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Un Nobel de la Paz contra la violencia sexual

portada nobel paz
05/10/2018

El congoleño Denis Mukwege y la iraquí Nadia Murad han sido galardonados este viernes con el Premio Nobel de la Paz por “sus esfuerzos para poner fin al uso de la violencia sexual como arma de guerra en los conflictos armados”

El Comité Nobel Noruego destacó en su fallo la contribución crucial del ginecólogo Denis Mukwege  y la ex-esclava sexual Nadia Murad para visibilizar y combatir ese tipo de violencia, poniendo incluso sus vidas en riesgo.

La resolución 1820 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada en 2008, estipula que la violencia sexual “puede constituir un crimen de guerra, un crimen contra la humanidad o un elemento constitutivo de crimen de genocidio”. La violación causa cientos de miles de víctimas en los conflictos o en las campañas de opresión de las minorías en todos los continentes, pero la toma de conciencia internacional está progresando. Es por ello que los ganadores dedicaron sus Nobel a los cientos de miles de mujeres víctimas de la violencia sexual.

La Academia premia a Mukwege por tratar a miles de víctimas en el conflicto bélico en el Congo, condenar la impunidad y criticar a las autoridades de su país y de otros por no hacer lo suficiente contra el uso de la violencia sexual como arma bélica.

Por otro lado, a Murad la condecoran por lograr huir a los tres meses de ser secuestrada por el Estado Islámico junto a miles de jóvenes yizadíes, rechazar los códigos sociales que exigen que las mujeres permanezcan “en silencio y avergonzadas” por los abusos sufridos y mostrar un coraje “poco común” relatando su sufrimiento y el de otras víctimas.

Denis Mukwege y Nadia Murad se repartirán el premio, que consiste en un diploma, una medalla de oro y un cheque de 9 millones de coronas suecas -990.000 dólares-, que se les entregará en Oslo el 10 de diciembre.

Ambos suceden en el palmarés del premio a la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN), galardonada en 2017 por alertar de las “consecuencias catastróficas” del uso de esos arsenales y abogar por un acuerdo para prohibirlos.

Nadia Murad

nadia murad

Nació en 1993, en el pueblo de Kojo en Sinjar, una zona montañosa entre Iraq y Siria. Tanto ella como su familia pertenecen a los yizadíes, una minoría religiosa de etnia kurda, asentada al norte de Iraq.

En 2014, cuando tenía 19 años, el rápido ascenso del grupo yihadista Estado islámico trastocó su apacible vida. El grupo terrorista acorraló a la comunidad yazidí del pueblo, asesinando a 600 personas y tomó como esclavas a las mujeres más jóvenes. Aquel año, Murad fue una de las más de 6.700 mujeres yazidí tomadas como prisioneras por el Estado islámico.

Murad fue conducida a Mosul, bastión del Estado islámico reconquistado hace más de un año. Allí fue torturada, golpeada, quemada con cigarrillos y víctima de múltiples violaciones colectivas antes de ser vendida varias veces como esclava sexual. Además, Murad tuvo que renunciar a su fe yazidí, una religión ancestral despreciada por el Estado islámico, y practicada por medio millón de personas en el Kurdistán iraquí. Al igual que miles de otras yazidíes, fue obligada a “casarse” con un yihadista que la golpeaba.

Incapaz de soportar tantas violaciones, decidió escapar. Gracias a la ayuda de una familia musulmana de Mosul, Nadia obtuvo documentos de identidad que le permitieron llegar hasta el Kurdistán iraquí. Tras la fuga, la joven, que dijo haber perdido seis hermanos y su madre en el conflicto, vivió en un campo de refugiados en Kurdistán, donde tomó contacto con una organización de ayuda a los yazidíes. Esta le permitió reunirse con su hermana en Alemania.

Incluso hoy, Nadia Murad, al igual que su amiga Lamiya Aji Bashar, con la que ganó el Premio Sájarov del Parlamento Europeo en 2016, repite sin cesar que más de 3.000 yazidíes siguen desaparecidas y que probablemente siguen aún en cautiverio.

Actualmente es embajadora de la ONU para la Dignidad de los Sobrevivientes de Trata de Personas y milita para que las  persecuciones contra los yazidíes se consideren genocidio. Es la segunda persona más joven en ganar el Premio Nobel de la Paz, después de la paquistaní Malala Yousafzai, que lo logró a los 17 años en 2014.

Denis Mukwege

Denis M

Nació en marzo de 1955, en Bukavu, que antes era el Congo belga. Es el tercero de nueve hijos. Está casado y es padre de cinco hijos. Su padre, un pastor pentecostal, le ha inculcado la fe. Es muy creyente y “vive sus valores en todo lo que hace” y sobre todo “nunca se da por vencido”, cuenta una europea que colaboró con él varios años en Panzi.

Estudió en Francia la especialización de ginecología y obstetricia, donde también pudo trabajar, pero no lo hizo.Optó por regresar a su país y quedarse en él durante los momentos más oscuros. Volvió a Lemera en 1989, al servicio de ginecología del hospital, un centro que quedó en ruinas cuando estalló la primera guerra del Congo en 1996.

En 1999 el doctor Mukwege creó el hospital de Panzi. Lo concibió para permitir a las mujeres dar a luz en condiciones óptimas. En poco tiempo el centro se convirtió en una clínica de tratamiento de las violaciones debido al horror de la segunda guerra del Congo (1998-2003), durante la que se cometieron numerosas violaciones masivas. Su hospital ha tratado a unas 50.000 víctimas de violaciones, entre mujeres, niños e incluso bebés, a lo largo de dos decenios. Esta “guerra contra el cuerpo de las mujeres”, como recuerda el médico, continúa por la presencia de milicias en zonas del norte y del sur de Kivu.

Es bautizado como el “doctor milagro”, porque gracias a él muchas mujeres han podido recuperarse. Obtuvo el grado de profesor de la universidad libre de Bruselas, donde defendió su tesis sobre el tratamiento de las fístulas traumáticas urogenitales. Su labor le ha valido recompensas en Europa, Estados Unidos y Asia.

En 2014 fundó un movimiento feminista masculino, V-Men Congo. Además, es imagen de una campaña mundial que incita a las grandes multinacionales a controlar sus cadenas de aprovisionamiento para asegurarse de que no compran “minerales de sangre”, que contribuyen a alimentar la violencia en el este del Congo.

Su combate por la dignidad de las mujeres víctimas de los conflictos que devastan el este de la República Democrática del Congo desde hace más de 20 años lo expone a todo tipo de peligros. Una noche de octubre de 2012 escapó a un intento de atentado. Después de un breve exilio en Europa, en enero de 2013 regresó a Bukavu. No podía abandonar a sus pacientes.

Viaja a menudo al extranjero para alertar sobre la tragedia del este congoleño y denunciar el recurso a la violación como “arma de destrucción masiva” en las guerras. Entre dos viajes al extranjero, como este año a Irak para luchar contra la estigmatización de las mujeres violadas yazidíes, se ve obligado a vivir recluido en su hospital bajo la protección permanente de soldados de la Misión de las Naciones Unidas en Congo (Monusco).

El ginecólogo fue laureado con el Premio Nobel de la Paz. Mukwege se declaró “honrado” por compartir su premio con la yazidí Nadia Murat.