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¿Por qué los venezolanos deberían leer a Octavio Paz?

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El 10 de diciembre de 1990 el público ovacionaba al escritor mexicano Octavio Paz. Su obra fue homenajeada por hacer que las letras salieran a la realidad cotidiana. También por darle un nuevo sentido al castellano. Quizá su obra pueda acariciar los pensamientos de cualquier venezolano que esté en búsqueda de la “tercera vía”

Con el Premio Nobel de Literatura críticos e intelectuales premiaron a Octavio Paz, amén de un diploma y 700 mil dólares. Su legado no solo conquistó el mundo de las letras, también el de la lucha social. Su carácter pensante y retador no se casó con ninguna ideología —asunto que le permitió ser impío ante cualquier discurso, viniera de donde viniera.

Octavio Paz nace en Ciudad de México el 31 de marzo de 1914. En plena revolución mexicana y apenas cuatro meses antes del inicio de la primera guerra mundial. El padre de la casa, Octavio Paz Solórzano, se ausentó por un buen tiempo debido a su comprometedor trabajo como abogado de Emiliano Zapata. Los ideales revolucionarios y liberales se implantaron en el ADN del heredero de los Paz.

Estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México Derecho y Filosofía y Letras. Ahí conoce a su primera esposa con la que tiene una hija.

Uno de sus primeros poemas, Entre la piedra y la flor, se remonta en un viaje que realizó a Yucatán, en donde escribe de la injusticia social y el maltrato a los campesinos. En 1937 fue miembro de la delegación mexicana al congreso antifascista en España. Los ideales del grupo influenciaron su sensibilidad. Un año más tarde es cofundador de la revista Taller, un espacio de creación artística en medio del conflicto.

En 1945, después de haber realizados estudios en la Universidad de California, comienza a servir como diplomático mexicano en Francia. Posteriormente serviría en la India. Mientras estuvo en su período de trabajo en Nueva Delhi, ocurrió en México la masacre de Tlatelolco. La respuesta inconclusa del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, al que le servía en aquel entonces, hizo que renunciara como diplomático en forma de protesta. Durante ese período escribe uno de sus ensayos más reconocidos: El laberinto de la soledad.

En 1976 crea la revista Vuelta, que se convirtió, de acuerdo a la reflexión del poeta Alexis Romero, en “la condensación depurada del pensamiento de la lengua castellana”. Las publicaciones de Vuelta mantenían una constante crítica de la época. También divulgaban el arte y la literatura a nivel mundial.

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¿Con qué se come Octavio Paz?

Ganarse un premio Nobel nunca ha sido una casualidad. La universalidad de la palabra del autor no solo reflexiona sobre los problemas latinoamericanos, también lo hace de la humanidad entera. Según el poeta Alexis Romero “Paz es de los pocos autores que le dan enormidad a la obra poética y ensayística. Toca casi todos los lugares del pensamiento humano, y sobre todo en el latinoamericano”.

Y ¿quién no desea poder tocar los lugares desconocidos de la mente del hombre? Sus lectores viajan a la misma velocidad del saber al leerlo. En cada página se genera una reflexión entorno a la condición de ser ciudadanos latinoamericanos y la responsabilidad que acarrea. Pero sus raíces no solo las llevaba en el papel, también en su forma de ser. Su filosofía siempre fue la llamada “tercera vía” esa otra opción que no aplaudía ni a la derecha ni a la izquierda, sino a los valores civilizados en una sociedad de diálogo. Octavio planteaba que la paz debía pasar por el lenguaje, no por las armas.

“Octavio Paz es de esos escritores que le caen como anillo al dedo a cualquier venezolano. En estos momentos en los que hace falta aprender como responder de manera cívica, el escritor da herramientas intelectuales que nos permiten desprendernos de esa obsesión por el mesianismo”, como aquel que deposita su esperanza en las letras y en el saber que ellas brindan, comenta Romero.

Pero la reflexión va de la mano de un libre pensador que fue irreverente a todas las etiquetas. Jamás se dejó llamar “moderno”, porque eso no le permitiría ser más que aquello. Incapaz de acostumbrarse a una sola corriente literaria evolucionó en la medida que las corrientes filosóficas lo hacían. Libertad bajo la palabra, su libro que recopila las palabras de un crítico congruente, esas de un hombre que supo conversar con sus contemporáneos y dejar un legado para enseñar a los que vendrían.