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‘Avengers: Infinity War’: el capricho filosófico de Thanos que nos lleva a Batman y Star Wars

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La reciente película de los hermanos Russo cumple con lo que promete: más personajes, más acción y más batallas. Pero no es la pirotecnia lo que convierte a la nueva entrega de Marvel en una obra que puede pasar a la posteridad sino su gran villano, Thanos. 

Lo quiero saber todo de Thanos. Si hacen mil spin off, los veré todos. Claro, siempre y cuando siga Josh Brolin detrás del personaje y mejoren la tecnología para que nos olvidemos de su diseño pantalla verde, que conspira con la credibilidad del personaje, como le pasa a Hulk.

Que un villano se robe el show en este desfile de superhéroes habla muy bien del guión de Christopher Marcus y Stephen McFeely. Partiendo de allí, la última entrega de Avengers es tan trascendental como ‘The Dark Knight’, la segunda película de la trilogía de Batman, dirigida por Cristopher Nolan.

Es obligatorio regresar siempre al Joker de Heath Ledger. No solo redefinió al antagonista sino que situó a la maldad en un espacio diferente. El nihilismo del villano, resumida en aquella frase de que hay gente que simplemente quiere ver al mundo arder, abrió un nuevo camino para el género

Thanos, es verdad, tiene una justificación estadística para su elaborado plan. Y es imposible seguir hablando de él sin hacer spoilers, entonces, si no has visto la cinta, lo mejor es que abandones la lectura en este momento y regreses después de ir al cine.

La explicación malthusiana de Thanos, a primera vista, es razonable. Basada en la teoría catastrófica de que la población crecerá y no habrá cama para tanta gente, como diría Héctor Lavoe, aplicará la sustentabilidad del universo con un chasquido de dedos. Así, de pluma y porrazo, la mitad de la población muere y con ellos la necesidad de más tierra y comida.

Decimos que la explicación es razonable, a primera vista, pero falsa, como muchos economistas, estadísticos, matemáticos y filósofos han expuesto. Antes que Thomas Robert Malthus (1766-1834) repartiera su visión pesimista de la sobrepoblación, Tertulaino, por allá en el siglo II después de Cristo, agradecía que las pestes aniquilaran a los seres humanos, porque eran muchos y las abuelas seguían pariendo.

Explica Tertuliano, cuando el mundo no llegaba ni al 4% de lo habitado que es hoy: “Lo que con más frecuencia se encuentra con nuestra vista es nuestra población abundante. Nuestros números son pesados para el mundo, que difícilmente pueden apoyarnos… De hecho, pestilencia, hambre y guerras, y los terremotos deben ser considerados como un remedio para las naciones, como el medio para podar la exuberancia de la raza humana”.

Tertuliano, que se convertiría al cristianismo y se dedicaría a predicar una versión muy particular de la religión, no fue el único, por supuesto, que vio como remedio a la extinción. Simplemente constatamos que la idea es bastante vieja, por eso sorprende que ante la explicación que Thanos le da a su hija Gamora, los guionistas no ofrezcan una dialéctica que la confronte.

Hubiera sido muy interesante que en esta película, que dura casi tres horas, Ironman y Thanos tuviesen esa discusión. ¿Por qué? Si revisamos la secuencia de la evolución que sufrió el personaje que interpreta Robert Downey Jr., encontramos un punto de encuentro. En un principio, el millonario Tony Stark capitaliza la muerte (venta de armas), hasta que su nuevo corazón le indica que va en el camino equivocado.

Y la filosofía de Thanos nos lleva a un callejón sin salida: ¿por qué los Avengers solo se dedican a combatir a los enemigos? Digamos, bien podrían, mientras no aparecen los bichos raros que desean acabar con el mundo, dedicarse al estudio de los suelos, la reproducción de cereales y la distribución equitativa de los alimentos. La hermosa Wakanda, Asgard y Temiscira podrían servir de prototipos a las nuevas generaciones, digo yo.

Porque amigos, Europa y Estados Unidos están envejeciendo. Se necesitará más mano de obra joven en unos años y las parejas están pariendo apenas un hijo. Salvo en los países en vías de desarrollo, la tasa de natalidad desciende y no solo por la mayor información disponible y métodos anticonceptivos novedosos, sino porque la maternidad ya no es un fin y la tecnología lo cambió todo, empezando porque ya no necesita un hombre para ello, al menos no en la cama.

Los cuadros de proyección indican que incluso en los países latinoamericanos y africanos, donde nacen más niños, hacia 2050, la tasa de natalidad se equiparará con la del resto de los países desarrollados. El problema, insistimos, no es de población sino de producción y redistribución de alimentos. Claro, que si The Avengers tomara este camino, Angelina Jolie estaría en la silla del director en lugar de los Russo.

Thanos, Joker, Star Wars y la selectividad de la muerte

Los momentos de mayor tensión en ‘The Dark Knight’ derivan de los dilemas éticos y morales. Sucede cuando el Joker anuncia que en dos edificios diferentes están Rachel y Harvey Dent. Batman debe escoger a quien salva. Luego, son los ciudadanos quienes están a prueba, en los ferrys.

El Joker elucubra planes previendo la naturaleza de los seres humanos, aunque falle en los cálculos. Y aún cuando yerra, se divierte con nuestras dudas. Thanos, obviamente, no es tan creativo como El Guasón.

El verdugo de Titán lo tiene claro: las personas son autodestructivas. Por lo tanto, una vez que consigue todas las gemas, deja que la muerte haga su trabajo de manera aleatoria. No tiene, como vemos a través de diferentes escenas de la película, ni preferencias ni ensañamientos. Le da igual salir de Loki que dejar con aliento a Thor.

Bueno, sí, Thanos debe sacrificar lo que más quiere por un bien mayor. O al menos eso cree o al menos eso nos hacen creer. Y por ahí rueda una lagrimita que puede o no conmover al espectador. En mi caso, no me sentí movido en ningún momento de la cinta. De alguna manera, sin restarle mérito a Avengers, el ritmo paródico del guión contrasta con la tragedia de su último cuarto de metraje. Y esa es la mayor pega que le encuentro a este producto.

Es obvio que la cinta apunta a un público joven e infantil. Allí está la gallina de huevos de oro. Y la risa fácil es el endulzante para el triste final. En este tramo, las comparaciones con las grandes muertes en ‘Star Wars’, ópera trágica que obviamente ha influenciado mucho a los Russo en esta entrega, son obligatorias.

Como en Star Wars, en Avengers las peleas o conflictos suceden en distintos escenarios (naves, galaxias, realidades temporales), lo que permite que todos los héroes tengan su momento, sin que se atropellen, el mayor temor que teníamos ante esta mermelada de protagonistas. Las relaciones entre padre e hijo constituyen un pilar del argumento (Darth Vader-Luke; Thanos-Gamora). E igual que en la trilogía original de George Lucas, hay decesos que sorprenden.

Y es entonces cuando la sopa se pone verde. Porque, a juicio de quien escribe, el impacto de ‘Avengers: Infinity War’ está supeditado a lo que suceda en la siguiente entrega. Si, por ejemplo, se toma la gema del tiempo para devolverle la vida a Spiderman, Groot y compañía, sabremos que fuimos engañados con un simple estratagema comercial; un “Deus ex-machina”que puede funcionar para cualquier arco narrativo, en cuyo caso la maldad de Thanos es simplemente anecdótica.

Pero, si por el contrario, los caídos no regresan, se refuerza la naturaleza del heroísmo, razón de ser de los Avengers. Como dice Dr. Strange a Stark “Solo hay una opción”. Y si esa opción, para que Thanos no vuelva a utilizar su guante (algo improbable, claro) fue el sacrificio de hombres y superhombres, entonces estamos ante uno de los finales más brillantes de la historia del cine.