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Escasez y contrabando, dos caras de la gasolina gratis en Venezuela

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19/06/2019
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FOTO: DANIEL HERNÁNDEZ

La escasez de gasolina que sufre toda Venezuela se agravará porque no hay inventarios y se han desplomado las importaciones desde Estados Unidos. Hasta comienzos de este año esa era el principal fuente de un producto que es entregado gratis para el Estado y genera cientos de millones de dólares ganancias en el mercado negro y en el contrabando a manos de militares, según fuentes consultadas por El Estímulo.Según varias fuentes, esta escasez de combustibles no es para nada puntual sino estructural. El problema no es mayor porque la economía ya está paralizada por una brutal depresión económica que en cinco años ha pulverizado la mitad de la riqueza en forma total de bienes y servicios medidos en el Producto Interno Bruto (PIB).

El mercado interno era de unos 600.000 barriles por día, ahora está en torno a unos 200.000 bpd, de los cuales entre 20% a 25% se va vía contrabando, destacó un reconocido economista que prefirió el anonimato.

Por su parte, cálculos manejados por el diputado de la Asamblea Nacional Luis Stefanelli, de la comisión de Energía y Petróleo, indican que hoy se están consumiendo entre 70.000 y 100.000 bpd  de gasolina y entre 50.000 y 70.000 bpd de diesel.

Históricamente esta economía empleaba entre 280.000 y 300.00 bpd de gasolina y 190.000 de diesel.

Hoy se estima que solo está operando en Caracas 30% del parque automotor registrado, lo que ha permitido atenuar la crisis de combustibles.

Paralelamente se mantiene en boga una industria del contrabando tan fuerte que presiona con sus intereses para que la gasolina siga siendo más que gratis.

“Por concepto de contrabando hacia Colombia o vendido en alta mar, las estimaciones conservadoras de Pdvsa refieren unos 100 mil barriles de petróleo por día, unos 45 mil barriles de combustible/día”, decía hace casi un año en un acucioso estudio el chavista Haiman El Troudi, ex ministro de Transporte  y Obras Públicas.

Esa cantidad que se va de contrabando ahora hace mucha falta y se nota más, mientras ciudades enteras como Maracaibo, San Cristóbal y Maturín están prácticamente paralizadas con colas de vehículos durante de varios días para repostar combustibles.

Hace casi un año, en agosto de 2018, Nicolás Maduro amenazó con llevar los precios del combustibles a niveles internacionales. Nunca se atrevió a hacerlo, según algunos analistas, porque eso implicaría desafiar el poder de mafias militares que controlan de este lado el contrabando de extracción.

Ahora que el país esté en bancarrota, con una deuda externa de $152.000 millones, la mayor parte en default (impagos), sin fuentes externas de financiamiento y con presiones sociales crecientes por la escasez de alimentos y medicinas, el régimen deberá ponderar mejor sus decisiones.

Por ejemplo, ya no puede comprar esa gasolina con créditos de más de 30 días.

Es obvio que a quienes ejercen el poder armado no les conviene un aumento de los combustibles, aunque esa medida significaría conseguir dinero por ejemplo para atender los quebrados hospitales públicos, donde son frecuentes las muertes de pacientes no tanto por las enfermedades sino por falta de tratamientos.

“Ahora Maduro debe ponderar que le conviene más a él: si todo un país parado o la renta de un grupo… No es fácil la decisión para Maduro”, señaló un economista.

Dólares al aire

Con el colapso de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) en medio de una corrupción generalizada, ineficiencia gerencial y la obligación impuesta a la empresa de servir de brazo ejecutor de las políticas populistas y electorales del chavismo, este país está más vulnerable que nunca y sin fuentes estables de energía.

Ahora, con la plena entrada en vigencia de las sanciones aplicadas por Estados Unidos al régimen de Maduro en represalia por los atentados contra la democracia y los derechos humanos, se detuvo el flujo de gasolinas terminadas y de insumos desde ese país para abastecer el mercado local.

Entre enero y marzo de 2018 ese suministro de productos desde EE.UU promedió 139.000 barriles por día (bpd), para caer a un promedio de 39.000 bpd en igual período de 2019, según datos más recientes divulgados por la Agencia de Información de Energía (EIA) del Departamento de Energía de Estados Unidos.

En los últimos meses, los grandes picos de esta dependencia se constataron en noviembre de 2018, con la importación de 225.000 bpd en promedio; para desplomarse verticalmente hasta 600 barriles por día en marzo pasado.

Según cálculos de El Estímulo, tomando en cuenta el precio promedio de la gasolina vendida en la Costa Este de Estados Unidos, (109 dólares el barril) en 2018, el país pagó por estos cargamentos 5.540 millones de dólares, en medio de altibajos en volúmenes entre los 12 meses.

Solamente en noviembre fueron 735 millones de dólares. En todo el último trimestre, $1.580 millones.

La cifra equivale a más de la mitad de las importaciones totales de bienes hechas por el país en 2018, estimadas por la firma Torino, del economista Francisco Rodríguez; también equivale al total de las importaciones que logrará hacer Venezuela en este 2019 de agravamiento de la depresión económica.

Esto significa ni más ni menos que uno de cada dos dólares gastados en importaciones en 2018 fueron en combustibles, una gasolina y diésel que se coloca más que gratis en un esquema que en realidad beneficia a una camarilla de militares y algunos civiles en el poder a través del contrabando.

Los miles de conductores que tienen vehículo propio ya pagan de hecho la gasolina y diesel a precios mucho más altos en comparación con los del pasado, en forma de propinas a los dependientes de la estaciones de servicio. Pero esa tarifa mayor nunca llega al fisco, pues desde febrero de 2016 se cobra el litro de gasolina de 91 octanos a un precio tan irrisorio -unos 0,00001- que es difícil siquiera de considerar.

Al precio oficial, de un bolívar el litro, con un dólar a valor del mercado paralelo se pueden comprar unos 7.000 litros de gasolina de 91 octanos, suficientes para llenar 140 veces el tanque de un vehículo sedán.

Si ese vehículo gastara un tanque cada 500 kilómetros, ese dólar alcanzaría para recorrer 70.000 kilómetros, casi dos veces la vuelta al mundo por el Ecuador.

El cuidado de las fronteras terrestres y marítimas de Venezuela compete a la Fuerza Armada. Por esas mismas fronteras se van entre 40.000 y 50.000 bpd de combustibles, según estimaciones de expertos independientes que coinciden con las de los chavistas.

Cada barril contiene 159 litros. Entonces estamos hablando de un negocio más rentable que cualquier otro, ilícito o no, pues del lado colombiano el precio de oportunidad de este combustible es de casi un dólar por litro, aproximadamente.

Un dólar de un tanque de un carro adquiere el valor de 50 dólares.

Pero un camión cisterna con los sellos de Pdvsa, de 38.000 litros, cuyo contenido vale todavía 38.000 bolívares de los vigentes hasta agosto del año pasado es gratis, más que gratis.

Como el año pasado Maduro le quitó cinco ceros a la moneda en medio de la atroz hiperinflación, simplemente desapareció el valor del contenido de ese camión.

Valdría algo así como un tercio del bolívar actual, es decir, cerca de 0,003 centavos de dólar del lado venezolano.

Del lado colombiano ese contenido cuesta 38.000 dólares tras cruzar la frontera.

Con ese contrabando, el país pierde unos ocho millones de dólares por día, o $2.900 millones por año en estas redes que son las mayores beneficiarias reales del combustible gratis en Venezuela.

El combustible sale por trochas a través de la frontera de 2.000 kilómetros que separa a Venezuela y Colombia, pero también sale por Brasil y por Guyana; y en alta mar, a través de botes, yates y barcos pesqueros y grandes buques, según fuentes con conocimiento del caso.

En el primer trimestre de 2019 con todo y la drástica reducción de las compras de gasolina a Estados Unidos, el país gastó $403,3 millones en compras de combustible a un precio promedio de 2,27 dólares el galón.

En el primer trimestre de 2018 , en pleno auge de este negocio, la factura por estas compras ascendió a 1.293, 5 millones de dólares.

Piratas del Caribe

“La situación es grave porque prácticamente no estamos produciendo combustibles para el mercado interno”, dice el dirigente sindical Iván Freites, secretario general de la Federación Unitaria de Trabajadores y Trabajadoras del Petróleo de Venezuela (Futpv).

Apelando a fuentes internas de la industria, explica que en el país solamente se está produciendo gasolina de 70 octanos en la unidad catalítica de Amuay, en el estado Falcón, la que solía ser una de las tres refinerías más grandes del mundo, con capacidad para procesar 930.000 bpd de crudos y hoy prácticamente paralizada.

“En condiciones normales, cuando operaba Pdvsa, esa gasolina de 70 octanos se mezclaba con alquilatos reformados, oxigenados y MTBE/Tame y butano para sacar gasolina de 91 y 95 octanos”, explica sobre el uso de aditivos para elevar el octanaje de la gasolina.

“Ninguno de estos componentes se están produciendo en Venezuela desde hace años y son importados, pero con el problema con las importaciones ya no tenemos esos componentes”, dice en declaraciones a El Estímulo.

Solo se están produciendo 40.000 bpd que van directo al despacho interno, afirma.

“La situación es grave. No hay producción de gasolina, no cubrimos el mercado interno que es de 140.000 barriles. Estamos con un déficit de más de 100 mil barriles”.

Las importaciones para compensar el mercado interno están entrando por medios no convencionales, aprovechando la situación interna, dice Freites.

Uno de los principales proveedores es la rusa Rosfnet, una aliada del régimen de Maduro.

“Hay un desastre con eso, llegan a cambiar 200 mil barriles de gasolina (importada) por un millón de barriles de crudo liviano (venezolano). El que más exigen es el Mesa 30, que es por encima de 32 grados API” (una medida de densidad del petróleo, mientras más alto en la escala, más caro en los mercados).

“Toda esa situación ha hecho que continúe el saqueo. Esa gasolina que dejan en Venezuela está fuera de especificación (del mercado interno) es 84 octanos. Pero también se la llevan para Cuba y otra se va para el contrabando”, dice.

Calcula que del volumen total, 40.000 bpd van al contrabando y otros 57.000 bpd a Cuba, es decir casi los 100.000 bpd que hacen falta para cerrar el déficit actual en el mercado interno.

Según números internos, afirma, tampoco hay inventarios guardados, por lo que es falsa la información oficiosa de la propaganda del régimen, según el cual hay reservas para 30 días.

El gobierno –que suele usar la mentira como forma de ejercer el poder- también dice que no hay escasez, y que son faltas las largas colas de vehículos frente a las estaciones de servicios que cualquiera puede constatar fuera de la isla de tranquilidad en que se ha convertido Caracas.

“No tenemos dónde almacenar combustibles para un mes, no tenemos tantos tanques así. Las colas indican que ya no hay gasolina, que mas prueba que eso”, dice Freites.

Sobre el gasoil (diesel) señala que tenemos una producción interna de unos 60.000 bpd en la refinería de Amuay, pero todavía muy por debajo de lo que era el consumo interno en el año 2010.

“Este es un problema gravísimo porque de ser un país exportador nos convertimos en un país importador y Pdvsa es una empresas maula a nivel internacional y ahora catalogada como un nido de bandas criminales, contrabandistas y piratería. Los buques entran a Venezuela, traen gasolina y se llevan los fuel oil y crudo. Entran con luces apagadas y localizador desconectado”, afirma Freites.

Por ahora, la esperanza para abastecer el mercado interno es que Maduro logre alianzas de largo plazo con proveedores confiables para él, como Rusia, China y Turquía para importar más gasolina, pero como no tiene cómo pagarla, tendría que cobrarla en el ya agobiando mercado interno, lo que supondría terminar el negocio ilícito del contrabando y de paso meterle más leña la hoguera de la hiperinflación.

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