Economía

¿Por qué las subastas no han servido para contener el dólar paralelo?

En febrero de 1999 un dólar costaba 576 bolívares. Al acuñar el bolívar fuerte y quitar tres ceros, aquella tasa de cambio se convirtió en 0,576 Bs/$. En junio de 2017, el precio del dólar en el único mercado al que tiene acceso el ciudadano de a pie supera los 8.000 bolívares, equivalente a 8 millones de bolívares viejos.

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Foto: AFP

Esto equivale a una devaluación de 1.388.888%, cifra que resulta de dividir el precio del dólar paralelo entre la única tasa de cambio de 1999 y multiplicarlo por 100 para convertirlo en porcentaje.
Actualmente, el precio del dólar paralelo se calcula con base en los bolívares que hay que entregar por la cantidad de pesos que se necesitan para comprar un dólar en Cúcuta.
El derrumbe del bolívar en la frontera se debe a un explosivo cóctel que mezcla la escasez de alimentos y medicinas con el desmesurado crecimiento de la liquidez monetaria y las pésimas expectativas sobre la evolución de la inflación.
Todo esto dispara la demanda del dólar paralelo como refugio inmediato ante el descalabro de la moneda nacional. En estas circunstancias, el gobierno anuncia un nuevo intento para contener el dólar paralelo y presenta las subastas del Dicom como un método diferente, basado en las siguientes reglas:
– La subasta como mecanismo para distribuir las divisas, en la que compradores y vendedores harán sus demandas y ofertas en forma electrónica, y las divisas se asignarán a los mejores postores.
– La tasa de cambio fluctuará dentro de un sistema de bandas móviles, cuyos límites serán definidos y monitoreados por el BCV para evitar ataques especulativos que provoquen fuga de divisas.
– Sistema informático para asignar automáticamente las divisas, de acuerdo a los resultados de la subasta, y al margen de cualquier intervención humana.
– Transparencia al publicar el resultado de cada subasta, con los ganadores, montos y otros condicionantes del acceso a las divisas por personas y empresas.
– Canal directo para que las empresas puedan repatriar las divisas que requieren para reactivar su producción, sin necesidad de pasar por la subasta, lo cual incluye las remesas y operaciones al menudeo.
– Basado en un sistema de flotación administrada que determina el valor mediante una subasta ordinaria, donde los ganadores pagarán el precio que ofertaron.
– Si por exceso de demanda la subasta ordinaria no logra asignar las divisas a un valor igual o menor al de la banda superior, se activará una subasta contingente en la que solo participarán los importadores de bienes prioritarios.
– ¿Por qué no detienen al dólar paralelo? –
Al coexistir con la irreal tasa Dipro, el Dicom no llega a ser un régimen de subasta único y degenera en un proceso de depreciación continua.
De hecho, las bandas entre 1.800-2.200 Bs/$ quedaron tan subvaluadas que rápidamente tuvieron que ser ajustadas. Y al imponer un límite superior de 2.640 Bs/$, apenas un tercio del dólar paralelo, los incentivos a la especulación cambiaria se prolongan, toda vez que quienes tienen acceso a la tasa preferencial de 10 Bs/$, pueden revender 264 veces más caro en las subastas y 800 ves más caro en el paralelo. Incluso, quienes logren una asignación en el Dicom pueden ganarse el triple al revender en el mercado no oficial.
Al asignar el mayor porcentaje del menguado ingreso petrolero a la tasa Dipro, en lugar de ofertar todas las divisas a la tasa Dicom, queda muy poco para alimentar las subastas. Así, la demanda sobrepasa a la oferta y tiende a elevar el precio de equilibrio. Pero como las bandas se fijan arbitrariamente por debajo de este precio de equilibrio, entonces se estimula una mayor demanda que, al quedar insatisfecha, seguirá presionando el paralelo.
Al rezagarse la tasa Dicom en comparación con el dólar no oficial, las subastas no terminan de incentivar la oferta privada, la cual se siente más atraída por el precio que paga el manipulado y poco transparente mercado paralelo.
Al no unificar el régimen de cambios múltiples, el Dicom no será un régimen de subasta clásico con creciente oferta del sector privado, sino una limitada venta de petrodivisas con un tipo de cambio que no se podrá mantener y tendrá que depreciarse de manera continua.
Mientras coexistan Dipro, Dicom y el paralelo se mantendrán los incentivos perversos para la especulación cambiaria.
– No hay divisas para alimentar las subastas –
En 2013, antes de que colapsaran los precios del petróleo, las importaciones del sector privado alcanzaron $30.598 millones y las del sector público llegaron a $ 2.425 millones, para un total de $53.023 millones.
En mayo de 2014, Cadivi liquidó $2.920 millones al sector privado, en mayo de 2015 esta cifra cayó a $722 millones y en el mismo mes de 2016 se redujo a $256 millones.
Durante el primer trimestre de 2017, las liquidaciones de divisas Dipro-Dicom reflejaron una caída de 42%, en comparación con el mismo período de 2016. Por eso en el primer trimestre de 2017, el 42,7% de las importaciones privadas se hicieron a dólar paralelo, mientras que en el mismo período de 2016, este porcentaje apenas fue 34,4%.
En la primera subasta, Dicom adjudicó $24,10 millones, 26,15% menos que los $32,5 millones que asignó Simadi en la primera semana de abril.
El BCV informó que en la primera subasta fueron adjudicados $22,9 millones, pero en el listado aparecen asignaciones por un monto de $17,97 millones. El 40% de las divisas asignadas irán destinadas a la importación de productos terminados, el 35% a la compra de materias primas, el 20% a insumos y repuestos y el 5% irá destinado a la inversión en nuevos proyectos productivos.
Pero con menos divisas será imposible cubrir las necesidades de materia prima, insumos, maquinarias, equipos y repuestos que requiere la reactivación de la economía.
En abril y mayo, se pagaron $3.500 millones por deuda externa y el gobierno se quedó seco. Por eso tuvo que posponer las subastas. En el segundo semestre de 2017 vienen pagos semejantes, y en 2018 hay vencimientos por $7.800 millones y $5.000 millones de la deuda China, cuyo período de gracia termina este año.
Al acercarse los pagos de la deuda, las posibilidades de adquirir divisas a un tercio de lo que cobra el paralelo, sencillamente desaparecerán. El gobierno priorizará los pagos de la deuda externa y recortará la oferta de petrodólares en las subastas.
Es previsible, entonces, que estas subastas apenas duren tres meses, y esta demanda se trasladará nuevamente al mercado no oficial, presionando así nuevas alzas del dólar paralelo.]]>

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