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Así es una clase de anatomía en la UCV

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El Instituto Anatómico “José Izquierdo” de la Universidad Central de Venezuela inició el proyecto “Anatomía Sin Fronteras”, una ventana que contribuirá a relanzar los estudios de anatomía en la Escuela Luis Razetti. A partir de este esfuerzo, la escuela de Medicina de la UCV cuenta de nuevo con una sala de preparación de cadáveres equipada con dispositivos de refrigeración, planta eléctrica, mesas quirúrgicas, el área de piscinas de resguardo de cuerpos y tecnología de punta

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Una emoción frenética y morbosa corre por el sistema nervioso de los estudiantes de primer año de la escuela de medicina Luis Razetti. Después de aproximadamente ocho años sin posibilidades para las generaciones pasadas, estos “nuevones” se han topado con la oportunidad de detallar cada nervio, hueso, agujero o relieve de un cuerpo sin alma… De un cadáver, para los que se pongan agnósticos.

Académicamente se trata de una circunstancia valiosísima, pues Anatomía, materia impartida en el primer año de medicina de la Universidad Central de Venezuela, es una de aquellas cátedras definidas como “filtro”, “pelúa”, “quebra-bates”. La complicación natural de esta asignatura se torna aún más oscura cuando no existe un modelo real en el que se pueda ver o sentir a través de un guante quirúrgico sus características.

Esa dificultad llevaba a los estudiantes a navegar horas en la web, en busca de videos 3D de Anatomía, o de pasar horas distinguiendo en una hoja de papel la morfología de los huesos y materia blanda del cuerpo. Ante la necesidad mórbida y tanática de sentir los conocimientos acudían a recursos no provistos por la academia, como el tráfico de partes de cadáveres.

No es de conocimiento explícito, pero entre los pasillos de la escuela circulaban los contactos de algunos vigilantes que podrían conseguir una cabeza cadavérica, u otras partes del cuerpo. Se trataba de hurtos perpetrados en el Cementerio General del Sur.

Al respecto María Verónica Méndez, estudiante de último año, confiesa que nunca acudió a esta opción; pero que algunos de sus compañeros sí debieron esconder en sus bolsos sucios de universitarios cabezas inertes, que luego serían hervidas, diseccionadas y estudiadas. Afirma que la testa es uno de las partes del cuerpo más buscada, pues el cráneo tiene una serie de agujeros dignos de detalle.

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Por su parte, y en voz muy bajita, el director del Instituto Anatómico José Izquierdo, Marcos Álvarez, asevera que antes de su gestión existía “un tráfico de los mismos trabajadores, que tenían una mafia aquí adentro que sacaban huesos de la osteoteca y los vendían a los estudiantes”.

Pero todo esto quedó atrás. Con la inauguración del proyecto Anatomía Sin Fronteras, el Instituto Anatómico José Izquierdo renovó su sala de preparación de cadáveres, con equipos de refrigeración, planta eléctrica, mesas quirúrgicas y tecnología de punta. Por esto mismo, hoy los estudiantes pueden presenciar cirugías a cadáveres de primera vista o a través de las cámaras que graban y transmiten en vivo para otros salones.

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También fue recuperada la habitación de las piscinas en la que los cadáveres son sumergidos en formol, fenol, glicina y agua para evitar la descomposición de sus carnes. Antiguamente los cuerpos inertes convivían con ratas y cucarachas, lo que motivó el cierre técnico de esta sala por más de 8 años.

“Hubo que cerrarlo técnicamente. Había uno que otro cuerpo metido en los cubículos pero estaban usados y re-quete usados. Había dos o tres cortes que no tenían disecciones anatómicas. Se estudiaban teóricamente y por internet. Pero no es lo mismo. Eso había afectado la motivación de los docentes (…)Toda esta energía que se le ha invertido al proyecto Anatomía sin Fronteras tiene como intención es que los profesores retomen sus entusiasmo por la anatomía”, declaró el Álvarez.

El biólogo y director del Instituto José Izquierdo resaltó que las mejorías pudieron hacerse gracias a la inversión del Banco Central de Venezuela, quien ha hecho un aporte importante por la investigación y la enseñanza de la anatomía. También explicó que el Instituto está en la búsqueda de otros patrocinantes o aportes para perfeccionar las instalaciones.

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Actualmente el personal técnico del instituto debe sumergir y sacar los cuerpos de manera manual. Para ello utilizan mecates que son amarrados al tórax de los difuntos y que en el proceso de conservación crea marcas sobre la piel de estos objetos de estudio. Asimismo, esto supone un riesgo para los trabajadores del Instituto pues ellos deben ejercer fuerza para alzar a los cadáveres y exponerse a los gases y líquidos de las piscinas. Sin contar el peligro de una potencial caída.

 

 

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Es necesaria la dotación del Instituto de un sistema de poleas, carruchas y jaulas de acero para que los cuerpos puedan ser extraídos de las piscinas y llevados a las camillas.

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- Donación en pro de la ciencia -

Desde la re-inauguración de la sala de preparación de cadáveres, el Instituto José Izquierdo ha recibido alrededor de 10 cadáveres. Esto se debe a que la Asociación de Donantes Voluntarios de Cuerpos en Pro de la Docencia e Investigación, fundada en julio de 1969, volvió a activarse.

Las personas que deseen entregar su cuerpo póstumo a la ciencia deben contactar a la señora Francis Manzano, en la dirección del Instituto. Ella los guiará en los pasos para notariar su decisión.

Para conceder su cadáver a la investigación, el donante debe ser mayor de edad y no presentar enfermedades infecto-contagiosas como Sida, hepatitits B u bacterias transmisibles. Asimismo, no se aceptan occisos que hayan muerto por el impacto de disparo, arma blanca o suicidio, pues los cuerpos policiales deben investigar las causas de fallecimientos y el cadáver debe llegar al Instituto antes de que pasen 10 horas de la muerte.

Los donantes serán dotados de un carnet de voluntario que los identificará. Así, en el momento de su defunción, los familiares puedan trasladar y hacer entrega del cuerpo a la “Casa que vence las sombras”, la UCV.

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