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Una patada a la pobreza

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22/10/2015
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COMPOSICIÓN FOTOGRÁFICA: MERCEDES ROJAS PÁEZ-PUMAR

Un viaje a Grecia fue la razón que dio como resultado una reflexión desoladora: el monólogo de la pobreza de los venezolanos. La conclusión es que no hay mucha diferencia entre las miserias nacionales e internacionales

Me encuentro de viaje por Atenas. Por las noticias me he enterado de que hay una gran crisis en el país helénico. Ahora, viniendo de Venezuela, cuya idea de crisis comprende pedirle a las embarazadas las ecografías para comprar pañales en una farmacia, Grecia es un paseo.

Tan espectacular locación no he visto en mi vida. Las imágenes de La Acrópolis que solía ver en el librito amarillo de Historia Universal de Áureo Yépez Castillo en bachillerato se convierten en realidades. El Partenón puede estar bajo andamios y la mayoría de las esculturas griegas en Gran Bretaña, pero no deja de ser una ciudad que me quita el aliento.

Mientras camino hacia las ruinas del Templo de Zeus Olímpico —en algún momento de la historia el templo más grande de Grecia— me topo con una pedigüeña arrodillada en la calle. Es una de esas mujeres con nacionalidad indiferente, trajeada como si no se hubiera enterado de que la I Guerra Mundial culminó. Frente a ella yace un vasito de café que vio mejores tiempos en las manos frías de algún cliente pudiente y que lo lanzó a la basura sin pensar que algún día sería la alcancía de una pordiosera.

Al pasar cerca de ella, la mujer levanta sus manos en ayuda. Unos aullidos, que no entendería ni Zorba, me conmina a que la ayude con un poco de cambio. Normalmente lo haría, pero cuando se viaja con un presupuesto Cencoex todos los euros cuestan. Hasta eso ha hecho el gobierno de Nicolás Maduro con un absurdo control de cambio: encarecer la caridad.

Con lo que no cuento es que mi compañero de viaje, que viene detrás de mí, anda perdido en la nebulosa, pateando piedritas en el suelo como suelen hacer los turistas que no pueden ver un templo más. Por infortunio y sin intención, patea el vaso de café de la señora y las patéticas monedas que hay dentro vuelan por el aire cayendo por doquier.

La cara de ella es de horror. Arrodillarse en la calle a pedir dinero implica una lamentable falta de dignidad, pero que venga alguien, así sea sin intención, a patearte la alcancía de la es una tremenda patada a la pobreza. Muertos de la vergüenza, los dos nos arrodillamos frente a la señora para recogerles sus monedas y compensar el impasse con un billetico de cinco euros. 4.500 bolívares la gracia. Euro paralelo por supuesto. Los mendigos no aceptan tarjeta del Banco Bicentenario. Nosotros, el otro tipo de mendigo que hay en el mundo, sí.

En realidad no hay mucha diferencia entre esa señora y los venezolanos a la hora de obtener un ingreso. Ella apuesta por la caridad de los turistas y nosotros por la caridad del gobierno represor. Solicitar una autorización para utilizar nuestro dinero en el exterior implica también arrodillarse con un vasito en la mano. ¿O no son los montos Cencoex una especie de limosna? “Toma para que te quedes callado. Toma para que yo no me sienta mal. Toma para que no digas que no soy benevolente”.

Igual sucede con el mercado. ¿Dos panes de canilla, un pote de aceite y medio kilo de azúcar son o no son limosna? ¿Es hacer una cola para obtener un producto otra forma de miseria o no? ¿Es enseñarle un eco a una cajera que no tiene por qué verle las entrañas a nadie una pérdida de la dignidad de la embarazada o no? No será pobreza de calle, pero tampoco es riqueza lo que vivimos los venezolanos.

Muy probablemente la señora pedigüeña utilizó parte de los cinco euros que le dimos para comprar dos panes de canilla y un pote de aceite porque eso es lo único que podía comprar. Ahora, ¿no hacemos nosotros lo mismo todos los días de nuestras vidas, independientemente de nuestro poder adquisitivo? Cuando se hace una cola por un pote de leche o una carpeta para pedir nuestro dinero ante un ente público que nada tendría que ver con el manejo de nuestros ingresos en un clima económico normal, ¿no estamos siendo pateados igual?