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Sin luz, sin plata, sin gasolina: así fue ver Game of Thrones en Mérida

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17/07/2019
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TEXTO: PAULA ARDILA COMPOSICIÓN GRÁFICA: YISELD YEMIÑANY

¿Todavía seguimos hablando de Game of Thrones? Claro que sí. Esto da para mucho. Y ahora que acaba de recibir 32 nominaciones a los Emmy, la cosa seguirá. Pero eso que es tan normal como encender el televisor a determinada hora de la noche, en la Venezuela de los apagones resulta ser una odisea, con frustraciones incluidas. Así pasó la última temporada de la serie para una fan entre Mérida y El Vigía

La última temporada de Game of Thrones la esperamos durante dos largos años y como era lógico, el hype/fiebre/emoción/sadismo se puso a millón.

Sin importar las críticas, los fans seguimos con emoción cada episodio. En otros países es tan simple como encender el televisor y esperar a que comience el capítulo, ¿pero cómo fue seguir GoT –o cualquier otra serie, en realidad- en un país como Venezuela? Todos saben que en Venezuela hay una crisis eléctrica que no fue causada por la corrupción del régimen socialista, sino porque fuimos víctimas del ataque salvaje de las iguanas y rabipelados que se comieron los cables. Y como el problema de la luz viene con fallas de cable e internet incluidas, ver GoT llegó a ser un auténtico calvario. En mi caso particular, fue una experiencia totalmente kafkiana, y lo peor es que me dejó secuelas de índole sentimental.

El día del estreno se acercaba y yo, como muchas otras personas, no tengo DirectTV en mi casa y esta es la única cablera en Venezuela con HBO. Tampoco tenía ningún amigo que tuviera ese servicio, así que la opción de ir a casa de algún pana estaba totalmente descartada. Por suerte muchos restaurantes y bares en Mérida iban a pasar el estreno para que aquellos que no tenemos DirectTV o para los que sí tienen pero les da miedo que se les vaya la luz, pudiéramos ir a verlo. Obviamente, esta solidaridad se traduce en consumo y ganancias para el local.

Perderme el gran estreno no era una opción, así que comencé a hacer planes para ir a verlo en algún bar en compañía de un chamo que se llama Marcel, a quien conocí a principios de febrero. Marcel, así como yo, es un gran fanático de GoT y nuestras primeras salidas consistían en discutir teorías y posibles finales de la temporada.

Para el domingo 14 de abril Marcel y yo ya habíamos quedado en ver la serie en un bar ubicado en el centro de Mérida. Pero tan solo tres horas antes de la emisión él me llamó para decirme que ese lugar iba a cobrar 16 mil bolívares de entrada. Después de sacar cuentas y mentar madre, decidimos ir a otro local que está vía los Chorros de Milla pues incluso con el gasto del taxi nos salía muchísimo más barato.

El día caía en la ciudad y nos encontramos en el centro para subir juntos, pero resulta que no conseguimos taxi así que tuvo que llamar a su padrastro para que nos llevara en la moto. Mientras esperábamos a que su padrastro subiera, nos sentamos en la plaza de Milla y fue ahí donde pensé “si en esta vaina hubiera Uber ya lo habría pedido con mi teléfono y el carro llegaría en menos de 10 minutos. Pero esto no es posible en la Venezuela socialista, donde echar gasolina te puede tomar hasta 5 días”.

Cuando llegamos el lugar estaba a reventar pues la gente llegó temprano a apartar los mejores puestos para ver el capítulo. Milagrosamente conseguimos mesa frente a una pantalla, pedimos unas birras y comenzamos a especular sobre cómo empezaría la serie. Entre risas y alcohol, el tiempo fue pasando hasta que el capítulo comenzó. Cuando el episodio terminó, nos turnamos para ir al baño pues nos habíamos aguantado las ganas durante una hora.

Y sí, así de arrecha era la fiebre por la serie.

Hay algo realmente genial después de cada episodio: los memes. Apenas finalizado el capítulo, entré a mi cuenta de Facebook y Twitter solo para ver los memes y comentarios sobre el gran estreno. Nos carcajeábamos con cada meme y tuit que veíamos. Gracias a esto, me gané el título de “La reina de los memes”. Nunca me había sentido tan honrada en mis 21 años de vida. A la medianoche, llamamos al taxi para que fuera a recogernos, pues unas cuantas cervezas más y terminaríamos durmiendo en el estacionamiento.

Algo curioso de agarrar taxi en Venezuela es que tiene que ser alguien de confianza que acepte transferencias, pesos y/o dólares, que no te cobre tan caro y que tampoco incluya la hora a la que lo llamas en la tarifa. Afortunadamente, Marcel tenía a la persona indicada. Pero como no todo es perfecto, hacer dos paradas para dejarnos a cada uno en su casa iba a subir el precio de la carrera casi que el triple, así que para disminuir costos le di posada a Marcel en mi casa.

Y sí, esa noche terminó materializándose una atracción que estaba latente y que yo me negaba a creer, por más que mis amigos me dijeran que se veía a kilómetros. Aquí es donde insertamos el meme de “¡Amiga, date cuenta!”.

 

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Bueno, volvamos a lo que nos atañe. El capítulo obviamente nos dejó con ganas de más y si no me creen, consulten las redes sociales. Discutimos durante horas sobre el capítulo y lo que podría pasar en el próximo, además de mandarnos un montón de memes por Facebook. Muchos pensarán que él y yo tenemos un fanatismo que raya en la locura, pero, ajá, esperamos dos años por esa temporada.

El domingo siguiente no iba a poder ir a ver el capítulo en el mismo bar porque me había quedado sin plata, así que tendría que descargarlo y verlo al otro día. Y tendría que abstenerme de las redes sociales para evitar spoilers. La frustración fue tremenda. Sin embargo, pasó algo realmente inesperado. El domingo en la tarde Marcel me escribió para preguntarme si iba a ir a ver el capítulo y le dije que no podía porque no tenía dinero. Insistió y dijo que no importaba si tenía que pagar el taxi completo, que de verdad quería que lo acompañara.

Me van a perdonar, pero cuando leí eso casi me muero. Después de pegar como tres gritos de emoción y ponerme más roja que un tomate, terminé aceptando y nos encontramos nuevamente en el centro para subir en la moto de su padrastro. Llegamos al bar, nos sentamos y nos pusimos a hablar mientras llegaba la hora, pero fue muy triste no tener plata para tomarnos al menos una cerveza: estábamos en la quiebra. En este país es cada vez más difícil tener momentos de ocio. Salir a beber, al cine o a comer helado, cosas tan normales en cualquier otra parte, en Venezuela te pueden dejar sin dinero durante todo el mes. Aun así, intentamos pasarla lo mejor posible.

Terminado el capítulo, llamamos al taxi. El taxista dijo que se demoraba porque tenía varias carreras pendientes, y para completar nos cayó tremendo aguacero. Después de unos 25 minutos, por fin llegó y me dejó en la entrada de las residencias, me despedí de Marcel y salí corriendo para no mojarme. Al día siguiente, me fui a El Vigía porque como todavía no había empezado las clases en la universidad, pasaba muy poco tiempo en Mérida. Lo único bueno de regresar a la casa de mi mamá en El Vigía es que tengo wifi y mi mamá me hace comida.

El tercer capítulo me tocaba descargarlo, pues no iba a estar en Mérida, además, mi vida social en El Vigía es prácticamente inexistente, así que no iría a ningún lado. El lunes en la mañana bajé a eso de las 9, busqué el capítulo y lo dejé descargando. Mi internet suele ser estable pero no es muy rápido que digamos, así que estaría listo a eso de la 1 de la tarde. Pues bueno, resulta que como a las 11 de la mañana se fue la luz. La arrechera que tenía no era normal. No sólo no podía ver el capítulo, tampoco podía meterme a las redes sociales a pasar el rato porque me iba a comer un montón de spoilers. Al final terminé viendo el capítulo como a las 8 de la noche. Ese día puse un tuit que decía “Ya vi GOT. Ya puedo entrar a Twitter y ver sus memes”.

Con el cuarto capítulo ocurrió algo bastante tragicómico: resulta que la noche en la que lo transmitirían yo estaba sin luz desde las 6 de la tarde, cuando por fin llegó a eso de las 11:30 pm bajé corriendo a la oficina de mi mamá que está en el primer piso de la casa, prendí la computadora y de una me puse a buscar alguna página para verlo online, pues supuse que ya a esa hora deberían haberlo subido a la web. Después de media hora, mi búsqueda dio frutos y me puse a ver el capítulo en HD y con subtítulos, tal como me gusta. Pero cuando ya llevaba media hora del capítulo, se fue la conexión.

En ese momento, mi vida se volvió un ciclo. Este ciclo consistía en: gritar “coño de la madre” a todo pulmón, pero no tan fuerte para no despertar a mi pobre madre; darle coñazos al escritorio y finalmente reiniciar sin parar el módem a ver si ocurría un milagro. Pero fue inútil. A eso de la 1 de la madrugada me di por vencida y subí a mi cuarto, no sin antes dejarle un mensaje a Marcel contándole mi desgracia. Como a las 4 me despertó un mensaje suyo preguntándome dónde había conseguido el capítulo para buscarlo, y ahí fue cuando me di cuenta de que ya había llegado el internet.

Nuevamente bajé a la oficina, prendí la computadora y volví a poner el capítulo no sin enviarle primero a Marcel el link de la página. Le dije que apenas terminara de verlo me escribiera para decirme qué le había parecido. Quedé en shock por el giro que tomó el episodio y las muertes ocurridas en él. Le envié un audio a Marcel diciéndole que estaba impactada, que no iba a poder dormir y que necesitaba con urgencia su opinión. Media hora después, él me contestó con un audio diciéndome que le había gustado el episodio, que visualmente estuvo genial, entre otras cosas. Estuvimos enviándonos audios por Whatsapp desde más o menos las 5:30 am hasta las 9:00 am.

Cuando salí del cuarto, mi mamá me preguntó que por qué coño yo estaba hablando paja desde tan temprano, y le dije que me tocó ver el episodio de madrugada y que lo empecé a comentar con un amigo. Me dijo que, por favor, buscara oficio. Ni siquiera me importó, me sentía feliz. Pude ver el capítulo y meterme a Twitter sin miedo a los spoilers.

A principios de mayo regresé a Mérida –¡por fin!– pues ya habían comenzado las clases en la facultad. Lo triste fue que no me dio chance de ver el quinto episodio y donde vivo no tengo internet, sobrevivo con los datos de Movistar que ya de por sí son bien malos. Por suerte, Marcel me dijo que lo había descargado y que podía ir a su casa para copiarlo en un pendrive.

A eso de las 3 de la tarde le dije a Lany, mi mejor amiga, que me acompañara. Cuando llegamos a la casa de Marcel, nos invitó a ver el capítulo en su cuarto aprovechando que tiene un monitor enorme y unas cornetas arrechísimas. Plot twist: apenas entramos a la casa, a Lany la atacó Terra, la perra de Marcel. Por poco le hace una operación a su apéndice. Después de ver el capítulo y discutirlo por casi una hora, nos despedimos de Marcel y me fui para mi casa con Lany. Lo primero que le dije fue “coño chama, ahora sí voy a poder meterme a Twitter tranquilamente”.

A los pocos días empecé a hacer planes con Lany para ver el gran final de la serie. Le dije que teníamos que verlo como fuera, porque era imposible estar a salvo de los spoilers, ni siquiera en la facultad. Afortunadamente –los dioses nuevos y antiguos tuvieron un lindo gesto conmigo–, descubrí un bar en el sector del Rodeo donde pasarían el capítulo y donde las birras costaban 2.600 bolívares. ¡Era perfecto! Podría tomarme al menos dos cervezas y quedarme en casa de una amiga de Lany que vive muy cerca de allí. Invité a Marcel a ir con nosotras, pero me dijo que lo vería con su familia –qué bello–.

Ese domingo me arreglé muy temprano y quedé en encontrarme con Lany en la nota de Las Américas a eso de las 7 de la noche para bajar juntas a la casa de su amiga. Media hora antes de empezar el capítulo subimos al bar, pedí unas birras para mí y me preparé psicológicamente para lo que estaba a punto de ver.
Menos mal y me preparé psicológicamente, porque mi cara de WTF cuando terminó el capítulo no era normal.

No podía creer el final tan apresurado, mal argumentado y sin desarrollo que decidieron darle a la serie –inserte meme de la decepción, la traición hermano–. Tenía una indignación tan arrecha como la que tengo por haber nacido durante el chavismo, y decir eso ya son palabras mayores. La amiga de Lany, Bárbara, es estudiante de Medios Audiovisuales y las discusiones sobre el capítulo fueron realmente interesantes. Al final llegamos a la conclusión de que hay muy pocas cosas rescatables –porque las hay, tampoco sean tan haters– de esta temporada. Apenas llegamos al departamento de Bárbara, me metí a Twitter a desahogar mi indignación, además de ver los memes y comentarios jocosos de la gente que sigo. Estuve en ese plan hasta las 11 y me dije “bueno ya, tienes clase mañana a las 7. Deja la güevonada”.

A medianoche, Marcel me escribió y cito textualmente: “CHAMAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA”.

Por lo visto alguien más tuvo daños emocionales esa noche. Después de compartir nuestras reseñas del final, por fin me fui a dormir.

Al día siguiente en la facultad todo el mundo estaba hablando del final de GoT. Se podía sentir la histeria colectiva en el ambiente. Y no es para menos, estamos hablando de una serie que nos acompañó durante 10 años. Muchos crecieron con ella. Pero bueno, ya era hora de cerrar ciclos –sin cortarse el cabello, por favor– y seguir con nuestras vidas. Al final llegué a la conclusión de que Breaking Bad sigue siendo insuperable. Se tenía que decir y se dijo.

Ustedes se estarán preguntando “ajá chama, ¿Marcel y tú qué?” Pues bueno, se los resumo en palabras del gran Ramsay Bolton: “Si piensas que esta historia tiene un final feliz, no has estado prestando atención”.

Como se imaginarán, me enamoré horrible de ese chamo, pero al final no pasará de ahí porque Marcel se va pronto para Medellín. Su facultad suspendió las actividades y los cortes eléctricos no lo dejan trabajar. Lo más triste de todo es que él sentía lo mismo que yo. Pero ajá, ¿qué más vamos a hacer? –inserte un grito de “maldito chavismo” a todo pulmón–. No se preocupen por mí, si sobreviví a la muerte de Ser Jorah Mormont sin llorar demasiado, también podré superar esto.