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Maduro tiene otros seis años tras darle tiro de gracia a la economía

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21/05/2018
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FOTO: DANIEL HERNÁNDEZ | ARCHIVO

(Agrega información) Nicolás Maduro, el heredero de Hugo Chávez, completó este domingo una elección a su medida para un nuevo período presidencial, sin sorpresas, en un cuestionado proceso y tras cumplir un mandato de cinco años en los que la economía venezolana muestra los peores resultados de su historia contemporánea y millones de hogares han sido hundidos en la pobreza.

Maduro, un activista de carrera en la izquierda clásica venezolana, encumbrado al poder apadrinado por los hermanos Fidel y Raúl Castro, escogido a dedo por Chávez como su heredero en los estertores de su penosa enfermedad, tiene ahora otros seis años y medio por delante para remendar los entuertos que él mismo ayudó a consolidar.

Maduro disaster

Este ex sindicalista del Metro de Caracas promete ahora, a partir de este lunes 21 de mayo, rescatar la economía, reimpulsar el aparato productivo, acabar con los altos precios y con los especuladores. Pero en realidad, a juzgar por los resultados no tiene mucho que ofrecer: el colapso de la economía venezolana es resultado de dos décadas de políticas ortodoxas, controles, corrupción e ineficiencia gerencial.

No hay evidencias ni cambios en su discurso que hagan pensar que a partir de este lunes 21 de mayo su estilo chavista de gobernar vaya a ser diferente.

Bajo el mandato de Maduro, Venezuela ha visto además el fin de una era y de un mito: la de un supuesto país petrolero rico, capaz de resolver sus problemas con un pase de magia cada vez que los precios del crudo se daban un salto espoleados por algún conflicto internacional.

La producción de la estatal Petróleos de Venezuela, la joya de la corona, la gansa de los huevos de oro también ha venido en caída libre y pasarán años antes de que pueda ser recuperada, según especialistas.

La caída de la producción en la era Maduro es mayor a cualquier alza histórica lograda desde los tempranos años 50, cuando un país de menos de 10 millones de habitantes emergía como una potencia petrolera mundial.

El economista Douglas Barrios, catedrático e  investigador de la Universidad de Harvard y experto petrolero, destaca que el colapso de Venezuela es tan grave que es peor en el 99% de los casos a todos los documentados desde el año 65 en adelante.

“Estamos en una situación crítica, no solo en valores agregados como el PIB, sino en la supervivencia de los  venezolanos”, dijo al observar que el salario mínimo (que también es el promedio entre los trabajadores formales  venezolanos) sólo logra comprar 500 calorías al día, ni un cuarto de las necesidades de una persona. En 2010 lograba comprar 60.000 calorías.

Hay una caída de 70% en la disponibilidad de alimentos  y medicinas per cápita y de 85% en las importaciones per cápita hasta 2017 comprado con 2012.

El desplome de las importaciones hace imposible sostener el consumo privado, advierte.

“Necesitamos un proyecto nacional compartido que le dé sostenibilidad a la reforma”, dijo la semana pasada al participar vía Internet, desde Boston, en el Congreso de Economía, organizado por estudiantes de Universidad Católica Andrés Bello de Caracas.

“Una vez más el petróleo no va a ser la solución a nuestros problemas”, advirtió. “Revertir lo que nos han hecho va a requerir que hagamos cosas que nunca antes habíamos hecho”, agregó.

Entre 50 colapsos económicos estudiados, el 70% de los casos  no logró recuperar su PIB  per cápita en los primeros 10 años, advirtió.

En estos últimos meses el gobierno de Maduro también supuso la consolidación del mercado libre del dólar, el llamado paralelo o negro, como principal referencia para la fijación de precios relativos en la economía.

Eso significa que productos esenciales desde un kilo de arroz hasta las galletas y el azúcar o el café tengan precios más parecidos a los internacionales, mientras los salarios se cobran en bolívares devaluados y equivalen a unos pocos dólares en el mejor de los casos.

El 91% de las importaciones privadas, que a su vez representan el 26% del total del país ya se hacen a dólar paralelo, que ronda el millón de bolívares por unidad, según cálculos de la firma Ecoanalítica, expuestas por uno de sus directores, Asdrúbal Oliveros, también en el foro de la UCAB.

Medido a esa tasa, por cierto, el salario mínimo integral equivale a menos de tres dólares por mes.

En la gestión de Maduro la producción petrolera del país ha perdido 331.000 barriles por día (bpd) en promedio por año, y en 2017 la bajada fue de 550.000 bpd, eso “es más del doble de lo que logramos aumentar en nuestra mejor época”, observa Oliveros.

Esa mejor época fue los años 47 al 57 del siglo 20, cuando la producción nacional de crudo creció 150.000 bpod en promedio anual, explica.

La caída de la producción petrolera, que significa menos dólares, y más escasez es, junto con la hiperinflación, el tema central de lo que está pasando ahora en Venezuela, señala Oliveros en su presentación.

“No hemos encontrado pido a la contracción de la producción petrolera”, alerta.

Mientras, la inflación va por 11% al 20% semanal en estos días, y si sigue al ritmo constatado en los primeros cuatro meses del año, cerrará 2018 entre 160.000 % y hasta 500.000% si llega a mantenerse en 100% mensual, señala Oliveros.

En alimentos ya llega a 30% semanal, lo que explica el empobrecimiento  general de las familias y su atroz dependencia a la comida racionada  por el gobierno a través de su sistema de control social llamado Clap, muy bien puesto a prueba en la elección de maduro el 20 de mayo.

 

 

En el plano macroeconómico hereda de sí mismo una pavorosa hiperinflación cuya existencia ni él, ni su cercano círculo de colaboradores civiles y militares reconoce y, que apunta a cerrar en este año hasta en 160.000%, de mantenerse la tendencia registrada en los primeros cuatro meses de este año, cuando los precios han subido en torno a 80% mensual, según mediciones de economistas de la Asamblea Nacional.

Economistas independientes como el estadounidense Steve Hanke, un especialista en estos menesteres y promotor de la dolarización de las economías como conjuro contra este mal. Él calcula que los precios ya se están duplicando en Venezuela cada 17 días si se proyecta de forma anualizada llegará a 16.428%.

Medición que está por encima del 12.870% proyectado por el Fondo Monetario Internacional para el año.

Pero, los economistas y además diputados de la opositora Asamblea Nacional venezolana (parlamento) tienen su propio índice en ausencia del Banco Central de Venezuela (que oculta sus cifras desde 2013 y puede deducirse que si las cifras oficiales fuesen mejores que la de los críticos, ya Maduro las habría exhibido).

En abril los precios avanzaron 80,1% lo que coloca la tasa acumulada en 897% en cuatro meses y la anualizada desde abril de 2017 en 13.779%.

A diferencia de lo ocurrido hace cuatro décadas en otros países americanos del sur, la hiperinflación en Venezuela no ha sido acompañada de un aumento indexado de los salarios al mismo ritmo, de modo que los trabajadores perciben cómo desaparece cada día por completo el valor del factor trabajo: el salario mínimo mensual integral, ese que percibe un tercio de los empleados formales del país solo alcanza hoy para comprar un kilo de carne.

Ese salario integral está compuesto en 75% por bonos para comprar alimentos, que no tienen incidencia en las prestaciones sociales de los trabajadores.

Maduro cada vez más frecuentemente ordena aumentar el salario mínimo, pero tendría que hacerlo unas 100 veces para poder siquiera compensar el poder de compra de hace un año.

Según el Cendas, Centro de Documentación y Análisis vinculado al Magisterio, la Federación de Maestros de Venezuela, en abril pasado la canasta mínima de alimentos para sustentar un mes a una familia de cinco miembros costaba Bs 100 millones, tras subir 92,5% con respecto a marzo y un 11.443% respecto a un año antes.

Un tercio de estos productos básicos presentan escasez crónica, según los estudios del Cendas.

Hacían falta 100 salarios mínimos (incluir los bonos) para adquirir esa canasta en abril de 2018.

La escasez es aún más grave en el plano de la salud, según la Federación Farmacéutica: la falta de medicamentos promedia el 80% y sube a 95% para el combate de enfermedades como el cáncer.

Maduro tiene poco margen de maniobra financiera, porque desde noviembre pasado anunció de manera unilateral que quiere renegociar y refinanciar la deuda externa venezolana, lo cual es serio en un país quebrado como este que se ha endeudado de forma contumaz durante los últimos años y depende de prestamistas externos para pagar desde importaciones hasta el propio servicio de esa deuda.

Como Maduro y su nomenclatura en el poder están sancionados por el gobierno de Estados Unidos, Canádá y la Unión Europea por cargos que van desde ataques a la democracia, asesinatos a opositores, violaciones a los derechos humanos, hasta corrupción y narcotráfico, no puede refinanciar ni renegociar esa deuda, ni siquiera esos bonos que circulan en el mercado por un valor facial de unos $60.000 millones y cuyos vencimientos se acumulan.

En pocos días va a a estallar una crisis de deuda que acelerará el colapso de la economía.

De esta forma también acabó con la fama de buen pagador que asistía a Venezuela desde hace décadas y que de cualquier manera no había impedido que el país haya sido castigado con el nivel de riesgo más alto del mundo, en torno a 3.000 puntos al momento de comenzar los defaults (impagos) selectivos en los bonos de deuda.

Eso suponía que el gobierno de Maduro estaba obligado a pagar intereses sobre 30% anual si quería pedir prestado en los mercados ordinarios.

 

En unas elecciones competitivas un presidente que mostrara esta foja de resultados y con apenas 20% de respaldo que según las encuestadoras como Datanálisis mantiene Maduro entre el núcleo duro del chavismo,  hubiera tenido muy pocas posibilidades de ser reelecto.

Pero en realidad Maduro no enfrentó a los opositores de más respaldo popular, todos están en el exilio, presos o vetados por el propio gobierno.

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