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Santas sin panza: navidad flaca en Venezuela

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15/12/2016
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COMPOSICIÓN FOTOGRÁFICA: ANDREA TOSTA

Meses y meses de preparación para representar al querido San Nicolás incluyen acondicionamiento de barba y cabello, procura del traje rojo, práctica de la risa navideña y mantenimiento de una prominente panza. Pero en 2016 hasta los Santa Claus de centros comerciales están flacos para la foto

En Venezuela, Santa Claus no se gobierna. Los san nicolases que trabajan haciéndose fotos con los niños en los arbolitos de los centros comerciales no andan patín libre. Están agrupados en colectivos (de paz) para defender sus puestos laborales, cubrir todas las franjas horarias disponibles en los malls caraqueños, hacerse suplencias y cumplir ciertos parámetros de calidad, por ejemplo, dejarse crecer barbas canas totalmente naturales desde tan temprano como en Semana Santa. En lo que todos coinciden es que 2016 ha sido un año atípico. Han perdido panza.

“La situación del país nos ha afectado a todos. Este año adelgacé entre 8 y 10 kilos por eso que llaman la Dieta Maduro. Por herramienta de trabajo, obviamente a mí no me conviene adelgazar. No se me nota tanto porque el traje es voluminoso y la gente no se percata a simple vista”, admite Alexis Escámez, hermano de la recordada actriz Elisa (que emigró a las islas Canarias) y él también un experimentado actor, guionista, locutor y productor jubilado en 2007 tras hacer carrera en el canal Venevisión desde 1976.

“Por la situación que estamos pasando todos, he rebajado muchísimo. En esta época del año yo ya tenía unas cuantas hallaquitas encima. Ahora no he visto ni la hoja”, reconoce Juan Manuel Escalona, el Santa del centro comercial El Recreo que, a pesar de que es uno de los más parecidos a clásicos del séptimo arte como David Huddleston en Santa Claus: The Movie (hasta se deja crecer una melena de rizos blancos a la que la salen unos reflejos rubios espontáneos), es un caraqueño nacido en la Concepción Palacios y criado en la parroquia La Vega que de enero a octubre trabaja como motorizado.

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“Los venezolanos siempre compartimos la comida y la bebida, pero la crisis enfría mucho las cosas. No es que hemos dejado de comer, pero los alimentos sustitutos no nos aportan los nutrientes a los que estamos acostumbrados. El pernilcito, el dulce de lechoza y los higos ya ni se ven. Dos manzanitas cuestan 1.600 bolívares. ¿Qué vamos a hacer? Pondremos papa y yuca en la mesa de Navidad”, agrega Escalona, cuya esposa e hijos cumplen roles complementarios como Mamá Santa y duendes del polo norte, respectivamente: “A mí siempre me gustaba estar afeitadito, pero Heriberto González, el fundador del grupo San Nicolás a su Alcance y con el que yo trabajaba grabando vidrios de carros Ford y Chevrolet, siempre me decía: ‘Déjate crecer esa barba, chico’. Hace como 12 años finalmente le hice caso. Fui de extra para un casting de un comercial de banco, los descartaron a todos y se quedaron conmigo. Esto que ves es la barba y el pelo de 2015. A finales de enero me rapo todo y quedo lampiño”.

Tres palos por una foto

En los últimos cinco años, Alexis Escámez se ha dejado de afeitar desde el mes de abril (“lo primero que hace un muchacho es jalarte la barba a ver si es de verdad”) para preservar lo que queda de la utilería del espíritu navideño en stands con cajas de regalo vacías como el del nivel Terraza del Centro San Ignacio.

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Las tarifas para las instantáneas con San Nicolás, que generalmente se imprimen en el mismo lugar, están oscilando entre 3.000 y 7.000 bolívares según la ubicación del centro comercial o el formato de la imagen: las más caras vienen hasta con almanaque de 2017 incorporado.

“La mejor manera de contar una historia es a través de un recuerdo fotográfico. Una vez vino una clienta que me dijo: ‘Quiero tomarme una foto con mi bebé antes de que nazca’. Después del parto ha regresado año tras año con su hijo para irle elaborando su (registro) histórico. Pero la situación ha mermado porque la gente establece prioridades. Contrariamente a lo que algunos puedan pensar, no es mucho lo que ganamos”, lamenta Escámez, integrante de la coalición Santa Express CA.

Guapeando como los gaiteros

“Santa es venezolano y ha vivido la misma situación de todos los venezolanos. Yo también perdí peso, afortunadamente no por la Dieta Maduro sino debido a una operación en la columna. Pero en 2016 todos hemos sentido qué es llegar a casa con las manos vacías. Soy publicista y el trabajo en mi área ha ido mermando cada vez más hasta que he terminando descargando en Santa casi todo el peso de mi actividad, tratando de que sea los suficientemente productivo para poder subsistir el resto del año”, dice Henrique Losada, especie de líder del colectivo Santa Express CA e hijo de Ramón Losada, emblemático Papá Noel residente del Tolón hoy con 92 años de edad y que ya se dejó de eso de meterse por las chimeneas.

“Papá es el Santa mayor. Yo era su trineo particular. Lo llevaba en carro a todos sus trabajos hasta que empezó a llenarse de compromisos y entonces me puse mi relleno para hacerle el quite. Ahí descubrí todo lo que pica, molesta e incomoda una barba postiza. Me dejo crecer la mía propia desde julio y le hago el acondicionamiento a principios de noviembre”, relata Losada en lo que parece un argumento familiar de películas de Hollywood al estilo Ernest Save Christmas (1988).

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Según Losada, el joven, “Santa Express es un grupo que crece y se encoje. Actualmente somos cuatro fijos y tres flotantes. Generalmente nos reunimos un par de veces en el año para vernos y coordinar la temporada, pero 2016 ha sido tan atípico que nunca lo hicimos”. Tan atípico que hasta Ramón Canela, el célebre San Nicolás de la Cota Mil de 82 años, para el que su hija Beatriz tuvo que pedir públicamente medicamentos en febrero luego de una hospitalización de emergencia, postergó indefinidamente su tradicional descenso de cada primero de diciembre debido a la inclemencia del clima.

El Papá “Fidel” del CCCT

Aunque resulte insólito, uno de los decanos entre los Santas caraqueños tiene acento cubano, lo que no puede dejar de despertar un pensamiento extraño: ¿cómo habría lucido vestido de Papá Noel el hombre que prohibió la Navidad, Fidel Castro? Omar Morales es el residente del arbolito de la planta baja del CCCT, llegó a Venezuela de la isla hace cuatro décadas como un marino mercante con dominio de cinco idiomas y a sus 79 años todavía se desempeña como técnico electricista en el Ministerio de Ambiente. Cuando un elegante ejecutivo del centro comercial le pega el grito “¡Haznos un regalo, llévate a Maduro!”, Morales se limita a responder con un Jo, Jo, Jo. “Hasta Santa ha perdido peso en 2016, aunque eso me ha venido bien por la edad mía. Yo le voy a decir una cosa, joven: con todas las dificultades, Venezuela es el mejor país de Latinoamérica. En Estados Unidos hubiera obtenido la nacionalidad en cinco años. Pero no me interesa Estados Unidos. Me gusta más Venezuela. Habiendo tantas cubanas tetonas y culonas, me casé con una venezolana delgadita y sencillita”.

“Somos auténticos, reales y naturales. Mi misión número uno como Santa es transmitir confianza, empezando por los padres. Los niños por naturaleza son recelosos y un señor con un traje rojo incandescente que se ríe Jo-Jo-Jo les genera cierta reserva, que no repulsa”, resume su profesión Alexis Escámez.

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“En muchos colegios ya no pueden pagar un Santa o un fotógrafo. O sacrifican el cotillón. Pero nuestro trabajo sigue siendo transmitir alegría. Tengo que hacer el esfuerzo para mantener la sonrisa en la cara. Venezuela es un país que quiero muchísimo. Si no, no estaría aquí”, concluye Henrique Losada.

“Para 2017 hay que tener fe: enfocarnos en producir, superarnos y tener mente positiva. Hacia adelante, hermano, no nos queda otra”, se despide el Santa de El Recreo que cambió trineo por moto.

Feliz navidad. Así, sin signos de exclamación.