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¿Y después de la MUD, qué?

Capriles Ramos BBC
02/11/2017
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FOTOGRAFÍA: BBC

La alianza opositora atraviesa su peor crisis, abriendo cicatrices desde 2014 y añadiendo nuevas heridas al liderazgo, con autoflagelación. Es la noche de los cuchillos largos dentro de la MUD, y mientras el chavismo se arrellana en el poder los opositores buscan recomponerse. Cómo y con quién, es parte del debate

Q

ue la oposición venezolana se haya organizado bajo el nombre Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha facilitado la asociación de imágenes, los recursos retóricos y hasta la chanza. La alianza partidista está conducida, principalmente, por cuatro partidos, o a la vez patas. Cuando los acuerdos internos son de facciones y no en conjunto, puede decirse que se hicieron “por debajo de la mesa”. Y hasta los amagos de renuncia, como la del exgobernador de Miranda Henrique Capriles, se reducen a “no me siento allí”, si no se cumplen sus condiciones.

Pero la conducción política es un asunto serio, y no una mueblería. Venezuela asiste a la implosión de la MUD, con algunos de sus propios dirigentes denostando de la coalición y otros tantos revelando intimidades, “dejando en la calle” a otros y lanzando sendas puyas a quienes fueron compañeros de fórmula y de fotografías hasta “antier”. Las causas, es lo evidente, están en la juramentación ante la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) de cuatro de los cinco gobernadores opositores electos, todos de Acción Democrática. Aunque el mar de fondo tiene más tiempo.

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Algunos podrían buscar ese punto de desencuentro y errores el 15 de octubre, con la derrota electoral a lo largo del país y con la última reunión de los partidos, como reveló José Ignacio Guédez, exsecretario de la Asamblea Nacional e integrante de la dirección de La Causa R, al revelar que no se hablaban puertas adentro desde la noche electoral. Quien viaje más al pasado encontrará, como ha señalado María Corina Machado, el 16 de julio, la consulta popular y el mandato “desoído” del pueblo. También se pudiera escudriñar y llegar a las cicatrices que dejó la decisión de acudir a los comicios regionales luego de tanta calle y muertos. Si alguno más se atreve a seguir recordando, llegará incluso al conflicto post electoral de 2015 cuando Henry Ramos desconoció el acuerdo previo para la Junta Directiva del Parlamento y coló otro pacto con Voluntad Popular para convertirse en jefe del Poder Legislativo, como denunció Capriles al acusarlo de querer ser candidato presidencial a toda costa. Hay toda una cartografía de culpas.

Un desbarajuste que, cual bola de nieve, se ha llevado por delante la coherencia, las afinidades y los acuerdos. Se habla del fin de la MUD, de su muerte o del cierre de su ciclo político, como apuntó Henri Falcón.

Víctor Maldonado, analista político y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, cree que la defunción de la Unidad “comenzó hace mucho tiempo”. Considera que no logró ser más que una coalición de partidos políticos con “una lógica sectaria, prepotente, arrogante”. El crítico asoma que, aun sobreviviendo al vendaval de la opinión pública y el varapalo electoral del 15 de octubre, “será garante de fracaso sistemático” pues hace falta una nueva entidad “con oído grande, boca chiquita y manos para la ejecución”.

Al politólogo John Magdaleno le parece que un debate sobre la estrategia debe darse, ahora con el añadido de que, probablemente, sea bajo un nuevo modelo organizacional. El asunto lo planteó el propio Gerardo Blyde la noche de los sufragios al llamar a definir un rumbo. “El llamado es responsable en que lo conducente es que los principales líderes se sienten a analizar el tema con detalle y se medite, reflexione y discuta cómo promover el cambio político”, considera Magdaleno.

A juicio del académico, las condiciones para tal cosa están dadas: “Me parecería lamentable que algunos actores intenten aprovechar un momento como este, que es delicado, para posicionarse con un cálculo pequeño sin que medie una evaluación”.

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En septiembre pasado, Jesús “Chúo” Torrealba clamaba porque la MUD hiciera un balance de logros y fallas, como “la clase política no quiso a final de 2016”. Decía entonces que era “obligante” ante el peligro de no entusiasmar al electorado como en 2015 –vaya profecía– y “especialmente porque no está planteado descabezar liderazgos sino reforzarlos y fortalecerlos”.

Pero luego de las elecciones, Guillermo Aveledo Coll, politólogo y profesor de la Universidad Metropolitana, opina que ahora sí “debemos prever una radicalización del discurso de los voceros opositores” pues hay “heridas que quedan de 2014 que sólo se han recrudecido” y la consecuencia será que “alguna cabeza rodará”. Lo que nadie se esperaba es que las guillotinas se alzaran desde la propia dirigencia. “¿Tienen tiempo para esta diatriba? Hay nuevos cuadros de importancia, con los gobernadores recién electos. Mejor una reflexión honesta y descarnada de las limitaciones, y la inclusión de los críticos, que un comienzo desde cero. ¿Cuáles críticos? Depende de la orientación que desees dar a la Unidad, dado que ha sido un par de años de ambigüedad insatisfactoria tanto para moderados como para disidentes más radicales”, apunta Aveledo.

Desde el ombligo

Todos los líderes opositores hablan de recomponerse, de inclusión, de ampliación, aún con dardos en la mano. Henrique Capriles cree que “llegó el momento de sacar el tumor; de que todos los que nos unimos por el cambio del gobierno reconstruyamos la unidad”. Lo dijo luego de acusar de felonía a Henry Ramos Allup y a Acción Democrática.

El adeco, por su parte, afirmó que la crisis interna de la MUD “venía desde hace tiempo” y que el episodio de los gobernadores electos fue tan solo “la chispa” que hizo explotar el polvorín. “Muchos ven esto como una oportunidad de oro para tirotear a Acción Democrática. Debo lamentar que ante la crisis del país nos disparemos entre nosotros”.

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El exgobernador Henri Falcón señaló a Primero Justicia y a Voluntad Popular por su derrota en Lara y afirmó que “no se puede construir una plataforma unitaria a través del sectarismo y las imposiciones. Hay que ampliar y replantear la unidad”, escribió en su cuenta de Twitter. “Hay dirigentes en la MUD que no aceptan opiniones distintas; responden con pataletas y niñadas; ¿cómo será gobernando el país?”, sumó.

Desde Un Nuevo Tiempo, Stalin González llamó a “recomponernos y saldar las viejas discusiones para avanzar” pues “con la Unidad hemos obtenido triunfos, es el bien que hemos construido entre todos y no podemos tirarlo por la borda”. El diputado y jefe de bancada opositora en la Asamblea Nacional, afirmó que la crisis actual es consecuencia “de haber eliminado la figura del secretario ejecutivo porque hay cuatro partidos, algunos se sienten más grandes que otros, y necesitas a alguien que tenga la autoridad para sentarlos”. Incluso Andrés Velásquez afirma en una entrevista con TalCual que “se agotó la MUD del grupo de los 4. Tenemos que rehacer una unidad mucho más sólida”.

La pregunta es, cómo y con quién se produce esa reconstrucción. El politólogo Joaquín Ortega apunta que la MUD se vendió muy bien como coalición electoral, pero “cuando un gerente o un equipo no cumplen las metas, deben renunciar para darle paso a otros directivos con ideas frescas”. Maldonado echa leña al fuego: “Si los partidos políticos alrededor de la MUD quieren seguir teniendo sentido y resonancia, tienen que mostrarle al país un nuevo roster de dirigentes y una conducción con nueva mesa técnica y estratégica, diferente a la que nos llevó a este desastre”.

La alternativa #SoyVenezuela

Soy Venezuela “es una plataforma de lucha frente a una dictadura cuando la ruta no es necesariamente o exclusivamente electoral. Es el punto de encuentro de quienes decidimos reivindicar la lucha, con una enorme apertura, para crear una coalición alrededor de valores”. Así presenta María Corina Machado a Clímax la plataforma a la que comenzó a darle forma desde septiembre. Su diagnóstico establece que el gobierno tiene tres objetivos: “Que la gente crea que aquí no hay nada que hacer, y eso implica una estampida de gente yéndose o silenciándose, que el mundo crea que esto se ha normalizado, y conseguir más dinero al obligar a reconocer a la Constituyente. Si logras quebrar a todos los sectores de la sociedad, llegas al plano de la sumisión total”.

Ante eso, la fundadora de Vente Venezuela, un partido no reconocido por el Consejo Nacional Electoral, plantea la “rebelión” con tres propósitos: “Promover la salida del régimen y la restitución de la República lo antes posible, construir una coalición ciudadana donde puede estar todo el mundo y organizar a la diáspora para coordinar a la sociedad toda en una misma dirección”. A su juicio, la Mesa de la Unidad no es más que una plataforma de partidos políticos cuyos plazos no son tan urgentes.

El politólogo Víctor Maldonado cree que Soy Venezuela pudiera sustituir a la Mesa de la Unidad “solo si no comete los mismos errores, se abre a la sociedad civil y a la nueva geometría del poder, donde no concentre a partidos políticos sino que ellos sean los dinamos de las expectativas de la sociedad” pues “aquí hay muchas voces que no encuentran resonancia digna en la MUD”. Su colega Guillermo Aveledo duda que esa sea la voluntad de la plataforma, y prevé que “será difícil ganar al electorado opositor más moderado, y al chavismo descontento cuya abstención dejó de ocurrir”.

Joaquín Ortega condiciona el crecimiento de Soy Venezuela a su propia capacidad de ampliación, y dice que Machado, para ser la líder que lleve adelante un refrescamiento de la actividad política, “debe salir del cono de silencio que sus pares y algunos medios insisten en ponerle encima, debe ser más visible su itinerario de conversación en el interior del país”. Magdaleno apunta tarea y desafíos tempranos del movimiento: proponerle al país una estrategia alternativa a la que la MUD ha propuesto y que empiece por reconectar a sus líderes con la mayor parte de la opinión pública, que es un problema de partida”. Se refiere, por supuesto, a la “pegada” que tiene el liderazgo de María Corina Machado y Vente Venezuela, génesis de Soy Venezuela.

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En la última encuesta Datanálisis, de octubre 2017, el partido político mejor valorado es la Mesa de la Unidad, con 19%, seguido del PSUV con 15,5 puntos. Luego de una amplia brecha, aparecen empatados AD, PJ y VP en 2,5%, seguidos de UNT, Avanzada y Copei. Vente Venezuela apenas agrupa 0,3% de las menciones de preferencia. Todo ello, antes de la fiesta de acusaciones en la Unidad y el aparente descalabro de la alianza. No es gratuito que Stalin González insista en que “la Unidad es el mayor activo que tenemos, destruirla no tiene ningún sentido”.

Pero Soy Venezuela no es la única alternativa. No solamente dentro de la MUD se reconsideran posiciones y nuevas alianzas –como un acercamiento entre Avanzada Progresista, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo– sino que personalidades como Miguel Rodríguez Torres arman sus propios grupos. El exministro encabeza el Movimiento Desafío De Todos y llama a construir un cambio en el país. Este 26 de octubre, metió cizaña: “Hubo negociaciones entre partidos. Psuvistas tuvieron que votar en las elecciones internas de la MUD por candidatos de AD”, dijo.

La orilla de las elecciones

Para que la situación del país mejore es necesario un cambio político, con una participación masiva en unas eventuales elecciones presidenciales, dijo Rodríguez Torres. La Causa R se decanta por reagrupar a la oposición y escoger, desde ya, un candidato presidencial, pensar de una vez en ese escenario electoral y no en las próximas municipales. En UNT, Stalin González advierte sobre las consecuencias que puede tener la pelea opositora en las elecciones presidenciales si la dirigencia no logra conciliar.

Pero la ruta de los votos está desprestigiada, por la certeza de que no habrá condiciones para competir con posibilidad de ganar, bajo el fantasma del fraude. “Está muy debilitada, pero tampoco hay alternativa realista. Hay que fortalecerla con presiones para mejoras de condiciones electorales. ¿Será posible?”, se pregunta Guillermo Aveledo. Víctor Maldonado responde: “El gobierno ya no está dispuesto a medirse en elecciones limpias y prepara la simulación perfecta. Frente a una dictadura totalitaria de izquierda no hay una salida electoral sino estratégica, donde el plano institucional, internacional y cívico se conjuguen”.

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John Magdaleno se refugia en los antecedentes. En 50 transiciones que ha estudiado, la mayoría (34) han sido negociadas y solo 16 por “colapso militar”, la mayoría en el siglo pasado. “Lo que sugiere que es cada vez más complicado que un régimen autoritario sea desalojado por fuerza militar, pues los autoritarismos de nuevo cuño intervienen las fuerzas armadas de primeras”. El profesor insiste en que “no es verdad que dictadura no sale con votos, hay experiencias históricas donde una consulta electoral precipita la transición hacia la democracia”.

María Corina Machado sostiene que en la ruta electoral “siempre ha habido unidad, aún con distintos puntos de vista”, pero “para sacar a la dictadura no solo necesitas unidad sino una política efectiva porque si las fuerzas se unen en la dirección que no lo es, la dictadura se queda”.

Guillermo Aveledo aboga por ver el escenario y sus nuevas características, especialmente el legado más preocupante del 15 de octubre: “El éxito del CLAP como medio de coacción/premiación, que aceitó la maquinaria estatal para explotar políticamente la carestía de los hogares. Es una herramienta diabólica, puesto que el gobierno genera la crisis y se alimenta de ella”. Y añade, tajante, que “si algo confirma esta elección, no obstante las dudas con sus resultados, es que no hay modo en que una sola fuerza opositora pueda enfrentarse directamente al Estado-PSUV. Llámele como le llame, alguna fórmula de unidad opositora es necesaria”.