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“Muerte” García, el guía redivivo de Canaima

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23/11/2015
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FOTOGRAFÍA: CARLOS FLORES LEÓN_MÁQUEZ

Detenta varios nombres pero todos prefieren llamarlo “Muerte”. En el aeropuerto de Canaima, desciende un corpulento chamán nimbado de turistas. Su única vestidura es un guayuco rojo, penacho de plumas y cuentas de semillas y colmillos que penden de su cuello hasta descender a su tórax pemón. Fuma Malboro rojo, bebe Solera, tiene un Samsung, es guía exclusivo del lujoso Wakü Lodge 

Me llamo Viernes, Oso, Ató, Chamán, José, Isaac, Pepe, Muerte, Suerte y El Gran Piá. Yo nací en una parte que se llama Sarisariñama, donde nace el cuarto río más grande de Venezuela: el Caura, pegado a la montaña amazónica del estado Bolívar y Brasil. Ahí nací yo. Fui criado con pescado asado y pescado sancochado, y con todo lo que se podía cazar en la montaña. Era un hombre muy feliz antes de conocer la plata porque lo único que conocía era la cacería, tener novia y cosas así. No sabía nada más. Había escuchado “Venezuela” y yo pensaba que “Venezuela” era mi territorio, no más. Una vez una gente fue a pescar pavones en el Alto Ventuari, y me vieron tejiendo una churuata allá en la montaña y se enamoraron; una churuata como esta (señala). Me dijeron que si podía ir a Caracas a hacerles una. Yo les dije que me dejaran terminar. y después de una semana, que ellos estaban pescando aguas arriba, bajaron, me montaron en un helicóptero, volamos dos horas hasta la población de Puerto Ayacucho, y allí fue que vi gente, carros, bicicletas y motos, a los 16 años.

Me montaron en un avión —primera vez que vuelo en esos aparatos— como hora, hora y media, hasta Caracas, hasta La Carlota, que me acuerdo. De ahí me agarraron en unos carros y casi me hacen asfixiar porque el aire acondicionado se metía por mis narices y sentía que la frente se me iba a explotar; hasta que bajé el vidrio para sacar la cabeza pa’ fuera pa’ poder respirar bien, porque no estoy acostumbrado a respirar eso y me sentía oprimido. Fui e hice una churuata en Caracas; como quedó muy bonita, la gente me pidió que si me podía quedar tres o cuatro meses, y comencé a fabricar otra, otra, otra y otra, y esos tres meses se convirtieron en tres años. Bueno, allá estaba aburrido porque no tenía amigos, no tenía a nadie, porque mis compañeros con los que fui se regresaron rápidamente cuando terminamos tres churuatas.

¿Que si hablaba español? Un poquito. Bandeado, pero lo atravesaba ahí. Mis compañeros se regresaron. Después que yo quería regresar, tuve una entrevista allá en Caracas con una gente y me dijeron: “Mira, ¿tú quieres ir a trabajar al Salto Ángel?”; yo les dije: “Sí, pues. ¿Es montaña?”, y me dijeron que sí. “¿Hay indios allá?”; me dijeron: “Sí, hay indios”. Me montaron en un avión como hora y media y me soltaron aquí en Canaima. Cuando llegué aquí hice como 15, 20 churuatas. Después que las terminé, me contratan previamente para hacer una churuata en una parte que se llama Arecuna. Mientras que la estaba haciendo, dejé una mujer embarazada, fui a Arecuna, hice la churuata, entonces me avisaron que había quedado embarazada y regreso a mi pueblo, al Alto Caura, y le digo a mi abuelo que en esos tiempos que había estado trabajando en una aldea indiana, había embarazado a una mujer. Mi abuelo me dijo: “Bueno, agarre todos sus trapitos, todas sus cosas, y se va para esa aldea. ¿Te recibieron bien?”, y yo le dije que sí. Él me dijo: “Váyase para allá que usted tiene un compromiso. Va a nacer su hijo o su hija y vaya a cuidarlo. Si a usted no lo reciben bien, se trae su esposa o su hijo y venga a criarlo aquí en la comunidad”. De tanto ese tiempo llevo 28 años aquí en esta zona y ya tengo toda mi generación aquí. Mis cinco hijos son de aquí.

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Yo he aprendido de todo. He visto todo de la civilización, lo he tocado. Pero mi cultura la tengo por dentro y nunca la pierdo. ¿Que cuándo me hice guía? Siempre he trabajado para el turismo, pero no directamente hacia el turismo, sino que me gustaba hacer jardinería, algo que al turista le llamara la atención y tomara fotos, pues. Entonces hice un jardín muy bello, sin dedicarme al turismo, siempre con matas, con flores y la broma. Después veía que todos los turistas iban a sacarse la foto porque había muchas flores y tiraban racimos, la gente se guindaba de las flores grandes y se tomaban fotos. Ahí dije: “Coño, este es el gancho”. Entonces empecé a preguntar y a ver cómo se trabajaba, y cada vez que salía yo me montaba en la curiara, escuchaba la información. Yo comencé con información de los señores antiguos; cuentos, leyendas, chistes, mitología, todo eso. Así que me llené de esos datos, y ahí sí me tiré a guía, para darle la información bien a los turistas para que se vayan contentos, alegres y hermosos.

No, nadie me dio la idea del personaje con toda la indumentaria. Eso lo traía de abajo, desde pequeño: cuando empecé a trabajar, cuando me metí en el chamanismo. Cuando empecé a trabajar de grande aquí, me pongo mi instrumento que ya era mi formación. Es que antiguamente, como yo estaba joven, y me encontraba sumido por la persona, me decían “indio” y me asustaba, me escondía de la verdad de lo que yo tenía. Después me di cuenta de que ser indio no hay que esconderlo, hay que salir, es un orgullo, porque si a ti te dicen: “Mira, eres venezolano” y te escondes, ¿qué estás haciendo?

Más de una vez quería preguntarle a mi mamá por qué todos mis hermanos son súper pequeños y a mí me decían: “¿Por qué tú eres grande si todos en la población indígena son pequeños? Tú eres grandulón. Estuviste en un gimnasio”. ¿Qué gimnasio? Caminar, cargar palos en el hombro, hacer churuatas. Entonces todo el tiempo me cohibí de preguntarle a mi mamá si yo era hijo de mi papá; pero no sé si algún cachito o alguna broma pasó por ahí.

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Yo conocí a Harrison Ford, una persona muy agradable, precioso. Conocí a Robert DeNiro, no fui su guía general, pero sí estuve conversando así como estoy con ustedes. A George Renault; a Steven Spielberg también, muy agradable. Sin hablar el inglés ni nada, pero me abrazaban, me querían, me cargaban, me jalaban pa’allá y pa’acá. Con el malo este que filmaba todas las películas de malo y ahora filmó la película de Machete, este Trejo, el mexicano ese. Jean Lee (que sale en las películas de Bruce Lee, el chino), y muchos de las películas. El Príncipe de España, la mamá que era la Reina en ese tiempo.

Me está llamando la aldea. Le contesto más ahorita. (Mira la pantalla de su teléfono inteligente).

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Bueno, muchas personas más. Los poderosos de Caracas. La niña esta que mataron en Valencia, Mónica Spear. Vino aquí como cinco o seis veces, y muchos. El Conde del Guácharo. Este muchacho que está ahorita en la farándula, el que filmó Libertador, Edgar Ramírez.

¿La experiencia más peligrosa? Una vez con un general norteamericano, que me había dicho que había subido El Everest. Yo le prohibí que subiera el Salto Ángel: el señor medía 2 metros 15 centímetros, porque yo me paré al lado y no le llegaba ni al hombro. Le dije: “Mire, señor, usted no puede subir porque esa broma tiene muchas raíces y usted se puede resbalar”, y él me dijo que iba a subir. Tenía 68 o 70 años. El hombre subió con sus bastones, y cuando venía de regreso, bajando, se quebró tres costillas. A mí tenía que darme 50 dólares de propina y terminó repartiendo 600, porque yo tuve que venir corriendo hasta abajo a buscar tres muchachos más para que me ayudaran a cargarlo, llevarlo en la canoa, traerlo.

¿Por qué “Muerte”? Porque en 1986 o 1987 duré muerto 26 horas. Los médicos lo comprobaron. Del accidente que tuvimos, nos matamos nueve y éramos 60. El bus cayó por un abismo. Yo salí de mi cuerpo, yo siento que estuve muerto porque yo salí. Después, cuando llegamos al hospital, al otro día las pupilas de los ojos estaban dando vueltas. Me metieron oxígeno y recuperé los signos vitales. Eso fue viniendo del Amazonas. Cuando nosotros nos matamos, llegaron los paramédicos locales, levantaron el informe y dijeron que estábamos muertos. Al otro día que llegamos al hospital, el forense ya estaba esperando para dar el detalle completo. Por información que tenía de los paramédicos y los médicos locales, yo llegué muerto. Tenía 18 años.

En la guía yo veo que quiero seguir, que no se acabe el día. Siempre vivo contento, nunca vivo bravo en una excursión. El día que me ponga bravo en una excursión será porque me va a dar un infarto o me muera. Siempre quiero trabajar con el turismo y me ha gustado tanto que quiero meterme dentro del turista. La excursión que no está en el programa de Wakü Lodge y que me gusta hacer demasiado es una excursión que se llama La Golondrina, porque cada vez que entro ahí veo a Dios. Queda frente a este campamento, en la Laguna de Canaima. Son dos cascadas y está en medio de las dos cascadas, y sientes tanta energía ahí que tú crees que estás en el planeta Tierra sino que estás volando. Se llama así porque antiguamente alguien le puso La Golondrina, pero yo le pusiera que ahí fue donde nacieron los dioses que existen. Los dioses que yo te digo son La Tierra, El Sol, El Agua. No Dios completamente porque Dios es el creador.