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#SexoparaLeer Un baño de champaña

cuento 1co
17/09/2019
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TEXTO: DIVA DIVINA ILUSTRACION: DANIEL HERNANDEZ

Las despedidas de soltero pueden ser impredecibles y extravagantes. Todo depende del ánimo fiestero, de las ganas, de los mirones, de las fantasías de quien pague

El baile no es lo mío, pero la plata manda y si eso piden, pues allí me tienen. Esa noche me querían cuatro tipos para una despedida de soltero, un show de striper con “final feliz” para el novio.

El taxi me dejó en la residencia ubicada en Santa Rosa de Lima a las 11 en punto, el sobretodo me ayudaba a tapar el diminuto trikini rosa con el que me habían pedido que bailara.

- Mami cuando abra esa puerta quiero verte solo en tus tacones y el trikini, me dijo el muchacho por teléfono.

Así que una vez que la plata cayó en la cuenta me comencé a arreglar. El trikini me apretaba, lo sentía metido entre las nalgas hasta lo más íntimo y arriba apenas me tapaba la aureola de las tetas. Y los tacones eran altísimos.

Escondí toda mi figura debajo del sobretodo y subí por el ascensor al PH, una vez en el pasillo me quité el abrigo y lo apreté lo mejor que pude en mi cartera. Antes de tocar la puerta, un retoque en la pintura de labios, me acomodo el trikini y hago sonar el timbre.

Me abrió un chamo de no más de 25 años, con un Habano en la boca, un ridículo sombrero de plástico en la cabeza y una botella de champaña en la mano. Como cosa rara me pidió dar una vuelta antes de entrar, con las tetas apenas manteniéndose dentro del trikini tan ajustado.

En la sala mis tacones suenan en el piso y otros tres chamos, más o menos de la misma edad del que me abrió la puerta, se encuentran charlando en el balcón, al fondo suena reguetón y los silbidos y piropos se mezclan con la música.

Se sientan a mi alrededor y comienza el show: muevo el cuerpo voluptuoso que apenas se contiene dentro del trikini, las chocadas de manos, gritos y silbidos acompañan cada movimiento de mis caderas.

No tardo mucho en despojarme del trikini, con el balcón cerrado, el olor a tabaco y la calentura de los tipos, comienzo a sudar con cada movimiento de baile. Ya con tetas y culo al aire, me arrodillo para ponerme en cuatro.

El calor era insoportable. Y en ese momento, mientras le ponía las nalgas en la cara al novio, el chamo que me contrató comienza a derramar la botella de champaña en mi espalda.

Pagando bien y por adelantado no le paro a esas excentricidades, cuando de pronto el segundo tipo me comienza a derramar otra botella sobre mis tetas. “Coño y me acabo de secar el cabello”, pensé.

Al rato el novio estaba sin ropa y sus tres panas alrededor de nosotros: él en su silla, yo montada sobre su regazo viéndole el rostro y sintiendo su miembro erecto mientras mis pezones parados rozaban su pecho.

En esa posición, bañada en sudor y champaña, sus otros tres panas derraman otras dos botellas sobre nosotros, mientras el tipo agarraba mis nalgas y me besa y muerde los senos.

Pronto su pene estaba totalmente dentro de mí y mientras yo me meneaba al ritmo de la música, trataba de olvidar a los otros tres tipos que seguían derramando champaña sobre nosotros, mientras gritaban y chocaban manos.

Mientras me cogía bebía la champaña que deslizaba por mi cuello y senos… Estaba totalmente empapada cuando sentí que llegó al orgasmo dentro del preservativo.

No era mi primera vez haciéndolo en público, pero sí era una novedad eso de los otros tres tipos vitoreándome y derramando botella tras botella de champaña sobre mi cuerpo sudado.

Mientras el novio yacía en la silla agotado de placer y dos de sus amigos le gritaban al oído y le gastaban bromas, el chamo que me abrió la puerta me entregó una toalla y me dijo: “Váyase rapidito, mami, que mis padres llegan pronto”.

Todavía empapada y ya en el ascensor, trataba de secarme lo mejor que podía el cabello. Al salir a la calle, el encuentro con la brisa nocturna caraqueña, temblaba de frío.

Ya en el taxi hice lo mejor que pude para secarme y evitar que el buzo del chofer me viera hasta el alma por su retrovisor mientras iba, finalmente, a casa.

- Niña, ¿usted vino a trabajar o nadar?, me dijo mientras ajustaba un poco más el retrovisor. Estoy segura de que me vio las tetas.