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Mi vida con el CLAP: El trueque del “bolívar dulce”

Portada Diario CLAP 11
15/05/2019
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TEXTO: YANETH PARRA | ILUSTRACIÓN: DANIEL HERNÁNDEZ

Entre uno de sus grandes sueños, el difunto expresidente Hugo Chávez quería que el trueque fuese una realidad. Que en vez de utilizar el bolívar para adquirir productos, los ciudadanos usaran el intercambio. “Debemos impulsar el trueque, un mercado que pueda ser reactivo a través del trueque y no la moneda”, dijo en una cadena nacional en 2008. Once años después, su anhelo se hizo realidad, lamentablemente. Clímax presenta una serie dedicada a la cotidianidad impuesta a través de la entrega de comida de los CLAP 

El estante de la cocina está lleno de paquetes de azúcar. En las bolsas CLAP que nos entregan siempre viene azúcar. Puede faltar de todo, menos el azúcar. Y como en mi casa es lo que menos usamos, tenemos un montón. El número nunca baja de ocho o nueve kilos.

¿Qué hacemos con tanto azúcar? Lo cambiamos. Es nuestro bolívar, pero que no se devalúa. La mayoría de las veces cambiamos unos cuantos paquetes con mi tía, quien a cambio nos da atún. Nosotros recibimos bolsas y dejamos de ver las latas de atún hace muchísimo. Así que ella, que gasta más azúcar que nosotros, nos salva la patria. Aunque hace algún tiempo, cambiamos unos paquetes por mantequilla.

Pero la verdad es que cualquier cosa es cambiable, todo depende de la necesidad o de cuántos productos tengas en las gavetas llenándote el espacio o aburriéndote el paladar. Hace algunos días hablaba con una amiga de la familia, quien me comentó que estaba fastidiada de comer lentejas porque eso es lo que más le llega en la caja CLAP que le entregan. Hasta seis paquetes de un solo golpe. Las había hecho de todas las formas posibles, hasta las había convertido en “carne de hamburguesa” para variar el repetido menú. Otra de las cosas que más hay en mi casa es harina pan porque nos entregan hasta cinco kilos por bolsa. Así quedamos: unas lentejas por harina pan. Y listo. Volvimos al trueque, qué cagada.

Eso es lo que pasa cuando acostumbras a la gente a esperar por una caja con una comida específica ya seleccionada. Eso es lo que pasa cuando ya no eres libre de ir al mercado a escoger qué quieres comer o qué cantidad de productos quieres llevarte a tu casa. Eso es lo que pasa cuando te asfixian con una mano y con la otra te echan aire, haciéndote creer que te están haciendo un favor. Eso es lo que pasa cuando el Gobierno decide con qué vas a llenar tu estante, tu nevera, tu estómago.