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‘Dark’: tan buena que compararla con ‘Stranger Things’ es un insulto

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Un niño desaparece en el bosque. ¿Adónde fue? ¿Cambió de dimensión? ¿Es la víctima de una conspiración universal? ¿Ya no habíamos visto esto en Netflix? ¿En Alemania suceden tan pocas cosas importantes como para birlarse el argumento de los hermanos Duffer? Todas estas preguntas se van desvaneciendo a medida que avanzan los capítulos de ‘Dark’, la brillante serie creada por Baran bo Odar y Jantje Frietse.

En su debut, bo Odar ya trabajó con el concepto circular de la historia. Una tragedia que enlutó a un pequeño pueblo alemán vuelve a repetirse 23 años después en ‘Silencio de hielo’ (2010), opera prima del director de origen sueco, que fue recibida de manera tibia por la critica internacional. En retrospectiva, y como si fuera su propio juego, en esa cinta se encuentra la semilla de ‘Dark’, una serie empacada en la onda de lo “sobrenatural”, debido al éxito de ‘Stranger things’.

Pero más allá de la época, las bicicletas, los clásicos anglosajones del momento y el punto de partida, la obra de los hermanos Duffer y esta producción alemana se parecen tanto como Danny DeVito y Arnold Schwarzenegger. Mientras ‘Stranger things’ apuesta a lo lúdico, al entretenimiento, a la nostalgia, ‘Dark’ es una profunda reflexión sobre el impacto de cada acción individual en el colectivo. En consecuencia, la mentira, el engaño y la ausencia de humanidad alimentan la energía que mueve las manecillas del reloj.

A diferencia de la serie norteamericana, que está consciente de su éxito en la medida que precipita los hechos y rinde homenaje a los productos B de la industria hollywoodense, ‘Dark’ supura cine de autor por todos lados. Los primeros capítulos pueden confundir y parecer tan lentos, que probablemente muchos espectadores abandonen. De ser tu caso, te advertimos que vale la pena esperar. Porque cuando las piezas del rompecabezas se hacen visibles -o la mayoría de ellas- comienza un juego adictivo.

“La desaparición de dos niños en el pueblo alemán de Winden abre abismos que trastocan nuestro concepto del tiempo. La cuestión no es quién ha secuestrado a los niños, sino cuándo”. Así presenta Netflix a la creación de la pareja Odar-Prietse, que había trabajado en la recomendable ‘Who am I’. Y en efecto, la clave está en las preguntas. Cada nuevo capítulo genera nuevas interrogantes. Es como si al desvestir una Matrioska encontráramos una pieza del mismo tamaño que la inicial.

La teoría del eterno retorno

“Mira este instante! Desde este pórtico del momento va
hacia atrás una larga y eterna calle: detrás de nosotros
hay una eternidad.
Todo lo capaz de correr ¿no debe haber recorrido ya alguna
vez esta calle? Todo lo que puede suceder ¿no debe
haber sucedido (…) ya alguna vez?
¿Y no están todas las cosas trabadas de tal modo que este
instante atrae en pos de sí todo lo venidero? (…)
¡Porque todo lo capaz de correr debe recorrer también
una vez más esta larga calle que sube!”

Se le reconoce a Fiedrich Nietzche toda la justificación científica de la teoría del eterno retorno. Básicamente establece el filósofo alemán que el mundo no puede renovarse eternamente. Por lo tanto, las acciones son finitas, y al ser finitas están condenadas a repetirse. Es parte del discurso de Zaratrusta al enano y que abre el párrafo anterior.

La idea de cambiar nuestro destino -y las consecuencias- ha sido tratada en películas como ‘Donnie Darko’, ‘El efecto mariposa’, ‘La máquina del tiempo’ ‘Volver al futuro’ y muchas más. Incluso ‘Los Simpsons’ en su especial de Halloween tienen una versión genial con Homero alterando todo el sistema ecológico con un estornudo.  Por lo tanto, ‘Dark’ pareciera que no parte de un tópico muy creativo, sin embargo una vez que comprendemos cómo se genera la reiteración de a tragedia es que la serie toma tintes griegos y se convierte en universal.

Lo que realmente eleva a ‘Dark” con respecto a cualquier serie juvenil, incluida la famosa “Stranger Things”, es la cantidad de preguntas que nos hacemos una vez que vemos el capítulo final. Pensamos por ejemplo en aquel compañerito al que no defendimos en la escuela, en la niña con acné y frenillos que ignoramos y, ya de adultos, en nuestras infidelidades. ¿Libre albedrío o nuestras acciones son parte de un guión predeterminado por la eterna lucha entre el bien y el mal? Siéntase con la plena confianza de elaborar su teoría.