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El inesperado éxito de ‘Verónica’, un exorcismo musicalizado por Bunbury

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La cinta de Paco Plaza, que tuvo un recibimiento tibio en las salas de cine y que la crítica especializada dejó pasar, se ha convertido en un verdadero bombazo en Netflix. ¿Por qué? No existe una respuesta única a esta pregunta, pero tampoco es difícil identificar la tormenta perfecta que le ha permitido triunfar en el mercado latinoamericano y anglosajón.  Vivimos con nostalgia. El éxito de series como ‘Stranger Things’, ‘Dark’; los regresos de ‘Roseanne’ y ‘Will and Grace’, más la cantidad de remakes en las salas de cine (de ‘Baywatch’ a ‘Jumanji)’, evidencia la relación exitosa entre la audiencia y el recuerdo. De allí que pocos se sorprendieran cuando salieron las primeras notas sobre ‘Verónica’. “Otra de exorcismos”, dijimos muchos. Y sí, la verdad es que no hay absolutamente nada nuevo en la nueva obra de Paco Plaza, creador de la exitosa saga REC. No obstante, el paquete completo, desde la dirección hasta la recreación de los 90s, está por encima de lo que regularmente nos ofrecen este tipo de largometrajes.

El guión no guarda ningún as bajo la manga. No hay un giro inesperado. Por lo tanto, lo que observamos es un desgaste lineal de la protagonista, Sandra Escacena. La idea de una muchacha que sufre las consecuencias de una presencia invasora es tan vieja como la propia religión. Si bien ‘El Exorcista’ de William Friedkin marcó un hito y es la referencia del género, ya en 1961 se estrenaba ‘Matka Joanna od Aniolów’ (‘Madre Juana de Los Ángeles’), cinta polaca que se inspiró en un caso de posesiones ocurrido en 1631. Desde entonces, muchos directores han caído en la tentación de retratar la peligrosa comunión entre un ente diabólico y el cuerpo humano.

El problema de dicho subgénero estriba entonces no en el qué, porque cualquier espectador intuye lo que va a ver. El éxito o el fracaso estriba en el cómo. ‘El exorcismo de Emily Rose’ (2005) es un ejemplo acertado de ese cómo. El duelo entre fe y ciencia, la eficiente dirección de Scott Derrickson y la soberbia actuación de Jennifer Carpenter le dieron oxígeno al cine de posesiones demoníacas. ‘Lovely Molly’ (2013) de Eduardo Sánchez también mejoró el catálogo. Conocido por la trascendental ‘The Blair Witch Project’, el realizador se afincó en el deterioro sicológico de la protagonista por encima de las manidas consecuencias físicas (marcas, levitaciones, contorsiones…). Más que lo que se ve, lo clave es lo que no se muestra, como en la ópera prima. Finalmente, cabria en esta lista, con algunos peros eso sí, ‘The Last Exorcism’ (olviden la secuela).

Los tres títulos anteriores, sin embargo, son excepciones, pequeños granos de arena que se pierden en un mar de títulos mediocres: ‘Exorcismus’ (2010), ‘La posesión de Emma Evans’ (2019), ‘The Rite’ (2011), ‘The Devil Inside’ (2012), ‘Deliver Us from Evil (2014), ‘The Vatican Tapes’ (2015); ‘The Exorcism of Anna Ecklund’ (2016)”… Reducimos el número de opciones para no cansar al lector. ¿Cuáles son las virtudes de ‘Verónica’ para no ingresar a este último grupo y cuáles son sus errores que no le permiten estar en el primero? Veamos.

El punto de partida y con esto no hago ningún spoiler porque está presente en el tráiler, es lo menos creativo del mundo. Un espíritu malvado se cuela gracias al aburrimiento de tres adolescentes que experimentan con una Güija. Cualquier trama que comience con este recurso debería terminar mal, ¿no? Pues regularmente, pero Plaza se las arregla para salir ileso del trillado inicio, que además se ciñe al “caso real”, sucedido en España. ¿Y cómo lo hace? A través de una sucesión de imágenes y diálogos creíbles. Todo se concentra en este punto: la verosimilitud.

Y es verosímil gracias a tres niños que resultan ser unos actorazos y a la protagonista que carga con toda la película. Es ella, Escacena, la encargada de hacernos copartícipes de su desgracia. Los diálogos entre los hermanos, la ausencia de la madre (y en general de cualquier autoridad adulta), las relaciones adolescentes y una banda sonora que enamora a los nostálgicos con la voz de Enrique Bunbury (¡temazo Maldito Duende!), completan un cuadro muy atractivo para los que añoran al pasado y para los que disfrutan del género.

Sin embargo, es obvio que el éxito en el mercado de streaming se debe precisamente a la poca oferta de buenos títulos de terror. Es decir, no es lo mismo ir al cine a ver ‘Verónica’, porque debes pagar una entrada y esperas a cambio una recompensa mayor, que cazarla en Netflix. Por antonomasia, las expectativas son diferentes en cada caso. Por otro lado, la audiencia está cada vez más abierta al género (todas las empresas audiovisuales están buscando a directores que realicen producciones de este tipo). La inclusión de ‘Get out’ en el Óscar evidenció que el terror dejó de ser un producto de nicho. Y finalmente, el que aún no quiere “salir del clóset”, prefiere buscar en el catálogo de Netflix antes que ser juzgado al acudir a una sala y esta película no tiene esos excesos que pueden alejar a un recién llegado (sangre, tripas, sustos extremos).

Así fue como se dio la tormenta perfecta para que un producto serie B, que pudo haber pasado al olvido, hoy sea uno de los mejores calificados en Netflix.