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Pedirle al Nazareno un milagro para sobrevivir en Venezuela

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06/04/2018
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TEXTO: GABRIELA ROJAS | FOTOGRAFÍAS: VALERIA PEDICINI

Dice la creencia popular que cada año la espalda del Nazareno está más encorvada y su rostro más oscuro y triste por la pesada cruz que carga a cuestas con los pesares de sus devotos. Ahora la crisis que tiene al país sumido en un colapso cotidiano le pone peso al Cristo morado al que le piden más milagros a falta de soluciones terrenales

A pesar del dolor punzante que siente en la pierna, Neida permanece de rodillas durante casi toda la misa. Sigue las plegarias a su propio ritmo, el de alguien que tiene mucho que agradecer y otro tanto más que pedir. Durante una hora se refugia del ruido y el calor que rodea la Basílica Menor de Santa Teresa. La eucaristía ha terminado pero ella permanece arrodillada muy cerca del altar por un rato más. Allí, en la tranquilidad del templo, Neida olvida por minutos la angustia que le produce el continuo retraso de la operación de cadera que necesita desde hace más de un año. “Este año sí me opero, con el favor del Nazareno”.

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Cuando cumplió los 71 años comenzó a sentir el dolor en las articulaciones y una caída que parecía inofensiva le terminó de disminuir el paso y la llevó a los últimos lugares de una lista de espera para operarse en un hospital público porque ni con la fe más férrea podría costear su intervención en una clínica privada.

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Mira el reloj apenas sale de la capilla y, como puede, acelera la caminata irregular porque ya es “la hora del pan”, dice. A una cuadra de la iglesia se va formando rápidamente la fila de la panadería y ella debe apurarse porque sabe que los panes están contados y no hay discapacidad que le ahorre el tiempo en la cola. “Hoy fue un buen día. Llegué a tiempo a la misa y conseguí pan, gracias a Dios”, cuenta quien sale desde El Junquito hasta el centro de la ciudad a escuchar la eucaristía en la Basílica donde el Nazareno recibe a sus fieles. Y Neida lo es.

Nazarenocita4Desde que tiene 15 años le paga promesa por distintos favores recibidos a través de los años, una creencia que heredó de su mamá y su tía, devotas de morado de toda la vida. “El primer milagro que me hizo fue con mi primer hijo. Cuando tenía un añito le dio neumonía y casi se me muere. Pero le pedí con fe a mi Nazareno que lo salvara y no solo lo curó, es que hoy es un hombre y más nunca se ha enfermado”, narra. Pero aclara que ella no es de las que viene solo en Semana Santa. “Una promesa se paga para siempre. Yo vengo por lo menos una vez a la semana a rezarle y cargo su estampita en la cartera. Hay gente que no me cree pero dos veces han robado la camionetica donde yo iba y a mí ni me vieron. Yo sé que esa es la estampita que me protege”.

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Este año se le acumuló la lista de ayudas celestiales que necesita. “Lo primordial es la cadera”, una plegaria que se está convirtiendo en milagro por la dificultad de conseguir turno quirúrgico, los insumos y las medicinas que requiere en medio de una de las crisis más agudas del sistema de salud público. “No pido mucho pero este año la cosa está apretada y hay que pedirle a Dios hasta para comer”.

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Es Miércoles Santo, y Neida está desde la madrugada en la fila que plena los alrededores para entrar a la iglesia de Santa Teresa como cientos de devotos que vienen de distintas partes de la ciudad y del país a invocar al Cristo moreno para que interceda por ellos. Como Ángel Soto que llega año tras año desde Cúa, en el estado Miranda, la noche del martes santo para entrar a la primera ceremonia que se celebra a la medianoche. Cuando está en Caracas haciendo diligencias aprovecha para pasar por el templo y aunque a veces no se queda en la eucaristía, siempre le presenta su respeto a la imagen.

Nazarenocita3Su esposa y dos de sus hijas lo acompañan a pasar la víspera del miércoles frente a la ermita, a la que no ha faltado ni una vez vestido con una batola morada que él mismo cosió cuando tenía 20 años. En 1995 sufrió un accidente de tránsito que lo dejó inmovilizado durante seis meses, con dolor crónico y un mal pronóstico para volver a caminar. Dice como un dato premonitorio que “el choque fue un viernes santo”. Debían operarlo dos veces y en ambas oportunidades le encomendó sus piernas al Nazareno. “Le debo la vida y pararme en mis dos pies porque los médicos dijeron que tenía destrozados los huesos. Por eso cuando mis hijas no quieren ir caminando a alguna parte, les recuerdo que yo tengo mis piernas buenas porque Dios es grande”. Así que los primeros cinco años pagó promesa caminando desde Antímano, donde vivía para ese entonces. “Después me mudé para Cúa, y no creas, pensé venirme a pie desde allá pero le pedí permiso (al Nazareno) para poder venirme en autobús”.

Esta vez, además de agradecer y cumplir su tradicional promesa, acude a rogarle al Nazareno que vele por su hija menor que atraviesa un embarazo de alto riesgo. “Está de reposo y no puede venir pero por eso venimos su mamá y yo a pedir por mi nieto para que nazca sano”.

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En la mañana del Domingo de Ramos, la concurrencia a la misa se hace sentir en los alrededores de la Basílica de Santa Teresa. Llegan los habituales, los que reciben el sermón cristiano, domingo tras domingo. Pero también los que rezan solo cuando sienten de cerca lo que dice el refrán: Dios aprieta pero no ahorca.

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En la plaza Alí Primera que flanquea una de las entradas del oratorio también se congregan los que necesitan ayuda del Altísimo y del prójimo. Mendigan algo para completar el desayuno, piden ayuda por una afección de salud y algunos hasta para completar un pasaje. Y también están las que trajinan con poca ropa para resolver el día con algo. Los que extienden la mano abierta son más que los que la contestan, así que lo que se repite una y otra vez es “ayúdame con lo que sea”, porque el escaso efectivo dejó de ser limosna.

Nazarenocita2Demandar salud y comida se hace cotidiano pero conseguirlo es lo que se está volviendo una maravilla. “Llevar comida a la casa. Ese es el milagrito que estoy pidiendo hoy”, dice una señora que apura el paso con una bolsa empapada en grasa por la empanada que consiguió que le brindaran. La misa de Ramos marca el inicio de la celebración de estos ocho días en los que la fe católica vuelve a poner el acento en la solidaridad, la humildad y la reflexión.

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Adentro, el sacerdote recuerda los pasajes bíblicos en los cuales el Hijo de Dios sacrificó su vida para la salvación de la humanidad. Afuera una mujer de unos 40 años pasa sin detenerse por un costado de la iglesia y se persigna casi como un acto reflejo: “Penitencia es lo que estamos pasando”, rezonga.

Sobre la espalda cada vez más encorvada del Nazareno de San Pablo se acumulan las dolencias y sufrimientos de sus devotos. Las de salud llevan la delantera, en especial cuando la escasez de medicamentos hace que entrar a una farmacia se haya vuelto un acto de fe y una plegaria que encontró su propio púlpito en las redes sociales.

Nazarenocita1Pero ahora a la cruz que arrastra la efigie se le suma la necesidad de muchos de conseguir el pan nuestro de cada día. “No sé si este miércoles santo habrá más gente que en años anteriores pero estoy seguro de que el Nazareno nos oye porque ahora lo necesitamos más, lo que pasa es que la gente está perdiendo la fe”, dice Ángel Soto. Aunque su situación económica padece el mal de la hiperinflación como el resto de los venezolanos, este año decidió junto a su esposa y unos vecinos preparar algunos sándwiches y llevarlos para compartir con quienes tengan más necesidad. “No me sobra la comida en la casa pero puedo ayudar”.

Está convencido de que ese pan que llegue a las manos de alguien puede significar el primer milagro que el Nazareno cumpla ese día.

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