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Con la mente abierta, pero con las piernas cerradas

laura1
20/09/2017
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COMPOSICIÓN GRÁFICA: ERICH GORDON

Los lectores de @UB_themagazine ya conocen a @Laalesocial. En esta página ha soltado algunas de sus ideas y posiciones sobre el sexo, la sociedad  y la mujer venezolana. Ahora, cada miércoles expondrá su opinión sobre temas que las chicas deberían leer y los hombres comprender. Las siguientes líneas son un ejemplo de ello. 

2008. Tenía 15 años, pesaba 83 kilos y no sabía a qué sabían los labios de un hombre. El bullying de mis compañeros golpeó mi seguridad y abracé la comida. Mi segundo refugio: explorar mi sexualidad. ¿Contradictorio? Tal vez.

Sentía gran interés por conocer cómo funcionaba el cuerpo humano y las relaciones, que en ese tiempo eran ajenas. Construir los posibles escenarios para la primera vez ocupó parte de mi tiempo, si bien no me quitaba el sueño.

Nunca había tocado un hombre pero nada me impedía tocarme. Que recuerde, nunca tuve reparo en aceptar que lo hacía, que me masturbaba. Muchos de mis compañeritos confundieron sinceridad con permisividad. Se estrellaron. Las compañeritas, como suele suceder a los 16 años, convirtieron rumores en escenas que no protagonicé.

La triple w se convirtió en mi remanzo y la Cosmo en mi biblia para la sexualidad al estilo Carrie Bradshaw. The Girls Next Door fue la serie con la que construí el arquetipo de mujer que deseaba ser.

Así que a los dieciséis años de edad le dije a mi papá que quería ser una conejita Playboy. Él ni se inmutó. Realmente nunca estuvo cerca de suceder. De conejita Playboy a aparecer en la contraportada de un periódico venezolano existe un universo paralelo. Sin embargo, Osmel Sousa tampoco es que sea Hugh Hefner, eso lo entendemos.

Cuatro años después adelgacé. Tuve mi primera relación sexual, mi primer amor y también el primer corazón roto. Sin embargo, se hizo más natural hablar de sexo. Me había convertido en la chica que había soñado ser: senos operados, un cuerpo con curvas pero sin frenos, una carrera como comunicadora y el deseo de comerme al mundo.

Pasé de ser la “fea” de las amigas, que daba consejos sobre cómo satisfacer a un hombre sin haber satisfecho a uno, a la chica que tenía al tipo que soñaba entre sus piernas y con la libertad de ser quién quería ser pero… ¡eso resultó ser un problema!

Aprendida la lección, traté de no volver a involucrarme con caballeros machistas. Fue entonces cuando empecé a entender de qué iba esto: la apertura de mente, cerrarle la puerta a los prejuicios, no solo se relaciona con la sexualidad. También se relaciona con la espiritualidad, el amor, las amistades o algo más etéreo como escoger tu profesión. En conclusión, es una manera de vivir y debes estar consciente de que en este país –tal vez hay otros pero es en el que vivo-  eso trae consecuencias.

En el camino maduré. Algunas de mis preocupaciones y dudas se fueron disipando, aunque otras siguen allí. Volqué toda esa experiencia en UB y aquí estoy, escribiendo sobre las cosas que me interesan; de las mujeres y de los hombres; de cómo la era digital ha transformado las formas de coquetear, ligar e incluso de tener un encuentro casual. El Internet, el porno, Tinder y todas las redes sociales cambiaron las formas de comunicación en el mundo y es la hora de que nosotros también transformemos nuestros pensamientos de forma más abierta e igualitaria. El aceptar al otro por quién es termina siendo una de las decisiones más difíciles y a la vez más liberadoras que podemos experimentar.