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Port de Bras: los sueños en grande de Clarissa Egaña

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La venezolana Clarissa Egaña dejó las leyes para dedicarse a la moda. Abriéndose paso en un mercado global, aprovecha exquisitas telas, diseños femeninos y tecnología vanguardista para enaltecer la figura de la mujer y estilizarla. Port De Bras Activewear, son piezas deportivas que prometen

Clarissa Egaña trabaja con un equipo directo conformado por una decena de personas. El resto del trabajo para lograr el resultado de  Port De Bras se hace a través de varias compañías outsourcing, aliados que se sienten totalmente involucrados y enamorados del proyecto de la venezolana.

Estudió Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello, cuando sus días coqueteaban con el derecho corporativo y el arbitraje, y sus pasantías la internaron en un escritorio jurídico. “Me fui mucho por la parte internacional y creo que eso influyó en la falta de miedo cuando me volví emprendedora porque entendía el movimiento y la estructura de una compañía, esa parte creo que es muy importante e interesante para cualquier persona que emprende”.

Ya en la academia, entre textos jurídicos y revisiones legales, comenzó a explorar el mundo de la moda. Con ganas de caminar entre telas y diseños, montó una compañía de trajes de baños en Venezuela que bautizó Bamboo Mare. “Ahí tuve mi primera socia, que hoy en día es de mis mejores amigas. La conocí porque ella fue mi diseñadora gráfica y me introdujo al mercado de telas en Brasil; su esposo es brasilero. Apenas empezamos, ella se fue para allá y compró las primeras telas. Cuando pude verlas y tocarlas me enamoré. Hasta el día de hoy trabajo con el mismo proveedor”. El amor no fue solo por los trapos sino por el negocio, cuando las ventas de los trajes de baños rindieron frutos y la marca comenzó a calar. Era momento de decisiones, y la de Clarissa tomó fue dedicarse por completo a su emprendimiento.

Graduada en Caracas, título universitario en mano, se marchó a Estados Unidos, a Miami, con la intención de seguir explorando los vértices de su nueva carrera. En “el norte” las ofertas de trabajo eran más sustanciosas. Para ella no era una quimera, aunque desconocía que el destino la llevaría por otros derroteros. “Terminé trabajando en relaciones públicas, hice una pasantía en History Channel y luego hice un poco de PR –relaciones públicas – para la marca Cartier”. Como si no tuviese suficiente trabajo, también se desempeñó en el complejo mundo del real estate y como diseñadora de interiores. “Cuando trabajé en bienes raíces aprendí a manejar bien los números. Vendiendo y arreglando apartamentos caros, entendí que quería crecer y hacer cosas grandes, más grandes de lo que ya había hecho”.

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Ideas que valen oro

En Miami, Clarissa Egaña se encontraba en una clase de Barre -un entrenamiento basado en posiciones clásicas de ballet que combina movimientos de pilates y yoga. Entonces, notó que no se sentía cómoda con la ropa deportiva que lucía. “Empecé a pensar que siempre me pasaba lo mismo: la ropa de ejercicio que tenía buen diseño, tenía mala licra y la que tenía buena licra, tenía mal diseño”. A su cabeza volvieron los antiguos proveedores de Brasil, aquellos que habían hecho que sus trajes de baños se vendieran como pan caliente por ser tan duraderos. “Pensé: ‘tengo que averiguar cómo están mis proveedores en el tema de telas fitness’”.

La idea se transformó en impulso. La inquietud en confirmación. Los brasileños habían ganado premios por usar una privilegiada tecnología llamada Emana Technology para sus licras, sacadas como de un truco de magia: son anticelulíticas, mejoran la circulación de la piel, tienen buen aguante, no hacen fricción, tienen protección contra rayos UV, son dry-fit y gran parte de la gama es eco-friendly. “Después de conocer las maravillas de la ropa deportiva brasilera decidí crear la marca con ellos. Para mi sorpresa, no había, en ese momento, nadie haciendo ropa fitness de lujo y con buen diseño”.

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Pero la venezolana quería más. Por eso investigó más a fondo para darle un perfil específico a sus diseños, a su propuesta. Así, buscó saber si existía alguien confeccionando ropa específicamente diseñada para hacer Barre, estéticas femeninas al mejor estilo de las bailarinas de ballet clásico. La respuesta fue alentadora: este era un nicho virgen y sin explotar. ¡Eureka! Tenía materia prima de excelente calidad y un potencial mercado impoluto. Manos a la obra.

Lo más pedido del Trade Show

Clarissa lo tenía claro, quería mentar su marca con un nombre relacionado al ballet. “Port De Bras” tiene que ver con el movimiento y las posiciones de los brazos, es un nombre sonoro y elegante que resultó perfecto. Justo lo escuchó en su clase de barre, a las que debe tantas buenas ideas. “Mi mercado directo entiende el nombre, le gusta, lo defiende e incluso me agradece”.

El nombre evoca sus más pueriles recuerdos como bailarina y la conduce a su lugar feliz, la conecta con su niña interna, esa que se niega a crecer y no dejará nunca de bailar y hacer elegantes piruetas. A pesar de la estrecha relación de la marca con el ballet y el barre, las piezas pueden ser usadas para otros deportes como yoga, pilates e incluso deportes extremos, si se elige una tela más resistente.

A su primer intento, Port de Bras deslumbró en un trade show de Nueva York. Fue el lanzamiento de la marca para ventas al mayor. “Fui asustadísima porque me decían que la industria era muy fregada. Yo iba sola, con mis ahorritos, embarazada y con los nervios de punta (…) mi angustia tuvo un respiro cuando empezaron a llegar los compradores y se quedaron impresionados con la tela, los colores y el diseño”.
La experiencia en la Gran Manzana fue sobresaliente, incluso Egaña hizo los contactos para un photoshoot en la revista Vogue, y la contactaron de Self Magazine y Style Runner. A esta última le debe el éxito de su marca.

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Style Runner es la compañía con mayor crecimiento en comercio electrónico a través de sus ventas de active wear. Hacen una curaduría impecable de productos deportivos que venden online, por lo que para Clarissa es un honor que su producto desfile en ese website.

Pero Nueva York también la puso en contacto con la gente de Yoox.com -de los mismos dueños de Net-A–Porter- quienes le hicieron una súper orden para Europa y con Amazon Luxury, una plataforma en la que se exhiben piezas de diseñadores de lujo y marcas high-end, curadas por la gente más top de la industria del fashion.

El éxito y la familia como pilar

La marca de Clarissa Egaña se confecciona en Venezuela, tierra a la que habrá de regresar pronto. “Quiero estar cerca de donde se produce mi producto y tener la ayuda de mi familia con Alana y el bebé que viene en camino”. Clarissa habla con emoción de su familia. Alana, su mayor fan, viste siempre con ropa de la marca familiar y su esposo, ha sido su más grande apoyo y fuerza en este proceso.

Para Egaña, los venezolanos tienen un impulso laboral inigualable. “Con ellos me entiendo y tienen un gusto increíble”, asegura sobre quienes son la fuerza laboral de su firma a la cual quiere incorporar modelos con sangre amarilla, azul y roja. “Siento que la mujer venezolana y latina tiene un atractivo muy particular”. Isa Arriaga y Oriana Lucchese le ponen rostro a los diseños. Son dos jóvenes criollas con quienes el trabajo se hizo divertido hasta lograr reflejar a la perfección lo que Clarissa quería: que las fotos tuvieran alma, que fueran alegres y con movimiento, sin perder el toque elegante.

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Antes de emprender su regreso a Caracas, Clarissa Egaña levanta con más fuerza la bandera del emprendimiento exitoso. Asegura que para lograrlo, hay que confiar en buenas ideas y en la investigación del entorno, saber que se ofertará algo no sobrevendido. “Tienes que entender muy bien tu mercado, tienes que ser parte de él, colocarte del otro lado y pensar ‘cómo me gusta que me atiendan a mí, cómo me gusta que me traten’. Hay que entender muy bien al consumidor, y no tener miedos o dudas sino energía positiva. Siempre hay problemas, siempre hay angustia pero tienes que estar positiva y segura para enfrentarlos”.