez manejó para derrocar un gobierno, y hoy controlan los altos mandos en los cuarteles para sostener otro

En un exhaustivo ejercicio de revisión y reconocimiento, revista Clímax publica las caras y los expedientes militares y laborales —cuando no prontuarios— de los hombres de armas que han estado involucrados en el chavismo, incluso antes de su formación como movimiento político. Algunos salieron de las esmirriadas huestes que amagaron el golpe de Estado, dirigido por Hugo Chávez, contra el expresidente Carlos Andrés Pérez, aquel negro 4 de febrero de 1992.

Desde entonces, sin remilgos ni pudores, su credo y sumisión estuvieron al ras de las botas del finado de Sabaneta. Los procedimientos que antes brillaban de mérito y honor, hoy se enmohecen en los manuales. Ya no son necesarios los grados académicos, las condecoraciones y buenas notas. “Antes era muy difícil llegar a general si el aspirante se graduaba por debajo de los diez primeros. Con Chávez eso cambió. Él aplicó factores de corrección para subir a los que consideraba más fieles y para bajar a los que no le convenían”, suscribe Javier Ignacio Mayorca, denodado periodista de la fuente. “Las fuerzas armadas estrechan vínculos de lealtad hacia las altas cúpulas del Gobierno”, remarca el profesor Hernán Castillo.

Los compinches de aulas y punterías, discípulos y acólitos, que marcharon en la intentona de 1992, se ungieron con las gracias y beneficios del comandante barinés. “Sí, los cargos de relevancia serían dirigidos por sus compañeros de lucha. No los escogió por ser los más preparados” muestra las deficiencias Mayorca. Luego de la muerte de líder revolucionario, Maduro heredó y pulió la fórmula: aún se encumbran en el Alto Mando, en las Zonas Operativas de Defensa Integral  (ZODI) y en las Regiones de Defensa Integral (REDI) aquellos que, sin rezongar, escoltaron cada hazaña y cada resolución del mal llamado “Eterno”, por los fanáticos de vistas cortas. “Son además quienes no cuestionan las acciones del régimen”, desliza Castillo. Por eso prosternan sus charreteras y pomposos títulos a la suela, no menos corrompida, del Ejecutivo. Y Nicolás Maduro, en un intento de cohesión, de bloque que no permite ni resquebrajamientos ni quejumbres, muchos menos pensamientos contrarios al Plan de la Patria, los compensa en su solaz socialista.

Los nombres, que dan cuenta del mestizaje y de la profusión de oportunidades que Venezuela brindó en otros tiempos, han sonado y aún resuenan en los tímpanos del país por razones tan heterogenias como particulares. Embutidos en verde, a pesar de que la Constitución de la República Bolivariana consagra que la Fuerza Armada Nacional no debe traslucir intereses partidarios, ergo fervorosos proselitismos, han conquistado cualquier espacio público y civil. Han ejercido funciones en cargos donde la bayoneta ni la ametralladora tienen cabida. Verbigracia: hospitales, universidades y hasta entidades bancarias. Esto, sin posgrados en finanzas ni MBA en producción.

La mayoría, que se presenta en este dossier, salió de promociones castrenses que van desde los años 1984 hasta 1987. El ascenso —acaso produce vértigo desde el alcor de la duda— ha ido en franca escalada. Para arrogarse de poderes y prerrogativas solo hace falta avenirse con el Partido Socialista Unidos de Venezuela (PSUV), cuyos dirigentes siempre sabrán retribuir con erogaciones y dotes. De esta forma, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López, Pedro Carreño, Vielma Mora, Jesse Chacón, por nombrar los más mediáticos, —la fama de la infamia— se refocilan en el candelero informativo. Otros son más discretos, aunque desde sus instancias dominen batallones y fueros. Entre ellos, Francisco Ameliach, quien hasta hace un periquete fue gobernador del estado Carabobo y dimitió a sus funciones para convertirse en candidato a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que pidió, en omnímodo mandato y abjurando de la voluntad popular, Nicolás Maduro.

¿Pero hasta dónde llega el tentáculo ataviado de camuflaje? ¿Es cierto que los uniformados mangonean hasta en los escondrijos menos sospechados de la escena institucional —si acaso se puede hablar de instituciones en la actual Venezuela—? La respuesta no permite dudas, es casi taxonomía: sí. Se les ven como ministros, viceministros, consejeros y presidentes ora de la Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares, ora de la Siderúrgica del Orinoco, ora del Banco de Desarrollo Económico y Social. También son encargados de rubros alimenticios como arroz o maíz —como si cosecharan conocimientos agroindustriales.

En este empoderamiento de “territorialidades” —porque así hablan en jerga y acuartelamiento— por supuesto, con sus decisiones, gerencias y fallos, han suscitado no pocos escándalos. La prensa los ha reseñado: conteiners de comida y medicinas vencidas, narcotráfico, desviación de fondos, lavado de dinero y hasta homicidios —sin ir muy lejos los acaecidos en estos casi 100 días de protesta por el accionar impune de guardias contra manifestantes, crímenes de lesa humanidad, tan mentados y citados en estos tiempos de cólera, de llanto y luto.

Algunos figurines destacan por sus despropósitos siempre de corrupción y razzia. El general Noel Rafael Martínez Rivero, por ejemplo, quien es caudillo y voz principal de la empresa CVG Aluminios Nacionales, S.A (Alunasa), se le señala de nepotismo en la compañía de marras. Como si no fuera suficiente, el exmagistrado de Tribunal Supremo de Justicia, Luis Velásquez Alvaray, le endilgó autoría intelectual de la muerte de los hermanos Faddoul. Por su parte, el general Julio César Fuentes Manzulli mancha su currículo, de acuerdo a Américo De Grazia, diputado de la Asamblea Nacional por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), por tejer relaciones criminales con los pranes que asolan y barren las minerías de Tumeremo, a quienes dizque les entrega armas. También son preocupantes los pavoneos beligerantes del general José Rafael Torrealba Pérez, quien es comandante de la Zona de Defensa Integral (Zodi) en el estado Lara. La organización no gubernamental Control Ciudadano publicó un comunicado en el que se concita a investigarlo por “permitir la actuación de colectivos armados en su jurisdicción”.

No todas las manzanas del guacal se pudrieron. Aseverar que todos los militares son corruptos es un equívoco tan grave como decir que en las marchas de la oposición nunca ha habido violencia. Algunos han hechos ascos y han criticado con voz estentórea las argucias y engaños del socialismo del siglo XXI. Como prueba estos botones: el general Alexis Ascensión López Ramírez, quien era secretario general del Consejo de Defensa de la Nación y entrañable de Hugo Chávez, renunció el 12 de junio de 2017 a su puesto por estar en desacuerdo con la convocatoria a la ANC. El coronel Emilio Méndez Martínez propugna la activación del artículo 350 y el general de brigada Antonio José Rivero González, otrora Director Nacional de Protección Civil, se enlistó en el partido Voluntad Popular.

A continuación, más de 50 vernáculos de fusil y órdenes que mantienen a Maduro en Miraflores.

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