Petrochequera e ideología, la política exterior de la revolución

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Con el ascenso del chavismo en el poder, a partir de la llegada de Hugo Chávez a Miraflores al ganar sus primeras elecciones de 1998, el esquema de las relaciones internacionales sufrió una reestructuración total. Dejando a un lado la prudencia que exige la diplomacia, el “comandante” emprendió una política exterior conflictiva y personalista, enfocada en exportar los ideales de la Revolución Bolivariana a lo largo y ancho de Latinoamérica, siguiendo los patrones de Fidel Castro.

Con motivo de su 13° aniversario, Clímax presenta la serie Deconstruyendo a Hugo Chávez

Durante la época de las dictaduras sudamericanas, Venezuela representaba una excepción a la norma. En contraste a las naciones vecinas, el país petrolero disfrutó de una democracia sólida y era conocido a nivel internacional por su discurso en defensa de la misma. Sin embargo, esto cambió con la llegada de Hugo Chávez a la Presidencia de la República en 1999.

Apelando a la imagen de Simón Bolívar, Chávez planteó la unificación ideológica, militar y política de Sudamérica. El aumento desmesurado de los precios del petróleo le permitió llevar a cabo su ambiciosa estrategia internacional, despilfarrando dinero a diestra y siniestra en beneficios de sus allegados. La petropolítica rompió fronteras.

La chequera de crudo no solo lo convenció de ser el líder de radicalización socialista en la región, también hizo que se sintiera con la autonomía suficiente para desafiar al polo que dominaba el orden mundial: Estados Unidos. Desde entonces, Chávez adoptó un lenguaje agresivo para dirigirse a los gobernantes americanos y adentró a Venezuela en la lucha contra el “imperialismo”.

Asumió, en términos regionales, una “herencia” de Fidel Castro, quien llegó a presentarlo como el nuevo referente de la dignidad y la independencia de América Latina. Y desde entonces, a pesar de enarbolar la autodeterminación de los pueblos, se inmiscuyó en la política interna de otras naciones apoyando directa o indirectamente opciones de izquierda en otros países. Como candidato admitió que Cuba vive en dictadura, como Presidente nunca.

Piedad Córdoba, de Colombia, fue y vino repetidas veces a Venezuela. En Perú, Ollanta Humala recibió apoyo expreso, y se denunció que incluso financiero. Evo Morales se asumió como “hijo” de Hugo y recibió no poco empuje. Daniel Ortega en Nicaragua levantó las mismas banderas. Y así.

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El enemigo de mi enemigo…

Siguiendo la retórica antiestadounidense, Chávez buscó estrechar relaciones con aquellos países que conforman el “eje del mal”, expresión utilizada por el expresidente norteamericano George W. Bush para referirse a los regímenes que apoyan el terrorismo. El objetivo era ganarle terreno al Gobierno de Estados Unidos e implementar la estrategia de pluralización multipolar.

“La búsqueda de alianzas con estos países comenzó como una conducta irreverente. Todo lo que se opusiera a un sistema internacional liderado por EEUU, desde la óptica chavista, era digno de ser apoyado”, expone la internacionalista Giovanna de Michele. Apoyo expresado en alabanzas, compra de armamento militar, votos en organismos multilaterales y financiamiento de obras.

El acercamiento a los países del Medio Oriente fue un ejemplo de dicha actitud desafiante. En el año 2000, durante una de sus primeras giras internacionales luego de asumir el cargo, Chávez visitó Iraq para reunirse con Saddam Hussein, violando así el bloqueo impuesto por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1990 tras la Guerra del Golfo. En su momento, alegó que Venezuela, como miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), no debía discriminar entre quienes son democráticos y los que no.

El fallecido exmandatario también se aproximó al gobierno de Muamar el Gadafi en Libia, con quien suscribió varios convenios comerciales, además de un fondo de inversión calculado en mil millones de dólares. En 2009, lo condecoró con el collar de la Orden del Libertador y una réplica de la espada de Simón Bolívar, de las muchas que regaló durante 14 años en Miraflores.

De igual forma, afianzó las relaciones con Irán después de haber votado en contra de someter el programa nuclear iraní al Consejo de Seguridad de la ONU. Junto al líder conservador islamita Mahmoud Ahmadinejad, en 2007 creó un fondo de dos mil millones de dólares para financiar proyectos que contrarrestaran la “dominación estadounidense” en países terceros.

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Otro motivo de preocupación para Washington fue la compra de armas, misiles, aviones de combate y helicópteros militares a Rusia, bajo el pretexto de que era una medida para ahuyentar la represión norteamericana de la región. En consecuencia, EEUU llegó a prohibir la venta de material militar a Venezuela, al igual que las licencias para la exportación de artículos y las transferencias de otros países.

En América Latina, la relación con Cuba ha sido la más emblemática y privilegiada. Más que un aliado, Fidel Castro era un maestro para él y nunca escondió su admiración por la revolución cubana. Fue por ello que Venezuela se convirtió en el principal socio comercial y energético, dándole el beneficio de recibir barriles de petróleo a un precio preferencial.

“Estas alianzas trajeron la pérdida de confianza de la comunidad internacional, porque comercializamos con países sancionados, que tienen limitaciones y controles. No tienen ningún tipo de estima y eso hace que Venezuela sea cuestionada también. Cuesta para el país en término de inversiones y respeto institucional”, afirma Luis Daniel Álvarez, doctor en Ciencias Sociales e internacionalista.

A juicio de Félix Arellano, profesor y coordinador del Área de Relaciones Internacionales y Globales de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela (UCV), la cercanía de Chávez con estos gobiernos también se debió al autoritarismo que les caracterizaba y que, progresivamente, su gestión fue asumiendo.

“En la medida en que su comportamiento se agravó en materia de irrespeto a los DDHH, pues no le quedó de otra que aislarse hacia estos grupos”, expresa. De este modo, la política exterior se desvío de su rumbo habitual de defensa y promoción de la democracia con Chávez al mando.

La ola “roja, rojita” en Latinoamérica

La visión bipartidista de Chávez también aplicaba a nivel regional. Para lograr la tan ansiada unidad del continente sudamericano, había que quebrar el eje de países que mantenían relaciones con EEUU.

Para ello, el expresidente venezolano no escatimó en gastos para apoyar a gobiernos que consideró afines. De igual manera, no racionó insultos, ni amenazas para aquellos que no estuviesen de acuerdo con sus ideales.

“Los ingentes recursos económicos que entraron al país a través de la venta de petróleo le permitieron convertirse en una suerte de gobierno protector o financista de grupos simpatizantes de la Revolución Bolivariana en todo el mundo, pero principalmente en América Latina”, puntualiza De Michele.

Gracias a la chequera petrolera, Hugo Chávez comprometió millones de dólares en asistencia financiera para construir refinerías y plantas de petróleo y gas en los países aliados. A través del Acuerdo Energético de Caracas y Petrocaribe, garantizó el abastecimiento del hidrocarburo a precios “solidarios” en Centroamérica y el Caribe. Incluso compró los bonos de la deuda argentina con el Fondo Monetario Internacional (FMI) durante la época kirchnerista.

Pero no solo se limitó a mantener relaciones con favores y donativos, sino que también tomó partido en las luchas políticas foráneas. “El populismo fue característico en la estrategia ideológica de Chávez, y buscaba desarrollarlo en Latinoamérica. Tenía una influencia grande, sobre todo en grupos izquierdistas. No escatimó en recursos para ayudarlos, porque tenía que blindar su política con apoyos internacionales”, puntualiza Williams Dávila, diputado de la Comisión Permanente de Política Exterior, Soberanía e Integración de la Asamblea Nacional.

Las denuncias del gobierno de Perú sobre los fondos que recibió la campaña electoral de Ollanta Humala en 2006 por parte de la gestión chavista, el caso de los maletines de Cristina Kirchner y el financiamiento al candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Andrés Manuel López Obrador, son algunos ejemplos claros de la injerencia chavista en asuntos que no le competían directamente.

Hugo Chavez, Fidel Castro

No obstante, Hugo Chávez cambió el equilibrio político de la región. Líderes socialistas como Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa ganaron en sus respectivos países, usando los argumentos típicos de la retórica chavista de desigualdad social y reivindicación de los derechos de las clases populares.

¿Cuál fue el precio a pagar? Alimentar la mala imagen de Venezuela ante la comunidad internacional, siendo vistos como un factor desestabilizador para la democracia.

La mutación de la política comercial

A diferencia de los gobiernos que le precedieron, los cuales promovían la integración económica, Hugo Chávez se oponía al libre comercio por ser un instrumento del “neoliberalismo salvaje” que supuestamente quería imponer EEUU en toda América Latina para tenerla controlada. Debido a esto, hubo un cambio radical en la selección de los socios comerciales del país, sobreponiendo la integración ideológica por encima de la financiera.

En primer lugar, está la creación de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA), cuya base es la doctrina de izquierda y sus fundamentos son la lucha contra la pobreza y la exclusión de EEUU del continente.

La iniciativa surgió en contraposición al Área del Libre Comercio de las Américas (ALCA), proyecto estadounidense que pretendía unir a todos los países americanos en cadenas globales de producción y se paralizó en la IV Cumbre de las Américas, tras la negativa de Argentina, Brasil y Venezuela para llevarla a cabo.

Sin embargo, ha sido mayor el beneficio político que el económico, ya que sus integrantes han sido utilizados como peones de manipulación en controversias políticas, las cuales han afectado el funcionamiento de organismos como el Sistema Interamericano de Derechos Humanos y la Organización de Estados Americanos (OEA).

Por otro lado, está la salida de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) en el 2006 y la forzada adhesión al Mercado Común del Sur (Mercosur). De acuerdo con el embajador Sadio Garavini, el argumento principal que esgrimió el gobierno para justificarse fue el hecho de que Colombia y Perú firmasen un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos.

“Rompe la CAN con esta excusa y dice que prefiere irse con Mercosur, que, en materia económica, no tenía ningún sentido el cambio. No podíamos compararnos a las estructuras de Brasil y Argentina, y terminamos siendo un comprador de productos. No tenemos nada que venderles o intercambiar. Pero sí eran afines a la ideología chavista. Por eso Mercosur es solo una estrategia política”, expresa.

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De igual forma, el diputado Dávila añade el rechazo hacia el gobierno de Álvaro Uribe entre los motivos del cambio. “Chávez no veía a Colombia como un aliado. Pudimos haber desarrollado una política abierta de fronteras, de circulación de vehículos, políticas de aranceles comunes. Pero su mala actitud y bravuconería nos alejó de ese espacio”, lamenta.

A pesar de esto, el profesor Álvarez considera que la migración al Mercosur trajo algunos beneficios. “El Parlasur ha hecho seguimiento de la crisis democrática en Venezuela, las persecuciones a medios de comunicación y personalidades. Esto tiende a ayudar a que aumenten las denuncias por la violación de DDHH. Es preferible pertenecer a algo que no pertenecer a nada”.

Telesur, máquina de propaganda revolucionaria

En 2005, fue fundada la Televisión de Sudamérica, C.A, conocida coloquialmente como Telesur, bajo la premisa de ser una alternativa a otras cadenas de noticias. Sin embargo, expertos en materia internacional coinciden en que, más allá de ser una ventana que enseñe la diversidad latinoamericana, el canal es una herramienta para divulgar el socialismo del siglo XXI.

“Nació como una estrategia de política exterior y como un culto al héroe. Un canal que muestre al mundo que este es el mejor personaje del planeta, que hace las mejores cosas del mundo. Siempre los países autoritarios han tenido esos canales oficiales. Todos los estados comunistas le venden al mundo una farsa. Eso es Telesur: una farsa”, asegura Arellano.

La internacionalista De Michele lo define como un contrapeso a las grandes cadenas de noticias a nivel internacional que dan una visión del mundo contraria a la que Venezuela quería dar. “Telesur fue hecha para transmitir ese mensaje de rechazo al estatus quo internacional establecido para el momento. Da una visión de los eventos internacionales que se compaginaba con los propósitos y objetivos de la Revolución Bolivariana”.

Igualmente, el diputado Dávila manifiesta para Clímax que en Telesur se concentra la tesis de la hegemonía comunicacional. “Eso lo entendió Chávez y por eso propició su creación, como un método de propaganda, en vez de hacerlo un medio de difusión de hechos noticiosos, de denuncia de los derechos sociales, económicos, humanos del pueblo latinoamericano”.

Actualmente, la cobertura sesgada de los hechos noticiosos, más los cambios de gobiernos, conllevó a que Argentina y Ecuador, grandes aliados del movimiento y promotores de la cadena, cesaran su financiamiento.

Esto dejó a Telesur en la dependencia total a Venezuela. A pesar de ser ya un Estado quebrado, continúa dando dinero por el mantenimiento del canal multiestatal y sus aliados, demostrando así que la prioridad es que la Revolución Bolivariana prevalezca, incluso si es a costa de la vida de millones de venezolanos.

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Tiene 20 años viviendo en comunismo. Le apasiona leer novelas y cómics. Intenta formarse como escritora con la práctica. Actualmente estudia Comunicación Social en la UCAB, porque le dio pereza hacer el cambio a Letras. Es ansiosa, pero "echada pa'lante". Sus rasgos más destacables son la tez amarilla y la inconfundible boca colorada. Batman es su héroe favorito y ama todo lo relacionado con Star Wars. Aunque su cara exprese un malhumor eterno, le gusta hacer chistes de todo.