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Niños mendigos: el hombre nuevo de la revolución

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13/12/2018
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TEXTO: MABEL SARMIENTO | FOTOGRAFÍAS: LA TRIBUNA DE TODOS Y DANIEL HERNÁNDEZ

A diario, docenas de niños y adolescentes merodean por las calles del municipio Chacao. Forman bandas, piden comida o algo para vender después, roban lo que pueden de tiendas y atracan a personas. Así recibirán la navidad en 2018. El gobierno niega que esto ocurra. Y lo que no existe no requiere solución. Este texto se publica en alianza con Caracas Chronicles

“Jhon David, ese es mi nombre”. Así de seco –sin matiz en el tono de voz, tampoco lo tenía en la mirada–, respondió el niño de ocho años de edad. Su actitud, gestos y vocabulario lo hacían ver con un adolescente metido en un cuerpo de un poco más de un metro de estatura. El chico, desafiante, se veía firme en su propósito: no dejarse amedrentar y estar siempre a la defensiva. “No te quiero ver pegándole a mi hermano bruja”, le gritaba con rabia a otro niño, de nueve años.

En las calles de Caracas hay chicos desde los cinco años de edad. Deberían estar en un preescolar, pero están pidiendo para comer, aprendiendo a sobrevivir, viendo a otros drogarse, teniendo sexo, robando y hasta cometer asesinatos. Una realidad que el gobierno de Maduro se niega a reconocer a toda costa.

Niñosmendigos-cita5La mañana del martes 25 de septiembre estaban cinco pequeños esperando que abriera el comedor Mamá Rosa, que tiene el Ministerio de Alimentación en la planta del edificio Fundacomunal de Chacaíto. Llegaron a las 7 de la mañana y aguantaron impacientemente hasta las 9:30 por una arepa.

En esas dos horas Jhon David siempre estuvo activo, brincó encima de los bancos del bulevar, se molestó por todo, ofreció puños a diestra y siniestra y más si era para defender a su hermano de cinco años, su acompañante en sus andanzas de calle.

¿De dónde son ustedes, dónde están tus papás? Esas preguntas quedaban en el aire, mientras Jhon David vociferaba insultos como el guapo de la cuadra. “No me dejó nadie”. “A mí me cuidan los adultos”, decía refiriéndose a otro grupo de adolescentes que ni siquiera ponía atención a lo que él hacía.

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En un descuido que se dio, su hermanito menor comenzó a llorar a causa de un golpe atinado por otro infante, que se encontraba ensimismado jugando con un carro de plástico.

Todo ocurrió en cosas de segundos. Una calculadora que recogieron de la basura género una disputa. El pequeño se la quitó al varoncito que jugaba y éste, a quien se le veía con cierta paz, reaccionó dándole un empujón y con el carro le dio tan duro como pudo en la cabeza. De inmediato se asomó un chichón que nadie sobó.

Seducidos por los comercios

A Fundacomunal llegan todas las mañanas docenas de niños, niñas y adolescentes en situación de calle. Muchos duermen en los recodos del bulevar de Sabana Grande, por los lados de Las Mercedes, en las riberas del río Guaire y por los alrededores del centro comercial Sambil en Chacao.

Entre ellos está una chica apodada “Caramelo”. De pocas palabras, o más bien ninguna, cuando se intenta indagar de su proceder. Está embarazada y por el tamaño de la barriga (se le notan hasta las patadas del bebé), y por su semblante de cansada, se deduce que está a punto de dar a luz.

“Ella no se deja ayudar. No quiere atención, no se hizo control prenatal. Su caso es muy delicado”, contó Rubén Loaiza, presidente del Consejo Municipal de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes del municipio Chacao (Cmdna).

Niñosmendigos-cita4A mediados de 2017 y hasta mayo de este año, el Cmdna conjuntamente con la Unicef, hizo un trabajo de campo en Chacao, hasta el límite con el municipio Libertador en Chacaíto, justamente donde está el edificio de Fundacomunal. Contabilizaron en ese período un total de 86 menores de edad en la mendicidad.

Ninguno vivía en el municipio. Llegaron a las calles desde Higuerote, Baruta, Río Chico, Santa Lucía, Charallave, Santa Teresa del Tuy, Ocumare del Tuy, Petare, Cúa, Guarenas, incluso de estados como Carabobo, Lara, Vargas, Yaracuy y Anzoátegui. La actividad comercial y la cantidad de sitios de comida, los seduce y “los ayuda a sobrevivir”.

“Sucede ahora que no están en la mendicidad porque hay violencia en sus hogares, por maltrato infantil, por drogas o alcoholismo. Están en abandono muchas veces porque no tienen comida en sus casas”, dijo Loaiza.

Jhon David recibió su arepa pasadas las 9:30 de la mañana. A él y al resto de sus compañeros los atendieron primero. No hablaban, solo daban grandes bocados a la arepa. Comían con angustia. “Si la gente no nos ayuda, nos acostamos sin comer”, logró decir la niña que los acompañaba. “Angimar, me llamo Angimar y ellos dos son mis hermanos”, señaló.

Niñosmendigos-cita3Del grupo de cinco, estos tres hermanitos eran los más grandes y los más flacos. Sus ropas no estaban tan desgastadas, pero se notaba que la llevaban puesta por varios días. No pasaban de los 11 años.

“¿Qué hacemos todo el día? Pedir. La gente nos da, otros nos corren de los negocios”, dijo riéndose Jhon David a quien le sobran ganas y fuerzas para la acción, pues apenas comió se estaba entrando a golpes de nuevo con el muchachito que le pegó a su hermanito.

Esas escenas son cotidianas en el bulevar. De hecho, hay vendedores que prefieren darles comida para alejarlos de los comercios. “Si no lo haces no se van, te roban las cosas, sacan cuchillos, te amenazan, algunos son violentos”, manifestó Carlos Salas, un comerciante.

Rutinas de la calle

Hasta con engrapadoras los han visto robar. Se meten el aparato dentro de la camisa, simulan que es un arma y despojan a la gente de cualquier cosa que deseen. “Hay casos de niños, de nueve años, que llegan drogados, trabajan en la calle para un adulto. Uno los ve al final del día cuando le entregan todo lo que han hecho en el día”, comentó Salas.

Los más chicos se mueven solos, dan más lástima así, aunque en las noches duermen cerca de los adolescentes que protagonizan riñas y tienen relaciones sexuales delante de los pequeños. “Ellos nos cuidan”, dijo de nuevo Jhonny David, quien no quiso soltar prenda del paradero de sus padres.

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El profesor Hernán Matute, de la Cátedra Libre Anti Drogas, explica que “ese resguardo que dan los adultos” puede estar vinculado al abuso sexual y las adicciones. Lo otro es que esos niños entre cinco y siete años deben estar en una institución de resguardo, en un preescolar, y no en las calles. Y eso no tiene sino un solo nombre: ausencia del Estado, en materia de prevención y protección al niño, niña y adolescente.

El pasado 13 de octubre, los periodistas Rachelle Krygier y Anthony Faiola publicaron un escrito en el The Washington Post titulado ¿Una crisis humanitaria en Venezuela? Nada que ver aquí, dice el Gobierno, en la que dan cuenta de una realidad innegable: Muchos niños venezolanos regresaron a la escuela en septiembre con uniformes gastados y agujeros en los zapatos, algunos de ellos con bajo peso debido a la escasez de alimentos. Sin embargo, los canales estatales mostraron imágenes de niños con ropa impecable y regresaron alegremente a la clase. Los informes tampoco mencionaron un grave déficit de financiación que parece estar obligado a forzar el cierre de cientos de escuelas en todo el país.

Niñosmendigos-cita2Ahí faltó decir precisamente que niños como Jhon David y Angimar no volvieron a la escuela y la calle se convirtió en su aula oficial. Para soportar esta situación de abandono, los chicos andan en bandas o pandillas. Están “los cachorros” y “los enanos”, nombres que son públicos y notorios por su vinculación con hechos delictivos. Hay otro grupo que destaca porque sus integrantes tienen el pelo pintado de amarillo y no usan zapatos.

Loaiza, quien además es psicólogo, dijo que los ven en las mañanas llegar con ropas limpias y calzados, luego se despojan de todo y lo guardan en las alcantarillas. Se quedan en shorts y en camisetas. Ellos mismos dicen que si los ven aseados no les dan nada. Con los pies en el suelo les dan comida y cosas que luego venden.

Muchos de esos chamos son de Los Valles del Tuy, no se quedan en las calles, se van a dormir a sus casas. “Mi mamá sabe que estoy en la calle y que llevo algo de comida”, indicó Santiago, de 16 años, quien lleva tres años fuera del sistema educativo.

Promesas incumplidas

Cuando Hugo Chávez ganó las elecciones en el año 1998, salió a dar un discurso en el Ateneo de Caracas. La gente en ese momento esperaba las palabras de un mesías. Todo lo que decía era vitoreado, aplaudido y creído. Ante esa multitud dijo: “Declaro que no permitiré que en Venezuela haya un solo niño de la calle: si no, dejo de llamarme Hugo Chávez Frías”.

Y la historia le cumplió el sueño. Pasó a llamarse “el comandante supremo”, ese mismo que un tiempo ejecutó planes sociales con la Misión Negra Hipólita, creada en 2006, y que recogió a muchos infantes.

Pero no pudo con todos, pues los niños en la calle nunca desaparecieron, solo disminuyeron. Ahora, con la crisis social y económica, que vive el país desde hace tres años, son más visibles y sufridos.

Niñosmendigos-cita1En el mismo artículo de The Washington Post repiten una frase del presidente Nicolás Maduro ante la Asamblea General de la ONU, de octubre: “Venezuela es víctima de ataques de los medios de comunicación mundiales diseñados para construir una supuesta crisis humanitaria para justificar una intervención militar”. Para él y su séquito no hay crisis.

Más bien, citando el mismo texto, durante dos décadas los partidarios de la “revolución bolivariana” de Venezuela, hablaron sobre el empoderamiento de los pobres a través de programas de asistencia social y leyes laborales de izquierda. Pero desde que Maduro, el sucesor ungido de Chávez, asumió el cargo, la economía ya endeble se ha convertido en una crisis aparentemente sin fondo.

Más bien, es claro y notorio su interés por mantener un proyecto de programas de asistencia social y leyes laborales de izquierda, que lo que han hecho es generar una crisis profunda. Lo doloroso es que con en ese plan, con el cual pretendía crear al hombre nuevo, al hombre de la patria, niños como Jhon David, su hermanito y los otro tres menores de edad que deambulan con él, tienen un futuro incierto, pues no se les garantizan bienestar ni seguridad.