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Magnicidio frustrado contra Maduro, ¿y si la historia fuese otra?

portada maduro atentado
15/08/2018
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FOTOGRAFÍAS: ARCHIVO FOTOGRAFÍA URBANA | EFE, AP Y AFP

“¿Qué hubiese pasado si me asesinaban?”. La pregunta la hizo Nicolás Maduro el martes 7 de agosto al presentar pruebas del complot que el sábado 4 de agosto, según la versión oficial, casi deja a Venezuela sin Presidente de la República usando un “dron asesino”. Aquí algunas respuestas

Cita Magnicidio MaduroNicolás Maduro llevaba más de una hora pronunciando su discurso en la avenida Bolívar de Caracas. Era el aniversario 81 de la Guardia Nacional Bolivariana y hablaba en cadena de radio y televisión de que ahora sí había llegado el momento de la recuperación económica del país, pero no pudo decir qué se necesitaba para lograrlo: una fuerte explosión lo interrumpió súbitamente. Se quedó en silencio. A su lado, la “primera combatiente” Cilia Flores se sobresaltó, se agachó levemente y se llevó una mano al pecho. Todos en el palco presidencial miraron al cielo. Luego de haber denunciado 17 veces supuestos complots para asesinarlo, en cinco años de gobierno, una detonación lo dejó sin palabras.

Entonces, los guardaespaldas lo rodearon y levantaron escudos blindados para proteger al presidente. “¿Qué pasó?”, preguntó el mandatario antes de huir por la derecha con sus escoltas. Una segunda detonación espantó a los soldados del desfile militar, quienes rompieron formación y corrieron despavoridos. La imagen de un caballo blanco, también en desbandada, apareció en las pantallas antes de lo previsto: la cadena nacional había terminado.

“Se trata de un atentado para matarme, han intentado asesinarme el día de hoy”, dijo Nicolás Maduro horas después del suceso del 4 de agosto en el centro de Caracas. Aseguró que Dios y el “escudo de amor” del pueblo lo protegieron. Siete militares resultaron heridos, pero el Jefe de Estado salió ileso.

En los dos días posteriores, los ministros de Interior y Defensa, además del fiscal general designado por la constituyente, calificaron el hecho como un “magnicidio en grado de frustración”. Tarek William Saab afirmó además que, de haber logrado su objetivo, los criminales habrían cometido una “masacre”.

Activación del dispositivo de seguridad

Nicolás Maduro se preguntó el martes 7 de agosto “¿qué hubiera pasado si ese atentado se hubiera ejecutado como fue planificado?, ¿qué hubiera pasado si hubiera sido asesinado de manera terrorista y criminal toda la dirección política y militar de la revolución bolivariana?”. De ser el caso, al día siguiente, el país hubiese amanecido absorto, todavía reponiéndose del impacto que la muerte del mandatario habría causado. Así lo supone el historiador Tomás Straka, aunque explica que luego se entraría de manera acelerada en una disputa por heredar el mando. “La falta total del Presidente de la República haría trastabillar cualquier institucionalidad y más en una como la actual, donde hay tantos grupos pugnando por el poder”. Recuerda que actualmente es discutida la legitimidad del Estado, dentro y fuera, y que un hipotético asesinato de Maduro hubiese representado un “reto difícil de sortear”.

El politólogo Guillermo Tell Aveledo afirma que un evento como ese causaría un gran vértigo en el país. Lo considera un “hecho grave” y un suceso “muy desestabilizador”, ya que no hay confianza en la definición de lo ocurrido ni reglas claras de sucesión, y que no necesariamente conduciría a la democratización de Venezuela. “Dada la suspensión de la Constitución por la asamblea constituyente y la anulación de la Asamblea Nacional por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), no hay realmente una situación clara en la sucesión del poder. En eso, nuestra presunta estabilidad es muy frágil”.

Madurocita4Ambos plantean que la desaparición física del mandatario no implicaría directamente la del poder rojo rojito en Venezuela, tal como tampoco ocurrió con el fallecimiento de Hugo Chávez en 2013. “Hay un amplio sector de chavistas que están disgustados con Maduro, pero resumir el chavismo solo en él, es errado. Existen varios grupos que tienen a Maduro como representante, vocero o imagen”, dice Straka, también profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Tell Aveledo plantea que no hay un “sustituto aparente” que ocupe la silla en el Palacio de Miraflores, lo que “generaría un vacío de poder en el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) que abriría un conflicto político en ese factor”.

Contrario a lo que el propio Maduro ha dicho, de que el país se vería sumido en una guerra civil en caso de ser asesinado, la falta de liderazgo, tanto del Gobierno como de la oposición venezolana, habría complicado las respuestas colectivas de la población a actividades de calle, expresa el individuo de número de la Academia Nacional de la Historia. Por su parte, el politólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela considera que la nación hubiese estado en “tensa calma”, pero con manifestaciones esporádicas a favor. “Más parecido a la situación de República Dominicana con (Rafael Leónidas) Trujillo, donde el sistema resolvió represivamente un cambio inmediato, pero no tenía capacidad de imponerse a la larga. Pero eso, con lo poco que sabemos del atentado”. Para el académico, la respuesta de la comunidad internacional ante un asesinato de la cabeza del Poder Ejecutivo sería de rechazo hacia la violencia que podría desencadenarse, pero “en general, los países admiten el status quo eventualmente”.

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Aunque Straka asegura que no es capaz de predecir futuros alternativos, “todo indicaría que se hubiese profundizado la crisis política e institucional, mayor a la que estamos viviendo”. Y Tell Aveledo lo respalda: “La crisis social y económica sigue en pie sin visos de cambiar”.

La Constitución no deja espacios para dudas, adivinanzas o pronósticos. El artículo 233 dicta: “Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes”, y agrega: “Si la falta absoluta se produce durante los últimos dos años del período constitucional, el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva asumirá la Presidencia de la República hasta completar dicho período”. En el caso de Nicolás Maduro, y debido al adelanto de las elecciones presidenciales por más de siete meses, aplican ambas premisas pues se trata de un mandatario en los últimos dos años de su período, pero que ya ha sido reelecto.

El alto mando político y militar en tarima

Aunque en el palco presidencial estaban figuras importantes del Gobierno, la vicepresidenta Delcy Rodríguez no se encontraba en el lugar –luego Maduro aclaró que estaba indispuesta por razones de salud–. Ella hubiese sido la encargada de culminar el período presidencial, hasta el 10 de enero de 2019, en caso de cumplirse el peor de los escenarios. De haber estado presente y también haber perecido en el lugar, el Poder Ejecutivo recaería sobre el presidente de la Asamblea Nacional, diputado Omar Barboza, al ser la siguiente cabeza de un poder público electo en votación popular. La tradición jurídica venezolana dicta que, en el caso hipotético de que el titular del Parlamento no pudiese tomar posesión, tocaría hacerlo a quien preside el Tribunal Supremo de Justicia, magistrado Maikel Moreno. Más allá, no existe previsión legal ni jurisprudencia.

Las claves históricas

El estudio Hit or Miss? The Effect of Assassinations on Institutions and War, firmado por Benjamin F. Jones y Benjamin A. Olken, ratifica que analizar los efectos de los magnicidios en las instituciones de un país es una tarea difícil. En el documento publicado en 2007 se recopilaron datos sobre los intentos de asesinatos a líderes –entendiéndose aquellas figuras de mayor poder de una nación– que hayan sido informados públicamente desde 1875. Registraron 298 casos, de los cuales 59 terminaron con la muerte del señalado. Asimismo, el texto plantea que los magnicidios a presidentes autócratas han producido cambios representativos en las instituciones del país que gobiernan, mientras que los crímenes contra demócratas no acostumbran a tener el mismo efecto.

“En particular, las transiciones a la democracia son más probables después del asesinato de un autócrata que después de un intento fallido de un autócrata”, reza el informe académico. Señala también que los impactos en las instituciones se mantienen, por lo menos, 10 años después de lo ocurrido. “El 75% de todos los intentos de asesinato fallan y hay alguna evidencia de que los intentos fallidos tienen efectos modestos en la dirección opuesta de asesinatos exitosos. En particular, los intentos fallidos reducen ligeramente la probabilidad de cambio democrático y puede conducir a reducciones en los conflictos existentes a pequeña escala”.

Madurocita2Entre los casos de magnicidios más reconocidos en el mundo se encuentran el del presidente egipcio Anuar Sadat, ocurrido el 6 de octubre de 1981 en un desfile militar en El Cairo. Junto al atentado, se produjo una insurrección militar en el Alto Egipto: rebeldes tomaron la ciudad por varios días y se registraron enfrentamientos. Además de las revueltas, la infiltración en una de las Fuerzas Armadas consideradas para ese entonces de las más poderosas del mundo árabe, causó conmoción a la comunidad internacional. Los más arraigados con el fundamentalismo no le perdonaban a Sadat haber firmado la paz con Israel. De acuerdo con la Constitución de Egipto, Sufi Abu Taleb asumió el poder por ocho días hasta que ocupara el puesto Hosni Mubarak, quien había sido vicepresidente durante la gestión de Sadat. Desde entonces, se instauró una dictadura que duró casi 30 años.

El magnicidio del presidente dominicano Rafael Leónidas Trujillo, ametrallado en una emboscada, generó una inmediata persecución contra los responsables del hecho. Sin embargo, tras meses de redadas, se produjo un alzamiento militar que terminó de expulsar a los Trujillo del país, abriendo así las puertas a la democracia.

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¿Qué dice la historia venezolana?

El único magnicidio presidencial en la historia de Venezuela es el de Carlos Delgado Chalbaud. Cinco hombres armados lo secuestraron el 13 de noviembre de 1950 a las 8:30 de la mañana, cuando se dirigía al Palacio de Miraflores. Un carro le trancó el paso, obligaron al conductor a estacionarse a un lado de la vía y el mandatario fue llevado a una quinta deshabitada de Las Mercedes. Horas más tarde, cuando los efectivos de seguridad ingresaron a la vivienda después de un largo enfrentamiento con los asaltantes, encontraron su cuerpo sin vida. Lo asesinaron a balazos por la espalda.

Un recuento publicado por el diario El Nacional en el libro Crímenes políticos de Venezuela explica que el “incesante sonar de sirenas y de las bocinas de los vehículos oficiales que se desplazaban al este de la ciudad, causó cierto revuelo. Nadie conocía a ciencia cierta lo ocurrido y se tejían las más variadas versiones”. A dos minutos para la 1:45 de la tarde, el coronel Marcos Pérez Jiménez dio a conocer la muerte del Presidente de la Junta Militar deGobierno. “Este atentado, sin precedente en la historia del país y extraño a la nobleza proverbial de nuestro pueblo, es motivo de profundo duelo para los venezolanos”, dijo en la alocución. Las garantías constitucionales fueron suspendidas y fue decretado un duelo de 30 días. Resultaron identificados 23 culpables, con Rafael Simón Urbina señalado como cabecilla del atentado.

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Lo que al principio fue considerado como un delito común en 1950, “el tratamiento del asesinato dio un giro drástico después del 23 de enero de 1958”, continúa el libro. “Adquirió claros vistos de un crimen político que todavía hoy está marcado por la incertidumbre”, reza el ejemplar. “La creencia de que el dictador había tenido alguna participación en el hecho fue compartida por buena parte de los venezolanos desde el mismo 13 de noviembre de 1950, pero no fue sino hasta la llegada de la democracia cuando fue ventilada a la prensa”.

Desde la fecha, se manejaron tres versiones del móvil del magnicidio: una venganza personal de Urbina, motivado por el resentimiento; una conspiración de algunos empresarios, entre ellos Antonio Aranguren, el propietario de la quinta donde fue asesinado; y una conjura del propio Pérez Jiménez, a quien la viuda de Chalbaud, Lucía Auvine, acusó directamente.

El historiador Luis Alberto Buttó explica que el asesinato de Delgado Chalbaud trajo como consecuencia la instauración definitiva de una Junta Militar y la continuación de un régimen de ese mismo perfil. “El Gobierno se quitó toda la cara que podría tener en torno a un sistema democrático. Dio pie a que se instaurara una dictadura militar en Venezuela”. Aunque ya había un sistema dictatorial, luego del golpe de 1948 contra Rómulo Gallegos, “adquirió un tono más personalista a raíz del asesinato de Delgado Chalbaud”. Como el ministro de la Defensa era Pérez Jiménez, “hubo unas condiciones perfectas para que se instaurara un gobierno en nombre de las Fuerzas Armadas”.

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Años después, Rómulo Betancourt estuvo a punto de morir. El 24 de junio de 1960, durante un desfile militar en conmemoración de la Batalla de Carabobo, una bomba, escondida en un vehículo estacionado en la avenida que conduce al Paseo Los Próceres, estalló cuando pasaban los carros del Presidente. El hecho acabó con la vida del coronel Ramón Armas Pérez y le produjo al fundador de Acción Democrática quemaduras severas en manos y caras, así como lesiones en el ojo, el tímpano y cortes en el labio inferior.

Al día siguiente, Betancourt se dirigió al país en cadena nacional, con las manos vendadas: “Quiero decirle al pueblo de Venezuela que debe tener confianza plena en la estabilidad de su Gobierno y en la decisión del Presidente que él eligió para cumplir su mandato, como he venido diciendo y hoy reitero, hasta el 19 de abril de 1964”. Señaló como culpable a la dictadura de República Dominicana, encabezada por Rafael Leónidas Trujillo, que denunció ante la Organización de Estados Americanos.

Buttó comenta que ese atentado trajo consecuencias muy diferentes a las resultas de la muerte de Delgado Chalbaud. “Que haya salido ileso y que se haya mantenido en el poder demostró firmeza y fortaleza. Fue la demostración de cuán viable puede ser un proyecto político si el liderazgo está convencido de los valores que nutren ese proyecto, aún a riesgo de su propia integridad física”, dice el director del Centro Latinoamericano de Estudios de Seguridad de la Universidad Simón Bolívar. Agrega que Betancourt tuvo respaldo masivo de la población, sobre todo en las urnas, ya que una “abrumadora mayoría se volcó a los centros electorales para darle respaldo a la democracia”. La gente apostó por la modernidad política y entendió que “debíamos avanzar a una sociedad moderna donde el acceso al poder se hiciera de manera electoral y no violenta”.

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El historiador no tiene dudas cuando dice que la violencia que implican los magnicidios o sus intentos “es una demostración de atraso, de premodernidad. Dice mucho y dice mal de la cultura política de un país”. Para Buttó, la violencia como mecanismo para dirimir los conflictos políticos debe ser descartada.

¿Qué hará Maduro?

“¡Justicia!, ¡máximo castigo! Y no va a haber perdón, los que se han atrevido a ir hasta el atentado personal que se olviden de perdón, los perseguiremos y los capturaremos a donde se vayan a esconder ¡Lo juro!”, prometió Nicolás Maduro en su primera aparición posterior al hecho que resultó en al menos dos explosiones.

Maduro en el acto aniversario de la GNB

Un primer grupo de seis personas fueron detenidas por el intento de asesinato, según declaró el ministro de Interior y Justicia, Néstor Reverol, el domingo 5 de agosto. Los llamados “Soldados de franela”, se adjudicaron la autoría. Pero Maduro ha acusado a los de siempre: “No tengo duda que todo apunta a la derecha, a la ultraderecha venezolana en alianza con la ultraderecha colombiana, y que el nombre de Juan Manuel Santos está detrás de este atentado”.

El martes 7 de agosto, el gobernante detalló el resultado de las primeras pesquisas. Afirmó que los diputados opositores Julio Borges y Juan Requesens también estarían implicados en el complot, y mostró las identidades de los autores materiales.

La actitud del mandatario ha despertado señales de alerta, por las implicaciones en materia de derechos humanos.  El Frente Amplio Venezuela Libre dijo en un comunicado que “aún está por verse” si el intento de magnicidio “realmente fue un atentado, un accidente fortuito o alguna de las otras versiones que circulan por redes sociales”. Uno de sus voceros, Nicmer Evans, alertó que “lo hasta ahora anunciado por el gobierno madurista abre la puerta a una persecución y ola de represión que puede justificar cualquier cosa”, dijo el disidente del chavismo. “El gobierno tiene, en el supuesto atentado, la justificación necesaria para amplificar su versión del enemigo interno y externo. Verdad o mentira, Maduro ha encontrado un conveniente leitmotiv para victimizarse y para emprender una nueva ola de represión masiva”, escribió en su Twitter Inti Rodríguez, defensor de derechos humanos de la ONG Provea.