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Cierran colegios y aumentan deserciones en medio del colapso de Venezuela

Andrea Hernández | El Estímulo
13/07/2018
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FOTOGRAFÍA: ARCHIVO | EL ESTÍMULO

Los colegios privados hacen maromas para afrontar su segundo ciclo escolar en hiperinflación declarada. La ola del a crisis ya se ha llevado al menos 15 instituciones a lo largo del país en los últimos meses. Los que se mantuvieron de pie observan, pero no se quedan pasivos: padres, representantes y directivos toman acciones para seguir impartiendo clases. Dicen que, a pesar de todo, la educación es la prioridad.

Resiliencia es una palabra de once letras que engloba infinidades de caminos para aquellas instituciones y personas que apostaron por resistir a la crisis en Venezuela. Múltiples son las estrategias empleadas por los colegios privados para mantener los estándares de calidad que buscan esos planteles.

Sin embargo, la lucha por resistir ya cobra sus primeras víctimas. Al menos 15 colegios privados cerraron durante el ciclo 2017-2018 como consecuencia de la crisis económica, la fuga de educadores hacia otros países, los controles oficiales y la incapacidad de los representantes para asumir los constantes incrementos de la matrícula escolar generados por la espiral inflacionaria, según fuentes del sector.

Alejandro Conejeros, presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Privadas (Andiep), ofreció a El Estímulo esta cifra, precisando que cinco de las instituciones cerradas en el último año escolar son de Carabobo; el resto están en Nueva Esparta, Aragua y Bolívar entre las 187 escuelas que componen esa agrupación.

Si bien no aparece en el balance ofrecido por el presidente de la Andiep, los colegios privados del Distrito Capital también muestran los síntomas de la crisis. El bachillerato del colegio Promesas Patrias, ubicado en Colinas de Bello Monte, dejó de dar clases meses antes de julio, obligando a cientos de estudiantes de zonas aledañas a buscar otros planteles.

Profesores del colegio Santa Rosa de Lima, en la urbanización caraqueña del mismo nombre, dijeron que la institución decidió reducir el número de secciones; mientras en el Colegio San Ignacio de Loyola, de Chacao, los padres de los alumnos recordaron haber plantado cara ante la falta de maestros de materias específicas: muchos se dedican a impartir clases a cambio de un descuento en las abultadas cuotas de pago de sus hijos.

La crisis en Venezuela es democrática, por eso ni las instituciones subvencionadas escapan del drama.

Luisa Pernalete, coordinadora de Educación para la Paz de la red educativa Fe y Alegría, afincada en zonas pobres, explicó cómo la institución impulsa diversos programas para atacar el avance del ausentismo de alumnos y profesores; llenar los estómagos vacíos de niños y madres en pueblos y barriadas; así como garantizar un cuaderno nuevo para un escolar cuando finalicen las vacaciones.

“La tarea es dura, pero no nos amilana. Estamos coordinando con muchas personas para mantener abiertos algunos colegios para combatir el hambre, un aliado de la delincuencia. Desde julio tenemos una campaña para recaudar fondos que nos ayuden a tener los útiles escolares. Igual hacemos con los pupitres, que cuestan muchísimo”, explicó Pernalete a El Estímulo.

El ausentismo escolar es un problema mayor para Fe y Alegría, pues acabó el año escolar entre el 15% y 30% de la lista de estudiantes. De un salón compuesto por 35 alumnos, hubo casos de cursos que terminaron con cinco o seis escolares, por diversas razones que van desde la falta de comida, problemas para llegar a los colegios o falta de jabón y agua para lavar los uniformes, explicó la coordinadora nacional.

Según Pernalete, esta realidad se ve con mayor énfasis en las regiones fronterizas de Venezuela. Hizo hincapié en los planteles del pueblos mineros del sureño estado Bolívar, donde adolescentes y maestros abandonan las escuelas para irse a buscar minerales en los yacimientos ricos en oro o diamantes.

La diputada de la Asamblea Nacional Melva Paredes explicó que el Parlamento publicará un informe sobre la crisis educacional en Venezuela. Ubicó la deserción de maestros en 60% en planteles públicos y privados. El problema es grave en profesores de materias como matemática, física, química y biología; algo que ha sido negado por el ministro de Educación, Elías Jaua.

Estos profesores cuando llegan a otros países del cono suramericano los contratan sin mucho problema por su capacidad”, afirmó la legisladora.

Paredes hizo énfasis en que los sueldos de una docente de institución pública y privada no distan mucho entre si, sin embargo a un profesor que trabaje en una institución de Andiep gana 45 millones de bolívares mensuales y la expectativa de la institución según Conejeros es llegar a la mitad de la canasta básica, que pasó en junio los 300 millones de bolívares.

-Dólares para capear la crisis-

En algunos colegios la crisis se capea en divisas. Si bien el ministerio de Educación impide el pago en dólares, en algunas instituciones se cobran cuotas especiales avaladas por las asociaciones de padres y representantes en dólares para asumir los embates. Esto fue confirmado a El Estímulo bajo condición de anonimato por padres y representantes de instituciones privadas como el Jefferson o el Humboldt.

Las cuotas especiales van destinadas para cubrir necesidades básicas de las instituciones. Un bombillo que falta o el daño de un aire acondicionado se convierte en un problema cotidiano y real para los grupos de padres y la directiva de cada institución.

Las rifas, las donaciones de un representante o empresa y las colectas han servido para atender estos problemas. Así se maneja en el colegio Santo Tomás de Aquino de Chacao, según contaron padres de niños de preescolar de la institución.

Conejeros explicó que la manutención de un aula es costosa. “Cambiarle el compresor a un aire acondicionado cuesta 2 mil 500 millones de bolívares, adicional a esto se le debe poner el gas y son 360 millones más, un pupitre nuevo 65 millones de bolívares, un bombillo 12 millones 700 mil bolívares, pero un aula necesita alrededor de 32 y si se trata de dotarlo con un video beam y una laptop para tener clases modernas habría que invertir 1.600 dólares ¿quíen puede con esto?”, expresó.

Con costos que van desde los seis millones hasta los mil dólares las posibilidades de los padres de darle una educación privada a sus hijos se dificulta y para un venezolano que gana sueldo integral (cinco millones 196 mil bolívares) es imposible.

Carlos Arteaga, padre de dos adolescentes que estudian en el colegio La Salle de La Colina, expresó que cada vez se le hace más difícil asumir los sostenidos incrementos de las matrículas. Recordó que en siete meses debió asumir el aumento de las mensualidades, atendiendo los aumentos de salario mínimo decretado por el gobierno.

Sin embargo, Arteaga dijo que asumirá los costos para mantener a sus hijos dentro de la educación privada. “Para mi la prioridad es la educación de mis hijos porque es el único arma que tenemos para defendernos de este gobierno, sin ella no somos nada”, explicó.

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