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Mi vida con el CLAP: En búsqueda del efectivo

CLAp
25/06/2018
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TEXTO: YANETH PARRA | ILUSTRACIÓN: DANIEL HERNÁNDEZ

Pagar comida subsidiada con un efectivo que brilla por su ausencia. Hacer transferencias bancarias y esperar semanas para llevarse el pan a la boca. Sin importar la manera, siempre hay una “pieza” que te juega en contra cuando del CLAP se trata. Clímax presenta una serie dedicada a la cotidianidad impuesta a través de la entrega de comida de los CLAP

Tengo meses sin dinero en mi cartera, ya no sé qué es eso. Hay casi mil bolívares que me sirven para comprar… Nada. Varios tickets del Metro. El problema empieza cuando se acerca la fecha para la bolsa CLAP porque lo más fastidioso de recibirla ha sido conseguir los billetes para pagarla. ¿Quién tiene efectivo hoy en día? ¿Eso todavía existe en este país?

Vivo en una casa en la que nunca hay efectivo, para todo utilizamos tarjetas o transferencias. Si compramos verduras en la calle, tienen que tener punto de venta. Si agarro un taxi, hago una transferencia. Hasta cuadramos con el chamo de los botellones de agua para pagarle así. Esa es la única forma de pago que yo conozco de un tiempo para acá.

La bolsa o la caja CLAP vale 25 o 30 mil bolívares como mucho. Eso es lo que cuesta ahora, aunque depende si en el precio incluyen el transporte o no. En algunos sitios piden 2 mil bolívares, pero alguien del trabajo me contó el otro día que le estaban cobrando 15 mil bolívares. Casi lo mismo que toda la comida que te entregan, no tiene sentido. Igual no es que sea mucho dinero por reunir, pero recuerdo que antes, hace un año, 15 mil o 20 mil bolívares era –más o menos- plata y en efectivo no se conseguían así como así.

Cuando llamaban para avisarnos que “mañana llega la bolsa”, era un dolor de cabeza. Nos ponían a correr. Varias veces tuvimos que cambiar dinero con alguien porque no teníamos efectivo. “Yo te transfiero”, era la promesa. Como en dos o tres ocasiones una vecina nos pagó la bolsa cuando nos habíamos resignado a no haber encontrado la plata. Y hace meses fue el colmo, perdí casi todo un día buscando el efectivo y cuando fui con los bolívares me dijeron: “Ya entregamos tu bolsa a alguien más”. La burla. Ellos deciden cómo, cuándo y dónde. A su manera. Y tú, o te metes en el carril o te jodes. Porque de eso se trata los CLAP, ¿no? Del control.

Después de varios chascos, medio nos organizarnos. Ya no esperamos a que llegue el día de la entrega, sino que vamos guardando el efectivo durante todo el mes. El poco dinero que conseguimos, es para eso. Y cuando no se puede, no se pudo y ya. Intentamos no darnos mala vida. “Que se queden con su mierda”, ha soltado mi mamá en una de sus tantas arrecheras.

Una vez con el dinero en la mano, no es mucho rollo para pagar la bolsa. Al menos en mi zona, en el oeste de Caracas. Te avisan que llegó el camión, vas con la plata y te entregan tu cuestión. Nadie reúne la plata, tú mismo vas con tus devaluados billetes. Han sido pocas las veces que nos han dejado transferirle a uno de los representantes del CLAP, en algunas ocasiones que no hemos conseguido el dinero y se la dan de chéveres. “Para que no se queden sin la bolsa”, como quien estuviera haciéndote un favor. Pero nos piden que sea del mismo banco y casi que para ayer. Y no es siempre, así que no es una opción. El efectivo es lo que manda.

Pero en otros sitios no es así. El dolor de cabeza es otro.

Un primo que vive en el centro de la ciudad nos ha contado que ahí los vecinos que reciben comida del CLAP tienen que transferirle al jefe de calle a una cuenta del Banco de Venezuela creada exclusivamente para eso. Y que tiene que ser controlada por chavistas, que vayan a las reuniones, tengan el carnet de la patria y del PSUV. “Si no transfieren a tiempo, no queremos quejas”, escribieron la última vez en una hoja que pegaron en el espejo del ascensor. Y a la gente le toca aguantarse hasta que llegue la bolsa. ¿Cuándo? Nadie sabe. “Estén pendientes”. Música paga, no suena.

El otro día una amiga del trabajo, que vive en Petare, también se estaba quejando. Varias veces ha transferido y ha tenido que esperar casi un mes hasta que le entreguen la caja CLAP. Pasa el dinero y confía en que no se quedará sin el chivo ni el mecate. Y si su nevera se vacía, ¿a alguien le importa? A ellos no, evidentemente.

Mientras tanto, en mi casa seguimos sin conseguir el efectivo para la próxima bolsa, que nadie tiene idea cuándo llega. Suponemos que a final de mes. Y la gente del CLAP lo pinta muy fácil. Claro, para ellos no pasa nada en Venezuela. Donde el banco te da los bolívares que quieres y donde el efectivo no es una especie de tesoro. Algo así como en un país normal. Pero no es el caso. Todos sabemos que no.