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5 series inmersivas que te transportarán a su mundo

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27/07/2017
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FOTOGRAFÍA: NETFLIX

La magia de una serie de TV está en qué tanto involucra a su audiencia en los eventos de cada episodio. Poco se engancha un televidente si no siente apego alguno por el entorno, los personajes o las historias que se cuentan en la pantalla y menos aún si no puede identificarse con ellos

En una época con cientos y cientos de series, en las que cadenas como Starz, HBO, Netflix, e incluso History Channel y Amazon sacan al mercado sus mejores producciones televisivas, la competencia por atraer a la audiencia es inclemente.

Sólo los más fuertes e inteligentes se posicionan en el podio de las series de televisión y crean una fanaticada que defiende su serie a capa y espada ante otras “mejores” (recordemos la eterna rivalidad de Star Trek y Star Wars).

Aquí presentamos cinco series y cómo llevan al espectador a su mundo, haciendo que no quiera salir.

House of Cards

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¿Qué mejor forma de conocer la corrupción, astucia y codicia que -según el hombre común- caracteriza a los políticos, que viendo House of Cards? Asumiendo que no se es uno de ellos, claro está.
Kevin Spacey protagoniza este gigante de Netflix como el congresista Frank Underwood, un hombre implacable y con una ambición que pocos personajes ficticios (y reales) pueden esperar igualar.

Underwood no escatima los recursos que se utilizan dentro del Capitolio estadounidense por él y sus pares. Deudas de favores, chantajes, engaños, picos de plata y hasta homicidios son algunas de las herramientas que retuercen las entrañas de la política en una cruda carrera para alcanzar los intereses de cada quien.

Con sólo el primer episodio de House of Cards conocemos quién es Frank, qué representa y qué quiere, pero sobre todo, qué está dispuesto a hacer para alcanzarlo. Dentro de poco estaremos haciéndole barra a un diplomático que si se enfrentara a nosotros, nos pondría en situaciones nada deseables.

Vikings

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Hemos oído de largos barcos impulsados a remo, de salvajes capaces de llevarse consigo a cinco enemigos antes de morir, del terror de las costas escandinavas, mediterráneas e inglesas, y de mucha, mucha cerveza y sacrificios en honor a Odín, Loki, Thor y otros dioses.

Sagas e historias que posiblemente no muchos conocen, inspiradas en esos hechos, son las que nutren la historia y mitología nórdica que History Channel trae a nuestra televisión. En Vikings vemos el ascenso a la fama de Ragnar Lodbrok, un legendario personaje nórdico y apenas un granjero en sus inicios.

Vivimos la vida rural y tranquila bajo el gobierno de un conde, las sangrientas redadas a pueblos desprevenidos y las violentas batallas entre tribus de vikingos. Conocemos las costumbres de los ancestros escandinavos, su religión y cómo funcionaba su sociedad. Presenciamos incluso uno de los rituales tortuosos más viscerales de la historia: el Águila de Sangre.

Los choques culturales de otras civilizaciones, los conflictos internos de los personajes y la integración (fenomenal, si nos permiten la opinión) de la religión a la narrativa, hacen de Vikings un viaje excepcional a la Dinamarca del siglo IX.

Stranger Things

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Este fenómeno televisivo transportó a jóvenes y veteranos por igual a una época en la que todo parecía estar fuera de control. Los ’80 se caracterizaron por los excesos; en música, moda, opinión pública, entretenimiento y, claro, superstición.

El catálogo de obras de terror, ciencia ficción, misterio y suspenso que nació en los ’80 da a esta serie de Netflix posibilidades infinitas para moldear su historia de acuerdo a lo que estaba en boga para la época.

Monstruos interdimensionales, juegos de rol, música punk, ropa, peinados estrambóticos, y películas que ahora son de culto son algunos de los elementos que hacen de esta serie una máquina del tiempo con una pizca de drama adolescente.

Porque el que te diga que no le gusta el drama, te miente con todos los dientes.

Westworld

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Todos hemos visto un western en nuestras vidas. Hemos visto a Clint Eastwood con su mejor cara de pocos amigos enfrentarse a uno, dos o tres pistoleros y acabar con los tres sin que se le cayera el cigarro de la boca.

Este remake de la serie de los ’70, hecho por HBO, busca rescatar esos sentimientos y meterles un poco de futurismo. La premisa es sencilla: un “parque de diversiones” del viejo oeste habitado por “anfitriones” cibernéticos que jamás pueden herir al visitante.

Esos visitantes, seres humanos, gastan sumas absurdas de dinero para viajar al pasado y ser vaqueros por una tarde, o una vida entera.

Westworld nos trae duelos de pistoleros, burdeles abarrotados, ruidosas cantinas, fugitivos de la ley, persecuciones a caballo y damiselas en peligro, entre otros elementos de nuestros westerns preferidos.

Todo esto, sin embargo, con un trasfondo existencial que nos deja pensando si el humano es Dios en este Disney de vaqueros e indios, o un simple peón en un juego cada vez más real.

Black Sails

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Imaginen a Piratas del Caribe y quítenle las torpezas de parte del capitán, frases cliché que maten momentos de tensión verdadera, y artefactos mágicos que salven el día.

Después agreguen mucha sangre, ron, política, desnudez, traición y una codicia que hasta Frank Underwood envidiaría. Estos ingredientes nos dan una de las adaptaciones más impactantes de la Edad de Oro de la piratería: Black Sails, traída por Starz.
En ella seguimos las historias de varias tripulaciones por alcanzar el sueño de todo pirata: un suministro vitalicio de oro que les permita vivir tranquilamente entre una botella y el pecho de una prostituta.

Sin embargo, también existen conflictos de intereses políticos en los que chocan el sueño de libertad de los piratas que ven el fin su mundo, impulsado por el ominoso Imperio Británico, y el bienestar de poblaciones al borde de la ruina debido a los actos de estos piratas por mantener su estilo de vida.

Lleven anclas y prepárense para un maratón en altamar.