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Es contigo macho panzón: ya es hora de vestirte bien

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15/11/2018
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FOTOS: ALEJANDRO CREMADES @DONCREMADES

Ten por seguro que Mario Aranaga de moda sabe más que tú y que tu novia. Es periodista, consultor y asesor de marcas y de gente que se preocupa por su aspecto. Así que fuimos a preguntarle algunas cosas para entender por qué a los heterosexuales nos cuesta tanto lograr un look adecuado

-¿Vas a ir a casa de Mario?
-Sí
-Vístete bien

Mario Aranaga es periodista. Durante muchos años estuvo al frente de Estampas, la revista dominical del diario El Universal. Y desde esa posición –privilegiada en el país que era antes Venezuela- fue consolidando algo más a partir de su sensibilidad y ojo educado: se convirtió en un experto en moda. En un gurú. En un conocedor. En el tipo al que buscan las marcas para que las asesore y les ayude a organizar sus eventos, en el personaje ante el cual las mujeres hacen círculo para hablar de tendencias y preguntarle si esto o aquello les sienta bien a su figura.

Aranaga, usemos ya la denominación formal, es consultor. Y así como diseñadores, tiendas y celebridades requieren su opinión y consejo, lo buscamos para intentar aclarar un misterio de la naturaleza humana: la razón por la cual los hombres heterosexuales nos vestimos mal.

-¿Qué es estar bien vestido, a qué criterios atiende esta definición?
-Creo que esos son conceptos que han ido cambiando y que están todavía en construcción. En mi opinión alguien está bien vestido cuando está acorde a la oportunidad, expresa rasgos de su carácter con lo que lleva puesto, está usando su talla, tiene cierta armonía, cierto balance. Lo bueno, para mí, lo bonito, lo estético tiene que ver con eso: con armonía, balance, con equilibrio. Si hay alguien que va demasiado apretado, que va con tallas más grandes que la suya, no se ve bien. Aquí el hombre incluso estando con ropa formal no va bien vestido. Por una razón: no usa su talla. Porque el cuello de la camisa es más grande, los hombros no le sientan bien, porque la manga siempre está o más corta o más larga, porque la bota del pantalón le cae mucho sobre el zapato, o el zapato está sucio. Y no tiene que ver con categorización de marcas o de lujo, tiene que ver con eso, con lo básico: usar tu talla, tener los zapatos limpios y el cuello de la camisa ajustado, lo mismo que las mangas. Y no es porque lo digo yo, lo ha dicho la sastrería desde el siglo pasado.

-En líneas generales los heterosexuales nos vestimos mal…
-Fíjate que creo que ahora los heterosexuales están luciendo más como los homosexuales. Antes podías intuir que alguien era homosexual por cómo lucía. Ahora, para mí, es confuso. Y de hecho los homosexuales quieren lucir cada vez más masculinos y lo ves en las barbas, en los tatuajes, en la musculatura. Eso tiene que ver, a mi juicio, con esta cosa del reguetón, de los raperos, el bling bling… Al final no sabes porque llevan pantalones que parecen licras, unas franelas oversize, llevan mucho accesorio, gorras, grandes lentes que se asumen ahora sin género… Entonces esa gente parece más homosexual que heterosexual…

-Eso es un asunto también de generación. Estás hablando de gente joven. Pero el típico hetero de 30, 40 y 50 no está en esa onda y sigue cometiendo los mismos errores al vestir que ha cometido toda su vida…
-Sí. Fíjate que he tratado de ver si es algo latinoamericano. Pero el brasilero no es así. El colombiano como es un poco más formal quizás no comete los mismos errores. A ver si me explico con un ejemplo: no sé cómo se pusieron de moda aquí las camisas esas marca Columbia, que son para ir a pescar, para paseos al aire libre, y aquí la gente las usa de una manera increíble, ¿no?

-Es una camisa para gordos…
-Ah, quizás sea eso… Porque crees que te permite camuflar la barriga…

-Claro, la ocultas. Y al mismo tiempo tiene este diseño con orificios de entrada de aire y así el gordo que anda sudado se refresca…
-Fíjate, debe ser eso…

-Y además se convirtió en la camisa de los políticos…
-Sí, además. Son cosas que pasan y siento que es porque todo se ha ido por el asunto de la comodidad, de disimular cosas como la barriga o que no tengas muchos hombros… Creo que eso no ha ayudado. Y tampoco ha ayudado el lío de “parecer”. Te pongo otro ejemplo: aquí hay una marca italiana súper famosa y que para mí es sinónimo casi de dinero recién adquirido: Ferragamo. Cuando veas a un tipo con exceso de Ferragamo encima es sospechosísimo. Porque además, siendo la sastrería italiana como es, ceñida al cuerpo, esta gente va con eso un poco más ancho. Yo, por ejemplo, que no soy un tipo alto ni muy corpulento no me puedo poner un Hugo Boss, porque esa marca está concebida para alemanes, para europeos altos, para gente grande. Me pongo un traje de Hugo Boss y el saco me llegará a las rodillas. Yo tengo que ir hacia los italianos que hacen un fit, una figura, más acorde a mi proporción de cuerpo. Y creo que aquí es eso lo que está fallando más en los hombres: no terminan de descubrir qué es lo que favorece a su figura.

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-Lo que uno busca, casi por intuición, es comodidad… Y piensas que lo ancho es más cómodo…
-Y ahí es donde fallas. “Si tú vas cómodo, no tienes el look”, eso lo dice la gente que trabaja en moda. Porque cuando vas bien, te ves bien, no es necesariamente con lo cómodo. Y las mujeres son las mejores testigos de eso. Se ven tan bien sobre unos tacones de 8 o 10 centímetros, pero eso no es cómodo…

-La mujer parece siempre dispuesta a sacrificar su comodidad por verse bien. El hombre no tanto…
-Sí, pero hay hombres que lo hacen. No es cómodo pasar todo el día con un traje y corbata. Te puedes acostumbrar, pero eso no es cómodo…

-No, pero es una exigencia de formalidad…
-Pero las exigencias son para ambos. A la mujer se le exige esbeltez, seducción, feminidad 7 x 24 y a los hombres se les exige formalidad, en algunos casos.

-Lo cual es un error, además, porque estar de traje y corbata no implica necesariamente que estés bien vestido…
-Totalmente. Ni tampoco indica formalidad. No sé si han ido aprendiendo, pero siento que la mujer ayuda mucho al aspecto del hombre cuando actúa con inteligencia, con mano izquierda. Yo recuerdo que mi mamá le elegía la ropa a mi papá. Siento que en esa medida puede ayudar o ir en contra.

-También tenemos esos casos de mujeres que te dicen “no te pongas eso porque pareces un marico”. Y luego van y le ven algo similar a alguien gay y lo elogian…
-Quizás la pareja de ella no tiene ni la altura del otro, ni el cuerpo del otro. Recuerda que la ropa tiene que ver con tu figura. Aunque yo creo que la ropa es mágica, te puede ayudar. Un blazer bien cortado puede hacer por ti un milagro. Igual que una buena camisa o el hecho de llevar tu talla. El jean, por ejemplo: cuando un hombre consigue el blue jean ideal, el que le queda bien, debería comprarse seis. Porque hay jeans que te pueden echar una tronco de vaina.

-¿Aquí estamos uniformados?
-Totalmente. No solo eso, sino también en esa línea que no es ni para arriba ni para abajo. Te montas en el Metro aquí y la gente va más o menos igual, las mujeres embutidas en licras… pero el que se atreve un poquito hace que los demás en seguida se volteen a ver…

-El que se atreve resalta, pero eso no debe ser agradable…
-Para el que lo lleva claro que no, porque hay gente que se está vistiendo como una forma de expresión y lo que menos quiere es llamar la atención. No sé si recuerdas aquella frase de “pareces un arquitecto”, porque los arquitectos se vestían de cierta manera. O un banquero, porque los banqueros se vestían de cierta manera. Siento que esa era una manera de expresar lo que eras, decir algo sobre tu oficio… Recuerdo que los periodistas siempre nos vestimos de una manera más libre, por no decir mamarrachos… Pero hay periodistas que he visto a quienes le roncan los motores.

-Y hay otros que no se quitaron nunca la chaqueta marrón…
-Exacto, ¡el blazer marrón! El marrón es un color que deberían execrarlo: esa vaina no le queda bien a nadie y menos a gente de nuestro tipo de piel.

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-Entre los jóvenes hay más libertad, más atrevimiento, ¿no?
-Entre algunos. Yo me sorprendo de cuán conservadores, quizás ultraconservadores, pueden ser algunos jóvenes. Y hablo de muy jóvenes, que se van al extremo. A mí me encanta la diversidad, me alimenta, y ver a gente en contraste siempre me ha parecido fascinante. Ahora ves hasta por estratos sociales qué se ponen y cómo se lo ponen. Eso me parece sumamente aburrido, sin imaginación e indica un poquito el estado de lo que estamos viviendo.

-Las camisas de cuadros son como el equivalente a las Columbia pero en los estratos altos, ¿no? Llegas a un lugar y todos las llevan como uniforme…
-Sí, las de cuadritos chiquitos… También el suetercito ese cuello en V con la camisita de cuadros, se han convertido como en unos uniformes. Un poco como los gringos universitarios. Copiamos eso, que es absurdo, y lo hacemos nuestro, pero no siempre lo hacemos bien. Es igual el lío de las guayaberas para los matrimonios de día o en la playa…

-Alto ahí, ¿no está bien la guayabera en esas ocasiones?
-Sí está bien, pero no debe ser la única opción. Ahora estuve de trabajo en Santo Domingo y hubo un desfile en la zona colonial y me llamaba la atención ver a todos los hombres con guayaberas manga larga y corbatas de lacito. Pero las corbatas más increíbles que puedas imaginar. Pregunté y resulta que así se visten los señores, es la formalidad de la guayabera, pero eso tiene un guiño, tiene carácter, es distinto…

-Y refleja una tradición…
-Los refleja a ellos. Si me preguntas qué nos refleja a los hombres venezolanos, no te sé decir. No sé decir qué nos refleja. Eso no está bien. Y no solo por un asunto de moda, no está bien por carácter, por personalidad, por gentilicio, por imaginación. Dice mucho de nosotros.

-Podría salir uno a decir que el liquiliqui, pero ¿quién se pone eso?
-Nadie se pone liquiliqui ya. Yo recuerdo a mi padrino, un hombre que trabajó en política y fue un gran naturalista, que usaba liquiliqui y tenía algunos formales para las ocasiones especiales. Igual que cierto tipo de guayaberas, había de hilo, bordadas. Siento que eso te va identificando de una u otra manera. Lo mismo pasa con las mujeres. ¿Por qué Frida Kahlo es un ícono pop? Como Frida hubo muchas mujeres mexicanas que en las grandes galas iban con huipiles y mantos bordados, porque estaban orgullosas de eso. Y eso se hizo casi sinónimo de formalidad, como un abrigo de piel. Eran mujeres que estaban orgullosas y lo lucían con gracia y con sentido, que es algo que no tenemos.

-¿Te refieres al sentido de la oportunidad?
-Sí, el cómo me visto. Si voy a una ocasión especial, me tengo que vestir especial.

-Volvamos al punto de la comodidad y al intento por ocultar… Eso es determinante: buscas taparte la barriga, tratas de estar cómodo, de no pasar calor y por ahí te vas llevando por delante cosas elementales y detalles…
-Siento que la comodidad es una excusa muy recursiva porque tú puedes estar cómodo sin andar con el blue jean escoñetado, con el zapato que tiene un hueco y con una franela cuyo cuello ya pasó sus mejores tiempos. O sea, puedes andar con una franela igual, del color que decidas, pero de tu talla. Por ejemplo. Y no me refiero a que te quede ceñida, pero tampoco que sea tres tallas más. Y que esté en buenas condiciones. Ahorita hay cosas extremadamente cómodas que no se arrugan, que no pierden el color cuando se lavan. Ahí están los famosos pantalones track pants, los puedes llevar con el ruedo adecuado, que sea vea el zapato, y que pueden ser divertidos y no se arrugan. Incluso hay chaquetas que puestas encima de una franela resultan súper cómodas y vestidoras. Uno se sorprende de la cantidad de ropa que hay. Quizás nosotros en estas circunstancias no tengamos muchas alternativas o el acceso, eso es una circunstancia. Pero la oferta está ahí.

-¿Es caro estar bien vestido?
-No necesariamente. Ahora para nosotros todo es caro, pero puedes conseguir cosas.

-¿Qué debería tener uno como básico para andar más o menos bien?
-Jeans, uno azul oscuro y uno negro. Y a partir de ahí, si te gusta, alguno más desteñido. Un jean que te quede chévere, clásico, puede funcionar perfecto. Yo lo recomiendo siempre en esos tonos: azul oscuro y negro. Diría que unos mocasines y un buen par de zapatos de goma. El zapato en un hombre es determinante. No tiene que ser fancy ni nada de eso, pero tiene que ser de buena calidad, estar bien cuidado, limpio. El lío de las chemises, esas camisas con cuello. En franelas deberías probar qué tipo de cuello te sienta bien, creo que el cuello en V es bastante favorecedor. Un par de camisas, una oscura y una blanca, preferiblemente de manga larga, con botones en el cuello. Y sin duda un buen blazer azul marino y una chaquetica de labor…

-Todo eso que dices es clásico. Es la misma respuesta que se ha dado durante años a la misma pregunta…
-Sí, claro. Pero es que a eso le das el twist. Te puedo mostrar un blazer azul que de clásico no tiene nada, que es a lo que voy. Si eres un tipo clásico, vas a conseguir el blazer clásico. Yo no tengo uno clásico, tengo un blazer en tela plástica que no pesa y lo puedo guardar en un bolso cuando viajo; tengo otro más corto, quizás el twist de mi blazer está en el forro o en los botones. La ropa es la misma siempre, el asunto es cómo te la pones. Por más clásico que sean un blazer azul marino, un jean y una franela blanca, si tienes los zapatos adecuados eso no va a ser nunca aburrido. Lo clásico no es malo. Lo fastidioso es que no tenga ningún tipo de guiño, de twist. El hombre no es imaginativo con la ropa, nunca lo ha sido, salvo temporadas en la historia. Pero conozco a tipos venezolanos que dentro de su peo conservador llevan un traje lo más moderno que se puede. El entallado de un traje es lo que te da la modernidad. Y después comienzan los detalles: una camisa morada en lugar de blanca, una corbata estampada… Ahí ya empiezan ciertos ajustes. Pero esa no es la norma.
Hay cosas a las que me aproximo con muchísima cautela. La forma como usan los pantalones los españoles, por ejemplo. Los pantalones de los españoles son como unas pantimedias, por lo forrado. Es impresionante. Y encima con medias y zapatos. Eso me parece horrible. No es favorecedor, por más bien que esté el tipo. Puedes tener un pantalón al cuerpo pero no forrado. Lo forrado me parece burda de incómodo. ¡Te sientas frente a alguien así y tienes miedo de que salga volando un botón! Eso no puede ser cómodo, ni elegante.

-Hay otro elemento: estás buscando ropa y de repente parece que todo ha sido hecho para flacos. ¿Cómo voy a lucir bien si la industria conspira contra mí?
-Es verdad… Pero eso, en el caso de las mujeres que son quienes dominan el mercado, está cambiando. Ya la ropa para tallas plus está teniendo más sentido. Tú podías conseguir en tiendas americanas tallas para hombres altos, por ejemplo, no necesariamente gordos, sino grandes. Pero eran vainas con cero diseño. Casi un forro de lavadora. Y lo mismo pasaba con la ropa de mujer. Eso ya está cambiando a pasos agigantados. Con los hombres, como somos un mercado menos comprador, tardará más. En la medida en que los hombres consumamos más moda, eso cambiará.

-O en la medida en que nos esforcemos por estar más flacos…
-Eso cuesta. Yo veo que hay gorditos que le echan bolas pero siempre se ven como forrados. No puedes copiar esa estética del flaco porque resulta fatal.

-Sigamos con el gordito barrigón: ¿qué podemos hacer para vernos bien?
-Nunca he visto un momento histórico donde aquí el físico masculino importe menos. Ese gordito barrigón puede tener a 15 misses Venezuela alrededor…

-Solo si es un gordito barrigón con plata…
-Claro, claro… Pero en general –y lo veo en todos lados- el hombre no se preocupa tanto por su apariencia como la mujer. Y eso obedece a que la tiene muy fácil. Ese desinterés es directamente proporcional al aspecto. Veo gente de mi generación, en los 50 años, donde las mujeres se preocupan por lucir extraordinariamente bien y a ellos parece no importarles ni lucir ni vestirse bien.

-Van cada vez peor…
-Si no peor, ahí, ahí… un jean, una camisa, un saco si es necesario y ya. Tiene que ver con ese desinterés el hecho de no buscar herramientas. Aunque sí, será un fastidio buscarlas. ¿Opciones? Los colores oscuros. Una camisa negra siempre te va a ayudar. Un traje. No hay que desestimar el poder de un traje. Y esto porque los trajes están concebidos para hacer la figura masculina un poco más imponente.

-Ropita forrada: cero…
-Ni ropita forrada, ni pantalón forrado. No sé qué está pasando allí… Tampoco es que te vas a poner algo como una bolsa. Tienes que ver dónde tienes tú la cintura. La figura tiene que ver con balance, entonces, si vas muy ancho arriba y chupado abajo, vas a parecer una barquilla. Tienes que buscar balance. Si vas muy estrecho arriba, busca un poco de comodidad abajo, por ejemplo. Otro elemento son las capas. Las capas siempre te ayudan. Te pones una franela y encima una camisa y ahí vas disimulando, sigues estando informal, cómodo. Siempre prefiere tejidos nobles, un buen algodón, no esa vaina sintética que sabes que es para hacer ejercicios…

-Andar por ahí en jean con una de esas franelas de hacer ejercicios, ¿qué tal esa combinación?
-No, no, no. Eso te quita formalidad. Igual que las gorras. No vas a andar con una franela sintética de tu equipo favorito y un jean para ir a tu oficina… ¿Qué te pasa? Y sobre todo a cierta edad…

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-¿Cómo comienza la educación para el heterosexual que no atiende mucho a los detalles del vestir? ¿Por dónde nos empezamos a educar?
-Yo diría que viendo, lo que pasa es que en este momento para nosotros ver no es una buena escuela… Primero hay que mostrar cierto interés. Y pedir ayuda. A veces veo casos como lo que ocurre con los zapatos de suela: esos zapatos uno no puede comprarlos tan en tendencia porque pasa que de repente ves esos zapatos súper puntiagudos y dices “coño, qué estaba pensando yo cuando me compré esta vaina”. Siempre tiende a comprar algo discreto, clásico, ¿sabes? El zapatico ese de puntos, con trenzas, va bien con un blue jean, con tu traje y si lo quieres poner más moderno le cambias las trenzas por unas de colores y después vuelves a las negras o a las marrones. Hacer compras inteligentes, más sensatas. Ese es el punto. Lo mismo con los zapatos de goma. Si tienes la oportunidad de elegir entre unos todos negros y otros que son una explosión de color, coño, no te compres la explosión de color. ¿En qué estás pensando? Y otras cosas importantes: córtate el pelo bien, quítate los pelos de las orejas, los pelos de la nariz. Un poco de urbanidad. Si te vas a poner unas cholas, córtate las uñas o si tienes quién sabe qué vaina bajo las uñas, no te pongas las cholas. Y digo esto porque lo vemos. Y no solo aquí. Tampoco hay que engañarse, a lo mejor meten la pata, pero hay hombres que compran tanto o más que algunas mujeres. Lo que pasa es que compran mal.

-Y entender también que lo más caro no es lo más elegante o lo mejor…
-O lo que te queda bien. Hay que pensar en detalles como los bolsos, por ejemplo. Ahorita todos cargamos un morral o algo. Y tienes que pensar qué coño vas a comprar y por qué. Si vas a cargar un bolso, entonces que el bolso diga también algo de ti.

-Comprar con más cabeza, sería el consejo…
-Sí. Y sobre todo nosotros ahorita que estamos contando cada centavo. Sí vas a poder encontrar desde el bolso más pajúo, todo negro con buenos cierres, hasta el bolso más pajúo con un arcoíris y un unicornio y por el mismo precio. Eres tú el inadecuado si compras el del unicornio…

-A menos de que te guste el unicornio…
-¡Pero entonces después no te vayas a andar quejando de que no luces bien!

-Mario, ¿qué tal se vistió Medina para ir a tu casa? Le dije que se pusiera una buena pinta
-Elegante, casual, boho, chic, con toques intelectuales pero manteniendo el desparpajo
-¿De verdad?

Instagram: @marioaranaga