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Made in Venezuela: mano de obra barata

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27/07/2015
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COMPOSICIÓN FOTOGRÁFICA: MERCEDES ROJAS PÁEZ-PUMAR

La inflación galopante ha convertido a no pocos profesionales en carne para las fauces de empleadores internacionales, quienes los ven como deseosos receptores de propuestas que en sus respectivos países serían indecentes. La mendicidad laboral del primer mundo es el oasis para el venezolano

“El pueblo en la Venezuela gobernada por el sistema capitalista nacional, heredado de la subordinación estadounidense, era considerado y utilizado como mano de obra barata”, dijo el vicepresidente Jorge Arreaza en una conferencia en 2013. Ese mismo año, Nicolás Maduro anunció que la inflación había cerrado en 56,2%, muy por encima del 16% previsto en el presupuesto nacional. Al mismo tiempo, el salario mínimo era de 2.873 bolívares, es decir, 44 dólares al cambio de la fecha en el mercado negro —64 bolívares por dólar. Mientras, en países vecinos como Panamá o Colombia, el sueldo mínimo entonces rondaba entre los 400 y 600$. Los números de 2013 son suficientes para desmontar los “buenos salarios” propugnados por oficialistas, sobre todo cuando el sueldo vale cada vez menos y los alimentos suben 72,7% en promedio, con respecto al 2012, según lo publicado por José Huerta en su página de consultorías. Pero Arreaza sacó mal la cuenta. Los venezolanos no han dejado de ser mano de obra barata.

La cacería no siempre es para conseguir productos de la cesta básica. Las armas y las flechas se afilan al momento de rebuscarse con alguno que otro “tigrito”. El sueldo no da, así que son muchos los que deben buscar un trabajo paralelo. Pero no se desgastan en diversos horarios por poco. Hay un único y buen objetivo: cobrar en verdes. En ningún otro país la gente sobrevive con tan pocos dólares. Es en tierra tropical donde unos cuantos “bucks” pueden costear toda la quincena. Una generación de trabajadores estudiados está dispuesta a ser parte del negocio: unos pocos papeles con la cara de Washington se traducen en una buena cantidad de billetes con la cara de Bolívar. Pareciera que todos ganan: las empresas que, desde afuera, pagan migajas por un servicio, y los trabajadores que desde la “Patria nueva” encuentran en los dólares una balsa, una claraboya para no naufragar.

Desde afuera: cara

Muchas compañías extranjeras descubrieron en los venezolanos la gallina de los huevos de oro. Contratar el servicio de un criollo suele acortar algunas cifras en sus presupuestos. El asunto es así: productoras, páginas de internet, redes sociales, contenidos web, call center y trabajos que se puedan hacer a distancia, alivian gastos por el proceso inflacionario del país. Las empresas o interesados con tan solo cambiar pocos dólares en el mercado negro cubren los costos del personal, logrando así pagar mucho menos por un trabajo determinado si se compara con su lugar de residencia.

Desde México, Panamá, Colombia, Argentina, Estados Unidos y España salen “tigritos” que al tocar Maiquetía se vuelven oportunidad. “Muchas casas productoras de la región deciden hacer los comerciales de televisión aquí. Ellos pueden recortar los gastos hasta un 80%”, comenta Marcos Purroy director de castings. Por otro lado, Claudio Gómez, director de Tekki Film & Production agrega: “acá un comercial de buen nivel con producción completa —talentos, música, vestuario, locaciones, equipos, personal, honorarios, comidas, transporte y hoteles— puede estar entre 2.500.000 y 3.000.000 bolívares, en dólares serían unos 6 mil a 8 mil. El costo es bajo considerando los precios en Centro América. En Guatemala, El Salvador, Costa Rica o Panamá el mismo comercial podría costar unos 40 a 50 mil”.

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Según Purroy, a un talento que graba en Canaima o Higuerote, por ejemplo, se le paga alrededor Bs. 35.000 por pieza publicitaria. Al final no son más de $60. En cambio, si tuvieran que filmar afuera tendrían que darle $1.200. Los contratistas encuentran la oportunidad perfecta para tener un trabajo de calidad que pueda ser utilizado en toda la región, pero con la mitad del presupuesto. “Un director debería cobrar 5.000 dólares por grabar un comercial. Aquí puede ganar alrededor de los 120 mil bolívares”.

“Hace menos de cuatro años nuestra empresa produjo un comercial para Abbott de Venezuela. Se retransmitió en más de 14 países. El costo de producción resultó muy económico y la calidad fue impecable. Salió en menos de $25 mil al cambio y, si sacabas la cuenta entre cada país proyectado, el costo era irrisorio” comenta Claudio Gómez de Tekki Film & Production.

Cada vez que DolarToday actualiza con un nuevo monto la cotización de la divisa, los extranjeros pagan menos adentro de esta “Tierra de Gracia”. De acuerdo al último reporte de julio de Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional, “en Venezuela se proyecta una tasa de inflación superior al 100% en 2015″. Pero este mal que golpea a 33 millones de personas en la cuna bolivariana es provecho de foráneos. Zeta Auth, director de la página web sesion08.com, hecha desde España, comenta: “pensé: ‘mi presupuesto no es muy grande así que necesito rendirlo lo más que pueda’. Así que logré contratar a un venezolano para que llevara las redes sociales. En realidad se ahorra mucho, pues aceptaron el trabajo por 100 euros. En España tendría que pagar hasta 800 euros”. Del mismo modo, Jesús Contreras, que recientemente abrió un pequeño negocio en Panamá, asegura: “yo tengo dos empleadas manejando las redes de mi local desde Venezuela. Les pago en bolívares, un poco más de lo que pudiesen ganar haciendo lo mismo en su país. Sin embargo, no invierto más de 30 dólares en su sueldo mensual”.

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Desde adentro: sello

Desde el exterior tienen a muchos venezolanos sudando la gota gorda. Pero no se trata de docenas de niños trabajando en una factoría de textiles como en las maquilas asiáticas. Tampoco de obreros en fábricas hacinados comúnmente relacionadas con Centroamérica. El asunto no requiere la resurrección de Karl Marx. Quienes “matan los tigres” suelen ser profesionales que, insatisfechos por sus haberes y salarios, prefieren dedicar parte de su tiempo a ganarse unos churupos extras no tan devaluados. Sí es mano de obra barata, pero no cualquiera. Es de personal universitario incluso con posgrado.

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Un periodista de un medio impreso de circulación nacional con sede en Caracas, quien pide que proteger su identidad por miedo a ser secuestrado, comenta: “yo trabajo para el equipo de producción de un espacio de televisión de un canal por cable. Es un programa que se graba en Washington. Desde aquí yo me encargo de la coordinación del contenido para la página web. También les llevo las redes sociales”. En cuanto a su sueldo dice “en realidad el monto de pago no es muy alto, en términos de dólares, sobre todo si lo comparas con lo que debería cobrar alguien en EEUU. Si yo quisiera vivir allá con este sueldo no podría”.

Además, hay trabajos que son una buena oportunidad de crecimiento profesional. Especialmente para quienes irse todavía es una opción. Hay quienes tratan de encontrar “la vaca gorda” en medio de tanto becerrito. Opciones como la página web Fiver, suelen ser un anzuelo de pequeños trabajos con ganancias más sólidas. En el portal, gente de todas partes del mundo oferta sus servicios como escritor, guionista, diseñador, voz de doblaje, entre otros, por tan solo $5. En Venezuela ha tenido auge. Un tigre de menos de un día de trabajo puede dar, al cambio, 3.000 bolívares, casi la mitad del sueldo mínimo. “Tengo compañeros del periódico que han dejado sus puestos y han preferido establecerse de esta manera. Planteado a un escenario de súper inflación, decirle que no a una propuesta en divisa sería una estupidez”, pone el punto  final el periodista que comparte –todavía- su tiempo con el medio impreso.

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