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Los peligros del guayabo opositor

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12/09/2017
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FOTOGRAFÍA: AP

El CNE anunció la fecha de la elección de gobernadores: 15 de octubre. La tarea de la oposición es lograr que las preferencias se evidencien en sufragios. En la MUD están alertas ante el desánimo que trajo la Constituyente, que pudiera poner en peligro lo que se augura como una gran derrota para los candidatos de Nicolás Maduro

“Aquí ya no hay nada que hacer”. Andrés Torres, taxista de 36 años en Caracas, perdió la fuerza y la fe cuando vio a la Asamblea Nacional Constituyente instalarse, tomar los espacios del Palacio Federal Legislativo y cambiar a la fiscal general ahora en el exilio, Luisa Ortega Díaz. “Son imparables. Ahora hay que calársela hasta donde se pueda”, ratifica.

Su ánimo está tan golpeado como su bolsillo, que sufre los efectos de una galopante inflación de tres dígitos en lo que va de año, que se calcula supera 300%. Según la Asamblea Nacional, tan solo el mes de agosto registró un alza de 33,7%. Y la firma Econométrica ubica el dato en 31,9%. En ambos casos, es el número más alto del año y de la historia contemporánea. Pero Andrés sigue rodando por la capital ahora resignado a “que esto se jodió”. “Mis hijos ya están afuera, y yo voy a buscar irme también”.

Como él, muchos opositores al gobierno tienen reservas con respecto al futuro. “Yo sentí que estábamos muy cerca de lograr salir de Maduro, pero esa recta final nunca se concretó”, suelta Cristina Frías, administradora de 27 años que, dice, “se cansó” de marchar, trancar, hacer pancartas y caminar y caminar “para nada”.

“Mira, yo bastante que protesté. Hice todo lo que la dirigencia pedía. Dijeron que iban a parar la Constituyente. Todavía hay murales en Caracas que dicen eso, y ahí está Delcy (Rodríguez) obligando reconocimientos”, se desahoga Andrés Peña, abogado de 32 años que ya prepara maletas. “Ahora quieren que la gente salga a votar como si nada. El CNE que juega con las condiciones y los líderes juegan con uno”, sigue disparando.

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Son apenas algunos testimonios que denotan el guayabo del opositor, por lo menos en la capital. Un factor que el gobierno toma en cuenta para sus planes estratégicos. No es casual que se hayan adelantado las elecciones, ni inédito. “Las elecciones regionales de 2012 que fueron en diciembre se perdieron en octubre de ese año”, comenta informalmente uno de los dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Refiere al último triunfo electoral de Hugo Chávez en presidenciales: “Que le sacara 10 puntos de ventaja a (Henrique) Capriles le tumbó los ánimos a la gente, que entonces no fue a votar dos meses después. Así pasamos de tener ocho gobernaciones (Amazonas, Miranda, Lara, Zulia, Monagas, Nueva Esparta, Táchira, Carabobo) a repetir solo en tres”. El opositor había sacado 6,5 millones de sufragios (44,31% del padrón electoral), pero la Unidad apenas pudo convocar a 3,8 millones de voluntades dos meses más tarde.

En 2004 también ocurrió. Hugo Chávez triunfó en el referéndum revocatorio en su contra en agosto, y las elecciones regionales que correspondían ese año se adelantaron para octubre, cuando el chavismo pintó de rojo el mapa nacional, con la excepción de Zulia (Manuel Rosales) y Nueva Esparta (Morel Rodríguez). Todo ello, a pesar de que la oposición convencía a 40% de los electores contra “el Comandante”.

En la MUD saben que el escenario se puede repetir. “El gobierno y su CNE saben que son minoría, pero si se organizan y nosotros no acudimos, nos fregamos”, dice otra fuente partidista. Pero no solo aprovechan la postración del adversario, sino que potencian sus divisiones poniendo en jaque las condiciones electorales e introduciendo un sinfín de dudas sobre la transparencia, desde la no publicación del cronograma electoral, pasando por el ocultamiento de la fecha real de los comicios –que los actores políticos ya saben será el 15 de octubre–, hasta la expulsión de Smartmatic y la vista gorda ante el uso de recursos estatales para proselitismo rojo rojito. Sin contar, además, con los comentarios de Maduro de que los candidatos, todos, están reconociendo a la Constituyente al participar en escenarios electorales. La cizaña.

“A muchos les cuesta dirigir el cambio de mensaje, pasar del llamado al 350 al de pedir votos para el 10 de septiembre (las primarias opositoras). Por eso el panorama para la oposición es negativo, y eso lo sabe el gobierno. Por eso adelanta las elecciones, porque el desánimo cunde sus adversarios”, confirma el psicólogo social Leoncio Barrios.

Eso sí, no es en todos. En algunas regiones el ánimo por votar comienza a notarse. “En el interior, y en sectores populares, el sentido de la participación es más de resistencia y de cobro político, incluso de castigo a quiernes los ha dominado y perseguido. Es tan insurreccional trancar la autopista en Caracas, como en Portuguesa poner en riesgo la caja CLAP votando por una opción diferente para salir del sistema de dominación”, defiende el diputado Miguel Pizarro, quien ha hecho no pocos recorridos para acompañar a los candidatos de la tolda amarilla en campaña.

El parlamentario rubrica que “para el tachirense, salir de Vielma Mora, como de Arias Cárdenas en Zulia, es una forma de debilitar la dictadura. En Vargas salir de García Carneiro es quitarle poder a Maduro. La reflexión que me llevo de cada estado es que hay tableros de lucha que nosotros escojemos y otros que son impuestos por el adversario, y esos no nos pueden agarrar en depresión porque termina sirviendo para darles un poder que no tienen”.

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Los números auguran

Pero no solo el niño llora porque la mamá lo pellizca. También lo hace por sus propias frustraciones. “Siempre se buscan culpables de lo que nos pasa afuera de nosotros mismos. Es una tendencia humana. Pocas veces uno asume la responsabilidad de los fracasos”, suelta Barrios. “Eso está pasando con la oposición, que atribuye al gobierno una campaña de desmoralización, cuando resulta que predomina una gran frustración y una gran decepción por los resultados de los cuatro meses de protestas de calle. La oposición viene ofreciendo a su electorado y parte del país que lo sigue que en cuestión de meses esto está resuelto, y no ha sido así”, suma. A su juicio, es normal que la decepción ante el no cumplimiento de esos escenarios conduzca a pensar que lo hecho “no sirvió para nada”.

Coincide con Jesús “Chúo” Torrealba, exsecretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad. “Hay un sector minoritario pero muy corajudo y muy combativo que atendió a convocatorias. A ese sector del país se le llamó a la rebeldía ascendente, al levantamiento nacional, a la hora cero y a la huelga general, y se le permitió creer que mediante la movilización de calle era posible parar la Constituyente y salir del régimen. Claro que ahora es víctima de un guayabo”.

El reto no es menor entonces en 2017. La mayoría es como la mujer del César, no basta con serlo. El último sondeo de opinión de la encuesta Hercon Consultores revela que solo 57,1% de los electores está dispuesto a participar en las elecciones de gobernadores. De esos, 53,8% tiene pensado apoyar las opciones opositoras, mientras que 19,3% se decanta por los nombres del PSUV. 7,6% de los consultados afirmó no tener intención alguna de votar.

Las encuestadoras Datanálisis y Delphos cifran el apoyo al gobierno nacional en menos de 20%. “Las personas que creen que debe haber un cambio alcanzan el 85%, aunque no todos piensen que eso sea cambiar el partido de gobierno sino solo al Presidente”, dice Félix Seijas, director de Delphos. Sus estudios ubican a la oposición en un sólido 50% nacional, aunque con una intención de voto nacional que aumenta a entre 60 y 65 puntos al aglutinar a los adversarios del gobierno que se identifican con la MUD y los que no. “Los que se pegan más a la marca de la Unidad están entre 35 y 40%”. En el caso del chavismo, y a pesar de la evaluación de gestión ubicada por 18%, la intención de voto sube a 25 y hasta 30 por ciento.

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La gran diferencia en elecciones está en las ganas de manifestarlo. Según Jesús Seguías, presidente de la firma Datincorp, 88% de los oficialistas está decidido a votar frente a un disminuido 62% de opositores. Seijas pondera los números y dice que las estimaciones son aún muy tempranas y, además, están determinadas por otras variables. “Aunque la disposición a votar del lado oficialista fuese más alta, la opositora viene aumentando y la tendencia es a crecer”, analiza. Explica que las posiciones derrotistas son menores de lo que se cree, “lo que pasa es que quien está molesto hace más ruido. Hay mucha confusión y desánimo, pero eso no quiere decir que eso impida ir a votar o pensar que las regionales son un paso más en el camino para lograr un cambio”.

A juicio del estadístico, en la cita electoral de octubre la participación pudiera alcanzar 60%, en el mejor de los casos. Un dato que no se aleja demasiado de la tendencia histórica en procesos similares. “Anormal fue la elección parlamentaria de 2015 que se asumió casi como una presidencial. En todo caso, el peligro de la abstención es para los dos lados”.

Los escenarios estudiados por Delphos indican que un escenario de participación masiva de la oposición puede dejar al oficialismo con apenas chance de gobernar en Delta Amacuro. Es lo menos probable. Lo más factible es que los rojos puedan ser competitivos en entidades como Guárico, Apure, Trujillo, Portuguesa y Cojedes también, y aun así “es difícil que los ganen”. Si la abstención se comporta de manera habitual, afectando a ambos sectores contrapuestos, “el gobierno difícilmente pudiera ganar más de 4 o 5 estados”. En cualquier caso, recomienda Seijas, evaluar permanentemente la realidad pues la última palabra no está dicha.

Pizarro apunta que “el problema no es la maquinita sino la maquiaria. En Petare no hay dudas de que hay que votar porque el sistema de dominación que se sacudieron lo ven volver con Héctor Rodríguez acompañado de ‘Papi Papi’ (José Vicente Rangel Ávalos, exalcalde)”. El diputado entiende que en las clases medias no vean esta votación como parte de la resistencia. “Al vecino de Chacao, Baruta y El Hatillo, por ejemplo, les digo lo siguiente: vamos a una eleccion sin fecha, con cronograma cambiado, candidatos inhabilitados… Eso lo hace un gobierno que no quiere que vayas a la elección. La desobediencia es no dejar que la dominación te paralice, sino meterse y ganarle incluso en las peores condiciones”.

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Hablarle claro al país

Las bases, los simpatizantes, los que andan cabizbajos necesitan inspiración. “Chúo” Torrealba cree que eso no se logra con marketing, voluntarismo ni jingles. “Eso implica hacer hoy lo que la clase política no quiso a final de 2016: un balance. Es obligante hacerlo ahora sobre lo vivido. Especialmente porque no está planteado descabezar liderazgos sino reforzarlos y fortalecerlos. Si eso se hace sin miedo, con sinceridad, valentía y coraje, es perfectamente posible que ese sector del país acompañe una reflexión honesta y adopte la postura combativa que le es habitual”.

Torrealba cree que la premura debe servir como catalizador. “El 16 de julio hubo 7,6 millones de personas votando, lo que no hubo en ninguna marcha, trancazo o barricada. Ese es el camino que la mayoría nacional desea como rumbo hacia el cambio político”.

Leoncio Barrios alerta sobre los discursos “hipertrofiados de optimismo” que auguran triunfos en 23 gobernaciones, y dan seguridad de victorias en 21 entidades. “¿Y si no resulta así, qué? ¿Con qué cara le hablas a la gente?”.

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Torrealba dimensiona el peligro de que el madurismo se imponga, por forfait. “Cada vez que se ha coqueteado con salidas de naturaleza distinta a la estrategia pacífica, electoral y democrática, hemos terminado derrotados y enguayabados, y después perdiendo tiempo precioso tratando de reconstruir el ánimo de la oposición. En cambio, cuando se ha sido consistente con esa estrategia se han obtenido logros importantes”, advierte el exsecretario de la MUD. “El régimen sigue aislado y extremadamente deteriorado. No puede aspirar ni a estabilizarse porque el descontento es mayoritario”, añade.

Barrios profesa que frente a la “desesperanza aprendida” –creer que por la fuerza de los hechos no hay salida, o que es a largo plazo y más difícil de lo pensado– hay que generar estrategias para que la gente comprenda que la lucha, o la gesta, o la posibilidad de obtener resultados favorables requiere de mucha paciencia, tenacidad. “Decirlo suena fácil, la vaina es tragarse eso. Hablarle de paciencia a la gente cuesta mucho porque hay tres factores que inciden en la cotidianidad de todos: el alto costo de la vida, la escasez y la inseguridad. Y eso no espera”.