Newsletter

Recibe nuestro Newsletter con lo mejor de El Estímulo en tu inbox a primera hora cada día.

SÍGUENOS

Bullying: por tomarse una foto sexy

14/01/2015

Ni siquiera bajo la supervisión de padres o responsables se puede evitar el hecho de que el 2.0 logre filtrar imágenes reveladoras de aquellas personas que gustan de posar frente a sus espejos por un selfie “diferente”. El sexting, que no es otra cosa más que la divulgación de fotos con contenido erótico, se ha convertido algo bastante común en las redes sociales. En Venezuela, el acoso o abuso sexual ha incrementado en los últimos años. ¿Serán las celebridades las culpables de esto o es simplemente una moda?

Fulanita:
Estoy demasiado gorda

Mengano:
Quéeee??? Nada que ver

Fulanita:
En serio, demasiado

Mengano:
No te creo, en tu foto de perfil sales linda

Fulanita:
Jajajaja que horror, esa es del año pasado

Mengano:
Más que linda, sexy

Fulanita:
Pasado!

Mengano:
Por qué no me mandas una foto de ahorita

Fulanita:
Una foto sexy? jaja

Mengano:
Sí, una foto sexy

 

Esta conversación, en chat de teléfono, entre adultos, es solo una muestra de cómo ha contribuido la tecnología al complicado arte del flirteo. Entre menores de edad, se trata de la más oscura de las pesadillas para los padres, y la puerta de entrada a un festival de sufrimiento para el adolescente descuidado.

I

Yorbert mandó la foto. Mayerlin está angustiada, Yennifer le contó que JJ se la enseñó en su celular, y que ya todo el barrio la ha visto. Le describió la pose, el color de las pantaletas, el pezón que dejó “escapar”, y hasta los peluches que aparecían al fondo de la cama. Todo tipo de cosas pasan por la cabeza de Mayerlin. ¿Qué pensará su mamá? ¿Cómo llegará al liceo el lunes? ¿Será que el profesor Herrera también vio las fotos? ¿En qué momento se le ocurrió la burrada de mandar esa foto al Yorbert? Qué manipulador, solo porque el malandro le regaló un BlackBerry.

“Anda mami, una fotico, no te pido más nada”.

Del otro lado de la ciudad, en una casona entre campos de golf y carros de lujo, una adolescente, descubre con terror, que la foto que le tomaron la tiene todo el mundo. Aura recrea la escena una y otra vez en su cabeza. Cuando la invitaron a casa de María Luisa no sospechó nada. Mejor dicho, no quiso sospechar. Iban todas sus amigas. Había pasado el año fantaseando con el reconocimiento de ese grupo y, sencillamente, ignoró todas las alarmas que le indicaban que iba directo al matadero. Prefirió pensar que todas las burlas y maltratos eran una especie de ritual de inducción y que, por fin, había llegado el momento. Quiso creer que la foto sin ropa que le tomaron era parte del rito, y que “las demás lo habían hecho”. Eso, hasta que se vio completa, con sus tristes curvas de 14 años expuestas, no en un espejo sino en un email que había circulado por todo el colegio.

Ilustración-Fernando-Pinilla

II

La tecnología acerca a los que están lejos, pero aleja a los que están cerca. El terror que producía llamar por teléfono a una casa, para cortejar a la pretendida, es una sensación que nuestros hijos jamás podrán entender. Cada repique, tan particular en aquellos teléfonos grises de la CANTV, significaba una puntada en el cerebro, un pellizco en la epiglotis, un retortijón en el estómago. No lo sabrán. La tecnología les ha hecho un favor. Se las ha puesto fácil. Primero con la telefonía celular, que los salvó del “por favor con Fulanita”. Y luego —con el bajo perfil de un pariente lejano y poco importante—, con la llegada del mensaje de texto. Al principio, una suerte de email difícil de construir y enviar. ¿Para qué mandar un mensaje cuándo se puede hablar? No se sabía lo que vendría. SMS, BBM, Whatsapp, y sabe Dios qué nueva tecnología aparecerá. El mensaje de texto y los teléfonos “inteligentes”, cambiaron la forma de comunicarse e, incluso, de escribir. Quien teclea estas líneas tuvo su primer celular a los 18 años, en otros tiempos se le veía como un instrumento de adultos, pero visto que se han convertido en artículos de “primera necesidad”, y en la medida que se depende más de ellos, es lógico que —con la excusa de poder monitorearlos más de cerca— padres y madres permitan a sus hijos el uso del endemoniado aparato desde muy jóvenes. Endemoniado, pues por un lado es cierto que podrán llamarlos cada vez que tengan un pálpito, pero, por el otro, les dan la posibilidad de sumergirse en un mundo al cual difícilmente los padres tendrán acceso: el chat.

El chat —en su sentido más amplio— tiene una serie de variantes que, por su sensibilidad, han tomado palestra en la prensa mundial. En un reportaje para El País de España, Alejandra Agudo presenta un diccionario que sirve para aclarar ciertas dudas que puedan surgir a los neófitos de la vida cibernética, aquí una reproducción:

Sexting: enviar (activo) o recibir (pasivo) contenido de tipo erótico y sexual

“Chaturbarse”: masturbarse durante una sesión de chat o videochat.

“Cyberbullying”: acosar a través del correo electrónico, redes sociales, blogs, mensajería instantánea, mensajes de texto, móviles y páginas web mediante ataques personales.

“Grooming”: cuando un adulto acosa a un menor de edad a través de Internet para abusar sexualmente de él.

“Sextorsión”: chantajear con un desnudo compartido por Internet o mediante sexting.

“Toothing”: utilizar el bluetooth de celulares u otros dispositivos móviles para buscar relaciones amorosas con desconocidos.

Punto y aparte del tono humorístico del término “chaturbarse”, queda claro que el sexting, que en sí, y entre adultos, no es necesariamente dañino, puede convertirse en la base para distintas formas de acoso entre menores de edad. Entre las más comunes, la divulgación de fotos con contenido erótico entre compañeros, y peor aún, compartir este material con la finalidad que se “viralice” en las redes sociales.

En conversaciones con distintos profesionales de la educación media, se pudo dilucidar, que la práctica del sexting entre menores tiene que ver con un impulso que se manifiesta en la adolescencia: la búsqueda de lo prohibido. Y lo prohibido, en estos tiempos, es cada vez más difícil de encontrar. Un ejemplo ilustrativo es el fin de otro tormento del siglo pasado: la épica tarea de ponerle la mano a una revista pornográfica a los 14 años. Eso se acabó. Hoy en día, el preciado contenido se encuentra a la punta de los dedos. Es suficiente con teclear algo como Youjizz, Youporn, Porntube —o cualquier combinación erótica que se pueda armar con la palabra Youtube— para encontrarse con un mundo de desnudos, felaciones, 69s, sodomía, fetiches, etc. El fácil acceso aburre a los jóvenes internautas. Carece de pecado.

Un punto de convergencia entre maestros y psicólogos es que nadie quiere hablar de esto. El universo de padres que existe en la actualidad no tuvo que lidiar con asuntos como el sexting en su época, a lo más, el tema del sexo —ni hablar de sexualidad— se tocaba en una incómoda y, en la mayoría de los casos, muy desfasada, conversación con papá y/o mamá sobre polen, abejas, y condones. Exponer el tema no solo podría ayudar a una posible víctima, sino educar a un posible victimario. En un extraordinario trabajo para la revista Paula de Chile, la periodista Daniela González expone que en el caso del adolescente infractor se trata de “un niño que, antes de estar difundiendo o almacenando fotos y videos de alta carga erótica, debió haber recibido una mejor educación sexual”. Agrega, además, que este fenómeno ocurre porque “hay niños y adolescentes con una necesidad insatisfecha de saber de sexualidad.”

Ilustración-Fernando-Pinilla-2

III

El abogado especialista en Derecho de Familia, José Gregorio Rojas Parra, explica que esta modalidad de sexting se encuentra estrechamente vinculada al bullying —acoso. “Curiosamente, estudios determinan que el bullying es más fuerte en jóvenes de niveles socioeconómicos altos y bajos, la clase media no se encuentra exenta, pero se registran casos en menor cantidad”, comenta Rojas Parra. Continúa explicando que la mayoría de estos estudios, cuando existe una infracción legal, se manejan privadamente, y que la situación se torna sumamente compleja cuando el acoso implica distribución de contenido sexual, siendo el infractor menor de edad también.

En Venezuela, como en la mayoría de países latinoamericanos, este delito no se encuentra claramente tipificado en la ley, lo más cercano es el artículo 24 de la Ley Especial Contra los Delitos Informáticos: “Exhibición pornográfica de niños o adolescentes. El que por cualquier medio que involucre el uso de tecnologías de información, utilice a la persona o imagen de un niño, niña o adolescente con fines exhibicionistas o pornográficos, será penado con prisión de cuatro a ocho años y multa de cuatrocientas a ochocientas unidades tributarias”.

En este sentido, un estudio realizado por el Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales enuncia que las sanciones que se aplican a los adolescentes —entre 12 y 18 años— que cometan hechos punibles son: “amonestación, imposición de reglas de conducta, servicios a la comunidad, semi-libertad y privación de libertad”. Todo de acuerdo al Sistema de Responsabilidad Penal establecido en la Ley Orgánica de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes —LOPNA.

Aquí cabe la pregunta de qué le pasaría al Yorbert por haber divulgado la foto que le envió Mayerlin. Probablemente nada. Este es el tipo de delito, como en la mayoría de delitos de connotación sexual, que no se procesan porque las víctimas, por miedo a quedar expuestas públicamente, no denuncian. Además de la falta de interés de las autoridades por abordar el problema. Las leyes son simples palabras cuando no hay forma de ejecutarlas.

En cuanto al interés monetario de las autoridades, el caso de Aura sí puede ser distinto. Se han visto casos similares en que a los perpetradores de este tipo de delitos, siendo menores de edad, se les abren procedimientos, pero, normalmente, no pasa de un escarmiento y, por supuesto, por tratarse de un nivel socioeconómico alto —para ambas partes— y dada la corrupción que oxida el sistema judicial venezolano, termina por convertirse en una puja de dinero y poder entre los padres de los involucrados.

Existen opciones para limpiar el perfil electrónico de una persona, pero no es fácil. Algunas compañías cobran pequeñas fortunas por este servicio, y sin embargo, esta tarea se sale de lo tecnológico, se trata de una labor detectivesca de rastreo y negociación con portales que, por ejemplo, hayan colgado el material que se quiere eliminar, antes de que sea tarde, antes de que sea viral e irreversible.

El padre de Aura tiene dinero para costear este tipo de servicio. Mayerlin, evidentemente, no. Pero a diferencia de Aura, Mayerlin es de carácter fuerte. Es líder, una hembra alfa. Más de una vez se ha tenido que agarrar a golpes con otras por las “sinvergüenzuras” de Yorbert, y todo el mundo en el barrio sabe que ella es dura. ¿Pero lo suficiente?

En un sonado caso de bullying relacionado con la práctica del sexting, una joven de 18 años, oriunda de Ohio, Estados Unidos, se quitó la vida. Jessica Logan, popular, bella, y muy enamorada, sucumbió a la tentación de enviar una foto caliente a su novio —menor de edad para aquel entonces— en medio de una apasionada sesión digital. Como suele suceder en esas edades de amores fugaces al cabo de pocas semanas la pareja rompió. El inmaduro muchacho compartió la foto con su grupo de amigos y esta se filtró a las redes sociales. Acto seguido, Jessica se había convertido en la ramera de la escuela. Tras el acoso de sus compañeros de clase, la joven entró en una profunda depresión y acabó por colgarse con una soga en su habitación. Su estatus de chica popular y dura nada influyó para evitar el dramático desenlace.

Aura, por su parte, está sola. Siempre ha estado sola. Tiende a caer en este tipo de trampas por cuestiones de aceptación. Le comunica muy poco de lo que le ocurre a sus padres. Ellos saben que es introvertida y que tiene ciertos complejos por su aspecto. “Qué fuerte le pegó la adolescencia”, piensan ellos, “ya florecerá, ya se le pasará”. Como el caso de Mayerlin, el de Aura encuentra espejo en una triste historia, lejos de El Caribe. En la costa Oeste de Canadá, en la pluviosa ciudad de Vancouver, Amanda Todd, tras haber sido conminada socialmente para que mostrase su pecho desnudo en un videochat, fue acosada con burlas de múltiples usuarios de Youtube y de gente que la rodeaba. No resistió la presión y se suicidó. Una burla es inofensiva, pero esa misma burla, multiplicada por mil, es una guillotina.

Los mundos de Aura y Mayerlin difícilmente se tocarán y, sin embargo, son hermanas en su dolor. Y todo por una foto sexy.

Celebridades al desnudo

candanga

Aunque no se puede comprobar que Kate Upton o Jennifer Lawrence enviaron imágenes prohibidas a algún pretendiente, el hecho es que sí se filtraron y han causado revuelo en las últimas semanas. Los audaces hackers han penetrado en la privacidad e intimidad de un sinfín de personalidades del espectáculo sin razones explícitas. Un caso importante fue el de Kirsten Dunst, la atractiva Marie Antoniette de Sofia Coppola, quien “al parecer” posó frente a su cámara sin más nada que su pelo rubio.

La actriz ha respondido ante esta situación en su cuenta de Twitter con un “Gracias iCloud” seguido de dos emoticones: un trozo de pizza y un excremento. Haciendo referencia a este servicio del gigante Apple, se pone en evidencia la realidad Hollywoodense.

Sin-título-1

Ilustración: Fernando Pinilla