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Si ‘La Forma del Agua’ es tan buena, ¿por qué hay gente que la aborrece?

Theshapeofwater

La preciosa película de Guillermo del Toro está arrasando en la temporada de premios. El público, en general, la aprecia, pero hay un sector de la audiencia que no se siente tan identificado con este cuento que perfecciona la vieja obsesión del cineasta mexicano: el amor entre un monstruo y un humano. A continuación, si desea seguir leyendo, le advertimos que encontrará spoilers.

“Y me diste a probar el veneno de Bach, de Beethoven, de Brahms, de Bartok, y claro, de los Beatles, las cinco bes sin las cuales ya no pude seguir viviendo”, dice Graciela, la protagonista de “Diatriba de amor contra un hombre sentado”. Es lo que le sucede al amante del terror o del género fantástico cuando se acerca al creador de ‘El espinazo del diablo’ (2001). Una vez que pruebas una imagen de Del Toro, te vuelves adicto. Hasta en su obras menos decentes – ‘Pacific Rim’ y sobre todo ‘La Cumbre Escarlata’ vienen a la mente- los detalles de la dirección artística y la paleta de colores pagan la entrada.

Aunque suene a cliché, realmente del Toro es un hombre de imágenes, colores y atmósferas fantásticas. Todo lo contrario, por ejemplo, a Woody Allen, que se expresa con personajes perfectamente delineados, diálogos inteligentes y atmósferas claustrofóbicas. Aún así, ambos comparten una obra solida y reconocible. Mientras el director norteamericano hizo una carrera indagando sobre las inseguridades de los hombres y las mujeres o los conflictos de la pareja, el mexicano fabricó un universo alterno, con criaturas que no son más que metáforas de nuestros miedos y esperanzas.

De tal forma que no es un defecto ni una critica negativa decir que Allen y del Toro trabajan haciendo la misma película, si bien los mejores años del primero, para quien escribe, pasaron. “Me gustan los que crean mundos. Patrick Modiano siempre hace el mismo libro y cada septiembre espero el próximo”, decía recientemente Isabel Coixet, la ganadora del Goya 2018 por ‘La Librería’ a El País de España.

Encontramos, por ejemplo, las similitudes entre ‘El Espinazo del diablo’ (2001) y el ‘Laberinto del fauno’ (2006), a la primera se le ha llamado “La hermana pequeña” de la segunda. La guerra civil como momento histórico y  los fantasmas y monstruos, hijos de la violencia, une a los dos filmes. Luego, del Toro tuvo en sus manos al primer héroe maldito en ‘Blade II’ (2002), la continuación de una historia que le sirvió para pulir sus conocimientos sobre el cine de acción y para, años más tarde, realizar esa joya del antihéroe llamada ‘Hellboy’ (2004). No es casualidad que un Ron Perlman anecdótico en la cinta de chupasangres se convirtiera en el carismático y protagonista diablo rojo.

Precisamente, trabajar con actores conocidos, como ya lo hiciera Allen (Diane Keaton, Mia Farrow, Alan Alda…) en su mejor etapa, es una firma de del Toro. Desde su debut con la fantástica ‘Cronos’ (1993), el argentino Federico Luppi y Perlman formaron parte de su ejército. Posteriormente agregaría a su amigo más fiel: Doug Jones. Sería este actor el que le daría vida a las figuras espectrales o monstruos más carismáticos, desde una cucaracha humana en ‘Mimic’ (1997, primera colaboración con el director) hasta los extraodinarios engendros de ‘El Laberinto del Fauno’ (¿quién no tuvo pesadillas con esa cosa de ojos en las manos?). Ahora queda inmortalizado en la retina del gran público como el anfibio que protagoniza ‘La forma del agua’ (2017).

De hecho, esa criatura marina, que refiere al clásico de Jack Arnold de 1954, ‘El monstruo de la laguna negra’, es bastante parecida al la que encarnó Jones en ‘Hellboy’, estamos hablando de “Abe Sapien”. Ambos comen huevos, por ejemplo, y las estructuras óseas son semejantes. Digamos que Abe es la evolución del ‘Amphifibian Man’ de ‘La forma del agua’. Asimismo, esta última cinta, nominada a 13 Oscars, no es más que la perfección de un ensayo repetido, el de contar la gran historia clásica de terror, como lo hicieran otros maestros en los años 20, en plena ebullición del expresionismo alemán y una década después, en Estados Unidos, bajo la firma de Universal Pictures.

Hace tres años, ‘La cumbre escarlata’ llegaba a las carteleras con la promesa de convertirse en LA película de terror gótica por excelencia. Lamentablemente este largometraje sucumbió debido a un guión flojísimo, aburrido, maquillado por una puesta en escena tan elaborada, que parecía complacer solo al propio director. Aún, así, queda en evidencia que de los patinazos también se aprende. Y de la opulencia de esta cinta (costó más de 55 millones de dólares), pasó al ahorro, gastando apenas 20 millones. Y como una demostración de que a veces menos es más, nos queda es preciosa imagen de los dos protagonistas abrazados en un apartamento inundado.

En ‘La forma del agua’, del Toro no renuncia a la supremacía de la forma sobre el contenido. Sin embargo, los personajes están mejor delineados que en sus producciones anteriores. Si bien son arquetípicos – los malos son muy malos y los buenos muy buenos -, consigue que su película se convierta en un cuento muy bien contado. Y el pleonasmo es a propósito. Aquí no hay vuelta de tuercas ni sorpresas en la escena final. Se trata de una historia con una estructura básica, lineal y con final feliz. Punto. Pero, como dice el dicho, el diablo está en los detalles.

En esta oportunidad es la princesa la que salva al príncipe y ese príncipe no cambia de forma tras el beso, o mejor deberíamos decir tras el coito. Porque con ‘La forma del agua’, del Toro subvierte todo lo que hemos visto hasta ahora. La heroína es consciente de su sexualidad, y se nos advierte desde el primer momento con una preciosa masturbación en la tina. Es ella la que inicia sexualmente a su conquistado, porque sí, aquí es la mujer la que toma la iniciativa. Además, a diferencia de ‘King Kong’, por citar la película más emblemática con este tipo de tramas, el romance entre “bestia” y “humano” se consume, no se insinúa.

Elisa Esposito (estupenda Sally Hawkins ) inicia una verdadera revolución, que no solo implica la liberación de un desconocido, sino también el enfrentamiento de sus amigos más cercanos con sus demonios. Inclusive, esta muda de preciosa sonrisa y caderas anchas, se convierte en el objeto del deseo del estricto coronel Ricjhrd Strickland (fantástico como siempre Michael Shannon). Así, bajo una aparente candidez de cuento tradicional, hallamos muchos subtextos, que apuntan contra el racismo, la homofobia, el patriarcado, y el estilo de vida norteamericano -la casa, la esposa pasiva, el carro último modelo y el televisor- que tanto defiende Donald Trump. Todos estos elementos hacen de ‘La forma del agua’ una obra con mucha profundidad tras rasgar su empaque visual.

Entonces, ¿por qué hay gente defraudada? Precisamente porque se trata de una cinta de corte fantástico para adultos. Y ese es un segmento inexplorado o muy poco trabajado. Tal vez Tim Burton con ‘Eduardo Manos de Tijeras’, es el precedente más cercano. Es claro el lenguaje cinematográfico empleado para este tipo de cintas en su clasificación para todas las edades. Así, ‘Harry Potter’ o ‘El señor de los anillos’ pueden resolver los conflictos mediante resoluciones mágicas, lo que conocemos como “Deux ex machina”. ‘La forma del agua’, en cambio, es para mayores de 16 años y esto puede jugarle en contra.

Estamos frente a una trama que se desarrolla en plena guerra fría y el contexto la hace tan verosímil y actual – de nuevo Rusia aparece como el gran enemigo de Estados Unidos – que muchos esperan una solución “real” o científica cuando simplemente estamos frente a una fábula, un poema que brilla porque la voz que lo recita es realmente hermosa.

Iniciamos este texto con una frase de una obra de teatro que escribió Gabriel García Márquez y cerramos con otra del propio autor:

-La luz es como el agua -le contesté: uno abre el grifo, y sale.

Creo que así debe enfrentarse ‘La forma del agua’ para no decepcionarse, con la simple idea de dejarla fluir.