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Familias cambian de hábitos o dejan de comer por escasez de alimentos

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La crisis económica del país lleva a comprar menos alimentos porque no se consiguen o porque sus precios son inalcanzables. El resultado a la vista es la pérdida de peso de sus ciudadanos y a la vuelta de la esquina, parte de la población más vulnerable estará desnutrida.

“Hasta hace poco compraba un kilo de carapacho de pollo para hacerle la comida a dos perros que tengo, ahora compro el mismo kilo de carapacho de pollo para preparar la sopa de mi familia, ya que el dinero no me alcanza para comprar un pollo completo o un trozo de carne para un hervido”, dice Delia Martínez, de profesión secretaria, habitante de la parroquia San Juan.

Es madre de dos hijos y además tiene a cargo a su madre de 84 años y a un nieto de seis años.  “En casa ya dejamos de tomar café, cambiamos el consumo de pasta y arroz por plátanos, yuca y otras verduras. Si por suerte logramos comprar productos regulados, como leche, carne, pollo, arroz o pasta los guardamos para preparar las comidas de mi mamá y mi nieto que consideramos son los que más requieren de los nutrientes”.

Tibisay Carrillo vive  en el barrio La Silsa en Catia. Señala que en su casa ya se acostumbraron a tomar sopa hecha solo con patas de pollo. Sus platos más comunes son ahora las sardinas, yuca sancochada o frita. “Comprar productos regulados ha sido todo un suplicio y por esta zona el consejo comunal todavía no ha repartido la bolsa solidaria de alimentos. En casa nos damos el lujo de comprar algo de carne o pollo solo los días de quincena, cuando entregan los cesta tickets, de resto consumimos más vegetales, ensaladas y jugos endulzados con papelón, ya que azúcar no hay”.

Margaret Meza, es enfermera, trabaja en un ambulatorio en el sector Los Helechos, de San Antonio de Los Altos, en el estado Miranda. Dice que trabaja doble turno para poder redondearse algo más de dinero “pero de nada me sirve el esfuerzo ya que en muchas oportunidades he tenido que comer en la calle y allí se me va gran parte de mi salario. Yo no tengo tiempo para hacer esas largas colas pues tengo que atender a los pacientes. Me ha tocado comprar un kilo de harina de maíz en Bs 1.800, con lo cual me puedo preparar una arepa que me sirve hasta para almorzar en mi lugar de trabajo”.

Doris Barreto, es vecina del sector Santa Cruz del Este, en el municipio Baruta y dice que ya tiene más de un mes que no consume arroz, pasta, carne, pollo, azúcar y solo de vez en cuando se puede dar el lujo de comer una arepa. “En mi familia comemos muchísimo menos, hemos rebajado de peso, cambiamos nuestros hábitos alimenticios. Ahora los plátanos, la yuca, las papas y los vegetales son nuestros platos principales. Compramos un cartón de huevos para hacer tortillas de jamón y así sustituimos la carne o el pollo a la hora del almuerzo, los refrescos y los jugos los cambiamos por agua. Así de sencillo”.

Desde una escuela ubicada en la zona de Catia, varias docentes que pidieron mantener sus nombres en reserva señalan que muchos de sus alumnos llevan menos merienda “o sencillamente no llevan nada esperando poder comer algo a través de plan alimentario escolar, pero no todos los días funciona, así que se quedan sin comer. Algunos representantes prefieren no mandarlos a clases”.

Hace pocos días el diputado por la MUD, José Guerra, señalaba que más de la mitad de los hogares venezolanos comen menos de tres veces al día.

“El caso de las proteínas de origen animal, el consumo de carne de res pasó de 22 kilogramos por persona promedio en 2012 hasta 10 kilogramos por persona en lo que va de 2016, algo similar sucede con el consumo de leche, huevos, pescado y pollo. De esta manera se comienza a evidenciar casos crónicos de desnutrición en poblaciones vulnerables como los jóvenes y niños”.

Alertó que los niveles nutricionales de los venezolanos de hoy están por debajo incluso de los países centroamericanos y africanos, endémicamente empobrecidos.

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