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La dictadura del ron

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17/10/2017

Quedamos con que el preciado líquido de barrica, el de las tierras afortunadas de la caña, donde el escocés preponderaba, es ahora una opción obligatoria para muchos por motivos de económicos. Pero también comparamos lo económico con lo político. A propósito de la sed, de esa peligrosa, y cuando hay ley seca, todo vale. 

 Lo que se vivió en la noche de las regionales no tuvo parangón. No estamos hablando de la cachetada magistral del CNE, sino de lo que vino después. Un confuso anuncio de Reverol diciendo que no hay expendio alcohólico hasta el 3 de Noviembre.  Todo eso forma parte de un quehacer totalitario que denominamos algunas personas como: “la dictadura del ron”. Que nos hace presas del escape etílico permanente y sin condiciones. Porque así es el país.

Ese supuesto anuncio de Nestor Reverol, Ministro de Interior, puso en vilo al extenso universo borracho que habita y palpita en nuestro país. Que la ley seca – oh dios- se extendía hasta el 3 de Noviembre. No importaba el mensaje central:  prohibidas las manifestaciones públicas y porte de armas hasta Noviembre tras todo el marasmo que se vivió el domingo 15 de Octubre.

El punto cruciain radica en que los medios entendieron mal, quien sabe si por la dicción del funcionario o por errónea interpretación del encargado de AVN en elaborar la nota periodística, pero se interpretó que el decreto incluía prohibir el expendio de licor por más de 15 días.

Cundió pánico en los círculos sociales y, sobre todo, entre el despecho habitual electoral.  Todos los medios anunciaron la alarma preponderante acerca de la proscripción. Más allá de conteos. Más allá de actas y votos o fraudes. Se entendió mal que la ley seca seguía.

Todo el escenario anterior confirma que la vida de mierda que llevamos muchos se compensa, a veces grata y a veces ante los golpes de Dios y del Diablo, con la penosa alegría de beber. Beber mal, beber bien por que no hay más nada que hacer. Charles Bukowski, poeta soberbiamente vomitivo, dijo que cuando pasa algo bueno hay que beber y cuando pasa algo malo también. Y si no pasa nada, hay que beber para que algo pase.

Garantizada la premisa, es probable que todo ser que fue comprar caña se levantó atónito tras ese desliz informativo. Enratonado, ante un madrugonazo menos preferible que el de las elecciones y para verificar si era verdad que había birras o no. Con ganas de desobedecer y desconocer más aún el poder que nos engrapa en la soledad democrática tozuda y repetitiva en brazos de la MUD  y sus aledaños. Las buenas intenciones calan en lo que se llama el beneficio de la duda. Claro, como tienen sus bodegas llenas de Buchanan’s Master, no importa el pueblo llano.

Vamos a calmarnos. Reverol rectificó con un tuit para aplanar a todos los medios sobre el error, el suyo y el de todos. Quizá para aupar a la mal llamada paz revolucionaria. Es decir. Lánzate que no pasó nada. Aún queda la duda de que si la cosa fue a propósito o fue un pelón. Como todo en este gobierno.

Pero la reflexión nos lleva a la crónica de una crisis perenne en la cual el suplemento alcohólico de la población que no posee mucha liquidez se reduce a cosas como adquirir lavagallos pagados entre dos.

Cosas espantosas en pleno expendio que pasan por espirituosas y llevan a la ruina física, al desenfreno, al golpe al hígado bestial y a cosas muy inoportunas nada más porque no tienes las lucas para comprarte un vino, o unas birras que surtan calificadamente a cada persona que anda contigo.

Por eso. El Oro. Es bendito. El Pampero. Otorgando esa publicidad delante, o la del pecho cuadrao o del Cacique, caben opciones como los rones de baja gama, los que no llegan a ron, esos que producen regurgitaciones apenas nombrar marcas.

Lo siento. Es así. Es conformismo a palos. Es la dictadura del ron. Porque el anís el vodka Gordon no nos vencerán.