Neonazismo: puño sin cabeza

En una pequeña aldea austríaca dos primos consiguieron el permiso del Papa para casarse. Tuvieron tres hijos. El último, se llamaba Adolf  Hitler. El 20 de abril, el Führer, líder del Tercer Reich y máximo exponente del nazismo, cumplió 126 años de nacido. Películas y libros todavía invocan su bigote cuadrado y sus ojos de basilisco. Parte de su legado de terror todavía contamina la política y la cultura tanto en Europa como en América

Neonazismo: puño sin cabeza

Algunos jóvenes rodeaban a Josué -un soldado del Ejército de Tierra- cuando entró al vagón. Los que estaban detrás vieron que ocultaba tras su espalda una navaja sin funda en su mano derecha. Había divisado a su presa. Carlos Palomino subió de último y se acomodó cerca de Josué Estebánez. Se miraron. El segundo, de cabeza rapada, alzó la mano derecha y apuñaló en el corazón a Carlos. La hoja se hundió siete centímetros. Forcejearon, Josué empujó a Carlos fuera del vagón y miró por la ventana blandiendo su arma e hizo un saludo nazi: se golpeó el pecho, estiró el brazo hacia delante. Sieg Heil! (¡Viva la victoria!).

Esta no fue la primera vez que sucedió un ataque así, reseña el diario ABC. Ese día -11 de noviembre de 2007- Josué y sus compañeros iban camino a una manifestación neonazi autorizada por la Delegación del Gobierno español de la Juventudes de Democracia Nacional en uno de los distritos con más inmigrantes: Usera, en Madrid.

Cuatro grupos activos de “skins” –otro nombre para los neonazi, se refiere a sus cabezas sin pelo- actúan en España y son conformados por casi 8.000 personas. Algunos de los nombres que más resuenan hoy son Vollksfront y Combat España.

En Alemania se habla del Partido Nacional-Democrático (NPD), en Francia del Joven Nacionalismo Revolucionario (JNR), en Estados Unidos del Partido Nazi Americano (ANP) y en Grecia de Amanecer Dorado. Todos son movimientos activos que aspiran a más poder político. Todos son racistas, xenófobos, anti homosexuales y defensores de la patria al extremo de ser excluyentes.

El nazismo tradicional abraza un fuerte componente nacionalista que pretende mejorar la economía doméstica y rechaza la integración con Europa, como delatan los nombres de las organizaciones mencionadas anteriormente. No obstante, le suman el componente racial. Ese es el peligro que entrañan estas entidades. Inmigrantes que han huido de las guerras del Medio Oriente y del hambre africana hacia Europa corren el peligro de cruzarse con activistas del nacionalismo xenófobo neonazi.

Lo más peligroso de estos grupúsculos es que son un puño sin cabeza, sin cerebro. Hostigan a los inmigrantes, a los antifascistas, a los homosexuales. Pero no saben por qué exactamente. Sus operaciones tienen como núcleo el rechazo.

Un amigo de Carlos Palomino se acerca a Josué. También lo apuñala entre las costillas y huye. Cuando sale, todavía con el arma en la mano, lo sigue un gran grupo.

Antifascistas manifiestan aguantando pancartas con el rostro de Carlos Palomino seis años después de su muerte.

Antifascistas manifiestan aguantando pancartas con el rostro de Carlos Palomino seis años después de su muerte.

Reducirlos solo a racistas

Para definir el neonazismo es necesario pasearse por el concepto de fascismo. El proyecto político de esta ideología es instalar un corporativismo estatal mientras que se intenta lograr la sumisión de los súbditos bajo la excusa de la identidad nacionalista. Todo por la patria.

El neonazismo se inspira en la ideología nazi. Se materializa como movimientos organizados que lo han apoyado y difundido después de la Segunda Guerra Mundial. En teoría el nazismo es la contracción de la palabra nacionalsocialismo en alemán: tres sílabas, y siete letras. La edición Nº 22 del Diccionario de la Lengua Española lo define como el “movimiento político y social del Tercer Reich alemán, de carácter pangermanista, fascista y antisemita”.

«En la práctica, se le suma un holocausto y se le restan casi 11 millones de personas en total», según Richard Bonney en Confrontando la guerra nazi contra el cristianismo: el boletín de Kulturkampf. El nazismo es una configuración del fascismo. Este último tiene sus raíces en las ideas de Benito Mussolini, pero el nazismo le añade el componente de la persecución racial basada en el mito de la superioridad de la raza aria –blancos, catires y ojos azules.

Otra diferencia es que el fascismo ignora instituciones del Estado republicano y evita el voto, mientras que el nazismo sí utilizó el plebiscito en algunos casos. Este es el componente teórico. Sin embargo, pocos “skins” conocen la ideología neonazi y la estudian a fondo.

Manifestantes de la extrema derecha protestaron en las calles de Berlín el 10 de octubre de 2009. Lo acompañó la policía alemana antimotín.

Manifestantes de la extrema derecha protestaron en las calles de Berlín el 10 de octubre de 2009. Lo acompañó la policía alemana antimotín.

Tal vez saltó el charco

«Veo poco probable que haya canteras para el neonazismo en Latinoamérica. El nacionalismo de este continente es contradictorio porque a la vez son panamericanistas”, reflexiona el antropólogo especializado en migraciones y culturas indígenas, Luis Felipe Gottopo. Asimismo, señala que si bien en Brasil, Argentina, Chile y México existen grupos que se adhieren a los ideales nazi, son muy pequeños y parecen solo una etapa de la rebeldía juvenil. Son grupos contraculturales.

Gottopo suscribe que en Venezuela es muy difícil que tenga público esta ideología. No obstante, el director de la facultad de filosofía de la Universidad Central de Venezuela, Julián Martínez, difiere: “Este es un estado autoritario con cierta fragancia neonazi”. Como para remarcar su cargada afirmación glosa las características que comparten el gobierno venezolano y el neonazismo. «Gastar tanto dinero y esfuerzo en adueñarse de los medios y hacer propaganda gubernamental es un aspecto neonazi. La deshumanización del ‘apátrida’ que piensa distinto al Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) también lo es. Si bien no te lanzan en un campo de concentración, ahora te persiguen y te meten preso”, puntualiza Martínez la lista. También denota el corporativismo de Estado –que el partido sea el Estado y dueño de todo- es una particularidad neonazi.

“Esa es una diferencia de la era adeca y copeyana. Antes el funcionario que recibía tu cédula no llevaba una camisa blanca o verde cuando ganaba uno o el otro. Ahora todos llevan franelas rojas”, lamenta Martínez.

Otro componente típico del fascismo, dice, es que los líderes se consideran héroes de la patria. Mussolini se estimaba heredero de los emperadores romanos. “Para Hugo Chávez, su gran padre fue Bolívar y el actual presidente sigue por esa línea», continúa. “Hitler decía que un nuevo socialismo era la solución para Alemania. ¿Le suena esto?”, pregunta en ironía el director. «Un nuevo tipo de socialismo sería el del siglo XXI y además lo presentan como la gran solución para Venezuela», concluye.

La filósofa y doctora en Ciencias Políticas Carolina Guerrero discrepa de las sentencias de Martínez. Rescata y se hace eco de que la intolerancia al otro y el recuerdo a los “padres de la patria” no son exclusivos del neonazismo. «El populismo también los practica», asevera sin vacilaciones. Asimismo, pone en la mesa de discusión la gran diferencia entre unos y otros. «Este Gobierno no ejerce la sistematización de la muerte. Se limita a la aniquilación política y a la persecución judicial». Guerrero se preocupa por los movimientos que se amparan en la discreción, en el subsuelo, más que en los ya etiquetados: “Lo más alarmante es la invisibilidad de los que actúan como el topo”. 

La ambigüedad y acaso el misterio envuelven al neonazismo y a su credo. Gottopo indica que los grupúsculos neonazi son movimientos contraculturales juveniles que sirven como vía de escape para jóvenes ociosos e irreverentes. Dice que en realidad no están muy claros de qué se trata la ideología que enarbolan y por la que militan. Su discurso de ultra derecha a veces se cruza con el de la izquierda. Actúan, pero sin cabeza.

Los compañeros de Carlos entraban y salían del vestíbulo. Uno apareció con una camilla para evacuarlo con un policía municipal. Murió en la calle y se convirtió en un símbolo.