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Educación en hiperinflación: el impacto que oscurece un camino soñado

Aula
19/11/2018
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FOTOGRAFÍA: ARCHIVO EL INTERÉS

Venezuela arrastra problemas en materia económica producto de políticas desacertadas por parte del gobierno del presidente Nicolás Maduro, sucesor del fallecido Hugo Chávez, con quien comenzó a agudizarse la situación. Sus estragos en la educación, como en cualquier ámbito del país, golpearon con fuerza suficiente para mandar a la lona a los afectados.

Desde temprana edad, Ricardo Castro y su familia lo tenían bastante claro: pese a que creció practicando deportes, la meta era obtener un título universitario. Así, luego de finalizar el ciclo de bachillerato, dio marcha a sus estudios en ingeniería de producción en la Universidad Metropolitana; sin embargo, ni él ni su familia lograron aguantar la embestida de la crisis económica que vive el país, viéndose obligado a abandonar los estudios.

Venezuela entró en hiperinflación hace ya un año. En el penúltimo mes de 2017, la firma de asesoría económica y financiera Econométrica, detalló que la inflación de octubre de dicho calendario en Venezuela fue de 50,6% respecto del mes anterior, rebasando por primera vez en su historia el umbral del 50% mensual.

La situación, que ya se asomaba ante el aumento imparable de los precios hacía meses, terminó de hacerse oficial por motivos técnicos, dando el golpe de gracia a varios de los que, sea cual fuere su proyección, tenían un norte definido.

En el caso de Castro, el sacrificio fue el de dar el paso al costado en el campo académico, “porque con el sueldo de mis padres, más trabajos pequeños que yo estaba haciendo, no daba suficiente para costearlos”. Para 2017, la unidad de crédito tenía un valor de 101.000 bolívares fuertes, mientras que el salario mínimo de agosto estaba valorado en BsF 97.000. Para la fecha, el ciclo 2018-2019 abrió con la unidad a 567,3 bolívares soberanos, con el salario a BsS 1.800.

“Hoy en día, conseguir un trabajo de medio tiempo y a la vez estudiar, está complicado. O trabajas o estudias, pero aún así es poco probable que el sueldo alcance para pagar los estudios y sobrevivir”, señaló el joven, quien planea emigrar en los próximos meses.

El efecto de la hiperinflación, un año después de su puesta en escena en el país, ha sido “demoledor”. Así lo definió el profesor Carlos Delgado Flores, integrante del Centro de Investigación de la Comunicación de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

A juicio del profesional, el resultado, sumado a las medidas económicas puestas en práctica por el gobierno, con la entrada de un nuevo cono monetario que eliminó cinco ceros al anterior, ha llevado a dicho proceso económico a acelerarse.

De acuerdo con el Banco Mundial, la inflación interanual en el país en septiembre de 2017 a 2018 alcanzó la cifra de 500.000%. Para el organismo, a través de un reporte sobre la migración venezolana instalada en Colombia, “la crisis económica de Venezuela puede ser catalogada como una de las más severas de la historia económica reciente”.

Esto tiene su propio nicho en el sector educativo, pues los costos de los institutos privados han llevado a muchos a replantearse su continuidad en centros de este tipo.

Para Delgado Flores, esto ya es una realidad. “Ha mermado”, manifestó el catedrático al ser preguntado sobre si ha visto disminuir la inscripción de alumnos para el presente ciclo. Asimismo, recordó que “el rendimiento cae porque, psicológicamente, es un peso muy grande, una medida de supervivencia” y “se ve en todos: estudiantes, profesores y empleados”.

Para el profesor, este reto es aún mayor, pues debe ser el impulsor intelectual de las nuevas generaciones sin contagiarse de una problemática que incide sobre todos, y donde debe dejar a un lado esta situación para proponerse la consolidación académica de los estudiantes.

“Trato de enfocarme en aquellas tareas para las que tengo vocación”, afirmó. En este punto, a su juicio, entra un esquema en el que priva su labor por encima de lo económico pese a denunciar la forma en que el Ejecutivo ha manejado el asunto. “Más dinero no es un incentivo. El dinero es una mercancía que sirve para comprar otra. Si lo concibes así es como que te den un bono para que lo gastes en lo que más quieras, pero el problema no es lo que más quieres si no lo que necesitas. Si el salario es necesario, entonces no puede ser un incentivo”.

Ciclo básico

La hiperinflación no discrimina. Para los más pequeños y su desarrollo educativo, este caso ha golpeado con fuerza. Al inicio del año escolar, la lista de útiles oscilaba los BsF 130.000.000 y BsF 200.000.000, el equivalente hoy a entre BsS 1.300 y BsS 2.000. Sin embargo, el fenómeno ha llevado a que, si para esta fecha tocara adquirir las herramientas de la lista, el salario mínimo alcanzaría para un par de libretas.

Otro reto, ahora desde el lado de los encargados de los colegios, radica en la regularidad de la nómina. Con la crisis, el éxodo. Según datos de la ONU, desde 2014 han salido del país al menos 2.3 millones de venezolanos. Para el sector educativo esto los ha arropado al punto de señalar. Según manifestantes el pasado 31 de octubre en la sede del ministerio de Educación, aproximadamente 40% de la plantilla de profesionales está fuera de nuestras fronteras.

Entre cuotas especiales y constantes asambleas para aplicar paliativos en pro de mantener atados a sus profesionales, las instituciones privadas hacen malabares para apartarse en la mayor medida posible de la problemática.

En el caso de padres y representantes, la política de reciclaje de se ha impuesto como la norma para evitar ser atropellados por la bola de nueve que rueda a fuerte velocidad desde el punto más alto de la montaña. Usar el uniforme del año pasado, o tomar uno donado por algún amigo o familiar ha sido una práctica común. Incluso, el pasado 1 de agosto el alcalde del municipio Chacao, Gustavo Duque, informó en rueda de prensa que los colegios municipales no pedirían de manera obligatoria a sus estudiantes usar el tradicional uniforme escolar, decisión tomada “en virtud de la situación económica” del país.

La crisis, como agua que toma cualquier forma para alcanzar todos los rincones, parte como el obstáculo a superar a nivel colectivo. Sobre esto, en la búsqueda de no dejarse llevar por sus estragos, pregona Delgado Flores.

“Al final del día, esta crisis nos está llevando a todos a replantearnos las cosas y esa es una oportunidad de aprendizaje (…) la cosa es que estemos tomando nota de la lección”, sentenció. “La primera cosa que le digo a mis alumnos es que hay que dejar de ser realistas. Tenemos un realismo ideológico que no nos permite soñar en paz y hay que soñar”.

A pesar de los problemas y su impacto sobre el país, lo más sensato, para el profesor, es mantener un norte definido.

“Si no tienes un sueño, estás muerto”, cerró.

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