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No hubo CLAP navideño, pero sí saqueos

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29/12/2017
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FOTOGRAFÍAS: CORTESÍA DE CRÓNICA.UNO

Los alimentos subsidiados por el Estado, administrados por los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), no llegaron a los sectores populares en Navidad, fecha prometida por el mismo Nicolás Maduro. Las dádivas no bastaron para llenar los estómagos de los venezolanos, cada vez más vacíos. Las calles se calentaron de hambre, una chispa que pareciera no apagarse

Ciro Guerrero saca las cuentas de su residencia con facilidad. En el bloque Casalta 2 en Catia hay 320 apartamentos. Allí viven entre 380 y 400 familias. Es una comunidad reconocida como “beneficiada”: las bolsas de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) llegan con regularidad al sector. O deberían. Este diciembre, Guerrero se quedó sin bocado: “Cuando uno le pregunta a las mujeres del CLAP por la comida solo me dicen ‘hay que esperar’, con mal tono. Se ponen como fúricas. No tienen la información a flor de labio. Es como si no hubiera interés en mandarlas”.

Los demás residentes de Casalta 2 están en la misma situación que Guerrero, quien también afirma que no ha escuchado que en las zonas aledañas haya llegado la bolsa navideña, conocida como “hallaquera”. La única información con la que se mantiene es con el discurso del mandatario Nicolás Maduro, quien aseguró en televisión nacional a inicios de noviembre  que “trabajaría” para que la población venezolana disfrutara del combo decembrino cada quince días. “Eso es lo que se comenta, pero nadie sabe cuándo es que llegará”, dice el instructor musical, jubilado y pensionado.

Casi dos meses han pasado desde aquella alocución, y Guerrero aún desconoce cuándo recibirá su aguinaldo del Estado. Apenas sabe lo que contiene. Enumera lo que recuerda con los dedos: pernil, carne, harina de maíz precocida. Lo básico para hacer las hallacas, plato tradicional por excelencia durante las festividades navideñas en el país. Hasta la fecha se mantiene como una medida para atacar una supuesta guerra económica, parte del plan “Navidades Seguras”, y que entraría en vigencia a partir del 15 de noviembre de la mano de los CLAP.

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Así lo afirmó su coordinador nacional y ministro de Agricultura Urbana y Periurbana, Freddy Bernal. Cada combo navideño llevaría 2 kilos de pollo y 2 más de carne, que aproximadamente alcanzaría para 30 hallacas. Además, se podrían obtener cartones de huevos a 18.000 bolívares, artículo que en la actualidad sobrepasa con creces los 100.000. Bernal mostró productos como perniles empaquetados al vacío y legumbres en Venezolana de Televisión (VTV), a pocos días de iniciarse la medida popular. “160.000 bolívares el kilo en el mercado de Julio Borges, especulativo. ¿Cuánto para el pueblo? 10.000 bolívares”, dijo en referencia a la pata de cerdo. Un precio que dista con creces del que anunció hace un año, cuando afirmaba desde el Núcleo Endógeno Fabricio Ojeda en Gramoven que el kilo de pernil estaba en 850 bolívares. El subsidio también sufre con la inflación.

Con la carne, las legumbres y los aliños, los venezolanos podrían hacer en 2017 “hallacas de navidad a precio protegido por el Estado”. A pesar de que el costo anunciado por Bernal era 49.700 bolívares, en la calle se cotiza entre 180.000 y 190.000 bolívares. Guerrero no fue capaz de emplear un sueldo mínimo entero -177.507 bolívares- en una de esas bolsas subsidiadas. Las hallacas fueron una costumbre que dejó de lado este año a causa de la crisis económica. No compró la bolsa CLAP completa, solo pagó 5.000 bolívares por tres paquetes de harina y 1.500 bolívares por el transporte correspondiente hasta la zona. Tampoco las ha recibido.

“Ya llegará el momento en que podamos recibir ayuda sin condiciones políticas, en que nos unamos y entendamos que hay que estudiar y trabajar para salir adelante”, avizora el hombre que dedicó buena parte de su vida a la formación musical en el Sistema Nacional de Orquestas.

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La chispa y la candela

A pesar de la demora, Guerrero no pierde las esperanzas en que finalmente llegue, a pesar de que las festividades están cada vez más cerca de su cierre. Pero la paciencia se acaba poco a poco en Caracas y fuera de la capital. Brotes populares surgieron en distintos puntos del país con la exigencia de que se les entregara lo prometido desde la cúpula gubernamental.

El 18 de diciembre, a un fin de semana de Navidad, manifestantes trancaron las vías de acceso vehicular hacia Montalbán, La Vega, El Paraíso y la avenida O’higgins. Cerca de las 6 de la tarde, se plantaron en la redoma La India y se quejaron por el retraso en la entrega de la bolsa CLAP. El panorama se repitió al este de la ciudad días más tarde. En el municipio Sucre, los habitantes de la Misión Vivienda de La Urbina cerraron la avenida principal de La Urbina, sentido Petare, y las calles 2 y 3 del sector con troncos, cauchos y bolsas de cementos. El 21 de diciembre, exigían la entrega de las bolsas de alimentos subsidiados por el gobierno.

Sin ir muy lejos de Caracas, en el estado Miranda, Guarenas acumuló dos noches consecutivas de protestas por el incumplimiento en la entrega de las bolsas y combos navideños que el CLAP controla, administra y reparte a las comunidades beneficiadas. El centro de la ciudad satélite se llenó de basura, incluso la revuelta impactó los tarantines de vendedores informales.

Es una semilla que se esparce sin freno por el territorio nacional. Se han registrado focos de revuelo en Bolívar que se mantuvieron por cuatro días consecutivos. Desde el 19 de diciembre aguantaron los guayaneses en protesta por el mismo padecimiento. Exigían la caja CLAP navideña. Se reportaron trancas en la autopista de San Félix hacia Upata.

En Anzoátegui se presenciaron dos protestas el 21 de diciembre, que llegaron a cerrar los accesos viales hacia Sucre desde dicho estado y la ruta que enlaza Cumaná con Carúpano, en el estado Sucre. La queja era la misma: falta de comida subsidiada, según reportó El Pitazo.

Finalmente, llegó Navidad sin el CLAP. La paciencia se acabó y el calendario desató la furia. El 25 de diciembre, se desataron varios saqueos en Bolívar. Y en Nueva Esparta también hubo disturbios en la propia Nochebuena, cuando el desespero pudo más que la paciencia. Entonces, se vivió un saqueo de más de tres toneladas de embutidos en el que participaron unas 300 personas, además de otros intentos en el centro de Porlamar que alertaron a los cuerpos de seguridad.

La amarga espera

Héctor González no puede hablar por todos los de su comunidad. “He escuchado que a mucha gente le ha llegado, pero a mucha gente no”, dice el residente de Colinas de Vista Alegre, al oeste del valle. Se encuentra en el segundo grupo, pero intenta no desesperar. “No confío mucho. A mí me gusta trabajar y con eso me compro mis cosas. Pero está feo. Si la gente está cayéndose a tiros por una bolsa de esas en La Vega”, dice el constructor recordando las protestas que apenas se están visibilizando desde el lunes 18 de diciembre, pero llevan tiempo cuajando en zonas populares. Su protesta se la guarda: “La gente la está esperando por las hallacas, con eso es que cuentan. También el pernil. Pero si no llegan no se hacen. Qué vamos a hacer”, se lamenta el hombre de 56 años.

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Argelia Torres aún resguardaba la ilusión de rellenar una pata de pernil: “Uno le hace sus huecos y lo rellenas con sus aliños. Después pal’ horno. Pero si no llega tendré que hacer un pavo o una gallina rellena que tengo congelada desde hace un tiempo ya”. Fue precavida. Desde noviembre tenía sus 180.000 bolívares guardados para el momento de pagar el combo navideño, con sus tres carnes incluidas.

El dinero, que reunió con extractos de sus pensiones, se le devalúa con el paso de los días y la falta de respuesta de los coordinadores del CLAP en Antímano, donde reside. Prefiere hacer colas en el Banco de Venezuela para sacar 100.000 bolívares en efectivo -con la esperanza de que sea un solo billete- antes que usar esa plata. “Uno espera. Vamos a ver si lo dan esta semana, si no será para Año Nuevo”, augura.
“A nuestra casa no nos ha llegado y hace un mes que cobraron. Primero 21.000, después 7.500 y ahora los 180.000 del combo del pernil. El bono navideño tampoco nos ha llegado”, denuncia Lourdes Pantoja. A sus 70 años no teme mostrar su preocupación, que amaina con un “ojalá llegue rápido” y no trasciende a quejas formales de ninguno de sus miembros de la familia a los responsables del subsidio en Propatria.

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Aunque depende del CLAP, Maritza Peña no la espera. Considera que la constancia en la entrega no es el fuerte de quienes administran los CLAP. En Monte Colón, en Los Caobos, le llega de forma irregular, entre dos meses y dos y medio, asegura. Sin embargo, la bailarina de 53 años es parte del 14,4% de la población venezolana que depende en primera instancia de los alimentos que provee el Estado para sustentarse, como reportó una encuesta realizada por Ratio Ucab, la empresa de análisis y estrategia de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

“Es cada vez más triste ver un sistema que día a día nos está aplastando más. Tú sales al supermercado y no puedes comprar los productos normalmente porque es caro”, dice. También se le prometió una bolsa CLAP extra si votaba por el chavismo en las elecciones municipales, en su caso por la candidata del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Érika Farías. “No lo hice porque me niego. Los estás relegitimando a ellos. Todo es más de lo mismo: jugar con el hambre de la gente”.