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Quedarse o irse antes que te maten

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03/07/2015
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TEXTO: CARLOS PATIÑO | COMPOSICIÓN FOTOGRÁFICA: MERCEDES ROJAS PÁEZ-PUMAR

La coyuntura política, económica y social ha trastocado la dinámica. Venezuela pasó de ser un país receptor de emigrantes, a uno al que se le escapa su caudal de talentos y emprendedores. Quienes se marchan en su mayoría no son los más desposeídos sin formación profesional, sino la clase media con un alto nivel académico. Huye de la muerte o la inseguridad jurídica

 Venezuela atraviesa una crisis económica y social que ha ocasionado un auge migratorio y de fuga de cerebros, causando un impacto tanto en lo individual, con historias de éxito o fracaso, como en lo colectivo, con un país que mira impávido el éxodo de su talento humano —como la corriente incontenible de un dique que se rompe.

El día 6 de junio de 2015, se realizó en la sede del diario El Nacional el encuentro denominado: Lo que debes saber antes de emigrar, la coyuntura venezolana para entender el dilema de la migración”. En él, los expertos Oscar Hernández Bernalette y Alfredo Zuloaga facilitaron herramientas para comprender esta nueva realidad y, en consecuencia, tomar la decisión más acertada.

¿Por qué el adiós?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la emigración es un derecho humano. La Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), prevé en su artículo 13 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar…”.

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No obstante, Hernández Bernalette señala que la migración no es una salida fácil. Es una decisión que inicia con la búsqueda de una mejor calidad de vida. Asegura que el proceso comienza antes de llegar a destino, desde el momento en que la persona valora como opción la alternativa de irse; ocasionándole cambios emocionales y productivos.

“En Venezuela se está viviendo una tragedia”, apunta el también embajador, politólogo y coautor del libro Me voy o me quedo, como preludio a una lúcida reflexión sobre la partida de miles de conciudadanos en tiempos recientes. “El capital humano que ha perdido la nación en los últimos años supera el daño producido por la destrucción del aparato productivo”.

En este orden de ideas, el profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Tomás Páez, coordinador general del estudio La comunidad venezolana en el exterior ¿Una nueva modalidad de exilio?, revela que cerca de 1.5 millones de venezolanos han abandonado el país, y 88% de ellos lo hizo en los últimos 15 años; lo cual inevitablemente se asocia con la llegada al poder de Hugo Chávez y su revolución bolivariana. Más del 90% de estos migrantes porta títulos universitarios y un 40% estudios de maestría.

De acuerdo al referido estudio, dicha migración masiva, sin precedentes en la historia local, se motiva principalmente por la inseguridad personal y la inseguridad jurídica, y la falta de opciones para progresar. Si bien el promedio mundial de migrantes es del 3%, el país supera la cifra. “Debido a que entre el 4 y el 6 por ciento de la población venezolana está fuera; un dato que sorprende. Hay fuga de inversionistas, hay fuga de empresarios, hay una fuga de médicos, hay una fuga de comunicadores sociales, hay fuga de ingenieros de la industria petrolera. Es realmente impresionante”, Acota Páez.

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Según un informe elaborado por la Oficina contra la Droga y el Delito de la Organización de las Naciones Unidas, publicado en 2015, Venezuela fue ubicada como el segundo país más violento del mundo. Datos del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) reflejan que desde 1999 hasta mayo de 2015 se registraron 252.073 muertes violentas. Según el portal El Cooperante, en el primer año de gobierno del chavismo, 1999, se produjeron 5.968 muertes violentas. En números del OVV, para el año 2014 se registró la alarmante cifra de 24.980 homicidios, a una tasa de 82 muertes por cada 100 mil habitantes. En comparación, el promedio mundial oscila entre 6 y 7 homicidios por cada 100 mil habitantes —Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD. Es decir, que la tasa en Venezuela es 10 veces la mundial. Todos estos números bañados de sangre y vestidos de luto azuzan a los criollos a tomar una maleta con sus recuerdos para desempacar en otro confín.

Antes de tomar cualquier decisión, Hernández Bernallette recomienda preguntarse lo siguiente: ¿mi realidad objetiva me permite irme? ¿Estoy consciente de lo que implica esta decisión? ¿Tengo garantizado un empleo o voy a aventurar? ¿Me marcho con la garantía de vivir mejor o a pasar trabajo? ¿Quién soy aquí y a qué cosas renuncio para empezar a construir de cero? ¿Cuáles son mis recursos internos y externos para superar los obstáculos y el período de adaptación? ¿Cuento con alguien que me apoye en el destino elegido o debo empezar por mi cuenta?

El abogado especialista en temas migratorios Alfredo Zuloaga coincide en señalar que irse tomando atajos conduce a futuros problemas. La planificación es la clave para un proceso exitoso. “Cada circunstancia migratoria es única y por ende, debe valorarse en su contexto”.

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No es igual una persona joven sin carga familiar ni patrimonio propio, ligero de ataduras y responsabilidades, que una pareja con hijos pequeños, trabajo y vivienda propia. No es lo mismo un chef, oficio con características universales, que un abogado impedido de ejercer por la diferencia legislativa de cada país. Asimismo, tendrían ventaja aquéllas personas que cuentan con una doble nacionalidad, a quienes tengan que tramitar visados especiales o correr el riesgo de la ilegalidad.

Sí, quedarse

Es imprescindible saber diferenciar entre huir del país, privando la desesperación a cuestas; a marcharse con un plan específico. Existe una idea romántica que tiende a confundir la experiencia del turista con la del migrante, dos realidades completamente distintas, cuyo desengaño puede conducir a un cuadro intenso de stress, bautizado por el psiquiatra español Joseba Achotegui como el Síndrome de Ulises”.

Para Zuloaga la migración no es irreversible. La “remigración sería una consecuencia del flujo y contraflujo natural de quienes regresan porque culminaron sus estudios en el extranjero, terminaron su relación laboral, o simplemente volvieron con las tablas en la cabeza” al encontrar dificultades mayores a las de su lugar de origen. “Muchos aún no han comprendido siquiera que ya migramos de Venezuela a algo distinto que es la República Bolivariana de Venezuela”, remata.

Hernández Bernalette repite como un mantra que para emigrar hay que prepararse. “Pegar la carrera o irse impulsivamente suele conducir al fracaso. Las consecuencias que se pagan por recomenzar la vida en otro lugar sin tomar las previsiones del caso son muy duras. “Emigrar es una decisión de vida demasiado seria para tomarla sin la adecuada evaluación y preparación”, insiste.

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Según ambos expertos, la migración no solo afecta a la persona y a su círculo familiar, sino que impacta al país por el recurso humano calificado que no regresa. Consideran que si vemos los ejemplos de otros países, se puede afirmar que Venezuela superará su crisis actual. El problema consiste en la dificultad de reconstruirla sin el capital humano que no está. “Venezuela está enferma. Si los más preparados se marchan… ¿quién va a ayudarla?”.