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(Caímos en la) Trap: el sonido de la globalización

trap
28/08/2017
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TEXTO: AMILCAR ORTEGA

Pistas bailables de hip hop comenzaron a apoderarse satisfactoriamente de todos los géneros pop a través de la electrónica. ¿Cómo? De manera pegajosa – casi infecciosa-. Cualquier tema más o menos sonado en el panorama mainstream de la música tiene que ver con el beat y el ritmo que marca el trap. Amilcar Ortega nos hace el recuento breve de esta incursión de los nuevos tiempos. El Trap es un virusEn la actualidad no puedes escapar de él, lo escuchas mezclado con prácticamente todos los géneros, presente en la mayoría de las canciones en la radio. Comenzó apropiándose muy lentamente del hip hop, de ahí pasó a la electrónica, luego infectó al pop y más recientemente se hizo uno con el reggaetón. Se caracteriza por un sub bajo explosivo que te hace rebotar, los snares del Roland 808 y por ciertos patrones de hi-hats con los que ya estarán familiarizados. Y por un bailecito que ya deben dominar, el cual lo acompaña a donde vaya. El Trap es un ritmoComo toda innovación reciente en el hip hop, es originario de Atlanta. Es pariente directo del Crunk, con el que Lil Jon y compañía dominaron las radios a principios de siglo. El sonido del sur de EEUU se caracteriza por experimentar con pistas más bailables, pensadas para el club, y en la actualidad la gente lo que quiere es moverse y olvidar problemas. Según T.I., el autoproclamado “Rey del Sur”, inventó el término al bautizar como “Trap Muzik” su disco del 2003. Originalmente se refería al lugar específico donde venden drogas, the trap. A principios de esta década, el productor Lex Luger terminó de definirlo, dándole las características bombásticas con las que hoy se conoce. A pesar de que produjo cien hits con los raperos más prominentes escupiéndoles encima a sus beats, y de que mil otros emularon su sonido, en ese momento nadie hubiera imaginado en el monstruo que se iba a convertir el sencillo ritmo que sirve de base a todas esas canciones. Inciso: La azoteEl Trap es un virus. El otro día salí de mi casa. Planeaba tomarme un par de cervezas y discutir tranquilamente un proyecto, terminé en una azotea rodeado de la juventud caraqueña. Todo asistente tenía tatuajes, la mitad el pelo pintado, calculo sólo cinco teníamos más de treinta. Llegamos junto con las cornetas, aparentemente antes no escuchaban música, alguien les pegó un teléfono y comenzó a sonar el trapggaetón. Me reí. Pensé rápidamente que lo iban a cambiar. Me burlé – “¿En serio esta es la música que escucharemos? Pfff…”- y noté miradas extrañas en las dos chicas a las que dirigí el comentario. Les encantaba. A todos. Unos cuantos comenzaron con el pasito y minutos después la mitad estaba bailando. Las dos o tres horas que estuve allá arriba sólo sonó trapggaetón y la juventud extasiada. Vaya que es complicado esto de envejecer. Para que el Trap llegara al mainstream, tuvo que mezclarse con la música electrónica, entrando así en los clubs de los ricos y famosos. El dúo Flosstradamus comenzó a samplear al productor Trap-A-Holics, otros lo mezclaron con los oscuros sonidos del agonizante dubstep, se involucró la disquera Mad Decent – notoria por apropiarse y explotar ritmos del mundo – y el resto es historia.

Algunos consideran esta mezcla un estilo aparte al que bautizaron EDM Trap, pero esos son detalles. Cerca de 2012 el ritmo entró en el torrente sanguíneo de la humanidad y en los años venideros se volvió ubicuo, probablemente impulsado por la popularidad del meme “Harlem Shake”, el cual utilizaba la ahora clásica canción de Baauer como banda sonora. Por el lado del hip hop, la influencia Trap se mezcló con una generación que dejó de preocuparse por las letras y la poesía, en algún momento la razón de ser del género, para concentrarse en sensaciones y emociones. Una primera camada liderizada por los todavía semi-liricales Gucci Mane, Yeezy y 2 Chainz; dio paso a una segunda encabezada por los Migos, Future y Young Thug; y terminó en la total degeneración de Lil Yachty, Lil Uzi Vert y más recientemente Ugly God y XXXTentacion. Se podría discutir que en el presente todos están actualmente entre los artistas más populares de Norteamérica, y aunque se podría alegar que el “Mumble Rap” no es Trap per se, el virus tiene la culpa. Inciso: La mielYa no entiendo a la juventud, soy el primero en admitirlo. A nivel musical no sé en qué están pensando y tengo cero interés en averiguarlo. Las películas, sin embargo, históricamente me han ayudado a acercarme a aquellas oscuras áreas de la humanidad a las que no quiero enfrentarme en vivo y directo. A pesar de ser una imitación actualizada de “Kids”, la bastante decente “American Honey” me sirvió para al menos comprender lo que le sacan los niños a esta repetitiva música demoníaca a la que parecen ser adictos. La pandilla de maleantes que recorre EEUU escuchando Trap en la mentada road movie sin duda se divierte, todos entran en trance al explotar el beat y comienza el bailecito…- Cuando pensaba que nada podía empeorar la situación, el virus se apropió de Latinoamérica. Se mezcló con el pop latino y controversiales letras misóginas lo pusieron en boca de todos. Se fusionó con el reggaetón e infectó toda pista de baile que se irrespete, logrando una homogeneización que hace un año no creía posible, uniendo a toda la juventud bajo un mismo ritmo que aparentemente satisface a todas las tribus urbanas. El Trap es el sonido de la globalización, asómate a la ventana y lo verás. Por suerte, lo único constante es el cambio y toda moda pasa. Sentémonos a esperar tiempos mejores mientras ellos hacen el pasito.

 

Puedes leer más textos de Amilcar Ortega (a.k.a Huge Hefner) en su blog ‘Eduardo Próspero‘.