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De cómo mi bisabuela me enseñó a romper el patrón de la mujer sufrida

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13/03/2018
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COMPOSICIÓN GRÁFICA: GABRIELA POLICARPIO (@GABYPOLICARPIO)

De antemano les advierto: probablemente lo que diré a continuación no les agradará a algunos. Dicen por ahí que la verdad es incómoda. Aunque la mayoría de ustedes sabe que la verdad absoluta no existe. Como a mí nunca me ha dado miedo decir lo que pienso, entonces les presento mi perspectiva sobre esta nueva ola de las denuncias contra los acosos sexuales.

No obstante, antes de contar mi experiencia acerca de este tema, primero quiero recordar brevemente la historia de mi bisabuela:

Leonides Ochoa era una campesina del estado Yaracuy, una mujer sencilla, sin muchas pretenciones mas que las ganas de cocinar las mejores hallacas de Maracay. Mujer del siglo XX, oprimida y humillada. No se puede esperar menos de una sociedad clasista donde los analfabetas solo están programados para obedecer las ordenes de sus patrones, ¿no?

A pesar de encajar a la perfección con el molde de la mujer sufrida y víctima, Leonides se negó a caer en el patrón de las mujeres de su época. Tras vivir en la calle, dos matrimonios fallidos y los prejuicios de la clase alta puritana, mi bisabuela no le temblaba el pulso a la hora de denunciar los abusos que recibía por parte de sus jefes y de aquellos hombres que quisieron pisotearla.

Una de mis anécdotas preferidas fue cuando a punta de machete botó de la casa a quien fue su segundo marido (quien no colaboraba con ella en casa), o la vez que rescató a mi abuela (en ese entonces de 14 años) de un viejo depredador que la tenía encerrada en su hogar. Y sí, también la salvó a punta de machete en mano. No es de extrañar que debido su temple, a Leonides la apodaran “Leona”.

En poco tiempo se convirtió en la mejor cocinera de Maracay en la década de los 60s, gracias a su trabajo duro y dedicación. Dejó atrás el patrón de la mujer sufrida, la mujer víctima y se convirtió en una mujer moderna para su época. Estaba en boca de todos porque era independiente, porque viajaba, se vestía con ropa de marca y usaba perfumes finos, sin que ningún marido le pagara ni una locha por eso.

Lo más fácil para ella era quejarse de su desgracia, llorar y dar lástima, porque al parecer ese es el rol de la mujer. No obstante, ella escogió actuar.

via GIPHY

Ahora que las mujeres las están tomando en cuenta por sus denuncias contra el acoso sexual, no puedo evitar tener sentimientos encontrados. Por una parte, agradezco que nuestras voces sean escuchadas. Y por otro lado, veo un sector que está utilizando estos movimientos feministas para victimizarse y -otra vez- repetir el rol de la mujer sufrida.

Desde que tengo uso de razón he apoyado el feminismo, incluso, he sido criticada en muchas ocasiones por eso. Me crié en un hogar donde mis padres me enseñaron a luchar por mis sueños, por mis derechos y por nunca callarme antes las injusticias.

Sin embargo, parece que esto de ser “feminista” se ha tornado en una moda estúpida que solo busca llamar la atención y obtener unos cuantos likes en las redes sociales, a costa de victimizarse una vez más.

Quizás a muchos no les interese, pero yo me niego rotundamente a interpretar el personaje de la mujer sufrida. Y con esto no quiero decir que no haya sufrido acoso sexual en mi vida, porque he pasado por ello múltiples veces. Sin embargo, cada vez que me he sentido amenazada, he dicho NO, he actuado y me he defendido a pesar de lo débil y vulnerable que me haya podido sentir en el momento.

via GIPHY

El machismo se erradica con acciones, demostrando nuestro valor a través de los logros profesionales, de las denuncias en instituciones, de patear la calle y ayudar a otras mujeres en el mundo real (alejado de los flashes, las alfombras rojas y las redes). También se erradica enseñándole valores a los más pequeños para evitar que crezcan con este concepto erróneo.

Los movimientos como ‘Time’s Up’ o ‘Mee Too’ promovidos por celebridades hollywoodenses me hacen dudar. Y no puedo evitarlo porque soy una persona muy incrédula. Y soy muy incrédula porque veo con preocupación unos cuantos hombres que siempre han hecho comentarios despectivos/obscenos hacia las mujeres, (usando expresiones como: “Quiero que ‘fulanita’ me mame el güevo” o “Quiero que ‘fulanita’ se me siente en la cara”), y ahora se la dan de puritanos al defender un movimiento por el cual se ha luchado durante tantos años y nadie le dio importancia, sino hasta que las mega estrellas de Hollywood lo dieron a conocer.

Desde mi trinchera seguiré apoyando a los oprimidos, porque esto de ser “feminista” lo llevo en mis venas, en la historia que arrastro de mis antepasados y me opongo a victimizarme. Al igual que lo hizo mi bisabuela, sigo luchando por tener mi lugar en el mundo, así tenga que pelear con un machete en mano si es necesario.