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Quebrada Honda: la música abre caminos de libertad

PortadaQuebradaHonda
23/11/2017
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FOTOGRAFÍA: FELIPE ROTJES

Recorrer Caracas a pie sobre asfalto bañado de la música del Sistema de Orquestas y conectar con el sentimiento de una ciudad fundacional, la de los grandes arquitectos y los mejores diseños urbanos, hasta alcanzar el compromiso hospitalario de quienes no desmayan

La cita es la salida del Metro de Quebrada Honda -Colegio de Ingenieros-, que ahora parece llamarse estación música en vivo. Un centenar de caracadictos acude a la cita, convocados por las redes y medios de comunicación a recorrer Caracas no a vuelo de pájaro, no solo con los ojos curiosos que reparan en la moldura, en la textura, en la belleza. No solo con los pies que también leen. La invitación es a escuchar. Una sugerencia propicia en tiempos de aturdimiento, de discursos menguados, verbo altisonante y penosos silencios. Propuesta de resistencia pacífica el caminar sin prejuicios ni temores, pocas formas tan efectivas para enamorarse que conocer: avanza el querer cuando la búsqueda conduce al hallazgo. El encuentro.

Plaza del bulevar contiguo, ahora mismo escenario la experiencia de ser en el espacio público, gozarlo, arranca con el concierto de cinco flautas, como cinco voces en contrapunteo, que ejecuta un quinteto de intérpretes del Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, su sede a pata de mingo. Sorprenden con valses, merengues, pasajes, piezas barrocas y joropos, casi sinónimos. Quedan adheridos los viandantes desprevenidos: la belleza toma por sorpresa.

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Y el asombro deviene contentura. De las caras de Caracas que hacen de público repentino en esta suerte de flashmob desaparecen como por encanto los ceños fruncidos. Postal para el compromiso la que hace el grupo andariego, todos parecen entender que sonreír es un derecho y un deber, así como se convierte en causa la idea de recorrer Caracas. Muchas carencias exhibe la narrativa cotidiana, pero la calle que parece quimera, tentación a esquivar, se transforma en camino, e ir por ella, avance; conmueve también la reafirmación de identidad compartida, en el repaso del inventario urbano.

cita3Propuesta de resistencia pacífica, seduce el contenido rescatable y la exuberancia verde. “El Parque Los Caobos es uno de los más antiguos de la ciudad, data de 1924 y contiene una muestra de caobos centenarios así como de otras tantas especies”, convida a voltear Cheo Carvajal y cuando él dice vamos es que así hay que moverse. Ir. Interceptado de esculturas —la de Teresa de la Parra, suscrita por Carmen Cecilia Caballero de Blanch y la Fuente, de Ernesto Maragall, entre muchas más—, el espacio exultante que surcan ciclistas parece el inmenso jardín del Colegio de Ingenieros donde ahora el arquitecto Henrique Vera, uno de los coordinadores de la Fundación Arquitectura y Ciudad, toma la palabra para hablar del edificio sede, inaugurado en 1941, con el patrocinio del ingeniero Enrique Aguerrevere y según el trazo del arquitecto Luis Eduardo Chataing. Con intervenciones inoportunas —la propuesta es que sea abolido el refrán que reza que en casa de herrero asador de palo—, la puerta que otrora fuera la principal deja a todos boquiabiertos: ¡merece iguales salemas que la de Brandemburgo!

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A ritmo de la Parranda de la Facultad de Arquitectura de la UCV, son grata compañía los cantores urbanos que con tambores, maracas, charrascas, cuatro son voz cantante de la libertad. El recorrido por el barrio San Julián incluye canje de libros, performance de cuenta cuentos, más gente encantada —el cuento de Hamelin se acaba de escribir al revés— y saludos desde las ventanas que se abren de par en par. Ya en el Hospital Ortopédico Infantil, edificación que atiende gratuitamente a los menores de 18, y a precios ínfimos a los adultos –—los médicos y enfermeras son devotos de su hacer y reconocen la generosidad del filántropo Eugenio Mendoza— se pide a todos estar atentos con las rifas para levantar fondos a favor —sostenerse así, tan pulcros, implica un gran esfuerzo—, y de seguidas comienza un espectáculo increíble en el patio central de la institución.

Little G, un joven venezolano que sobre música de joropo hace brakedance y demás maromas con su cuerpo de goma, así el suyo y el de su agrupación premiada, asombran al público. La presentación es electrizante. Bailan para los niños desde el desprendimiento y conquistan a todos. Y por si fuera poco, también canta la coral también cumpleañera Schola Cantorum de Caracas, celebérrima institución musical que arriba a sus primeros cincuenta, reconocida en medio mundo, y que dirige la gran músico venezolana María Guinand, nieta del arquitecto que trazó el edificio: Carlos Guinand Sandoz. Estética noble para una causa ídem.

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Cierra el recorrido en una escuela próxima al hospital, levantada para que los niños enfermos pudieran tener cerca la posibilidad de seguir cursando sus estudios. Con un patio central que preside un legendario samán, escuela de inclusión, la Luisa Goiticoa, como asegura con conocimiento de causa Cheo Carvajal, flamante representante, el broche aquí es de oro. Aquiles Báez, artista que le canta al Ávila y a la vida; compositor, intérprete e investigador que promueve a músicos emergentes desde su Guataca comprometida; conferencista de humor y amor en la academia y en la calle, canta e invita a los caracadictos reunidos a seguirle el ritmo con sonidos diversos que salen de manos y bocas cada cuerpo convertido en viva percusión. La música entonces entra en cada poro.

Caracas este sábado es una fiesta; y el anhelo de ciudadanía, las ganas de ejercer la convivencia posible, la confirmación del derecho a andar con sentido de pertenencia en el espacio público, la razón. En cada punto de la ruta convenida en este programa de mapas y trazos para el reconocimiento y el reencuentro que inspira el libro fundamental Caracas del valle al mar hay música proponiendo esperanza, vale cualquier género. Cada tres por dos, un intérprete o varios, de nuestro polifónico gentilicio, sorprenden con un canto a la paz. La ciudad canta, se arrulla, celebra.

cita2“Esta experiencia que es una forma de abrazo, doce rutas para conmemorar el 450 aniversario de nuestra amada Caracas, se organizaron así: siete recorridos urbanos para reconocer valores de ciudad, patrimonio y belleza, tres recorridos ambientales para valorar condiciones de paisaje y ambiente, y dos eventos de activación del espacio público, este es uno, bienvenidos a Caracas hospitalaria”, explica Aliz Mena, arquitecta de la Fundación Espacio, la gente que promueve el ya movimiento urbano llamado CCS-City-450, pura devoción a la ciudad.

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Organismo vivo que precisa de la armonía para su funcionamiento, la ciudad que late, y resiente la parálisis y el desencuentro, reclama la devoción de los moradores. Urge preservar la estructura construida y por construir de referentes y posibilidades donde, más que habitar, vivimos. Toda ciudad se construye, más que con obras en un territorio demarcado, con creatividad, voluntad, identidad, amores y buenas razones. Y esta mañana de andanzas y ganas de danza queda ratificado el compromiso con el derecho a ser flaner. La libertad es el mensaje que aconsejan, en clave de mi amor sostenido mayor, quienes suscriben el programa CCS-City-450 (creación de los arquitectos y profesores de la USB, Aliz Mena y Franco Micucci, y la arquitecto y profesora de la UCV María Isabel Peña), ocurrencia interactiva, de creación y para el ejercicio democrático, diseñada para conmemorar desde la calle, desde el camino que se va haciendo, a la cumpleañera ciudad. Ellos, con José Cheo Carvajal, impulsor de Caracas a pie, organizan este guateque mañanero.

Aplausos. El gusto es tal que es estribillo coral que CCS-City-450 no tiene que ser coyuntural. Caracas agradecería la permanencia.

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