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VIDEO | Los mototaxistas: una especie en extinción

290618 Mototaxis FOTO Harold Escaloona
01/07/2018
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FOTO Y VIDEO: HAROLD ESCALONA

José Bejarano escogió ser mototaxista hace 15 años cuando se dio cuenta que oficios como la albañilería o trabajar para una empresa no daban los dividendos que él necesitaba para vivir con las comodidades que cualquier ciudadano requiere. Solo alcanzó graduarse del bachillerato, sin embargo, se describió como “trabajador”.

Tiene 39 años y ahora vive en depresiones intermitentes al no poder llevar una vida mínimamente normal. “Mi despensa pasa más tiempo vacía que llena. Este negocio ya no es rentable”, se lamentó.

La línea de mototaxis para la que trabaja funciona en la avenida Francisco de Miranda a la altura del KFC de Los Cortijos. Hasta el 2016 eran 15 trabajadores; para 2017 cuatro habían desertado y a finales de junio del 2018 sólo quedan tres -entre esos Bejarano- quien desde principios de 2018 se debate si continuar en su labor o no.

En un principio tenían carreras a todas horas y al medio día ya el cansancio los ponía a dudar si continuar para una siguiente jornada. “Cuando llegaba la tarde teníamos más del sueldo promedio que una persona podía ganar en 15 días”, recordó el mototaxista que en la actualidad cobra como tarifa mínima de Bs 500 mil por una distancia desde Los Cortijos hasta Altamira.

El detalle que más preocupa al trabajador es que cada vez hay menos clientes. Eso ha sido un golpe, puesto que no generan ingresos suficientes mientras las motos no detienen su desgaste. Hace dos semanas un caucho para moto estaba en Bs 175.000.000 y ahora no se atreve ni a preguntar.

Según la Asamblea Nacional, ente que desde 2016 emite información sobre la inflación en Venezuela debido a la omisión del Banco Central de Venezuela; el mes de mayo cerró con una inflación de 110,1% con un porcentaje diario de 2,4% que recalca la hiperinflación en la que se encuentra sumergido el país.

Por eso, los 5 millones de bolívares que gana José al día no rinden. Además este es un sueldo fluctuante por la falta de clientes. La mayoría no quiere usar este servicio por lo costoso y la falta de efectivo, otros no aceptan transferencias.

En un buen día un conductor puede ganar hasta 10 millones y en uno malo, solo tres.

Estos factores, más la crisis nacional, generaron una fuga de trabajadores que llevó a varias lineas de mototaxis a su extinción. Bejarano detalló los casos de una que se ubicaba en la avenida principal de Altamira y otra cercana al Centro San Ignacio.

Diariamente Bejarano siente que su trabajo no vale la pena. “Vivo para darle de comer a mis dos hijos, pero ya se acabaron esos tiempos en el que iba a la juguetería y compraba lo que quería para mis chamos”. Sin embargo, se siente orgulloso porque afirma que Dios nunca ha dejado que algún miembro de su familia se acueste con el estómago vacío.

José lamenta no haber escuchado a uno de sus amigos cuando le dijo que  se pusiera las pilas para tramitar sus papeles e irse, pero nunca lo hizo, por eso no tiene ni pasaporte. “Nunca pensé que llegaríamos a esto”, admitió.

Con vergüenza confesó que no dudaría en caer en el mundo del robo si eso significa que sus hijos coman. Espera nunca tener que llegar a eso pero ante la falta de alternativas que el país ofrece la delincuencia se vuelve una opción, sin embargo tiene fe en Dios.

Como Bejarano hay otros, Nolberto Contreras es uno de ellos. Está cansado de esperar hasta 12 horas en una parada y ver que el día se les va con una o dos carreras, por eso ambos choferes se han dedicado a trabajar para empresas privadas, que muchas veces no escatiman para pagar y que se vuelven clientes seguros y recurrentes.

Pero el problema es que la inflación eleva los precios de los repuestos de los vehículos. “Una lata de aceite me sale en 15 millones y vas la semana que viene y sale en 20 millones y la pastilla de frenos cinco millones y esa vaina no costaba nada” expresó Contreras con indignación.

Esto vuelve imposible la capacidad de ahorro, porque mientras llenan el cochinito los precios por lo que los ahorros no alcanzan a cubrir las necesidades básicas de una moto.

En la línea de Nolberto, ubicada en la parte posterior del Centro Plaza en Los Palos Grandes eran 18 personas y ahora son 9. Algunos van en la mañana o en la tarde. Sin embargo se va cuando quieren porque hay días en que sólo uno logra hacer carrera.

Es así como un oficio que floreció en una Caracas desbordada por el tráfico vehícular y el colapso de los sistemas de transporte se une con lentitud a la lista de profesiones que pasan a mejor vida por la crisis económica del país. Ambos esperan que las cosas cambien pero su confianza se derrumba con cada colega que abandona su labor.

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