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Lorenzo Mendoza, el gallo tapao

Lorenzo Mendoza

Heredero de un vasto imperio, ha sabido mantener en alto el estandarte que le puso apellido a la harina de nuestras arepas. Aprendido en la guataca del negocio, recibió de su padre por intermedio de su madre la empresa que hoy lo mantiene en Venezuela, sin querer irse, campeando toda estrechez, incluso la del poder. De trato sencillo y horizontal, es el hombre que inflama la esperanza de no pocos para salir del atolladero nacional, desde la Presidencia de la República. Él ni afirma ni niega, en público

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Colcha de retazos donde conviven los distintos en tensión y en trinchera, pendientes de la seña del reojo y la seducción; patiadero de la rumba –joda y cerveza, curvas y reggaetón- y plaza del caos; mapa de riquezas alucinantes e insigne modestia en la esquina de Catedral –sus pudorosas dimensiones asombrarían a Cabrujas-; territorio de heroicidades extremas y recurrentes obsesiones –botas, mandonerías, el cuartel-; criadero de gentes lúcidas y risueñas y escenario vanguardia de las delicias del mestizaje. Venezuela, asiento de la paradoja, no ha culminado el proceso de construcción, menos de fusión, pero estamos en eso. El filósofo venezolano José Manuel Briceño Guerrero –17 idiomas, charlista habitué en París- decía que de mañana podíamos ser altaneros, arbitrarios y desdeñosos conquistadores, al rato generosos y dóciles (o guerreros) indios, luego negros campechanos, retrecheros y gozones.

No, no hacía uso de las etiquetas para limitarnos con la riesgosa aproximación; intentaría en la búsqueda un resumen de supuestos estereotipos que grosso modo impactan nuestras posibilidades. Él lo que miraba era nuestra lenta aceptación de la versatilidad que somos, colorido y caliente trópico mediante. En tales circunstancias, porosas y vaporosas, una figura enfocada, tenaz, que se jacta de su sudor pero destila, ay, aroma de éxito, per sé convocará la admiración –y la envidia- en la platea, zarandeada por el escandaloso vaivén. No hay dos Lorenzo Alejandro Mendoza Giménez. No hay en la escena alguien con tanto, y tan así. Ligero, accesible, que confíe que ama bailar, incluso reggaetón con una venezolana bella, elegantísimo y consciente de donde pisa.

Mendoza, president of Venezuela's largest private food production company Empresas Polar, arrives to a news conference at a distribution center of the company in Maracay

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Uno de los dos empresarios más ricos del país, Mendoza, el más visible, el más transparente, el de trayectoria menos sinuosa, habita su singularidad con naturalidad cotidiana, y su agenda de capitán de –la– empresa, con orgullo, placer, gentileza y pragmatismo –rigurosidad- a la vez que sorteando el inevitable estrés que producirá no solo el calibre de la apuesta económica que lidera, Polar, que es decir 30 mil empleos directos y casi 150 mil indirectos, sino, encima, el azaroso devenir, que salpica cada dos por tres la adversidad calculada. Corrupta. En Los Ruices podrá vérsele salir de una reunión de junta, compleja y cundida de cifras, a la oficina de mercadeo y, tras saludar a la gerente –a quien dará un beso de pana y la llamará por su nombre-, y preguntarle, ajá, qué pasó con el pedido tal; recorrer un pasillo, tomar café con los trabajadores, atenderse puntual en el gimnasio –todos pueden ir-, bañarse e ir al comedor a almorzar –es gratis- con el “pelito mojado”.

Querido por los empleados que entienden lo difícil, lo tanto y lo seguido, coinciden en que es alguien de principios atornillados, ideales bien amoblados, y fe a prueba de improvisados. Cualidades todas que lo han convertido, junto a su éxito empresarial, en la figura que muchos aspiran rija los destinos del país.

Según la encuesta Venebarómetro divulgada en diciembre de 2017, Mendoza se cuela entre las preferencias electorales opositoras -y el primero entre los que sí podrían inscribirse ante el Consejo Nacional Electoral- aún sin haber anunciado intención alguna de asumir una carrera política o de postularse a cargo de elección. Su nombre, simplemente, gana adeptos. También, el más reciente estudio de la encuestadora Hinterlaces lo ubicó como favorito en unas eventuales primarias presidenciales opositoras con 23%, seguido de Henri Falcón con 14%, en un escenario donde Leopoldo López y Henrique Capriles no pueden competir vistas sus inhabilitaciones.

Encuesta Lorenzo Mendoza Venebarometro diciembre 2017Encuesta Lorenzo Mendoza Venebarometro diciembre 2017 02

El pasado 4 de diciembre, cuando el empresario acudió al estadio José Bernardo Pérez, en Valencia, para inaugurar el Festival Jonrón Pepsi 2017, las gradas lo recibieron con vítores: “presidente, presidente”, sonó a coro.

En Empresas Polar saben que en las redes sociales han comenzado a florecer perfiles, cuentas, comentarios y hasta etiquetas en apoyo al industrial, y se adelantaron a desmentir que Mendoza tuviera cuenta propia o que alguna de esas iniciativas tuviera marca de la casa.

En el terreno de la política, hay conciencia de que el hombre suena como el río que piedras trae. Lo evidenció el exgobernador de Lara Henri Falcón al darle la “bienvenida”

Luego, el exgobernador mirandino y dos veces excandidato presidencial, Henrique Capriles, le hizo una alerta: “Tenga cuidado, porque si lo están asomando no es con buenas intenciones. Se lo digo yo”, soltó durante una alocución. Y continuó: “Le digo a Lorenzo Mendoza: ojalá aquí hubiese un ‘outsider’ (…) Yo soy de los que he dicho que el ‘outsider’ es una opción en un proceso electoral de primarias. Visto el panorama, ojalá que haya gente no vinculada a la política que dé un paso al frente”. E incluso desde el chavismo, Mario Silva ya asume que el empresario quiere la silla de Miraflores.

Todo esto ha generado interés internacional: la agencia Bloomberg publicó un reportaje que describe el “clamor” del país por una candidatura presidencial de Lorenzo Mendoza para “salvar a Venezuela”.

Lorenzo Mendoza PAN

Para conocerlo

Católico, familia unida –hermanos, primos y la formada con su esposa Alexandra y sus seis hijos, los tres muchachos del San Ignacio, las tres chicas del Cristo Rey-, al tanto de las circunstancias de casa, es un hombre que se cuida a la vez que duerme poco –a Leonardo Pedrón, entre otros datos, le confesó que no mucho más de cuatro horas. Lector voraz, elocuente y locuaz, que tiene el mapa de Venezuela en la sesera, “el ingeniero” –lo llaman con artículo y profesión- tiene por vocación y por estudios la formación del gerente, del que resuelve, y un compromiso que siente ineludible con aquel emporio heredado cuya conducción asumiría con absoluta libertad no como fardo sino como desafío. “Me criaron diciéndome que no debía sentirme nunca mal por lo que soy, ni por lo que tengo, y que sin embargo lo más importante sería lo que haría yo con ello y con mi futuro”.

Fue una decisión gradual, que pudo suponerse, o no. Luego de la muerte de su padre –intempestiva, nunca comunicó a nadie, solo a su médico, la gravedad de su enfermedad- la propia madre espantó las presiones de la inminente encrucijada: le habría dicho que el dolor era suyo, como esposa que era, que a él le tocaba seguir adelante. Por cinco años ella estuvo a cargo. Luego de terminar airosamente su educación –estudió ingeniería industrial en la Fordham University de Nueva York, trabajó, hizo una maestría en 1993 de la Sloan School of Management del MIT, viajó a Londres- decidió asumir la empresa que comenzaría su abuelo, en Antímano, hace 75 años. De producir velas, pasó a ser un industrial de la cerveza. Al comienzo colaboraron con él 50 trabajadores.

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Tercera generación en línea de emprendedores, Lorenzo Alejandro Mendoza Giménez –nació el 5 de octubre de 1965, acaba de cumplir 52- se incorporaría al negocio aún imberbe, a los 14, cuando su padre lo conmina a fajarse a cargar cajas y a rodar en los camiones de la Polar por toda Caracas, por medio país, “conocería cada callejuela, cada recóndito sector”. Linajudo que entre sus amigos incluye a Felipe, el rey de España, será –dicen en la empresa- un patrono cercano y exigente, que guiará sin titubeos y esperará del equipo los mejores resultados en cada proyecto, en cada objetivo a conquistar, y más allá de las pautas que asigna la responsabilidad social empresarial, habrá patrocinado a los Criollitos, a la Vinotinto, a escuelas, a iniciativas varias de gente con anhelos de superación, al arte, a músicos, a medio mundo, como dice Asier Cazalis, voz cantante de Caramelos de Cianuro y de la cuña que celebra los 75 de la Polar. Empresa raíz, empresa sembrada.

Maduro con Lorenzo Mendoza

De la cerveza pasó a la producción de alimentos y vaya que también triunfó. Inventó la Polar el maíz precocido. Postal al pasado: antes había que desgranar el maíz, pilarlo, cocerlo y solo entonces amasarlo para, por fin, llevar las arepas a los fogones. Hasta que el tío Juan Lorenzo Mendoza, ingeniero químico, y Calor Roubicek, checo industrioso en las filas de la empresa, pensaron en que debían facilitarles la tarea a los venezolanos, así concibieron la idea de refinar el maíz, industrializarlo, y nació entonces la harina precocida. No, la harina Pan. La de la mujer con el turbante y los aretes que es parte del imaginario vernáculo, si no, ver el éxito de las camisas de Papusa con el emblema. La harina de maíz nunca más se llamó así sino “harinapan”, el nombre propio devino genérico, asunto generalizado cuando se consumen 50 millones de kilos al mes.

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Con beneficios atractivos, trato acorde con el lema de la excelencia, sin enchufes en las oficinas de los jefes, nadie cree, puertas adentro, en la guerra económica, menos en que hablar por teléfono con el economista venezolano Ricardo Hausmann, profesor de Harvard, lúcido analista a quien más de una vez el chavismo ha intentado rasguñar con fanfarronadas, sea traición a la patria. No, no se creen tal despropósito, semejante barbaridad. “La gente confía en Lorenzo Mendoza porque se las juega a favor, está aquí, ¿qué más prueba? Es más, dice que nunca saldrá de Venezuela, ni dios lo quiera, que solo lo hará por fuerza, con los pies para adelante”, dice una empleada que jura que no tiene el cerebro lavado, “uno sabe las cuentas, uno entiende la diferencia de intereses, uno puede diferenciar compromiso de politiquería”.

El tema de una candidatura también se ha comentado entre pasillos, pero no como posibilidad, como rumor que oscila entre el sí y el no. “Él lo ha negado, es un empresario nato, los empresarios tienen objetivos particulares aunque Lorenzo Mendoza tiene un sentido de pertenencia. Es un enamorado del país con todo y las circunstancias, está metido con todas sus ganas, su voluntad, sus energías, en esto”, añade. “Quizá conseguiría muchísimos votos, no lo dudo, pero él es el primero en asegurar que hay mucha gente en el país preparada para esos afanes”.

Poco dado a la publicidad, al cenital, desinteresado por talante o por estrategia a la cancha –aunque es un seducido deportista, practica tenis, natación, jugó béisbol y es un irredento magallanero-, prefiere los predios de lo privado a la plaza pública donde si es menester, eso sí, aceptará la foto de rigor. “¿Sabes? Además de ingeniero le dicen Mickey, porque todo el mundo quiere una foto con él. No sé si lo sabe, seguro se reiría”.

Demócrata –“en cada reunión, sea para comprometernos, para exigirnos, para felicitarnos o para celebrar, en Navidad todos participamos como si de una familia se tratara, y trae la suya, bellos todos, siempre espera que haya diálogo, siempre abre los micrófonos al que quiere avalar o disentir”-, le conmueven los que se fajan, los que tienen fe, los que luchan, los que no se dejan, los que persisten, y llegan. Eso explica su fascinación por los maratones, como medio país, o todo, está en la carrera. No es el más alto, pero da la talla, es un hombre que se crece. Y ahí va, por su canal, recto, confiado, con buen pie, sin plan B.

 

Lorenzo Mendoza con Maduro